En las profundidades de la historia cubana, la vida de una mujer extraordinaria, conocida como Chiquita, se revela en estas páginas. Una existencia tan fuera de lo común y asombrosa como ella misma, que nació al comienzo de una guerra y murió al finalizar otra. Este relato surge de un encuentro fortuito en La Habana en 1990.
Descubriendo a Chiquita: Un Tesoro Oculto
En aquel año, mientras buscaba libros interesantes en la casa de Cándido Olazábal, un corrector de pruebas jubilado de la revista Bohemia, se desveló la historia de Chiquita. Cándido, un anciano de más de ochenta años, al saber que el visitante era escritor, lo llevó a su dormitorio para mostrarle la biografía de una artista cubana llamada Chiquita.
Chiquita: La "Muñeca Viviente" y "El Más Pequeño Átomo de Humanidad"
Según Cándido, Chiquita era liliputiense, conocida como "la muñeca viviente" y "el más pequeño átomo de humanidad". También se le llamaba "la bomba cubana", un sobrenombre que ella detestaba. Cándido la conoció cuando ya estaba retirada y siempre quiso escribir un libro sobre ella, lamentando que, a pesar de su fama, nadie en Cuba la conociera.
Tras adquirir los papeles de Cándido, el autor los guardó temporalmente. Una noche, decidido a revisarlos, pasó la madrugada leyendo los documentos y combatiendo larvas de polillas. Al amanecer, visitó a Cándido en Santovenia para reconstruir los capítulos perdidos que se había llevado el huracán Fox. Gracias a la "memoria de elefante" de Cándido, pudieron reconstruir la información faltante trabajando juntos durante meses.
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Obstáculos y Persistencia en la Reconstrucción
Poco después de terminar la labor, el autor fue a un congreso de escritores en Moscú. Al regresar, visitó a Cándido, quien estaba en cama, pálido y con dificultades para respirar, pero con el mismo deseo de conversar. La médica del asilo atribuyó su condición a "los años", una enfermedad sin cura.
La idea inicial era escribir una novela sobre Chiquita, pero la vida lo llevó por otros caminos al irse a vivir fuera de Cuba en abril de 1991. Sin embargo, los papeles de Olazábal y los casetes grabados con Cándido seguían existiendo, guardados por su madre en La Habana. Al releer los documentos y escuchar la voz de Cándido, se convenció de que había llegado el momento de escribir la vida de Chiquita.
Investigación y Retos Creativos
El primer paso fue buscar rastros de Chiquita en Estados Unidos, encontrando notas y anuncios de sus presentaciones en periódicos. También visitó varias ciudades donde ella vivió y trabajó, y adquirió fotos y documentos adicionales a través de subastas en Internet. Lo único que nunca pudo conseguir fue una película que Chiquita rodó en 1903.
Cuando el autor pensó que estaba listo para escribir la novela, se encontró con un bloqueo creativo, no pudiendo ir más allá de las primeras líneas. Mirando las hojas apolilladas, comprendió que era una "petulancia" intentar reescribir una historia ya contada por su protagonista. Decidió entonces adoptar un rol más discreto, secundario.

La Verdad y la Fantasía en la Vida de Chiquita
Chiquita existió realmente, y su vida se relata en estas páginas. Sin embargo, el autor advierte que no todo lo que se leerá es la "pura verdad", ya que algunos personajes y sucesos son tan singulares que rozan lo absurdo o lo sobrenatural. Se esforzó por verificar cada dato y separar la paja del grano.
El autor destaca tres aspectos de la personalidad de Chiquita:
- Era bastante fantasiosa y solía adornar sus relatos.
- Como Sagitario con ascendente en Capricornio, era muy obstinada y dominante, acostumbrada a mandar y reacia a admitir errores.
- Era "putísima", muy coqueta y disfrutaba seducir a hombres y algunas mujeres con sus encantos, a pesar de su apariencia inocente en las fotos.
El Inicio de una Colaboración Inesperada
En 1930, el narrador tenía veintitrés años, era dactilógrafo y poeta aficionado. Había llegado a Tampa dos años antes para trabajar con su tío, friendo pescados. Sin embargo, su pasión era la escritura. Después de ser despedido por distraerse con sus versos, intentó ser torcedor de cigarros, pero no tuvo éxito.
Con la Gran Depresión asolando Nueva York, conseguir trabajo era casi imposible. Vivió en una pensión compartida y luego en un banco de parque, luchando contra el frío y la hambruna. Una noche, sus compañeros italianos intentaron robarle su cuaderno de poesías para quemar las hojas, poniendo fin a su amistad. La situación era desesperada.

El Anuncio y el Encuentro en Far Rockaway
De repente, una oportunidad inesperada surgió. Después de un difícil viaje a un pueblo de veraneo en Long Island, encontró la dirección que buscaba. Una mujer cubana "negra muy prieta, caderona y seria" le abrió la puerta y, al escuchar que era de Matanzas, lo dejó esperando. La dueña de la casa, Chiquita, era una mujer de tamaño diminuto.
Chiquita, al enterarse de que el narrador era de Matanzas, le explicó su intención de escribir un libro y necesitaba un dactilógrafo debido a la artritis en sus manos. Lo sentaron frente a una máquina de escribir Underwood de último modelo y Chiquita comenzó a dictar con su voz "un poco áspera". A pesar del tiempo sin practicar, el narrador tecleó con gran velocidad.
La Prueba y el Compromiso Laboral
Chiquita reconoció su buena ortografía y velocidad, pero preguntó sobre su nivel de inglés. El narrador, temeroso de perder el empleo, ofreció una respuesta "patética". Sin embargo, Chiquita, quizás por su origen en Matanzas o la falta de mejores aspirantes, lo contrató. Ella le sonrió enigmáticamente y le dijo que su libro "sólo se publicará después de mi muerte".
El narrador regresó a Brooklyn por sus pertenencias y esa misma noche estaba de vuelta en Far Rockaway para cenar, acompañado por Rústica, una mujer de la que no pudo sacarle mucha información sobre Chiquita.
La Relación Laboral y los Desafíos Creativos
Chiquita eligió su habitación de lectura para trabajar, un espacio que parecía una casa de muñecas con muebles a su medida. Para empezar, Chiquita dejó claro que quería contar su vida sin usar la primera persona del singular, con la intención de que el libro pareciera escrito por un biógrafo.
El trabajo comenzó de manera pausada. Chiquita saboreaba las palabras, a veces se detenía para elegir cómo terminar una frase o interrumpía la narración para contar una anécdota. A media mañana, Rústica les sirvió chocolate. La armonía se rompió cuando Chiquita le pidió al narrador que leyera en voz alta lo que había copiado.
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Conflicto y Entendimiento Mutuo
Chiquita le recriminó que su trabajo era copiar las cosas "tal y como se las digo". El narrador, envalentonado, argumentó que hablar y escribir eran cosas distintas, y que no debía incluir errores de conversación en un libro. Pensó que sería su último día de trabajo, pero no fue despedido. Más tarde, aprendió que la mejor manera de entenderse con Chiquita era diciéndole lo que pensaba de forma clara y firme.
Chiquita, conciliadora, le sonrió y le dijo que no quería que copiara mecánicamente, sino que se había dado cuenta de que él era un joven sensible y amante de la poesía. Al principio, el narrador siguió sus instrucciones, pero con el tiempo, comenzó a hacer cambios sutiles: un adjetivo por aquí, un verbo por allá. Luego, se atrevió a redactar oraciones a su manera, cambiar párrafos y resumir descripciones demasiado largas.
El narrador explica que Chiquita no carecía de vocabulario o gracia para contar, pero quería incluir todo, lo que hacía los capítulos interminables. Él tenía que "podar" constantemente el texto para mantenerlo conciso.
Fragmentos de la Vida de Chiquita
La historia de Chiquita incluye eventos como la llegada de Espiridiona Cenda al mundo, "La leche de Nefertiti", un accidentado bautizo, una advertencia de ultratumba, la visita del gran duque Alejo Romanov a Matanzas, una excursión al valle de Yumurí, el hallazgo de un amuleto, extraños jeroglíficos y la bilocación de un jorobado.
Un día, mientras medían su altura, Chiquita bromeó diciendo: "Bueno, al menos tampoco me he encogido". Su madre, Cirenia del Castillo, la regañaba cada vez que usaba la palabra "enana", insistiendo en que "los enanos son deformes, grotescos", mientras Chiquita tenía una "figurita grácil y armoniosa". A pesar de ser "perfecta", Chiquita se consideraba "enana".