Alteraciones Hidroelectrolíticas en el Adulto Mayor

Introducción a los Trastornos Hidroelectrolíticos en la Población Anciana

Cada vez con más frecuencia, el ámbito médico se encuentra ante pacientes pluripatológicos, quienes presentan multitud de tratamientos crónicos. Esta realidad es especialmente prevalente en la población adulta mayor. Debido a sus condiciones crónicas, los tratamientos asociados y los procesos agudos intercurrentes, los pacientes de edad avanzada son particularmente susceptibles a diversas alteraciones hidroelectrolíticas.

Los pacientes con insuficiencia renal crónica son el prototipo de paciente pluripatológico con alteraciones hidroelectrolíticas, ya que habitualmente asocian otras enfermedades y pueden presentar casi cualquier alteración iónica. Sin embargo, otras patologías comunes también pueden cursar con trastornos iónicos, como la hiponatremia en la insuficiencia cardiaca o la hipopotasemia en los pacientes hipertensos que consumen diuréticos de asa y tiazidas.

Las intoxicaciones por determinadas sustancias, como la metformina o el litio, también pueden ocasionar alteraciones a este nivel. Además, algunas alteraciones electrolíticas pueden ayudar en el diagnóstico de condiciones nosológicas, como las acidosis metabólicas en pacientes diabéticos en relación con estados hiperglucémicos.

Esquema de un anciano con múltiples enfermedades crónicas y medicamentos

Epidemiología y Relevancia Clínica en Adultos Hospitalizados

Los electrolitos son elementos fundamentales que participan en reacciones esenciales para mantener el equilibrio vital del organismo. Un trastorno hidroelectrolítico, por mínimo que sea, puede impactar significativamente el proceso mórbido de cualquier persona, influyendo directamente en la mortalidad, independientemente de la enfermedad de base o del tratamiento.

Un estudio realizado en el Hospital Cayetano Heredia (HCH) de Lima, Perú, en el año 2015, evaluó la frecuencia y características de las alteraciones electrolíticas en 297 pacientes adultos hospitalizados. Los resultados revelaron una prevalencia notoriamente alta de trastornos hidroelectrolíticos del 60,6%.

  • Los trastornos del sodio se encontraron en el 40,1% de los pacientes (hiponatremia 21,9% e hipernatremia 18,2%).
  • Los trastornos del potasio se observaron en el 38,72% (hipokalemia 24,6% e hiperkalemia 14,1%).

Esta prevalencia es significativamente mayor que la reportada en estudios previos en el mismo hospital (aproximadamente 50%), lo que podría explicarse por un cambio en la demanda hospitalaria y el acceso a los servicios de salud de poblaciones más vulnerables. La aparición de estos trastornos electrolíticos, especialmente los del sodio, aumenta la morbimortalidad y la estancia hospitalaria, configurando un importante riesgo en el pronóstico del paciente.

Gráfico de barras mostrando la prevalencia de distintos trastornos electrolíticos en adultos hospitalizados

Fisiopatología General de la Deshidratación e Hipovolemia

Los conocimientos actuales sobre los mecanismos celulares y la relación con el medio extracelular permiten una explicación más lógica de lo que sucede durante la hipovolemia, ya sea por deshidratación o por una distribución anómala del volumen intravascular. Esta comprensión es fundamental para el uso de soluciones más completas que ayuden a resolver el precario estado de los pacientes.

Respuestas Sistémicas a la Pérdida de Volumen

La pérdida de agua y electrolitos conduce a una reducción del volumen intravascular. Esta disminución del volumen intravascular reduce el retorno venoso al corazón, lo que a su vez provoca una disminución del gasto cardiaco y una caída de la presión arterial. Esta caída es detectada por los barorreceptores en los senos carotídeos y el arco aórtico.

Los impulsos disminuidos al sistema nervioso central (SNC) liberan al sistema autonómico simpático, produciendo más catecolaminas, principalmente epinefrina. Esta actividad es reforzada por estímulos a los quimiorreceptores sensibles a la hipoxia y la acidemia. Las catecolaminas aumentan la frecuencia y la fuerza de contracción cardiacas. Los vasos periféricos, especialmente de piel y músculos, se estrechan, reduciendo el tamaño del espacio vascular (principalmente las venas), lo que aumenta el retorno venoso. La disminución de la presión hidrostática capilar permite una "autotransfusión" de líquidos tisulares a las vénulas.

La disminución del flujo renal provoca la producción de renina, lo que lleva a la formación de angiotensinógeno y angiotensina, un potente vasoconstrictor que también estimula la producción de aldosterona. Esta hormona promueve la absorción de sodio (y agua) a través de los canales de sodio amilorida-sensibles (EnaC) en el riñón, intestino grueso y glándulas salivales y lacrimales. Los barorreceptores también estimulan la liberación de hormona antidiurética, que promueve la reabsorción de agua en los túbulos distales del riñón mediante la aquaporina 2, resultando en oliguria o anuria. La disminución del riego sanguíneo renal puede llevar a un funcionamiento renal deficiente, similar a la insuficiencia pre-renal.

Respuestas Celulares y Metabólicas

La reducción del riego sanguíneo periférico disminuye el suministro de oxígeno (DO2) a los tejidos, lo que interrumpe la producción aeróbica de adenosín trifosfato (ATP) en la mitocondria. Las células recurren a la producción de ATP por la vía anaeróbica o glucólisis, lo que genera un exceso de lactato e hidrogeniones (acidosis) que, en parte, se amortiguan, y el exceso no amortiguado pasa a la sangre, causando acidemia. La hipobicarbonatemia provoca hiperventilación pulmonar en un esfuerzo por mantener el equilibrio ácido-base, eliminando CO2.

En los miocitos de los vasos periféricos, la hipoxia incrementa la producción de radicales o especies activadas de oxígeno (EAO) en la mitocondria. La hipoxia, acidemia y EAO (siendo el peróxido de hidrógeno, H2O2, el más estable) cierran los canales de potasio Kir, que introducen potasio extracelular, y abren los canales de potasio KATP, que permiten la salida del potasio intracelular. Esto resulta en una elevación de la concentración de potasio extracelular e hiperpolarización de las células, cerrando los canales de calcio tipo L sensibles al voltaje y provocando vasodilatación.

Por el contrario, en las arteriolas pulmonares, la hipoxia y/o acidosis disminuyen la producción de EAO, cerrando los canales de potasio sensibles al voltaje (especialmente Kv1.5 y Kv 2.1), despolarizando la membrana de los miocitos arteriolares. Esto abre los canales de calcio tipo L sensibles al voltaje, permitiendo la entrada de calcio al citosol y su salida del sistema retículo endotelial, lo que resulta en vasoconstricción con un aumento de la presión arterial pulmonar. La acidemia también abre los canales de cloro ClC-2, promoviendo la salida de cloro intracelular y elevando la concentración plasmática de cloro (acidemia hiperclorémica).

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En situaciones de hipovolemia acentuada, la hipoxia y la acidemia pueden llevar a la depresión del SNC y del centro respiratorio, así como a efectos depresores sobre el miocardio, con el riesgo de bradicardia, bradipnea y paro cardiorrespiratorio.

Trastornos Específicos del Sodio en el Adulto Mayor

Los valores séricos normales de sodio se consideran entre 135 y 145 mmol/L, con un margen de tolerancia de 131 a 149 mmol/L.

Hiponatremia

La hiponatremia (cifras de 130 mmol/L o menos) es un trastorno de la hidratación muy frecuente en geriatría. Afecta al 12% de los pacientes ancianos hospitalizados en unidades de corta estancia y hasta al 53% de los que viven en residencias. Además, duplica el riesgo de mortalidad durante la hospitalización.

En el estudio del HCH, la hiponatremia fue el segundo trastorno electrolítico más frecuente y se asoció con la coexistencia de enfermedades pulmonares (p=0,005). Esta asociación se explica por la frecuente presencia del síndrome de Secreción Inapropiada de Hormona Antidiurética (SIHAD), una causa principal de hiponatremia en adultos con enfermedades respiratorias como la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), tuberculosis pulmonar, neumonía severa y el uso de ventilación mecánica. Aunque otras variables como el tratamiento endovenoso con soluciones hipotónicas, el uso de diuréticos y la edad avanzada no mostraron una asociación estadísticamente significativa en ese estudio específico, son factores relevantes a considerar en la perpetuación de la hiponatremia, dado que esta es un predictor de mortalidad independientemente de su causa.

Diagrama de flujo del manejo de la hiponatremia

Hipernatremia

La hipernatremia (cifras de 150 mmol/L o más) es menos frecuente en geriatría de corta estancia (1%), pero su mortalidad puede ser del 40% anual. La causa del 60% de los casos de hipernatremia en pacientes ingresados en instituciones son las infecciones febriles.

Existen muchos factores que favorecen la alteración de la homeostasis del agua y del sodio en los ancianos, incrementando el riesgo de hipernatremia:

  • La insensibilidad a la sed.
  • La dificultad para acceder a la bebida debido a una incapacidad funcional motriz o cognitiva.
  • La inmunosupresión que facilita las infecciones y la fiebre.
En el estudio del HCH, la hipernatremia se asoció con el uso de nebulizaciones (p=0,023) y con un tiempo de hospitalización mayor de 5 días (p<0,008). Se cree que el uso de suero hipertónico en las nebulizaciones, junto con la probable administración de soluciones carentes de agua libre en pacientes con restricciones de acceso a líquidos, contribuye a su aparición durante la hospitalización.

Los estudios en otros hospitales reportan que la hipernatremia que se manifiesta después de 15 días de internamiento tiene un impacto significativo en la tasa de mortalidad, fluctuando entre el 50% y el 60%, y triplica la tasa de mortalidad por hiponatremia, que está alrededor del 19%. Aunque la edad y las enfermedades neurológicas suelen asociarse de manera importante a la hipernatremia, no tuvieron una relación significativa en el estudio mencionado, pero deben ser consideradas en el contexto general del paciente anciano.

Trastornos Específicos del Potasio

Hipokalemia

La hipokalemia (niveles bajos de potasio) fue la alteración electrolítica más frecuente en el estudio del HCH, con una prevalencia del 24,6%. Este valor es similar a lo encontrado en otros estudios (20-23%).

La hipokalemia estuvo asociada significativamente al uso de corticoides (p<0,000) y al uso de anfotericina B (p=0,016). Otros factores que contribuyen a su aparición en el adulto mayor incluyen:

  • La disminución de la masa magra y la edad avanzada, ya que el potasio es un ión intracelular y sus depósitos corporales dependen en gran medida de la masa muscular.
  • El estrés propio de las enfermedades, que puede aumentar hormonas como la aldosterona y el cortisol, causando una mayor pérdida renal de potasio.
  • El uso de diuréticos, aunque no se asoció significativamente en el estudio del HCH, es una causa reconocida.
El diagnóstico de hipokalemia a menudo es difícil, ya que suele ser asintomática. Sin embargo, su corrección es relevante para mejorar el curso hospitalario del paciente y prevenir complicaciones posteriores de alto costo y mayor gravedad. Se recomienda un control estrecho del potasio, especialmente si los valores son inferiores a lo normal o si se inicia terapia con diuréticos de asa o anfotericina B, la cual no solo causa hipokalemia, sino también hipomagnesemia e insuficiencia renal por daño tubular.

Tabla de medicamentos comunes que causan hipokalemia

Hiperkalemia

La hiperkalemia (niveles altos de potasio) se encontró en el 14,1% de los pacientes en el estudio del HCH. Estuvo asociada a:

  • La existencia de enfermedad renal (p=0,038).
  • Niveles elevados de creatinina (p=0,005).
  • Bajos recuentos linfocitarios (p=0,004).
La disminución de la filtración glomerular y de las funciones tubulares relacionada con el envejecimiento, así como la insuficiencia renal aguda, son factores de riesgo importantes para el desarrollo de hiperkalemia en el adulto mayor.

Factores Contribuyentes Específicos en el Adulto Mayor

La población anciana presenta una serie de características y condiciones que los hacen particularmente vulnerables a las alteraciones hidroelectrolíticas:

  • Edad avanzada y cambios fisiológicos: La disminución de la filtración glomerular y de las funciones tubulares relacionada con el envejecimiento son factores de riesgo directos para el desarrollo de trastornos hidroelectrolíticos e insuficiencia renal aguda. La insensibilidad a la sed en la vejez también es un factor crucial que contribuye a la deshidratación y la hipernatremia.
  • Incapacidad funcional: La dificultad para acceder a la bebida debido a una incapacidad funcional motriz o cognitiva (o de ambos tipos) es una causa importante de deshidratación e hipernatremia en ancianos, especialmente en aquellos que viven en residencias.
  • Inmunosupresión e infecciones: La inmunosupresión inherente a la edad facilita las infecciones y la fiebre, que son causas comunes de hipernatremia en pacientes institucionalizados.
  • Enfermedades crónicas: Las múltiples comorbilidades (pluripatología) como la insuficiencia renal crónica, insuficiencia cardiaca, diabetes mellitus y enfermedades pulmonares, son predisponentes directos a desequilibrios iónicos.
  • Polifarmacia: La administración de múltiples medicamentos es una causa significativa de alteraciones hidroelectrolíticas. Esto puede deberse a una dosificación inadecuada para la edad, el peso y la insuficiencia renal existente. Ejemplos incluyen:
    • Diuréticos (de asa y tiazidas) que pueden causar hipopotasemia e hiponatremia.
    • IECA (inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina) y AINE (antiinflamatorios no esteroides) que pueden afectar la función renal.
    • Corticoides que se asocian a hipokalemia.
    • Anfotericina B, que puede causar hipokalemia e hipomagnesemia, y daño tubular renal.
    • Metformina o litio, en casos de intoxicación.
  • Insuficiencia renal aguda: Además de la relacionada con el envejecimiento o la polifarmacia, la insuficiencia renal aguda en el anciano también puede deberse a otras alteraciones orgánicas como la obstrucción de las vías excretoras o alteraciones ateromatosas de las arterias renales, agravadas por la toma de medicamentos o la inyección de medios de contraste yodados.

Importancia del Abordaje Integral y Monitoreo

La alta prevalencia de trastornos hidroelectrolíticos en el adulto mayor subraya la necesidad de un abordaje integral. Independientemente del diagnóstico primario, la aparición de estos trastornos, especialmente los del sodio y potasio, aumenta la morbimortalidad y la estancia hospitalaria. Esto indica que los desórdenes de sodio y potasio, en esta población vulnerable, se comportan de forma independiente de factores ambientales y la prevalencia de enfermedades estacionales.

Dada la vulnerabilidad biológica de la población estudiada y el impacto que generan las alteraciones electrolíticas, es indispensable una evaluación minuciosa del estado nutricional de los pacientes y un monitoreo estrecho de los electrolitos, especialmente cuando los valores son subnormales o se inician terapias farmacológicas que puedan inducir desequilibrios. La corrección temprana y adecuada de estas alteraciones es clave para mejorar el pronóstico y evitar complicaciones graves y costosas.

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