El ballet, a menudo percibido como una disciplina exclusiva de la juventud, encuentra en la tercera edad un espacio de renovada pasión y sorprendente resiliencia. La vida de varias bailarinas ancianas demuestra que la gracia y la dedicación pueden trascender las barreras del tiempo, dejando un legado de inspiración y desmintiendo estereotipos.
La Pasión que Trasciende la Edad: Bailarinas Mayores en Actividad
Suzelle Poole: Un Icono que Continúa Inspirando
En punta de pies y desafiando todos los límites, Suzelle Poole, la gran dama del ballet y una verdadera inspiración para varias generaciones de bailarinas en el mundo, se despidió de los grandes escenarios en septiembre de 2022. Sin embargo, su amor por la danza la ha llevado a seguir vinculada a este mundo como coreógrafa y maestra, demostrando que la pasión no tiene fecha de caducidad.

Carme Rami: Redescubriendo el Ballet a los 60
La historia de Carme Rami, afincada en Sitges, es un testimonio de cómo la vida puede sorprender con nuevos caminos. Esta mujer, que cumple 67 años el mes que viene, vio cómo su vida cambiaba cuando Silvia, la ex profesora de sus niñas, le sugirió que probara una clase para adultos de ballet clásico, justo antes de la llegada de la pandemia.
Carme, que trabajaba en Caixabank antes de prejubilarse, ocupaba su tiempo libre haciendo actividades, entre ellas un intercambio de inglés, español y catalán con extranjeros, cuando la casualidad quiso que el baile se volviera a cruzar en su camino de una forma totalmente imprevista. “Siempre me había gustado, pero consideraba que no era para mí, porque soy de constitución fuerte”, explica. El momento le vino al azar, en las afueras de la cafetería del Casino Prado Suburense, recinto recreativo y cultural de la ciudad que acoge esta escuela de ballet.
Un día se cruzó con la profesora, directora del centro, y esta le hizo la pregunta del millón: “ahora que tienes tiempo, ¿por qué no vienes a hacer una clase?” Y Carme se repreguntó: “¿y por qué no?”. Dicho y hecho. Carme confiesa: “Me encontré muy perdida pero me gustó mucho; fui sola y no me sentí cortada, pero lo que más me costaba era que el nombre de los ejercicios eran en francés”. Lo que empezó siendo una prueba, cinco años más tarde se ha convertido en una rutina de tres lecciones a la semana, que la barcelonesa disfruta como una niña.

En medio de esta evolución, una pandemia global forzó la necesidad imperiosa de reinventarse para poder seguir las clases. A Carme, su marido la ayudó con la instalación y los quebraderos de cabeza tecnológicos, y todos los bailarines encontraron la manera de adaptarse a la nueva normalidad. Así fue como las sillas pasaron a ser barras y las casas se rediseñaron en pequeñas estancias de baile. “La profesora vació un espacio en su casa, y nos conectábamos para hacer los ejercicios, incluso a veces me corregía cuando hacía mal un movimiento, y nos motivaba; ponía la música y empezábamos con un paso, luego otro, y al final teníamos una pequeña coreografía”, relata Carme.
Clase de ballet para adultos #1 - Ballet lesson for adults #1 - By Victoria Mazari
Para ella, lo más complicado es el ejercicio de memorizar, pero también reconoce que bailar es lo que mejor le va para avivar el recuerdo. “Para lo que mejor me va hacer ballet es para la memoria, porque haces tanto esfuerzo de concentración que me es muy favorable”, concreta. También lo nota en la coordinación del cuerpo: “La primera vez que intenté completar una vuelta perdí el equilibro y me caí, y ahora no lo hago perfecto, pero giro y me vuelvo a recolocar”.
Hacer ballet pasados los 60 es una rareza extraordinaria, teniendo en cuenta que también lo es superados los 30 e incluso los 20, porque esta modalidad siempre se ha visto como una danza de fondo que no tiene sentido sin haber nacido prácticamente con el mallot puesto. Carme y sus compañeros de clase -entre los que casualmente también hay algún hombre, rizando el rizo de la inclusividad- desestigmatizan esta práctica y la hacen accesible, guiados por una profesora que lucha contra el edadismo. Les ha propuesto participar en concursos y muestras. En el Concurso Nacional de Danza, celebrado en Mollerussa, actuaron con dos coreografías ya consolidados como el grupo de ballet sénior del Esplai de Dansa del Casino Prado de Sitges y ganaron el primer premio con felicitación del jurado -cabe aclarar que en los criterios de participación por sénior se entiende a los mayores de 26 años-. También han viajado hasta Florencia, llevándose una mención especial en un concurso.
Aunque ahora ha naturalizado tanto esta actividad, Carme sabe que, vista con el filtro de su edad, sigue sorprendiendo mucho a los demás. “Hay otras actividades de baile, como el country o la salsa, que son más populares, y el ballet clásico no lo es tanto ni es tan habitual”, matiza. Carme está a punto de ser abuela por tercera vez, y aunque quizás tenga que bajar un poco el ritmo de los compromisos de agenda, tiene claro que va a seguir bailando y que sacará tiempo para no perder el hilo. Su familia la apoya y la acompaña en sus recitales. Ella confiesa que conectar con el ballet a la tercera edad “es una casualidad que la vida me ha regalado, porque la vida a veces te sorprende”. “Me he enriquecido y he hecho amistades, estoy haciendo ejercicio físico sin sufrir, voy contenta… todo suma, ¿sabes? He tenido mucha suerte”.
El Legado Inolvidable: La Memoria de la Danza
Marta C. González: La Prima Ballerina que Bailó con el Alzheimer
Una bailarina siempre será una bailarina. Un conmovedor video que se viralizó un año después de su fallecimiento rinde homenaje a Marta C. González, quien fuera Primera Bailarina del Ballet de Nueva York en los años 60. Marta, quien sufría de Alzheimer, es capturada danzando armoniosamente con sus brazos, fusionándose con la música del ballet de “El lago de los cisnes” de Tchaikovsky, aún postrada en su silla de ruedas. Emoción a flor de piel, al escuchar, sentir y volar junto a esta anciana bailarina volviendo a escuchar la obra maestra.
Clase de ballet para adultos #1 - Ballet lesson for adults #1 - By Victoria Mazari
Marta C. González es el nombre de la mujer española que, unos 50 años atrás, era una reconocida bailarina del Ballet de Nueva York, en Estados Unidos. Fue la primera de su tipo. En Cuba la llamaban Rosamunda; en Madrid y Nueva York, Marta Cinta; pero en su DNI español aparecía como Marta González Saldaña. Detrás de ese pequeño fragmento de vídeo hay una vida de película: un traslado a la Cuba de Fulgencio Batista, la llegada a la cima de la danza neoyorquina, una escuela de ballet en Madrid y una cómica historia de amor en la tercera edad.
EL ESPAÑOL indagó en la vida de Marta González para descubrir qué había tras esta mujer que, igual que la princesa Odette -reina de los cisnes en el libreto de Tchaikovski-, se transformaba con la melodía y comenzaba a aletear sumergida en un trance que le devolvía a sus días de gloria. Marta nació en Madrid a mediados de los años 20. Su fecha exacta de nacimiento es un misterio, ya que ella nunca dijo su edad y se encargó personalmente de falsearla. “En su DNI la fecha está falsificada. Tú le preguntabas y ella decía que tenía 40 años. En vez de cumplir, ella iba para atrás (risas)", explica Inmaculada Vilar, directora de la residencia Muro de Alcoy, donde Marta pasó sus últimos años de vida. “Nosotros calculamos que nació alrededor del 1924. Pero en el DNI pone que nació en el 49, y que ahora tendría unos 70 años.” Lo que sí que decía era el lugar donde nació: Madrid. Aunque, nuevamente, su documento de identidad diga otra cosa y sitúe su venida al mundo a 7.400 kilómetros de la capital española, concretamente, en La Habana (Cuba).
Se sabe, por sus propias historias contadas en la residencia, que siendo muy joven su familia se trasladó a la isla caribeña. Su padre, Nicolás González, era ingeniero y fue contratado para construir líneas de ferrocarril allí. Un carné acredita el nombramiento de Marta como profesora de ballet en la isla, fechado a 3 de mayo de 1968, después de la revolución cubana. Pero, si se fija detenidamente en la imagen, el año tiene encima una pegatina. Este no es el único papel engañoso en cuanto a fechas. En su archivo personal constan varios diplomas que la sitúan en Nueva York en los años 1966 y 1978. Según un diploma de la Escuela Superior Nicolay Yavorsky de Nueva York que la acredita como prima ballerina (título de excelencia dentro del ballet), en 1966 tenía 19 años. Pero esa misma institución documenta que el 3 de junio de 1978, tenía 25 años. También se puede leer una descripción de Rosamunda como “virtuosa de la danza clásica, que acaba de obtener grandiosos éxitos en Estados Unidos, es una figura sobresaliente en el ballet, una destacada coreógrafa, pues a pesar de su corta edad (18 años) tiene montadas diez obras con coreografía y libretos propios, destacándose entre otros, “tardes vienesas”, “los Gatos del Tío Tom”, “Los Mendigos”, “Presagio”, etc.

Una exalumna suya asegura que a principios de los años 70 estaba impartiendo clases en Madrid. “Ella vivía en Madrid, en el barrio de la Estrella [distrito Retiro]. Tenía un estudio de danza en su casa”, explica esta fuente. “Cuando yo era pequeñita también conocí a su madre [Julia Saldaña, según el DNI de Marta]. La madre era bajita y con los ojos rasgados. Marta era una mujer grande para su generación y resultaba impresionante por su porte. Era blanca, casi transparente. No he conocido a una mujer más blanca en mi vida.” Según el relato de esta mujer, Marta impartía clases tanto en su casa como en el colegio Reinado Corazón de Jesús. “Ella preparaba festivales de fin de año y estuvo muy involucrada con este colegio”. Cuando la exalumna vio el vídeo viral que motivó esta investigación, no dudó: “Yo la reconocí enseguida. Dije ‘pero si es ella, es Marta...’. Sus brazos y sus manos son los mismos. Esa elegancia, ¿sabes? Cuando era pequeña me parecía muy etérea. Cuando andaba, cuando se movía. También era una mujer con un carácter muy fuerte. “Creo que tenía un lado muy humano. Mirando el pasado con ojos de adulta pienso que quizás hubo algo en su vida que fue doloroso y eso hace que tengas una actitud de mayor protección o cautela respecto a los demás.” Las personas que se dedican a la danza clásica son gente con mucho carácter y difícil de comprender a veces, pues un cuerpo para bailar se tiene que transformar.
Además de la escuela de la Estrella y de su colaboración con el mencionado centro educativo, se sabe que Marta tuvo otra escuela en el número 66 de la calle Alfonso XII de Madrid, así lo acredita un folleto extraído de su archivo personal.
La pista de Marta se diluye durante décadas hasta que los primeros testimonios la sitúan en Alicante viviendo con su marido -o quizás novio, no se sabe si hubo boda- Raúl Fernández Suárez, médico cirujano. “Su marido se puso enfermo, ella era dependiente. Nadie se ocupaba de ellos. Raúl ya sabía que se estaba muriendo y quiso buscarle algún centro. Había plaza en Muro de Alcoy”, explica Inmaculada Vilar, la directora de la residencia. Por aquellas fechas, Marta ya vivía sentada en una silla de ruedas. En septiembre de 2014, la exbailarina ingresó en la residencia concertada que fue su hogar hasta su muerte, pagando unos 60 euros diarios.
“Tenía muchas confusiones, un deterioro cognitivo importante. No sabemos exactamente si alzheimer. Cuando le entraba así la confusión ya no nos conocía, se mareaba y se ponía nerviosa. Alguna vez se imaginó que estaba en una academia. Tenía sus alucinaciones propias de la enfermedad.” Ya viuda, tuvo un amor no correspondido en la residencia: “Estaba enamoradísima de un señor de la resi (risas). Era muy noviera.” El sujeto en cuestión era “un señor muy templado, muy galán”. En una ocasión, hizo su propia audición dentro de la residencia: “Se montó su película de que iba a montar una escuela ahí dentro. Entonces iba haciendo el casting y seleccionando a las chicas: ‘esta no, que está muy gorda’, ‘esta sí que vale’, ‘a ver, levanta la pierna’... Y así, hacía un casting. Nosotros nos partíamos de la risa.”
El Alzheimer es un padecimiento que afecta con más fuerza a los adultos mayores. Se estima, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que cerca del 60% de los ancianos con demencia en el mundo son afectados por el Alzheimer, de un total de 50 millones. La afección, según el sitio especializado Medline Plus “es la forma más común de demencia entre las personas mayores” y se caracteriza por “afectar las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje”. El poder de la música es inmensurable en estos casos. “Música y Amor para convivir con el Alzheimer”, tal como la iniciativa "Música Para Despertar" que visitó a Marta en junio de 2019, demostrando el poder evocador y la capacidad terapéutica de la música.
Marta murió en marzo de este año, probablemente, ajena a la tempestad que caía tras los muros de su residencia y con los recuerdos de una vida de película.