La Ansiedad y la Angustia en el Adulto Mayor: Comprensión, Síntomas y Tratamiento

Introducción a la Ansiedad en la Tercera Edad

La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo ante situaciones estresantes, un mecanismo de defensa que nos permite enfrentarnos a las distintas circunstancias de la vida. A medida que envejecemos, nos enfrentamos a una serie de cambios físicos y sociales, como la pérdida de seres queridos, problemas de salud y cambios en la rutina, que pueden desencadenar la ansiedad.

Lo preocupante es que la ansiedad en personas mayores tiende a cronificarse y se asocia a un número significativo de consecuencias negativas, como el incremento de la discapacidad, la disminución de la sensación de bienestar y satisfacción con la vida e, incluso, el aumento de la mortalidad.

Prevalencia y Formas Comunes de Trastornos de Ansiedad

Normalmente, se suelen asociar los trastornos en la etapa vital del adulto mayor con problemas físicos relacionados con la movilidad y dolores, así como con el deterioro cognitivo. Sin embargo, la ansiedad es una reacción al estrés que puede verse influenciada por determinados cambios vitales propios de estas edades.

Se calcula que la ansiedad afecta entre el 10 y el 15% de las personas mayores. Según diferentes estudios, los trastornos de ansiedad en personas mayores de 65 años duplicarían a los casos de demencia y serían cuatro veces mayores que los de depresión.

Crisis de Angustia y Trastorno de Angustia

Una crisis de angustia es un breve período de angustia, ansiedad o miedo extremos que comienza repentinamente y se acompaña de síntomas físicos y/o emocionales. Son frecuentes, con una prevalencia anual del 11% en adultos. Generalmente, las personas se recuperan de las crisis de angustia sin tratamiento, pero algunas terminan desarrollando trastorno de angustia.

Una crisis de angustia comporta la aparición súbita de miedo o incomodidad intensos, además de al menos cuatro de los siguientes síntomas físicos y emocionales:

  • Dolor o molestias torácicos
  • Sensación de asfixia
  • Mareo, inestabilidad o desmayos
  • Miedo a morir
  • Miedo a volverse loco o a perder el control
  • Sentimientos de irrealidad o de extrañamiento en relación con el propio entorno
  • Sofocos o escalofríos
  • Náuseas, dolor de estómago o diarrea
  • Entumecimiento o parestesias
  • Palpitaciones o aceleración de la frecuencia cardíaca
  • Sensación de ahogo o de falta de aire
  • Sudoración
  • Temblores o agitación

Aunque las crisis de angustia causan síntomas como dificultad respiratoria o dolor torácico, no son peligrosas. Los síntomas suelen alcanzar su punto máximo en 10 minutos y desaparecen en cuestión de minutos, por lo que es posible que el médico no pueda observarlos directamente. Los síntomas incluyen muchos tipos de manifestaciones físicas, y las personas afectadas a menudo se preocupan porque los confunden con un problema médico peligroso que afecta el corazón, los pulmones o el cerebro.

Esquema de los síntomas de una crisis de angustia o ataque de pánico

Un trastorno de angustia (o trastorno de pánico) comporta crisis de angustia repetidas que conducen a una preocupación excesiva por crisis futuras y/o cambios en el comportamiento orientados a evitar las situaciones que podrían desencadenar una crisis. El trastorno de angustia está presente en el 2 al 3% de la población cada año. Las mujeres tienen un riesgo de padecerlo unas 2 veces más alto que los varones. Habitualmente comienza al final de la adolescencia o en la edad adulta temprana.

Las crisis de angustia pueden ocurrir como parte de cualquier trastorno de ansiedad o en personas con otros trastornos de salud mental (como la depresión). Algunas crisis ocurren como respuesta a una situación específica, por ejemplo, una persona con fobia a las serpientes puede experimentarla ante la visión de este animal. Otras crisis suceden sin ningún desencadenante aparente.

La frecuencia de las crisis puede variar ampliamente: algunas personas sufren crisis semanales o incluso diarias durante meses, mientras que otras sufren varias crisis diarias, seguidas de semanas o meses sin síntomas.

Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG)

El Trastorno de Ansiedad Generalizada es común en la tercera edad, caracterizándose por un estado frecuente de ansiedad y preocupación excesiva, difícil de controlar, asociado a síntomas como inquietud, dificultad de concentración, irritabilidad, tensión muscular, problemas de sueño, entre otros. Se ha subestimado como categoría psicopatológica en adultos mayores.

Según la APA, la ansiedad es “una emoción caracterizada por sentimientos de tensión, pensamientos de preocupación y cambios físicos como el incremento de la presión sanguínea”. También pueden presentarse otros síntomas físicos como sudoración, temblor o mareos.

TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADO (síntomas, causas, diagnóstico y tratamiento)

Otros Trastornos de Ansiedad Relevantes

En la tercera edad, otras formas de ansiedad que presentan mayor prevalencia, aunque menos frecuentes que el TAG y el trastorno de pánico, incluyen:

  • Fobias: Miedos irracionales ante estímulos (situaciones, cosas, personas) que no representan peligro real. La agorafobia, por ejemplo, se define como la ansiedad ante situaciones o lugares de los cuales resulta difícil escapar, según la percepción del sujeto, lo que lleva a la evitación y aislamiento.
  • Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC): Se manifiesta a través de obsesiones, la mayoría de ellas relacionadas con la propia salud (miedo excesivo a ponerse enfermo), la limpieza (lavarse compulsivamente las manos), la obsesión por el orden o los llamados rituales de verificación, motivados por la inseguridad de la persona mayor ante su merma de facultades cognitivas.
  • Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT): Se produce después de haber sufrido un trauma, ya sea físico o psicológico, como un accidente o la pérdida de un ser querido. Los síntomas incluyen insomnio, pensamientos negativos recurrentes, flashbacks del trauma y aislamiento social y emocional.

Causas y Factores de Riesgo de la Ansiedad en Adultos Mayores

Existen diferentes factores de riesgo asociados al desarrollo de trastornos de ansiedad en personas mayores, y la investigación científica apunta a que las mujeres duplican el riesgo de padecer un trastorno de este tipo frente a los hombres.

Cambios Físicos y Emocionales

A partir de los 65 años, se suceden cambios en el aspecto biológico y psicológico. Se pierde visión, audición y todos los sistemas del organismo se resienten. El entorno socioafectivo tiende a menguar. Todo ello disminuye la autonomía y aumenta la vulnerabilidad de la persona, que se ve más limitada. La propia evolución física y emocional puede ser un motivo desencadenante de ansiedad.

Eventos Vitales Estresantes y Presión Social

La exposición a situaciones estresantes o experiencias traumáticas que dejan huella, como fallecimientos de seres queridos, duelos, una reducción de los ingresos o un menor sentido de propósito con la jubilación, son causas de este trastorno. Además, la presión social (incomprensión del entorno familiar, problemas económicos) que, en muchas ocasiones, se ejerce contra el envejecimiento (edadismo), puede afectar gravemente a la salud mental.

Ilustración de una persona mayor lidiando con el estrés y el duelo

Enfermedades Crónicas y Otras Afecciones

La tercera edad es una etapa en la que son habituales las enfermedades crónicas (por ejemplo, artrosis, hipertensión, cardiopatías, cáncer o accidentes cerebrovasculares). A menudo se presentan combinadas y dan lugar a una percepción pobre de la propia salud, funcionando como un factor predisponente a los problemas de ansiedad.

En el caso de enfermedades neurológicas como la demencia o el Alzheimer, la ansiedad o agitación pueden originarse por distintas afecciones médicas, interacciones con medicamentos o cualquier circunstancia que empeore la capacidad de pensamiento. La persona con demencia experimenta una pérdida profunda de la habilidad para negociar información y estímulos nuevos, lo que puede provocar malestar psíquico.

Aislamiento Social y Soledad

El aislamiento social y la soledad, que aquejan a cerca de una cuarta parte de las personas mayores, son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida. Mantener las conexiones sociales es fundamental para huir del aislamiento social.

Maltrato

El maltrato a las personas de edad, que incluye cualquier tipo de maltrato físico, verbal, psicológico, sexual o económico, así como la desatención, también es un factor de riesgo. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores. El maltrato tiene graves consecuencias y puede provocar depresión y ansiedad.

Síntomas de Ansiedad en el Adulto Mayor

Los síntomas de la ansiedad en personas mayores pueden variar, y es importante reconocer que cada individuo puede experimentar la ansiedad de manera diferente. La sintomatología de la ansiedad se manifiesta a través de los ejes físico, cognitivo y conductual.

Manifestaciones Generales

  • Preocupación excesiva: Las personas mayores con ansiedad a menudo tienen preocupaciones intensas sobre situaciones futuras, a veces sin una causa aparente.
  • Inquietud o agitación: Pueden manifestar nerviosismo e hiperactividad, aunque también se presentan casos de pasividad.
  • Problemas de sueño: A menudo, la ansiedad está asociada con dificultades para conciliar el sueño o mantenerse dormido.
  • Fatiga: Sensación de cansancio constante.
  • Dificultades de concentración: La ansiedad puede afectar a la capacidad de concentración y la toma de decisiones.
  • Irritabilidad: Cambios de comportamiento que incluyen una mayor agresividad e irritabilidad, derivadas del miedo o frustración.
  • Síntomas físicos: Tensión y dolor muscular, dolor de cabeza, falta de aire, sudoración excesiva, mareos, taquicardias y palpitaciones, hormigueo en extremidades, problemas gastrointestinales (náuseas, dolor de estómago o diarrea).

Cómo se Manifiesta Atípicamente el Estrés Crónico

Ante situaciones estresantes de larga duración, se acelera el envejecimiento cerebral y pueden desencadenarse alteraciones de orden psíquico, fisiológico, emocional y conductual. El síndrome de estrés en el anciano suele manifestarse de forma atípica en esta población, predominando los síntomas somáticos. Los síntomas cognitivo-emocionales, habitualmente, se manifiestan de forma más imprecisa que en el adulto sin identificar el estado emocional que le invade, refiriendo una vivencia indefinida de malestar general que no responde a algo concreto.

Confusión con Otras Afecciones

Es relativamente fácil confundir los síntomas de la ansiedad con las manifestaciones del envejecimiento o enfermedades frecuentes entre los mayores. Por ejemplo, los síntomas de las crisis de angustia, como el dolor torácico o la dificultad respiratoria, pueden confundirse con un infarto de miocardio. Los síntomas graves o persistentes siempre deben ser evaluados por un médico, ya que una persona puede acudir al servicio de urgencias muchas veces hasta que se realice un diagnóstico correcto de crisis de angustia. En algunos casos, los síntomas de ansiedad pueden incluso parecerse a los de la demencia.

Diagnóstico de los Trastornos de Ansiedad

El diagnóstico de los trastornos de angustia y ansiedad se basa en una evaluación médica, con criterios estándar de diagnóstico psiquiátrico.

Los trastornos orgánicos graves suelen causar algunos de los mismos síntomas físicos y psíquicos que las crisis de angustia, por tanto, el equipo médico se asegura en primer lugar de que la persona afectada no padezca un trastorno orgánico. El médico recopila información sobre la experiencia de las crisis y puede realizar pruebas para detectar otros problemas.

El diagnóstico de trastorno de angustia requiere la existencia de crisis de angustia recurrentes e inesperadas y sin motivo aparente, unidas a la presencia durante un periodo mínimo de 1 mes de al menos una de las situaciones siguientes:

  • Preocupación persistente por si se presentan nuevas crisis de angustia o por las consecuencias de las crisis (por ejemplo, temor de perder el control o volverse loco).
  • Cambios en el comportamiento debido a las crisis de angustia (por ejemplo, evitar situaciones que pueden causar una crisis).

Para un correcto diagnóstico del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), los síntomas deben persistir y ser constantes durante, al menos, un periodo de seis meses y deben ser validados a través de escalas específicas.

Enfoques de Tratamiento para la Ansiedad en la Tercera Edad

El tratamiento de la ansiedad puede consistir en antidepresivos, ansiolíticos, terapia de exposición y psicoterapia. Las personas que padecen trastorno de angustia son más receptivas al tratamiento si comprenden que su trastorno implica la existencia de factores tanto físicos como psicológicos y que, por lo general, el tratamiento permite controlar los síntomas.

Tratamiento Farmacológico

Los fármacos empleados en el tratamiento de los trastornos de ansiedad incluyen antidepresivos y ansiolíticos. Se utilizan los antidepresivos en dosis superiores a las requeridas para tratar la depresión.

  • Antidepresivos: La mayoría son eficaces, incluyendo tricíclicos, inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS), moduladores de la serotonina e inhibidores de la recaptación de serotonina y norepinefrina (IRSNA). Los ISRS o IRSNA son los fármacos de elección, ya que son tan eficaces como los otros fármacos, pero generalmente producen menos efectos adversos y no crean fármacodependencia, aunque su interrupción brusca puede provocar síntomas de abstinencia.
  • Ansiolíticos: Como las benzodiazepinas, actúan más rápido que los antidepresivos, pero pueden causar fármacodependencia y más frecuentemente somnolencia, deterioro de la coordinación, problemas de memoria y aumento del tiempo de reacción.

Es frecuente que el tratamiento se inicie administrando una benzodiazepina y un antidepresivo de manera conjunta. Cuando el fármaco antidepresivo comienza a ejercer su efecto, habitualmente se reduce la dosis de benzodiazepina de manera gradual hasta la suspensión completa. Sin embargo, para algunas personas, una benzodiazepina es el único tratamiento eficaz a largo plazo. El tratamiento farmacológico puede evitar o reducir en gran medida el número de crisis de angustia. Es frecuente que este tipo de crisis reaparezcan una vez se suspende la medicación, por lo que a veces es necesario mantener el tratamiento durante un tiempo prolongado.

Infografía sobre los diferentes tipos de medicamentos para la ansiedad

Psicoterapia

Existen distintas técnicas de psicoterapia para los trastornos de ansiedad, encaminadas al aprendizaje de habilidades para el manejo de la ansiedad. La mayoría de las psicoterapias dirigidas a los trastornos de ansiedad enseñan técnicas que promueven la relajación. Las estrategias de relajación consisten en la consciencia plena, la meditación, la hipnosis, el ejercicio y una respiración lenta y constante. Estas estrategias son un componente importante de la terapia, ya que reducen la ansiedad y también permiten la continuación de una psicoterapia que puede provocar ansiedad.

Se ha demostrado que la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) es eficaz para el trastorno de angustia. La TCC se centra en el pensamiento disfuncional y/o el comportamiento disfuncional. Consiste en deshacer ciclos de pensamiento que llevan a la ansiedad, enseñar a los pacientes a reconocer y controlar su pensamiento distorsionado y sus creencias falsas para que puedan modificar mejor su comportamiento. Además, el tratamiento les alienta a exponerse gradualmente a situaciones que podrían inducir el pánico, insensibilizando así su supuesta asociación entre el entorno y los síntomas.

Las personas pueden aprender lo siguiente:

  • No evitar las situaciones que provocan crisis de angustia.
  • Reconocer cuándo es poco probable que sus temores tengan consecuencias negativas.
  • Responder con una respiración lenta y controlada o con otras técnicas que favorezcan la relajación.

Estrategias de Prevención y Manejo Cotidiano

La prevención y el tratamiento de los trastornos de ansiedad en personas mayores implican unos hábitos saludables y una vida social activa.

Estilo de Vida Saludable

Hacer ejercicio físico moderado a diario, llevar una alimentación equilibrada, evitar el alcohol y el tabaco, seguir unas pautas de sueño y descanso ordenadas, y practicar técnicas de relajación, son algunos de los factores que pueden prevenir la ansiedad en personas mayores. Es importante mantener una nutrición adecuada y practicar ejercicio físico adaptado a la edad.

Apoyo Social y Conexión

Huir del aislamiento, no descuidar la vida social y contar con el apoyo de familiares y amigos de confianza, así como mantener las aficiones, es fundamental para prevenir la ansiedad. La comunicación emocional es básica también a edades avanzadas. Rodearse de personas cariñosas y positivas, y realizar actividades agradables, contribuye al bienestar. La conexión social es particularmente importante para reducir factores de riesgo como el aislamiento social y la soledad.

TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADO (síntomas, causas, diagnóstico y tratamiento)

Establecer Rutinas

Las rutinas proporcionan estructura y predictibilidad, lo cual puede ser reconfortante para las personas mayores.

Manejo del Estrés

Las personas pueden protegerse para evitar el estrés o adaptarse a vivir con los estímulos estresores sin que estos afecten significativamente a su salud. Afrontar los problemas de uno en uno, hablar con la familia y amigos, compartir lo que nos acontece ayuda a descargarnos, y ocupar y planificar nuestro tiempo son estrategias útiles. Es importante no manejar el estrés de manera insana aumentando de forma desproporcionada la ingesta de alcohol, el consumo de tabaco o comiendo más de lo habitual.

Para Cuidadores: Cómo Interactuar Durante una Crisis

Ante una crisis de ansiedad en personas mayores es fundamental saber cómo calmarla:

  • Mantener la calma: Es el primer paso para ayudar a la persona.
  • Escucha activa: Nuestros mayores necesitan ser escuchados, así que escuche sus frustraciones.
  • Ofrecer información tranquilizadora: Si la ansiedad está relacionada con preocupaciones específicas, trate de proporcionar información que pueda ser reconfortante y realista.
  • Ofrecer apoyo y acompañamiento: Asegure a la persona mayor que no está sola y que cuenta con usted, utilice frases como “Está a salvo aquí”, “lamento que esté molesto” o “me quedaré hasta que se sienta mejor”.
  • Promover técnicas de relajación: La respiración profunda y lenta puede ayudar a reducir la ansiedad. Anime a la persona mayor a respirar profundamente, inhalar lentamente por la nariz y exhalar lentamente por la boca.
  • Distraer con ocio y actividades positivas: Redirigir su atención hacia actividades relajantes o distracciones de ocio positivas. También haga que la persona participe en actividades o busque maneras de canalizar su energía.
  • Modificar el entorno: Crear un entorno tranquilo, eliminar los factores de estrés, supervisar la comodidad personal (dolor, hambre, sed, etc.) y asegurarse de que la habitación esté a una temperatura agradable.
  • Tener cuidado con el comportamiento propio: No levante la voz, no se muestre alarmado ni a la ofensiva, y no acorrale, empuje, restrinja, critique, ignore o discuta con la persona.

La Depresión en el Adulto Mayor: Una Comorbilidad Frecuente

La depresión en los adultos mayores es un problema generalizado y no es una parte normal del envejecimiento. Con frecuencia, no se reconoce ni recibe tratamiento. Si la ansiedad es crónica, pueden presentarse con frecuencia estados de depresión acompañantes. De hecho, el trastorno de angustia suele ir acompañado de al menos otra afección, siendo la depresión mayor uno de los trastornos de salud mental coexistentes más frecuentes.

Factores de Riesgo y Síntomas

En los adultos mayores, cambios en la vida pueden incrementar el riesgo de depresión o llevar a que la depresión existente empeore, como la mudanza del hogar, dolor o padecimiento crónico, hijos que dejan el hogar, la muerte de seres queridos o la pérdida de la independencia. La depresión también puede estar relacionada con un padecimiento físico, como trastornos tiroideos, mal de Parkinson, enfermedad del corazón, cáncer o accidente cerebrovascular. El consumo excesivo de alcohol o de determinados medicamentos (como los somníferos) puede empeorar la depresión.

Muchos de los síntomas usuales de depresión se pueden ver, sin embargo, la depresión en los adultos mayores puede ser difícil de detectar. Síntomas comunes como fatiga, falta de apetito y problemas para dormir también pueden ser parte del proceso de envejecimiento o de un padecimiento físico. Como resultado, los síntomas de la depresión temprana pueden ser ignorados o confundidos con otras afecciones que son comunes en los adultos mayores. En casos graves, los síntomas pueden parecerse a los de la demencia.

Tratamiento y Prevención

Los primeros pasos del tratamiento incluyen tratar cualquier padecimiento que pueda estar causando los síntomas, suspender medicamentos que puedan empeorarlos y evitar el alcohol y los somníferos. Si estas medidas no sirven, los antidepresivos y la psicoterapia a menudo ayudan. Los profesionales generalmente prescriben dosis más bajas de antidepresivos para las personas mayores e incrementan la dosis en forma más lenta.

Para manejar mejor la depresión en el hogar, es importante hacer ejercicio regularmente, rodearse de personas cariñosas y positivas, realizar actividades agradables, aprender buenos hábitos de sueño, vigilar los signos tempranos de depresión y saber cómo reaccionar, beber menos alcohol y evitar las drogas ilícitas, hablar de los sentimientos con alguien de confianza y tomar los medicamentos correctamente.

La complicación más preocupante de la depresión es el suicidio. Los hombres representan la mayoría de los suicidios entre las personas mayores. Los divorciados o viudos están en mayor riesgo. Las familias deben prestar mucha atención a familiares mayores que estén deprimidos y vivan solos.

Apoyo Profesional y Rol de Especialistas

Nadie como los expertos para ayudarnos a acompañar a un adulto mayor ante situaciones como la ansiedad o la depresión. El equipo médico se asegura en primer lugar de que la persona afectada no padezca un trastorno orgánico, ya que los trastornos orgánicos graves suelen causar algunos de los mismos síntomas físicos y psíquicos que la angustia. Un especialista en salud mental es probable que sea requerido para ayudar con el diagnóstico y el tratamiento.

  • Psicólogo: Es un especialista en salud mental cuyo trabajo es analizar los procesos mentales y de comportamiento, ofreciendo herramientas para el bienestar personal.
  • Psiquiatra: Es un médico que atiende diversos trastornos mentales, tanto genéticos como neurológicos, utilizando medicamentos y monitoreando el progreso del paciente.
  • Tanatólogo: En lo relacionado con duelos y pérdidas, este especialista es clave.

Consulte con el proveedor si se siente triste, inútil o desesperanzado, o si llora con frecuencia. Asimismo, consulte si está teniendo dificultad para enfrentar situaciones estresantes en la vida y desea una remisión a psicoterapia. Si usted está cuidando de un familiar en edad avanzada y piensa que dicha persona podría tener depresión o ansiedad, póngase en contacto con el proveedor.

Foto de una persona mayor hablando con un profesional de la salud mental

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