La homosexualidad y la vejez no suelen ir de la mano en el imaginario colectivo, o al menos no pensamos en estas palabras a la vez. Si bien ser gay es cada vez un poco menos difícil en nuestra sociedad, ya que se integra más como algo normal en la gente joven, ¿qué ocurre con las personas ancianas y gays? Para muchos de ellos, su orientación sexual ha sido un problema y un secreto inconfesable a lo largo de toda su vida. Este artículo explora las experiencias, desafíos y realidades de los ancianos en la comunidad LGBT+.
Una Vida de Secretos y Represión: La Experiencia Histórica
Durante muchos años, la homosexualidad fue perseguida y penalizada como uno de los peores crímenes, simplemente por el hecho de amar a personas del mismo sexo. En épocas como el franquismo en España, existía una gran represión, y las personas homosexuales eran cazadas y castigadas. Escribir estas palabras casi nos hace pensar en una eternidad, pero hablamos de apenas unas décadas atrás.
El Impacto de la Legislación y la Sociedad
En Chile, el Código Penal de noviembre de 1874 estableció que las prácticas homosexuales eran delito y debían ser sancionadas con penas de entre 541 días y tres años de presidio. Esta ley fue derogada en 1999, eliminando el carácter de delito a las prácticas sexuales sodomitas entre adultos. Según Marcelo Cárcamo, sicólogo experto en temas de diversidad sexual, la vida sexual de las personas homosexuales o trans antes de los años 90 se desarrolló en una época "muy, muy traumática para llevarla a cabo libremente".
La historia de Katy Fontey, quien ingresó al Liceo José Victorino Lastarria en 1966 a los 14 años, es un testimonio de esa época. Experimentó el acoso, la soledad y la posterior expulsión del colegio por ser descubierta en una relación homosexual. Antes de esto, ya se había distanciado de sus padres en Curicó, quienes la trataron de "sucia" y "enferma" a los diez años tras enamorarse de un camionero. En esa época, "no sabía que lo que me pasaba se llamaba así. Eran los 60 y yo sabía que era mujer", confiesa Fontey.

Estrategias de "Supervivencia"
Ser gay hace unos años no era una opción de vida libremente aceptada, lo que llevaba a muchas personas a adoptar vías para pasar desapercibidas:
- Matrimonios y Familia Heterosexual: Muchos se casaban y tenían hijos, llevando una vida tradicional para no levantar sospechas, aunque nunca se sintieron plenos sentimentalmente.
- Soltería: Otros optaron por ser "solterones", evitando establecer una vida en pareja formal. Esta alternativa también era criticada, ya que para ser una persona "hecha y derecha" se esperaba el matrimonio y los hijos.
- Confesión y Repudio: Un grupo, los más "sinceros" o "osados", llegaron a confesar su homosexualidad, enfrentando a menudo el repudio familiar. Muchos padres desheredaron y echaron de sus casas a sus propios hijos.
Katy Fontey relata que, tras su expulsión del colegio, no volvió a su casa y "nunca más supe de mi familia. Yo me crié sola. Me hice sola". Después de esa revolución personal, empezó a usar tacos, a vestirse como mujer, se dejó crecer el pelo y se hizo llamar Katy.
La Realidad de los Ancianos Gays en la Actualidad
Hoy, quienes confiesan ser homosexuales en la vejez describen una vida complicada, llena de trabas y dificultades. El rechazo no solo era familiar, sino también social, con discriminación en el ámbito laboral y de amistad.
Sentimientos de Inferioridad y Soledad
Los ancianos gays de hoy son personas con un gran sentimiento de inferioridad e inseguridad, miedo al rechazo y baja autoestima. Pocos dicen con la cabeza bien alta que son gays; quienes lo confiesan, lo hacen con miedo y resignación. La sociedad a menudo no contempla esta opción; por ejemplo, en un salón de baile de la tercera edad, es raro ver a hombres bailando juntos un pasodoble, solo se agrupan para jugar a cartas. Viven su senectud con un gran vacío y sentimiento de soledad, incluso si sus hijos y nietos los han aceptado.
El psicólogo Marcelo Cárcamo señala que el trauma de años de represión genera "que personas que hoy están en la tercera edad tengan una tendencia a esconderse o llevar una vida más solitaria. Muchas veces son ellos mismos los que tienen un rechazo hacia su orientación sexual cuando envejecen por todo lo que les tocó vivir".
El "Último Clóset" y la Automarginación
Rolando Jiménez, presidente del Movilh, advierte que la falta de espacios produce una "vuelta al clóset" en la vejez. Cuando adultos mayores tienen la posibilidad de internarse en una casa de reposo o asilo, "se les niega la posibilidad de su sexualidad". Él y otros activistas lamentan la ausencia de políticas públicas que aborden esta realidad. Víctor Hugo Robles, conocido como "el Che de los gay", afirma que "después de los 60 años se produce el último clóset, porque es el de los viejos homosexuales, de las viejas travestis, de las viejas lesbianas. Todos los derechos de la comunidad LGBTI siempre tienen el sesgo de la juventud".
El psicólogo Marcelo Cárcamo también menciona la automarginación, culpa y sanción social internalizadas. "Están más impregnados de la sanción social y la culpa porque crecieron en un entorno donde eso era sancionado. Por eso, el gran trabajo con estas personas tiene que ver con la resolución de las homofobias, lesbofobias o bifobias internalizadas".
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Desafíos Específicos de la Vejez LGBT+
La literatura científica sobre el envejecimiento en personas LGBTI es escasa, reflejando quizás una falta de interés por parte de la comunidad científica. Sin embargo, se identifican desafíos únicos:
- Doble Discriminación: Un estigma deriva de la doble discriminación por ser viejos y homosexuales. Si bien han sufrido discriminaciones por años debido a la época en que vivieron, su problema de estigmatización persiste principalmente por ser homosexual.
- Estereotipos sobre la Sexualidad: Existe la suposición de que el anciano gay se enfrenta a una ausencia de estímulos eróticos o que sus vínculos se basan exclusivamente en lo sexual, debido a la sobrevaloración del atractivo físico. Sin embargo, Kelly en 1977 encontró que la vida sexual de los mayores está en muchos casos suficientemente satisfecha.
- Salud y Cuidados: Existen prejuicios sobre los riesgos a los que se enfrentan las personas LGBTI, lo que puede ocasionar un cuidado inadecuado. Los ancianos a menudo esconden su orientación sexual a los proveedores de cuidados médicos por temor a ser discriminados. Además, en los sistemas de seguros de salud, no siempre hay cobertura familiar para parejas del mismo sexo.
- Residencias de Mayores: Cuando los ancianos LGBTI deciden retirarse a una casa de cuidados, sufren un proceso de "volver a meterse en el clóset" debido a posibles actitudes homofóbicas entre residentes y el temor a ser excluidos.
- Red de Apoyo: La mayoría de los ancianos LGBTI dependen de sus parejas o amigos cercanos para obtener apoyo social. La sociedad no siempre reconoce la importancia de estas "familias escogidas", que pueden ser una red de apoyo más efectiva que la natural.
La activista española Rosa Arauzo, de 76 años, lamenta el "edadismo" dentro del colectivo LGBTI. "No hemos tenido una infancia, una adolescencia, una juventud. Estábamos en un mundo donde nos excluían, no hemos podido vivir afectos y amores en público, sino en la oscuridad, odiados, ocultos".
Falta de Datos y Espacios de Comunidad
Las cifras sobre la población LGBTI en Chile fueron de interés político recién en 2012, pero los datos precisos son escasos. La Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) de 2017 reveló que el 15,4% de los adultos mayores de 55 años se identifica como gay o lesbiana, y el 10,4% como bisexual. Sin embargo, organizaciones como Movilh y Fundación Iguales reconocen que "estamos al debe con las cifras de adultos mayores LGBTI".
Intentos Fallidos de Formar Comunidad
En 2002, el activista Ramón Gómez del Movilh intentó crear un grupo para personas mayores de 60 años, pero los participantes desertaron a la tercera reunión. En 2016, replicó la idea con 30 personas, pero la iniciativa también fracasó. Los movimientos LGBTI, según Gómez, se han focalizado siempre en los jóvenes. Este abandono, la precaria vida social y el retiro de las actividades públicas como activistas se acentúan en la tercera edad.
José García (60), quien se casó a los 21 y tuvo tres hijos antes de separarse hace 12 años y emparejarse con un hombre, comenta: "Hay un desconocimiento de lo que ocurre con personas de más de 50 años que tenemos familia y salimos del clóset". Él hoy comparte casa con su pareja, padrino de uno de sus nietos, y afirma: "Con él, con mi pareja, después de un largo proceso ya somos familia".

La Brecha Generacional en la Comunidad LGBT+
La brecha generacional es un aspecto relevante. Las personas homosexuales más jóvenes se expresan libremente, mientras quienes vivieron en épocas de represión son más reservadas o no se identifican con las luchas actuales. José (67), quien se asumió homosexual a los 26, no se siente representado por la lucha de derechos LGBT, liderada por generaciones más jóvenes con otros intereses. "Fui una vez a una marcha y no me sentí mal, pero no me identificaba para nada con los que iban más adelante".
Jaime Lorca (69), miembro de Acción Gay, es la otra cara de la moneda. Abiertamente homosexual desde joven, no ve la necesidad de declarar su sexualidad a sus parientes. Recordó la dictadura como una época de represión, pero también de camaradería en lugares como la discoteca Fausto, donde se quedaban "de toque a toque". Sin embargo, también presenció la violencia policial y la instalación de la homofobia a inicios de los 80, empeorada por la llegada del VIH/SIDA.
Apoyo y Recursos para Ancianos LGBT+
A pesar de los desafíos, existen recursos y organizaciones que buscan apoyar a los ancianos LGBT+:
- Departamentos de Asuntos de Veteranos (VA) de EE. UU.: Ofrecen información sobre políticas de atención médica y cuidados a largo plazo para veteranos LGBTQ+ y sus familias.
- GLMA (Gay and Lesbian Medical Association): Una red de profesionales de la salud con un directorio para ayudar a pacientes LGBTQ a encontrar proveedores adecuados.
- Asociación Mundial Profesional para la Salud Transgénero (WPATH): Establece estándares de atención para el tratamiento de personas transgénero y de género no conforme.
- Índices de Equidad: Como el Healthcare Equality Index y el Long-Term Care Equality Index, que evalúan la inclusión de instituciones de salud.
- LGBT Family Law Institute: Brinda recursos sobre leyes familiares para la comunidad LGBT.
Es fundamental que se promuevan políticas y programas que aseguren que las personas mayores LGBT tengan acceso a servicios y proveedores de geriatría sensibles a sus necesidades, en un ambiente inclusivo y sin discriminación.
La conclusión es clara: el problema no es ser "viejo" ni "gay", sino la pérdida de parte de la identidad que supone el no aceptar o no ser aceptado. Es hora de romper el estigma y permitir que los ancianos LGBT+ mueran sintiéndose libres y rompiendo las cadenas que los ataron durante toda la vida.