La manera en que los adultos mayores perciben la sexualidad hoy no tiene nada que ver con la que se tenía unas pocas generaciones atrás. Así lo revelaron sendos estudios realizados por la Universidad de Michigan y por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.
De acuerdo con los resultados de la investigación universitaria, el 40 por ciento de las personas entre 65 y 80 años son sexualmente activas, el 75 por ciento tiene una pareja romántica, y el 73 por ciento dice estar satisfecho con su vida sexual, entre otros hallazgos. Madurez sexual o vejez: el otoño de la vida cuando la experiencia y la sensatez se hacen valer en la cama. Ya los adultos mayores no responden a las insinuaciones eróticas con un: «yo ya no estoy para estos trotes».
Esas respuestas se daban antes, cuando se creía que la sexualidad femenina era coitocéntrica y reproductiva, y que la masculina se «moría» cuando los años comenzaban a hacerle contrapeso al pene. Pues los procesos biológicos que se viven con la edad no nos convierten en «animales asexuados». Si bien es lógico que existan ciertas limitaciones para llegar al clímax propiamente dicho tan «rápido» como en los años mozos, hay en la actualidad una serie de herramientas para superarlas.
Lo mejor es acercarse al médico de confianza y con claridad expresarle los temores o las inquietudes. El profesional podrá ayudar dándole a cada persona las alternativas de solución. En las mujeres, podrá ser suficiente usar lubricantes e hidratantes para darle elasticidad a la mucosa vaginal.

Derribando Mitos y Prejuicios sobre la Sexualidad en la Vejez
La sexualidad humana ha estado, desde épocas remotas, envuelta en una fuerte capa de represión, tanto individual como sociocultural y especialmente religiosa. Esto ha llevado a que existiera un desconocimiento pronunciado sobre ella, que recién comenzó a develarse a principios de este siglo gracias a los aportes del psicoanálisis, y que se aceleró rápidamente en la década de los ’60 cuando apareció la así llamada revolución sexual.
Sobre esta conducta generalizada viene a insertarse el tema que nos ocupa: la sexualidad con el paso de los años. Y aquí, sumado a lo anterior, nos encontramos con los mitos y prejuicios que recaen sobre la vejez -el viejismo- y que tornan mucho más dificultoso el entenderla. El imaginario social piensa a los viejos en extremos opuestos: o son asexuados o son perversos o asquerosos. Este recorrido les recorta la dimensión del deseo y deja al amor sin objeto.
La ignorancia juega un papel importante en este punto: todo lo que no se conoce científicamente, es decir, todo aquello sobre lo que no se puede hacer un juicio adecuado, da lugar a un prejuicio. Este desconocimiento lleva inevitablemente a que la gente que envejece tenga que enfrentarse con preguntas tales como: ¿disminuye la sexualidad con el curso del tiempo? ¿Los seres humanos se vuelven cada vez menos activos, menos interesados, menos inquietos sexualmente? ¿Debemos prepararnos para gozar menos de nuestra sexualidad en nuestros últimos años?
Mitos arraigados en el imaginario social
Palmore ha insistido en que un estereotipo constante es la creencia en que la mayoría de los viejos no tienen actividad ni deseo sexual y que aquellos pocos que la tienen son moralmente perversos o, por lo menos, anormales (viejo verde). Aun los médicos, que deberían saberlo mejor, frecuentemente asumen la postura de que la sexualidad no es importante ni necesaria en la vejez. El hecho es que muchos viejos creen en estos estereotipos, lo que los hace sentirse avergonzados de sus urgencias sexuales y los lleva a no poder gozar de una actividad sexual normal o a renunciar a ella. Esto también juega en contra del rehacer parejas a los viudos y viudas en la vejez.
El origen de los mitos y prejuicios se asienta en varios elementos. Entre otros debemos señalar que la enorme mayoría de los padres guardan en secreto su sexualidad ante sus hijos, de manera que podríamos preguntarnos: ¿por qué los jóvenes deberían asumir que las personas mayores ejercen su capacidad sexual si la ocultan tan celosamente? Esto llevaría a que neguemos la sexualidad de nuestros propios “viejos” y después, por extensión, la de todos los viejos.
A esto se le suma la conducta represiva impuesta por patrones socioculturales muy extendidos, entre los cuales juega un papel predominante la idea religiosa de que la procreación es el único fin de la sexualidad. Ramos y González señalan que la Cruz Roja Española subraya que entre las inhibiciones para el desarrollo de la vida sexual de las personas mayores de 65 años en España, se encuentran en primer lugar las religiosas, que afectarían en mayor grado a las mujeres que a los hombres.
VejezEs - ideas, mitos y miedos sobre la vejez - corto documental
Contexto histórico de la sexualidad occidental
Haciendo un rápido resumen histórico centrado en nuestro mundo occidental y cristiano podemos decir, siguiendo a Weg, que el judaísmo encontró que el sexo era algo más que el deber de procreación y que el placer a través de la expresión sexual debía ser apreciado por el hombre y la mujer dentro de la santidad del matrimonio. Los primitivos griegos, orientados hacia el placer e identificados con actitudes positivas hacia el sexo, seguían considerando a las mujeres sólo para “tener niños”.
En la medida en que se fue desarrollando el cristianismo, la idealización del celibato y la percepción del sexo como pecado se fueron fortaleciendo. Al encontrar al sexo como no pecaminoso, y pocas virtudes en el celibato, se impusieron las ideas del Renacimiento y apareció la Reforma Protestante.
Sin embargo, las mujeres siguieron siendo vistas como “tenedoras de niños” y fuente de satisfacción sólo para los deseos sexuales de los hombres. En 1840, la era victoriana inició un largo período de contradicciones, modestia, mojigatería y reserva (especialmente entre las mujeres), ideología que aún prevalece en el siglo XX.
- La prostitución era legal, pero apareció la primera ley antipornografía.
- La masturbación fue considerada la causa de una amplia gama de enfermedades mentales y de insania.
- La mujer era considerada siempre en desventaja: menos inteligente que el hombre desde el punto cognitivo, mínimamente libidinosa y con menos capacidad para la respuesta sexual.
- La virginidad era esperable de la mujer y el atletismo sexual para el hombre.
Durante este período, la expresión sexual era generalmente discutida en términos genitales: coito, orgasmo y embarazo, dejando de lado las expresiones de satisfacción erótica personal como concepción global. Todas estas creencias irracionales chocan con los hechos de la realidad.
Redefiniendo la Sexualidad: Más allá de la Genitalidad
Para responder a estas preguntas, debemos comenzar por considerar que en la vida humana hay conductas donde la obtención del placer depende exclusivamente del funcionamiento de los órganos genitales; a esto lo llamamos genitalidad. Pero hay otra serie de excitaciones, enraizadas en la infancia, como el tocar y ser tocado, el acariciar y ser acariciado, cierta forma de mirar y ser mirado, el buscar y ser buscado, la intimidad, la comprensión, que producen un placer que no puede reducirse a la simple satisfacción de una necesidad fisiológica primaria.
Estas formas eróticas pueden estar presentes o no en la actividad meramente genital. De esta forma, la genitalidad queda subsumida en el movimiento más abarcativo de la sexualidad, de la cual sólo será un representante, pero no el único. Se comprende que así definida, la sexualidad no tiene límite de edad para su exteriorización: desde el nacimiento hasta nuestra muerte siempre estará con nosotros.
Podrán variar sus manifestaciones; podrá aumentar, disminuir, desplazarse, dando contenido a infinidad de conductas que, para un observador no experto, podrían pasar inadvertidas o llevarlo a pensar que nada tienen que ver con la sexualidad. Ya sea que se busque la descarga de tensión, o el placer compartido con el otro, o una afirmación narcisista de sí mismo o todos estos fines al mismo tiempo, la dialéctica del deseo no se interrumpe nunca; solamente la represión, interna o cultural, la distorsiona de manera nefasta, produciendo no sólo los graves trastornos que vemos diariamente en los viejos privados del deseo de desear, sino también nuestras absurdas creencias prejuiciosas sobre ellos.
Los individuos que soportan una disminución o desaparición de sus funciones genitales no por eso son asexuados, y deberán realizar su sexualidad a pesar de estas limitaciones. Justamente, este es el problema del viejo. Dos investigadoras brasileñas, Adriana Teixeira y Helena Balbinotti, consideran esto como una nueva fase de la evolución libidinal y proponen denominarla posgenital. Agregan que esta fase no debería ser considerada como un movimiento meramente regresivo, en dirección al narcisismo y ligado a la introversión de la libido, sino que, recalcan, hay necesidad del otro para obtener placer.
Para entender esto tendremos que pensar, de acuerdo con las investigaciones actuales, que hay que poner en tela de juicio la frecuencia del coito como la medida tradicional de la actividad sexual y reemplazarla por las actividades tendientes a la búsqueda de placer, ya que estas promueven, en lugar de inhibir, la gratificación sexual. La erección, el coito y el orgasmo son hechos deseables, pero ellos no son los únicos necesarios para brindar placer.

La relevancia de la intimidad y el afecto
Ramos y González citan algunos estudios recientes muy demostrativos: “En el trabajo de Laury se informa que los ancianos pueden sentir placer y llegar a la eyaculación sin tener erección y se comenta un estudio en el que el 25% de los hombres se había masturbado sin llegar a la erección. Para la mayoría de las ancianas del estudio de Conway Turner, las caricias, besos y otras formas de contacto corporal resultaban ser una fuente de placer, y eran los aspectos que más valoraban en sus relaciones íntimas. La exploración fenomenológica de Hite revela que muchos hombres prefieren el sexo oral al coito, a pesar de que este es considerado más importante a la hora de demostrar su masculinidad. En cuanto a la mujer, estas disfrutan más del prejuego o posjuego del coito, de las caricias y otros aspectos íntimos de la relación que del coito per se”.
Hay un concepto que conviene introducir en este momento y es el de intimidad, que comprende los lazos afectivos compuestos por el cuidado mutuo, responsabilidad, confianza y una comunicación abierta. Tal vez una de las necesidades básicas del ser humano es la de afecto y de cuidado desde y hacia otra persona. Joven o viejo, sano o enfermo, en el ser humano que deja de tocar y ser tocado, el afecto y la confianza en la conexión humana se deterioran lentamente y se muere emocional y/o físicamente.
El significado de las relaciones íntimas para el viejo es el de acrecentar su autoestima, una razón para existir y la seguridad de que alguien puede estar allí para él, así como para satisfacer la necesidad de saber que él está allí para otro. Las relaciones íntimas dentro y fuera del matrimonio sirven de protección y soporte contra los sentimientos de soledad y de la disminuida demostración de afecto que ocurre durante muchos años de estar juntos.
En forma creciente, las personas viejas hacen esfuerzos para establecer lazos con amigos y confidentes, conexiones íntimas que pueden ser emocionales, intelectuales, espirituales y potencialmente sexuales (físicas) y que los satisfacen y energizan. Mantener la juventud y la inquietud a la hora de abordar el sexo es en la edad madura cuestión de pensamiento, actitud, conducta y emociones. No hay nada más agradable que desear y ser deseado y, en este círculo, nuestra madurez de vida se consolida.
La masturbación como forma de satisfacción
Si adoptamos el punto de vista de la búsqueda de placer, podremos encontrar otras formas válidas de estimulación que proporcionan un rango más amplio para la satisfacción sexual de los sujetos, por ejemplo la masturbación. Por otro lado, se derrumbó igualmente la idea de que los adultos mayores no se masturban. Dicen los expertos que masturbarse es quererse, conocerse y cuidarse, al mismo tiempo que hacerlo es en ocasiones útil para tratar ciertas alteraciones en las áreas estimuladas.
Según Starr, “esta práctica, especialmente entre los viejos sin pareja, se ha convertido en una creciente y aceptable forma de sexualidad y es ampliamente practicada. Un alto grado de masturbación es relatado por viejos solteros, viudos o divorciados, así como también por muchos que son casados. Los expertos concuerdan con que la masturbación en los viejos es una actividad saludable que puede reducir los sentimientos de frustración y soledad.
A pesar de que muchos de los viejos de la presente generación se han desarrollado bajo severos tabúes hacia la masturbación y que esto los lleva a experimentar una considerable cantidad de culpa al realizarla, existe evidencia de que el factor culpa está naufragando a la luz de la popularización de la masturbación realizada a través de las terapias sexuales y la actividad del movimiento feminista. Dados el alto grado de interés sexual expresado por los viejos y las dificultades que relatan para encontrar pareja, la masturbación continúa siendo una importante salida sexual para muchos de ellos”.
Cambios Fisiológicos y la Continuidad del Deseo
No hay duda alguna de que existen cambios fisiológicos a medida que las personas envejecen, pero es importante saber que estos cambios, por sí solos, no deberían llevar a que la función sexual sea afectada negativamente. Aparte de la programada terminación genética de la fertilidad con la menopausia, los cambios son mínimos. La falta de relaciones sexuales en la vejez no es el resultado de la pérdida de capacidad sino de las represiones y de la ausencia de oportunidades. Alex Comfort es quien más ha insistido en que la capacidad del viejo para mantener una vida sexual activa se debe, en parte, a su experiencia sexual en épocas anteriores.
En este tema hay que hacer una distinción fundamental para no incurrir en inexactitudes al confundir términos. Tanto en la mujer como en el hombre aparecen, alrededor de los 50 años, una serie de cambios multidimensionales en sus aspectos circulatorios, neuronales y psicosociales, entre otros. Este período se llama climaterio y se extiende durante varios años.
Envejecimiento sexual femenino
Un particular estado dentro del climaterio femenino se caracteriza por la cesación, gradual o súbita, de las menstruaciones, debida generalmente a la pérdida de la función ovárica, que lleva a una continua disminución de la producción de estrógeno y progesterona. Junto con otros factores, esto puede afectar directamente la función sexual femenina. Este estado se llama menopausia y presenta síntomas tales como jaquecas, nerviosismo, calores, accesos de llanto y otras respuestas desagradables.
Sin embargo, Weg señala que el porcentaje de mujeres que sufren estos síntomas ha sido exagerado. En una investigación reciente, el 75% de las entrevistadas dijo no tener síntomas, en tanto que en otro estudio solamente lo dijo el 26%, lo cual muestra que la respuesta de la mujer a su menopausia es altamente idiosincrásica. Por otra parte, factores psicosociales aparecen relacionados con las dificultades asociadas con la menopausia. Un estudio muestra que las mujeres que trabajan o que tienen intereses adicionales sufren menos dificultades que aquellas cuya única función es la de ser amas de casa o madres.
De los numerosos estudios realizados, pero especialmente de los de Masters y Johnson de 1978, se desprenden las principales características de estos cambios. Empecemos por las mujeres:
- Disminuye la reacción normal de vasodilatación de los senos frente al aumento de tensión sexual y, por consiguiente, no se produce el característico aumento de tamaño de los mismos. Sin embargo, la erección del pezón como signo de excitación sexual se sigue manteniendo como respuesta a cualquier tipo de estímulo.
- La vasodilatación superficial corporal, que se traduce en el enrojecimiento de algunas partes del cuerpo (“calentura”) y el aumento de la tensión muscular estriada van disminuyendo lentamente con la edad.
- La respuesta clitorídea -aumento del cuerpo esponjoso por vasodilatación- continúa en las mujeres de 70 años, pero la reducción hormonal produce una pérdida del tejido adiposo y elástico de los genitales.
Las contracciones orgásmicas -menores- exigen el mayor estímulo de las zonas erógenas hacia el clímax, ahora sin el temor de quedar en embarazo y, por tanto, con más placer.

Envejecimiento sexual masculino
El texto proporcionado describe el climaterio y los cambios en la mujer, pero se interrumpe antes de detallar exhaustivamente el envejecimiento sexual masculino. No obstante, al igual que en las mujeres, existen procesos biológicos que se viven con la edad que no anulan la sexualidad, sino que pueden presentar limitaciones superables con las herramientas adecuadas, como ya se mencionó en un contexto general.
Rompiendo Barreras y Abrazando el Disfrute
Está comprobado científicamente que la mayoría de las personas mayores de 60 años continúan teniendo interés en el sexo y que la capacidad para mantener relaciones sexuales satisfactorias puede continuar más allá de los 70 u 80 años en las parejas saludables. Muchos viejos manifiestan que el sexo después de los 60 es tanto o más satisfactorio que cuando eran jóvenes.
Las razones dadas para esto incluyen una mayor y mejor apreciación sobre lo que es el sexo, la pérdida del temor a embarazos no deseados, menos estrés laboral, menos preocupaciones por el cuidado de los hijos, sentimientos de mayor libertad, más tiempo para el ocio, mayor variación en el tiempo para tener relaciones y relaciones más maduras. La madurez tiene que ver con la inteligencia, y esta es la capacidad para aprender de la experiencia, lo que nos hace sabios. La aceptación anual de cumplir un año más nos facilita ser resilientes y capaces de disfrutar el presente, la edad que tenemos hoy.
De forma tal que buscar, explorar y descubrir ese momento de vida activa nuestros procesos, enriquece el fundamento metodológico de la creatividad. Ingeniosos a los 75, gran regalo para cimentar la confianza de la pareja. Esto aumenta la autoestima, fortalece los vínculos emocionales entre los dos y de la misma manera lo hace con el cuerpo, que necesita el ejercicio físico.
La sexualidad es nuevamente protagonista en estas etapas de jubilación laboral, que también presencian problemas de salud: cardiovasculares y quizás dolores en las articulaciones, diabetes, artritis e incontinencia urinaria. A quienes padecen esta última se les recomienda orinar antes y después de mantener relaciones sexuales.
En síntesis: mantener la juventud y la inquietud a la hora de abordar el sexo es en la edad madura cuestión de pensamiento, actitud, conducta y emociones. La educación espanta la vergüenza y la culpa: usted tiene el derecho a una sexualidad madura y tiene el deber de disfrutarla. Lo ideal es estar acompañado, pero solo también se vale como una buena alternativa. ¿Por qué anticiparles con prejuicios al pene y a la vagina que no disfrutarán de su vida sexual?