El concepto de información es cada vez más ubicuo, y lo mismo ha sucedido con las tecnologías que la procesan. Tanto una como las otras han sido protagonistas indiscutibles de la escena mundial desde hace varias décadas, así como en las comunidades académicas nacionales e internacionales. La irrupción de la teoría de la información y el desarrollo tecno-científico que la ha acompañado han impactado de múltiples modos a la sociedad, así como a la cultura y la ciencia en todas sus manifestaciones y disciplinas.
En este artículo se identifican las corrientes de pensamiento con las cuales el concepto de información ha tenido relación conceptual en tres direcciones principales: sociológica, cognoscitiva y la propia bibliotecología. En cada una de ellas se analiza el sentido con que se le ha dado al concepto, así como la red teórica en que se desenvuelve.
Entendiendo la Polisemia de la Información
El sentido común nos indica que desde hace varias décadas la palabra información es un vocablo imprescindible en prácticamente todo tipo de contexto situacional o disciplinario. En el uso cotidiano, es un hecho que el término es polisémico, o bien asume funciones de sinónimo de modo indiscriminado.
Para una aproximación inicial, podemos revisar la definición que ofrece el Diccionario de la lengua española (DRAE). Con base en las definiciones del DRAE, los diferentes contextos del término se circunscriben a:
- La acción y el efecto de informar.
- Aspectos de orden orientativo y de prueba jurídica.
- Procesos cognoscitivos y de comunicación.
- Ámbito biológico.

La Perspectiva Histórica y la Síntesis de Campbell
De un modo sintético e interesante, Campbell sintetizó, a principios de la década de los ochenta, los ámbitos culturales y científicos más renombrados en los cuales la información jugaba un papel destacado. El autor planteó preguntas que ilustran la amplitud del concepto:
¿Qué tienen en común los códigos utilizados para enviar mensajes desde una nave espacial y los genes de una molécula de ADN? ¿Cómo se relacionan la segunda ley de la termodinámica -descubierta por un físico- y la comunicación, a tal grado que sea posible hablar de la "entropía" de una partitura musical, de una página escrita, de una conversación? ¿Por qué los intricados problemas de la teoría matemática de la probabilidad se relacionan con la forma en que nos expresamos oralmente o por escrito?
La respuesta a todas estas preguntas es "información", y el hecho mismo de que un solo concepto pueda ligar tantas ideas distintas revela su gran generalidad y poder.
Campbell afirmó que no ha sido posible fijar el significado de la información (lo cual continúa siendo válido en la actualidad) y menciona que en la Edad Media tuvo varios usos populares y literarios, pero además poseía un significado más activo y constructivo, "[...] algo que da cierta forma o carácter a la materia o a la mente, una fuerza que modela la conducta, que capacita, instruye, inspira o guía".
Campbell describe que una vez que el concepto de información fue definido científicamente en los años cuarenta, el impacto fue tal que incluso la palabra recuperó otros significados, matizando el sentido activo, como algo que "informa" al mundo material de modo semejante a los mensajes de los genes, que instruyen a la maquinaria de la célula para construir un organismo, o las señales de un transmisor de radio que guían un vehículo espacial. Así pues, además de la definición científica y sus implicaciones teóricas y tecnológicas, el concepto se constituyó en un principio universal, el cual opera y "da forma a lo informe, especifica el carácter peculiar de las formas vivas e incluso ayuda a determinar, por medio de códigos especiales, los modelos de pensamiento humano".
La Teoría de la Información y sus Principios
La creación de un concepto científico de información solo podía darse dentro de una teoría de la información, es decir, como parte de un sistema explicativo que permitiera resolver problemas de orden teórico o abstracto y de orden fenomenológico y práctico. Campbell explora dicha teoría y la propone como la entrada hacia un terreno del conocimiento tan vasto como la naturaleza y tan complejo como la mente del hombre.
Destaca de modo importante que la información debe comprenderse en el marco de fuerzas complementarias que permiten explicar el mundo, esto es, la entropía como agente del caos y la información como elemento no casual "que explota la incertidumbre inherente al principio de la entropía para generar nuevas estructuras, para conformar al mundo de nuevas maneras". La teoría de la información muestra que existen buenas razones para considerar que las fuerzas no accidentales son tan universales como las de la causalidad, aun cuando la entropía ha sido presentada como el principio más abrumadoramente poderoso.
La metáfora apropiada para el proceso de la vida quizá no sea el tiro de un par de dados, ni girar la ruleta, sino las frases de un idioma, que llevan información parcialmente predecible y prácticamente impredecible. Estas frases se producen por reglas que obtienen mucho de poco, generando una ilimitada riqueza de significados a partir de una cantidad limitada de palabras: permiten que el lenguaje resulte familiar a pesar de ser sorprendente, y limitado a pesar de ser impredecible dentro de sus fronteras. De este modo, Campbell concluye a modo de afirmación universal que es posible comprender, gracias a la teoría de la información y de forma opuesta a la afirmación de la entropía (excepción y confusión como regla que gobierna el mundo), que el sentido y el orden pueden prevalecer frente al caos de manera que el orden también es completamente natural.

La Información en el Contexto Social y Económico
En esta ruta intelectual, el concepto de información se convirtió también en una teoría de carácter social, como un modo de observar y explicar el desarrollo de la sociedad. Esta concepción quedó fijada en la denominada Sociedad de la Información. De igual modo, la información cobró tal relevancia que Castells acuñó la expresión "la era de la información", la cual incluye a la economía, la sociedad y la cultura.
Distinción entre Información y Conocimiento
En primer término, es relevante la apreciación que se hace en el documento de la Unesco titulado Hacia las sociedades del conocimiento respecto a la concepción de Sociedad de la Información, de la cual se afirma que se basa en los progresos tecnológicos. A pesar de presenciar el advenimiento de una sociedad mundial de la información en la que la tecnología ha superado todas las previsiones con respecto al aumento de la cantidad de informaciones disponibles y la velocidad de su transmisión, todavía queda un largo camino por recorrer para acceder a auténticas sociedades del conocimiento.
El cambio de percepción de la información al conocimiento es vital para comprender el cambio de paradigma de desarrollo social. Se hace una fuerte crítica a la limitante que impone para las sociedades basar su progreso en la expansión de tecnologías de información y comunicación. Aunque pueda "mejorarse" -por ejemplo, suprimiendo las interferencias o errores de transmisión- una información no crea forzosamente sentido.
Además, la información solo seguirá siendo una masa de datos indiferenciados hasta que todos los habitantes del mundo gocen de una igualdad de oportunidades en el ámbito de la educación para tratar la información disponible con discernimiento y espíritu crítico, analizarla, seleccionar sus distintos elementos e incorporar los que estimen más interesantes a una base de conocimientos. Muchos se darán cuenta de que en lugar de dominar la información, es esta la que los domina a ellos. Además, el exceso de información no es forzosamente una fuente de mayor conocimiento. Es necesario que los instrumentos que permitan tratar la información estén a la altura.

El documento de la Unesco establece de modo contundente que estas concepciones de sociedad no deben confundirse. En todo caso, el nacimiento de la Sociedad de la Información basada en la revolución de las nuevas tecnologías es tan solo un instrumento para alcanzar el modelo de sociedades del conocimiento. Lo anterior también implica diferenciar entre el uso del concepto de información respecto al de conocimiento, ya que "La información es efectivamente un instrumento del conocimiento, pero no es el conocimiento en sí".
La información es en potencia una mercancía que se compra y vende en un mercado y cuya economía se basa en la rareza, mientras que un conocimiento -pese a determinadas limitaciones: secreto de Estado y formas tradicionales de conocimientos esotéricos, por ejemplo- pertenece legítimamente a cualquier mente razonable, sin que ello contradiga la necesidad de proteger la propiedad intelectual. La excesiva importancia concedida a las informaciones con respecto a los conocimientos pone de manifiesto hasta qué punto nuestra relación con el saber se ha visto considerablemente modificada por la difusión de los modelos de economía del conocimiento.
Manuel Castells y la Revolución Informacional
Un componente que impulsó la difusión del concepto de Sociedad de la Información fue la promesa implícita respecto a la posibilidad de arribar a escenarios de desarrollo social benéficos con base en el salto tecnológico y el inmenso potencial que brindan. En esta línea de análisis, Manuel Castells expuso hacia 1996 que la revolución tecnológica centrada en las tecnologías de la información estaba modificando aceleradamente la base material de la sociedad y destacó que se trataba del advenimiento de "la era de la información".
De modo específico, Castells propone el concepto de sociedad informacional y global y, sobre la base de una perspectiva de paradigma tecnoeconómico o sociotécnico, subraya que durante las dos décadas finales del siglo XX se llevó a cabo la Revolución de la tecnología de la información.
Factores Clave y el Paradigma de la Complejidad
Para entender cómo florecen las nuevas tecnologías de la información, dicho autor considera esenciales diversos factores: en principio advierte sobre el rol de los programas de macroinvestigación en los Estados Unidos y los extensos mercados desarrollados por el Estado; también alude a la innovación descentralizada por una cultura de creatividad tecnológica y modelos de rápido éxito personal, de tal modo que "agruparon a su alrededor redes de empresas, organizaciones e instituciones para formar un nuevo paradigma sociotécnico".
Vale la pena traer a colación las consideraciones del autor respecto a la transformación tecnológica que ha tenido lugar en la sociedad. Desde los años noventa ha surgido un nuevo paradigma epistemológico compartido por científicos e investigadores, opuesto a la "teoría del caos" a la cual se refería también Campbell. Este nuevo planteamiento fue identificado con el término complejidad y está centrado en la comprensión del surgimiento de estructuras auto organizadoras que crean complejidad de la simplicidad "y un orden superior del caos por medio de diversos órdenes de interactividad de los electos básicos que se encuentran en el origen del proceso".
Castells añade que el pensamiento sobre la complejidad debe considerarse un método para comprender la diversidad en lugar de una metateoría unificada, y advierte que su valor epistemológico proviene del reconocimiento del don de la naturaleza y la sociedad para descubrir cosas sin proponérselo; por supuesto, no se trabaja sin reglas "sino que las reglas son creadas, y cambiadas, en un proceso constante de acciones deliberadas e interacciones únicas. En un lenguaje que recuerda a Luhmann, Castells afirma que el paradigma de la tecnología de la información no evoluciona hacia su cierre como sistema, sino hacia su apertura como una red multifacética.
Información como Producto y Motor Económico
Contrario a lo afirmado por Campbell, Castells se refiere a la información de modo más objetivo y sin pretensión de convertirla en principio universal, e indica que la información y el conocimiento siempre han sido componentes cruciales del crecimiento económico. Para este autor, la evolución de la tecnología ha determinado la capacidad productiva de la sociedad y los niveles de vida, así como las formas sociales de la organización económica.
El surgimiento de un nuevo paradigma tecnológico, organizado en torno a nuevas tecnologías de la información más potentes y flexibles, hace posible que la misma información se convierta en el producto del proceso de producción. Para ser más precisos, los productos de las nuevas industrias de las tecnologías de la información son aparatos para procesar la información o el mismo procesamiento de la información. Tomando en cuenta lo anterior, al transformar los procesos del procesamiento de la información, las nuevas tecnologías de la información intervienen en todos los dominios de la actividad humana y establecen conexiones infinitas entre los diferentes dominios, agentes y elementos de dichas actividades.
Una de las ideas centrales que aporta Castells para entender mejor la revolución tecnológica consiste en caracterizar la aplicación del conocimiento y de la información a aparatos de generación de conocimiento y "procesamiento de información/comunicación" que retroalimentan acumulativamente la innovación y sus usos. En consecuencia, lo distintivo no es el conocimiento y la información como tales, sino su aplicación en los términos antes indicados, lo que se traduce en una capacidad de penetración de los efectos de las nuevas tecnologías.

La Sociedad Red y la Transformación Cultural
Castells establece al final del primer volumen de La era de la información que, si la revolución tecnológica a la cual está asociada la información y el conocimiento se analiza en términos sociológicos, la sociedad red representa un cambio cualitativo en la experiencia humana, tomando el referente de la acción social como el modelo cambiante de las relaciones entre naturaleza y cultura.
Sobre la base de esta premisa, indica que han existido tres modelos en la relación naturaleza-cultura: el primero se caracterizó por el dominio de la naturaleza sobre la cultura; el segundo surgió en los orígenes de la Edad Moderna, asociado con la Revolución Industrial y el triunfo de la razón, lo cual permitió el dominio de la naturaleza por la cultura. El tercer modelo se distingue porque "la cultura hace referencia directa a la cultura", esto es, una vez dominada la naturaleza, esta se revive o preserva de modo artificial como una forma cultural.
Debido a la convergencia de la evolución histórica y el cambio tecnológico, hemos entrado en un modelo puramente cultural de interacción y organización sociales. Por ello, la información es el ingrediente clave de nuestra organización social, y los flujos de mensajes e imágenes de unas redes a otras constituyen la fibra básica de nuestra cultura social. Es el comienzo de una nueva existencia y, en efecto, de una nueva era, la de la información, marcada por la autonomía de la cultura frente a las bases materiales de nuestra existencia.
Sin embargo, Castells advierte que no es necesariamente un momento de regocijo porque, solos al fin en nuestro mundo humano, habremos de mirarnos en el espejo de la realidad histórica. La promesa de la era de la información es la liberación de una capacidad productiva sin precedentes por el poder de la mente. "Pienso, luego produzco". Al hacerlo, tendremos tiempo libre para experimentar con la espiritualidad y la posibilidad de reconciliarnos con la naturaleza, sin sacrificar el bienestar material de nuestros hijos.
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