La anemia es una condición médica que afecta a millones de personas en todo el mundo, con una prevalencia especialmente alta entre los adultos mayores. Se define como una disminución en la cantidad de glóbulos rojos o hemoglobina en la sangre. La hemoglobina es la proteína responsable de transportar oxígeno a los tejidos del cuerpo, otorgando a los glóbulos rojos su color característico y teniendo una vida útil de entre 90 y 120 días antes de ser eliminadas.
La anemia es el trastorno hematológico más frecuente en la práctica clínica diaria y un problema de salud significativo que no debe ser ignorado en la población adulta mayor. Su presencia se relaciona con un aumento de la morbilidad y mortalidad.
Tipos de Anemia Comunes en Adultos Mayores
Existen varios tipos de anemia, siendo los más comunes en adultos mayores:
- Anemia ferropénica: Causada por la falta de hierro en el cuerpo, puede ser resultado de una dieta inadecuada, problemas de absorción o pérdida de sangre. Es la más frecuente en todo el mundo, aunque las causas varían.
- Anemia por enfermedad crónica: Asociada a enfermedades como la artritis reumatoide o la insuficiencia renal. En estos casos, el cuerpo no produce suficientes glóbulos rojos debido a la inflamación.
- Otras causas pueden incluir déficits de cobalamina (vitamina B12), ácido fólico o ambos, así como anemias asociadas con trastornos de la médula ósea como la anemia aplásica, neoplasias hematológicas o el reemplazo de la médula ósea por fibrosis o tumores.
Diagnóstico de la Anemia
El diagnóstico de la anemia se realiza a través de análisis de sangre y un examen clínico que puede orientar al médico. Para la correcta definición de anemia, se utiliza la concentración plasmática de hemoglobina (Hb), rechazando otros parámetros como el hematocrito, que puede variar en función de la volemia. Los puntos de corte para la hemoglobina son específicos de género.
Criterios Diagnósticos de la OMS
Los criterios diagnósticos más conocidos y utilizados son los de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que datan de 1958. Sin embargo, en criterios más recientes de bases de datos americanas como NHANES III, Scripps-Kaiser y Mayo Clinic, las cifras de Hb son discretamente más elevadas. A pesar de esto, la población anciana no está específicamente representada en esas bases de datos que originan los criterios diagnósticos.
En el estudio NHANES III, la concentración de Hb es discretamente inferior en mujeres mayores de 65 años respecto a varones de su misma edad, por lo que los umbrales diagnósticos de anemia son diferentes en hombres y mujeres. Algunos autores plantean dudas sobre si tiene sentido mantener criterios diagnósticos de anemia diferentes según el sexo en personas mayores de 65 años.
Diagnóstico de la anemia
Pruebas de Laboratorio
El diagnóstico de la anemia se realiza a través de análisis de sangre que miden los niveles de hemoglobina y otros componentes sanguíneos. Un hemograma completo cuenta el número de células sanguíneas en una muestra de sangre. Los valores típicos de hemoglobina en adultos son generalmente de 14 a 18 gramos por decilitro para los hombres y de 12 a 16 gramos por decilitro para las mujeres.
Si se diagnostica anemia, pueden ser necesarias otras pruebas para determinar la causa:
- Valor Corpuscular Medio (VCM): Ayuda a caracterizar si se trata de una anemia microcítica, normocítica o macrocítica. Aunque la anemia por déficit de hierro se cataloga comúnmente como microcítica, hasta el 40% puede tener un VCM en rango normal.
- Frotis: Consiste en la evaluación morfológica de los elementos sanguíneos y es útil para complementar la información del VCM.
- Ferritina en sangre: Mide indirectamente los depósitos de hierro del cuerpo. Valores < 15 ng/ml indican fuertemente anemia ferropriva. Los valores entre 15 y 24 ng/ml también son indicativos. Sin embargo, la ferritina es una proteína de fase aguda, por lo que estará aumentada en el contexto de enfermedades crónicas, requiriendo puntos de corte distintos.
- Perfil de hierro: Si los valores de ferritina no son concluyentes, se solicita el perfil de hierro, prestando especial atención a los valores de TIBC (Capacidad Total de Fijación de Hierro), que debería estar aumentado en la anemia por déficit de hierro y disminuido en la anemia por enfermedades crónicas.
- Receptor soluble de transferrina: Se está estudiando su rendimiento diagnóstico, ya que no se altera ante la presencia de inflamación, siendo útil para diferenciar entre anemia por déficit de hierro y anemia por enfermedades crónicas, o para dilucidar si ambas se encuentran presentes.
- Índice reticulocitario: Proporciona una estimación de la producción de la médula ósea. Es especialmente útil en anemias normocíticas para diferenciar entre anemias arregenerativas (falta de sustrato, defectos de la médula ósea) y regenerativas (anemias hemolíticas o por sangrado).
- Velocidad de Sedimentación Globular (VSG): Un aumento de la VSG puede orientar hacia patologías infecciosas, neoplásicas o autoinmunes.
Prevalencia e Implicaciones Pronósticas en Adultos Mayores
La prevalencia de anemia se incrementa con la edad. Si se evalúa a ancianos de la comunidad, se detecta entre el 5 y 10% en pacientes de 65 a 70 años, cifra que se incrementa hasta 15-25% en pacientes de más de 80 años. En ancianos que cumplen criterios de fragilidad, la prevalencia es mucho mayor, oscilando entre el 48 y el 60%. Es importante subrayar que la anemia no es un hecho fisiológico del envejecimiento, sino que indica una o más enfermedades subyacentes y se asocia a un mal pronóstico vital y funcional a medio-largo plazo.
Anemia y Calidad de Vida
La anemia puede afectar significativamente la calidad de vida de los adultos mayores. Se ha observado que los ancianos con anemia tienen una peor percepción de calidad de vida, un peor estado funcional y menor resistencia física. Existe un descenso progresivo en estas puntuaciones cuando la hemoglobina cae por debajo de 15 g/dl.
Anemia, Movilidad y Caídas
La existencia de anemia se asocia a menor resistencia física y mayor riesgo de discapacidad, ambos factores de riesgo independientes de caídas. La anemia es un factor de riesgo independiente de caídas, multiplicando por 3 el riesgo de padecer una, y estas suelen ser más graves al asociarse con mayor frecuencia a fracturas. Un incremento de 1 g/dl en la concentración plasmática de Hb puede reducir hasta en un 45% el riesgo de fractura.
Anemia y Alteraciones Cognitivas
Algunos estudios han analizado la relación entre anemia y alteraciones cognitivas subclínicas, como la función ejecutiva. Se ha observado que las pacientes anémicas tenían un riesgo 4 veces superior de obtener peores puntuaciones al realizar test cognitivos específicos. Asimismo, la anemia es un factor de riesgo predisponente para el desarrollo de delirium entre los pacientes ingresados, y su corrección contribuye a la normalización de las alteraciones cognitivas.

Anemia y Enfermedad Cardiovascular
La anemia se asocia a la reducción del transporte de oxígeno a los tejidos periféricos. Para compensar, se activan mecanismos hemodinámicos que pueden llevar a hipertrofia del ventrículo izquierdo, favoreciendo la aparición de disfunción cardíaca y siendo un predictor de eventos vasculares futuros. Tratar la anemia en pacientes con cardiopatía de base es una diana terapéutica importante para mantener estable el sistema cardiovascular, reduciendo las necesidades de diuréticos, ingresos hospitalarios y mejorando la función cardíaca.
Anemia y Mortalidad
Diferentes estudios han constatado que la anemia es un factor predictivo de mortalidad a medio y largo plazo en pacientes ancianos. La mortalidad total o de origen cardiovascular es significativamente más elevada entre aquellos con anemia. En sujetos de edades más extremas (>85 años), la presencia de anemia se asocia a un incremento significativo de la mortalidad.
Tratamiento de la Anemia en Adultos Mayores
El tratamiento dependerá del tipo de anemia diagnosticado y de sus causas subyacentes. Un adecuado enfrentamiento del paciente con anemia requiere una buena interpretación del hemograma y la identificación de la etiología, ya que la anemia no es explicable simplemente por el envejecimiento.
Anemias por Déficit de Hierro
En el caso de anemia por déficit de hierro, se debe suplementar con hierro oral hasta normalizar el hemograma (entre 6 y 8 semanas) y luego mantener el tratamiento para llenar los depósitos de hierro (aproximadamente 3 meses).
Suplementación de Hierro
- Sales de hierro bivalentes: Como sulfato ferroso, gluconato ferroso y fumarato ferroso, son más ampliamente utilizadas y preferibles a los preparados de hierro férrico, según la OMS. La forma ferrosa presenta una buena biodisponibilidad (entre 10 y 15% se absorbe), mientras que la biodisponibilidad de las preparaciones de hierro férrico es de 3 a 4 veces menor.
- Tolerabilidad: El tratamiento con hierro ferroso oral puede tener altas tasas de falta de adherencia debido a efectos adversos gastrointestinales (estreñimiento, náuseas, diarrea, dolor abdominal, pirosis).
- Dosis y hepcidina: Estudios recientes sugieren que la hepcidina, una hormona reguladora del hierro, aumenta significativamente tras una dosis de hierro, disminuyendo la absorción de dosis posteriores. Dosis bajas (entre 40 y 80 mg) administradas en días alternos podrían maximizar el porcentaje de absorción de hierro, aumentar la eficacia y disminuir los efectos adversos gastrointestinales, mejorando la tolerabilidad.
Anemias por Deficiencia de Vitaminas
Las personas con problemas para absorber la vitamina B12 pueden necesitar inyecciones de vitamina B12, inicialmente cada dos días.
Anemias por Enfermedad Crónica
El tratamiento de este tipo de anemia se centra en la enfermedad que la causa. Si presenta ferropenia asociada (ferritina < 50 μg/l), está justificado el empleo de sales ferrosas orales. También se abordan nuevas posibilidades terapéuticas como el hierro parenteral y los agentes estimulantes de la eritropoyesis.
Anemias Asociadas con Enfermedades de la Médula Ósea
En anemias aplásicas, el tratamiento puede incluir transfusiones de sangre para aumentar los niveles de glóbulos rojos.
Anemias Hemolíticas
El tratamiento incluye dejar de tomar los medicamentos que puedan provocarlas y tratar las infecciones.
Anemia de Células Falciformes y Talasemia
El tratamiento para la anemia de células falciformes puede incluir oxígeno, analgésicos e hidratación con líquidos administrados por vía intravenosa. La mayoría de las formas de talasemia son leves y no requieren tratamiento.
Recomendaciones Dietéticas
Además de la medicación, ciertas recomendaciones dietéticas son importantes:
- Alimentos ricos en hierro: Principalmente de origen animal (carnes, pollo, huevo, hígado) y algunos alimentos de origen vegetal (remolacha, frijoles, garbanzos, lentejas). Estas recomendaciones ayudan a aumentar la producción de hemoglobina en sangre.
- Frutas ácidas: Consumir frutas ácidas como naranja, limón, acerola o anacardos, ya que la vitamina C que contienen favorece la absorción del hierro.
- Evitar alimentos ricos en calcio: Los alimentos ricos en calcio, como la leche y sus derivados, disminuyen la absorción de hierro y deben ser evitados durante las comidas principales como el almuerzo y la cena.
- Alimentos probióticos: Consumir kefir, yogur natural y kombucha es una óptima opción para ayudar en el tratamiento de la anemia, ya que sus bacterias buenas mantienen la salud de la flora intestinal, favoreciendo la absorción de hierro en el organismo.
La prevención de la anemia en adultos mayores incluye mantener una dieta equilibrada que incluya todos los nutrientes esenciales. También es recomendable realizar chequeos médicos regulares para detectar cualquier problema de salud a tiempo.
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