La sexualidad es un pilar fundamental de la vida, sin importar la edad. Sin embargo, persisten mitos y desinformación cuando se habla de este tema en adultos mayores. Existe la creencia cultural errónea de que la persona mayor es un ser asexuado, lo cual no tiene ningún fundamento biológico. Esta visión, a menudo denominada edadismo, genera prejuicios que limitan el ejercicio de una vida sexual plena y saludable después de los 60 años.

La sexualidad como derecho y dimensión humana
Es fundamental partir de la base de que todas las personas, independientemente de su edad, tienen el derecho inherente de vivir dignamente y ser reconocidas como sujetos de derechos. Los derechos sexuales incluyen la capacidad de tomar decisiones informadas sobre el propio cuerpo, vivir una vida libre de discriminación y contar con acceso a educación integral y servicios médicos de calidad.
La sexualidad en la vejez no se limita al acto del coito. Se concibe como la energía que conduce a las personas a buscar amor, contacto, ternura e intimidad, expresándose a través de sentimientos, movimientos y sensaciones táctiles. La intimidad emocional, social y física -que incluye caricias, besos y contacto físico- sigue siendo una parte gratificante y necesaria para prevenir la depresión y mejorar la autoestima.
Cambios fisiológicos y desafíos comunes
A medida que envejecemos, el cuerpo experimenta cambios naturales que pueden alterar la respuesta sexual. No obstante, reconocer estos cambios es el primer paso para adaptarlos y seguir disfrutando del bienestar sexual:
- En las mujeres: La menopausia (promedio a los 51 años) conlleva una disminución de estrógenos que puede provocar atrofia o sequedad vaginal. Esto puede causar dolor durante la penetración, pero es una dolencia tratable mediante lubricantes de venta libre o cremas de estrógeno recetadas.
- En los hombres: Es común enfrentar problemas de erección y una disminución de la libido debido a la deficiencia de testosterona. La turgencia del pene puede disminuir y la recuperación entre orgasmos suele ser más pausada.

Gestión de patologías y medicamentos
Las enfermedades crónicas como la diabetes, la hipertensión, la artritis y los problemas cardíacos pueden interferir con la intimidad física. Asimismo, ciertos medicamentos pueden afectar la funcionalidad sexual. Es vital consultar al profesional de atención médica para ajustar tratamientos o recibir orientación sobre cómo gestionar estas condiciones sin renunciar a la vida afectiva.
Estrategias para una vida sexual plena
Para mantener una vida sexual sana, el cambio de enfoque es esencial. La comunicación franca con la pareja y con los profesionales de la salud es la herramienta más poderosa contra el aislamiento y la vergüenza.
- Ampliar la definición de sexo: La mecánica no importa tanto como la satisfacción. Si el coito resulta complejo, el contacto íntimo, las caricias y el uso de juguetes sexuales pueden ser alternativas muy gratificantes.
- Cambiar la rutina: Experimentar con nuevos horarios (por ejemplo, por la mañana, cuando los niveles de energía y testosterona son mayores) o probar nuevas posiciones puede marcar una gran diferencia.
- Buscar ayuda profesional: Los terapeutas sexuales y geriatras pueden ofrecer herramientas para manejar la inseguridad o los problemas específicos que surgen con el paso de los años.
- Priorizar la salud general: Una alimentación equilibrada, ejercicio regular, evitar el tabaco y el alcohol en exceso, y mantener una actitud positiva refuerzan la libido y el bienestar emocional.
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El rol de la sociedad y la cultura
El envejecimiento poblacional exige un cambio cultural anticipado. Es necesario combatir el edadismo y fomentar espacios donde los adultos mayores puedan expresar sus necesidades. La sexualidad es una dimensión humana que no desaparece; por el contrario, al tener menos distracciones y más tiempo, muchas parejas reportan que su vida sexual mejora al enfocarse en la calidad de la conexión y el afecto compartido.