Historia del Vendedor Ambulante: Continuidades y Quiebres en el Paisaje Urbano

La presencia del comercio ambulante en las ciudades ha sido una constante a lo largo de la historia, generando debates y desafíos en torno a su regulación, impacto económico y percepción social. En Chile, esta actividad ha evolucionado desde los primeros días de la Colonia hasta la actualidad, adaptándose a los cambios urbanos, económicos y migratorios. Un estudio reciente, basado en las observaciones del historiador económico Juan José Martínez, nos permite tender puentes entre el pasado y el presente de esta antigua profesión, revelando similitudes y diferencias en su desarrollo.

Esquina poniente de Ahumada con Huérfanos, con letrero de

El Paseo Ahumada: Un Reflejo de la Transformación Urbana y el Comercio Ambulante

Juan José Martínez, doctor en historia económica por la Usach, ha sido testigo de la evolución del Paseo Ahumada, un espacio emblemático de Santiago. La "cuadra de los Ahumada" de tiempos coloniales fue, por años, una calle más de un centro que perdía lustre frente a otras comunas. Sin embargo, durante la alcaldía de Patricio Mekis (1976-79), se produjo una "resurrección" céntrica, cuya culminación fue la transformación de la vía vehicular en una peatonal.

La vitalidad de estas cuatro cuadras, las más transitadas de la ciudad, es lo que solía conocer Martínez. El académico ha regresado al lugar en múltiples ocasiones, pero el miércoles 18 de enero de 2023, su visita fue diferente. Convocado a encontrarse con La Tercera en la esquina poniente de Ahumada con Huérfanos, observó un panorama que lo llevó a reflexionar sobre la continuidad y el quiebre con el pasado económico del sector. Un pendón de arrendamiento en el lugar donde antes estaba el McDonald's, junto a otros avisos similares entre Alameda y Moneda, le hicieron notar un cambio significativo, comparándolo con la aparición de estos avisos en la 5ª Avenida de Nueva York, lo que sugiere un "resquemor ante la inseguridad del centro".

Mientras transitaba hacia la Plaza de Armas, Martínez tomó nota de la presencia significativa de comerciantes informales, tanto extranjeros como nacionales. El conjunto de puestos de estos comerciantes ambulantes se asemejaba a una feria, ocupando la franja central del paseo y ofreciendo una gran variedad de productos: desde artículos de uso cotidiano como parchecuritas, cigarrillos y cortaúñas, hasta objetos más específicos como pins, muñecos de Peppa Pig, cuarzos, atrapasueños, almohadones, relojes, bisutería, anteojos de sol, vestuario y una considerable cantidad de alimentos y bebestibles. Incluso, la "pasarela interior" que los ambulantes dejan a los peatones podía verse interrumpida por puestos improvisados, como el de "Se graban placas para mascotas" o uno que ofrecía papel de regalo y servicios de fletes. Todos estos son ambulantes, en tanto ocupan un bien de uso público.

El Comercio Callejero: Un Problema Histórico Desde la Colonia

El comercio callejero ha sido considerado un problema desde la fundación de Santiago en 1541 y la pronta creación del Cabildo. En un principio, se le vio como una actividad fuera del sistema articulado en torno a una concepción del bien común que no se avenía con la reventa de productos.

  • Usura y Desregulación: "Eso no era bien visto, porque había una usura en la reventa, y esa usura iba también de la mano de una desregulación de los precios, mientras el comercio establecido estaba regulado, y no solamente el comercio, sino todo el sistema económico", explica Martínez.
  • Falta de Tributación: Además, los comerciantes ambulantes "tampoco tributaban, a diferencia del comercio establecido y de toda una serie de otros agentes del sistema económico de la época colonial. Al no tributar, no participaban de este sistema que procuraba el bien común y, por tanto, la utilidad general".

Históricamente, la falta de tributación ha sido "el elemento más persistente" a lo largo de los siglos, aunque hoy puedan existir otros factores que preocupen más a los ciudadanos, como la inseguridad o el desaseo.

Comercio ambulante: ¿Cómo combatirlo y cuáles son los principales desafíos para 2026?

Tipologías de Vendedores Ambulantes en el Pasado

En el ámbito del comercio callejero colonial, se movían diversos tipos de vendedores:

  • Tendeleros: Vendedores que montaban sus "tiendas" provisionalmente.
  • Cajoneros: Compraban y revendían en un mismo lugar, instalados sobre cajones.
  • Baratilleros: Se instalaban con lo que tuvieran para vender.
  • Regatones o Mercachifles: Adquirían frutos y legumbres en haciendas cercanas para revenderlos en la ciudad, y en las noches santiaguinas, aprovechaban para reducir productos obtenidos del robo.

Las cocinerías y fritanguerías, así como la venta de alpargatas y ojotas, eran parte de este ecosistema. Una disposición del Cabildo de Santiago de 1767 excluía de la categoría de vendedores a "todos aquellos que callejean y pregonan sus efectos por la calle, ni tampoco los que venden aloja, dulces, helados y otras semejantes menudencias", lo que dejaba al margen de la ley al comercio ambulante y los hacía susceptibles de persecución.

Vendedores callejeros en el Chile del siglo XIX, grabado del

Renovación Urbana e Idea Ilustrada

"Hay un punto de inflexión, sobre todo en el último tercio del siglo XVIII, cuando se produce una renovación urbana que tiene que ver con una idea ilustrada del ser humano: del conocer, pero también del ser agente del propio futuro, del propio progreso", añade Martínez. Esta renovación implicaba embellecer la ciudad, y desde esa perspectiva, el comerciante ambulante quedaba fuera, al ser percibido como parte de la "suciedad" que contrastaba con el comercio establecido.

En 1757, la Casa de Abastos se instaló en la Plaza Mayor (actual Plaza de Armas) con la lógica de "ordenar un poco el desorden que había". Santiago experimentó un gran progreso, impulsado por la construcción, lo que generó empleo y circulación de dinero. Sin embargo, el comercio ambulante también estaba "barnizado" por esta idea de poco ornato y poca salubridad.

Hacia 1820, "cuando la cosa no da para más", O’Higgins trasladó la Casa de Abastos al actual Mercado Central, que hasta entonces era considerado el "patio trasero" de la ciudad. Posteriormente, con el Puente de Cal y Canto (inaugurado en 1780 y demolido en 1788), se habilitó La Chimba, al otro lado del Mapocho, donde llegaban los chacareros del norte y también había comercio, dando origen a la actual Vega Central. La idea era "correr al otro lado del río" este comercio ambulante, considerado insalubre y sucio.

Similitudes y Diferencias con el Presente

La fiscalización del comercio ambulante recae actualmente en inspectores municipales, Seguridad Ciudadana y Carabineros. A pesar de los cambios, la preocupación histórica municipal se mantiene. A fines del siglo XVIII, "había para estos efectos unos 12 alguaciles, a quienes se pagaba unas dos o tres veces el sueldo mínimo", encargados de enviar a los ambulantes a la cárcel si era necesario. La lógica de la época fue: "ya no podemos con esto, se quedó corta la Casa de Abastos: movámoslos hacia un lugar donde les podamos dar un poco más de espacio, donde exista la infraestructura".

Hoy, en tiempos de inflación y flujos migratorios significativos, el aseo, la higiene y el ornato siguen siendo temas relevantes, aunque quizás no los más acuciantes. La diversidad y el mayor número de participantes, junto con el desborde de la actividad, generan un cuadro que marca continuidades y quiebres. En algunos casos, los ambulantes agrupados han acordado con las autoridades su traslado a lugares regulados donde trabajar y pagar impuestos. Por otro lado, la inflación hace que la gente necesite más dinero para el día a día, y el comercio callejero emerge como una opción viable.

El alza del IPC y otros factores inciden en la presencia de inmigrantes "fuera del sistema", que ejercen una actividad consistente con lo que realizaban en sus países de origen, donde el comercio callejero es una realidad arraigada. La percepción de inseguridad, aunque no es el área de especialización de Martínez, es un factor presente en la discusión actual sobre el comercio ambulante.

Personajes Callejeros: Un Recorrido Histórico

Por algunos períodos de la historia, la única forma de proveerse de algunos productos fue a través de los vendedores al detalle. La concentración de los mismos en puntos específicos dio origen a las ferias y mercados. Históricamente, estos vendedores lidiaron con restricciones y prohibiciones, períodos de persecución y otros de tolerancia, esta última debido a que sus ventas eran necesarias para el abastecimiento del pueblo.

Comercio ambulante: ¿Cómo combatirlo y cuáles son los principales desafíos para 2026?

Muchos cronistas del siglo XIX, como Claudio Gay, Recaredo Santos Tornero y Melton Prior, dejaron retratos interesantes (textuales y gráficos) de los personajes que poblaban las calles de Santiago y de todo Chile en aquellos años. Sus observaciones e ilustraciones permiten recrear con mayor precisión el aspecto, la estampa, la indumentaria y los caballos o mulas de aquellos símbolos antiguos del país.

Vendedores en las calles, ilustración del Atlas de la historia física y política de Chile de Claudio Gay, 1854

Vendedores Ambulantes de Antaño: Tipos y Oficios

Entre los comerciantes ambulantes de antaño, existían dos grupos principales:

  • Grupo Estable y Permanente: Incluía a vendedores de huevos duros, pan amasado, tortillas de rescoldo y pequenes, muchos de los cuales sobrevivieron hasta los años setenta. Los vendedores de sándwiches, desayunos o bocadillos en estaciones y terminales son quizás sus equivalentes modernos.
  • Grupo Variable por Temporada: Dependía del producto en estación. Un frutero podía ser "sandillero" o "brevero" en verano, y "uvero" o "membrillero" en otoño.

El "Chile Ilustrado" de Recaredo S. Motero, con escenas de vendedores en el barrio de los mercados de Mapocho, y las ilustraciones de Melton Prior de 1890, muestran la diversidad de personajes callejeros santiaguinos, desde vendedores de tortilla y chicha hasta lecheros y carreteros indígenas. La revista "Sucesos" de 1905 también retrató a comerciantes populares, indicando que la tradición callejera no había cambiado mucho. Fotografías de 1951 muestran "palomitas" o vendedoras de dulces típicos chilenos en estaciones de ferrocarriles.

Personajes y comerciantes callejeros santiaguinos, según Melton Prior en 1890

Oficios Extintos y Sobrevivientes

La lista de oficios callejeros totalmente extintos es extensa y se relaciona con el desarrollo material de las sociedades y la industrialización. Incluye a:

  • Aguateros: Vendedores de agua.
  • Panaderos de calle.
  • Petaqueros.
  • Vendedores de cerveza por arroba, litro o barril.

Otros personajes lograron subsistir desde el siglo XIX hasta buena parte del XX, como parchadores de ollas, hojalateros, estiradores de catres y zurcidoras de prendas.

Vendedor de pan o

Los suplementeros o vendedores de diarios y revistas se remontan a la venta del diario "El Mercurio" de Valparaíso a partir de 1827, y luego la edición de Santiago a partir de 1900, siendo apodados como "mercurieros". Las "fritangueras" del período de Fiestas Patrias se ubicaban cerca de mercados y terminales para vender pescado fresco. Los carretoneros en sus carros de bueyes con sandías o zapallos, y los "pequeneros" o vendedores de pequenes y dulces en carritos ambulantes, también fueron figuras comunes.

Pequenero o vendedor de pequenes y dulces, en carrito ambulante, hacia los años sesenta

Los antiguos lecheros, siempre errantes con sus canastos de botellas, se adaptaron a los cambios. Hasta los ochenta o principios de los noventa, muchos empujaban carros rodados con productos lácteos refrigerados por los barrios. El triunfo del comercio retail masivo los hizo innecesarios en las grandes ciudades, aunque aún existen algunos vendedores de leche de vaca envasada directamente de la ordeña y hasta de leche de burra extraída directamente del animal en algunas ciudades.

Sin embargo, un puñado de estos oficios sobreviven casi sin cambios, conservando los elementos originales y rústicos de su labor. Entre ellos se encuentran los lustrabotas, los afiladores de cuchillos y los escasos vendedores de motemei. En el ámbito artístico, organilleros, chinchineros y músicos callejeros podrían incluirse en este grupo. Otros, como los antiguos poetas de declamación popular, se perdieron en el camino.

Finalmente, existen personajes más recientes, como el vendedor de café que carga su "máquina" termo en estadios y eventos masivos, o el otrora infaltable "compro dólares" del Paseo Ahumada. También están los vendedores ocasionales o de temporada, como los "gondoleros" o "tricicleteros" que cruzan a los peatones en calles anegadas por las lluvias invernales.

tags: #anciana #concepcion #vendedor #ambulante