Características de los Adultos Mayores con Discapacidad

La discapacidad en las personas mayores se analiza desde un enfoque social y de derechos, que busca potenciar el respeto por la dignidad humana, la igualdad y la libertad personal, así como propiciar la inclusión social. Este enfoque se basa en principios clave como la vida independiente, la no discriminación, la accesibilidad universal, la normalización del entorno y el diálogo civil.

Los adultos mayores nos transmiten valores morales, conocimientos y modos de vida; incluso cuando sus capacidades disminuyen, siguen siendo seres excepcionales no solo por la edad, sino por la experiencia. Comprender las características de la discapacidad en esta población es fundamental para brindar un cuidado integral y digno.

El Envejecimiento y la Discapacidad: Una Realidad Global

Gráfico o infografía sobre el envejecimiento poblacional y la prevalencia de discapacidad por grupos de edad

Definición y Tipos de Envejecimiento

El envejecimiento es un proceso natural que forma parte del ciclo de vida y comprende un amplio conjunto de procesos biológicos, psicológicos y sociales. Puede definirse como la disminución de la capacidad del organismo para adaptarse al medio ambiente, lo que requiere especial atención sanitaria.

Se reconocen diferentes tipos de envejecimiento, destacando el envejecimiento poblacional y el envejecimiento individual. Desde una perspectiva biológica, el envejecimiento consiste en una combinación de procesos de deterioro molecular y celular que llevan a un descenso gradual de las funciones físicas y cognitivas, lo que puede aumentar la probabilidad de adquirir enfermedades, seguidas de la muerte.

El envejecimiento exitoso se refiere a la habilidad de la persona de mantenerse con mínima probabilidad de enfermar, practicando altos niveles de actividad física y mental, manteniendo relaciones interpersonales y participando en actividades significativas y vitales. Sin embargo, el concepto de envejecimiento saludable es más amplio y se enfoca en un proceso que fomenta y mantiene la capacidad funcional del adulto mayor para su bienestar en la vejez, sin que sea sinónimo de envejecer sin enfermedades. Esto implica fortalecer estilos de vida que permitan el máximo bienestar, salud y calidad de vida a través del autocuidado, ayuda mutua y autogestión, incluyendo alimentación adecuada, ejercicio físico, higiene personal, sueño reparador, recreación y alta autoestima.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también promueve el envejecimiento activo, un proceso que optimiza las oportunidades de salud, participación y seguridad para mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen. Este proceso está influenciado por seis determinantes: económicos, conductuales, personales, sociales, relacionados con los sistemas sanitarios y sociales, y los relacionados con el entorno físico.

Dentro del envejecimiento, se distingue entre el envejecimiento fisiológico, un proceso lento y equilibrado de disminución funcional, y el envejecimiento patológico (o secundario), que se produce a partir de un envejecimiento prematuro generalmente específico de un tejido por enfermedades crónicas, interfiriendo con el funcionamiento social y laboral y generando discapacidad.

Prevalencia de la Discapacidad en la Vejez

La probabilidad de tener alguna discapacidad aumenta con la edad, por lo que entre las personas mayores hay una proporción más elevada de personas con discapacidad. Mundialmente, la prevalencia de discapacidad es cercana al 15%, y esta se explica por dos grandes fenómenos: el envejecimiento de la población y el incremento de las enfermedades crónicas no transmisibles, entre las cuales sobresalen las neurológicas.

Según los censos realizados en América Latina en la ronda de 2020, el porcentaje de personas con discapacidad varía significativamente entre países, por ejemplo, entre un 2,8% en Guatemala y un 11% en Chile. Se advierte que la proporción de personas con discapacidad aumenta significativamente en el grupo de edad de 80 años y más. En los países con información censal reciente, entre el 40% y el 52% de la población con discapacidad se ubica en el grupo de edad de 60 años y más.

La prevalencia de la discapacidad entre las personas de 60 a 79 años va del 10,5% en Guatemala al 23,3% en Chile. Entre la población de 80 años y más, supera el 50% en Chile y el Ecuador, y se sitúa entre el 40% y el 45% en México, Panamá y el Paraguay, y alrededor del 33% en Colombia y Guatemala.

Existe un leve predominio femenino en la prevalencia de discapacidad. En ambos grupos de edad, la prevalencia es mayor entre las mujeres; por ejemplo, en Chile el 56,2% de las mujeres de 80 años y más presenta algún tipo de discapacidad, frente al 49% de los hombres del mismo grupo de edad. Esta brecha entre hombres y mujeres es similar en el Ecuador y el Paraguay, de alrededor del 6%. Esta mayor prevalencia de la discapacidad entre las mujeres se debe principalmente a que su mayor esperanza de vida aumenta la posibilidad de tener una discapacidad asociada a una enfermedad crónica o a un accidente en etapas avanzadas de la vida.

Demografía y Proyecciones

El envejecimiento es uno de los más grandes retos del siglo XXI, ya que el descenso de la tasa de natalidad y el aumento de la esperanza de vida son una realidad en la mayoría de los países, debido a una inversión en la pirámide poblacional. La población de 80 años y más de la región es el grupo con mayor demanda de cuidados y atención, y aumenta a un ritmo más rápido que el de la población de 60 años y más. En 1950, este grupo no llegaba al 0,5% de la población regional; sin embargo, en la actualidad representa el 2%, y se proyecta que seguirá creciendo durante las próximas décadas, alcanzando el 5% en 2050 y el 10% en 2075. En todo el período analizado, el índice de feminidad se mantiene siempre por encima de 100 en ambos grupos de edad.

En Colombia, según el Censo poblacional de 2018, la población con 65 años o más representa el 9,1% (cerca de 4,3 millones). Datos indican que en 1985 la población mayor de 60 años fue de 2.2 millones y mayores de 80, 180 000 (correspondiendo al 7% y 8% del total poblacional, respectivamente); en 2015 la población mayor de 60 años fue de 5.2 millones y mayores de 80 años, 670 000 (10% y 13%); y se proyecta que en el año 2050 la población mayor de 60 años será de 14 millones y mayores de 80 años, 3.1 millones (23% y 22% respectivamente). La OMS reporta que entre 2000 y 2050 la proporción de la población mundial de 60 años y más se duplicará, pasando del 11% al 22%. A su vez, se espera que el número total de personas de 60 años o más aumentará de 900 millones en 2015 a 1400 millones para 2030 y a 2100 millones para 2050.

Impacto de la Discapacidad en la Vida del Adulto Mayor

Foto de una persona mayor con discapacidad recibiendo apoyo o en una actividad adaptada

Consecuencias para la Independencia y Autonomía

La discapacidad se define como la pérdida de habilidades para desarrollar cualquier tipo de actividad y, de no prevenirse adecuadamente, genera incapacidad. En el anciano, la discapacidad genera dificultad para el desempeño de las actividades de la vida diaria, lo que tendrá como consecuencia la pérdida de la independencia, la autonomía física y mental, así como el rechazo social y el abandono familiar. En ocasiones, con la edad, las funciones del cuerpo pueden deteriorarse y perder capacidades, lo que hace a los adultos mayores más vulnerables a tener algún tipo de discapacidad.

Vivir con discapacidad se ha asociado tradicionalmente a un déficit y a limitaciones en uno o varios ámbitos de la persona, como el físico, funcional, psicológico, cognitivo y/o social, que pueden interferir en el mantenimiento de la actividad diaria. Del mismo modo, esta situación puede hacer que la independencia de la persona se vea comprometida, y que, en determinados momentos, requiera cuidados y asistencia en su día a día para poder desenvolverse con la mayor autonomía posible.

La discapacidad en los adultos mayores conlleva una mayor acumulación de riesgos para la salud y debe ser asumida como un fenómeno complejo ligado a la funcionalidad y al establecimiento de relaciones y oportunidades por la sociedad. El aumento de las patologías a edades avanzadas, junto con otros factores como barreras ambientales, familiares, situaciones de abandono o maltrato, generan situaciones de dependencia y discapacidad, provocando estados carenciales y situaciones de necesidad. En estos casos, el ambiente puede convertirse en un factor de riesgo o protector, generando barreras o facilitadores que potencian el funcionamiento, respectivamente.

Se ha observado que la población con discapacidad tiende a vivir el proceso de envejecimiento de manera prematura, aproximadamente a partir de los 45 años, a diferencia de la población general, donde suele iniciarse alrededor de los 65 años. A partir de esta edad más temprana, pueden sufrir un deterioro de su salud física y funcionamiento cognitivo, así como mayores repercusiones a nivel psicológico, incluyendo sintomatología ansiosa y depresiva, y un mayor sentimiento de soledad no deseada y tendencia al aislamiento, debido a la falta de apoyos sociofamiliares y la baja implicación en actividades sociales y de ocio.

Desafíos en el Hogar y la Familia

La información censal y de las encuestas de hogares permite analizar la discapacidad no solo desde el individuo, sino también desde las familias y los hogares donde viven las personas con discapacidad, ya que es el ámbito desde el que interactúan, ya sea dentro del propio grupo familiar o con la sociedad. En todos los países, el porcentaje de hogares donde reside al menos un miembro con algún tipo de discapacidad supera ampliamente el porcentaje de personas con discapacidad.

Centrar el análisis en los hogares y las familias permite considerar las situaciones que se dan cuando uno o varios de sus miembros tienen algún tipo de discapacidad, ya que la asistencia, el apoyo y el cuidado que se brinden dependerán del tipo de hogar o familia. Si bien, en general, las personas mayores con discapacidad residen en hogares nucleares o extendidos, y por tanto viven con sus parejas, hijos e incluso nietos, algunas viven en hogares unipersonales, lo que significa que no cuentan con apoyos y cuidados de largo plazo en su hogar.

En general, los hogares donde hay personas con discapacidad presentan mayores niveles de pobreza y desigualdad. A los gastos básicos de todos los hogares, se suman los elevados gastos asociados a servicios de salud, como terapias, servicios de rehabilitación, apoyo y cuidados, movilidad y accesibilidad, o dispositivos de asistencia y modificaciones en la vivienda para facilitar la movilidad. Estos gastos reducen los ingresos de los hogares.

Es importante destacar que los cuidados para personas con discapacidad son proporcionados en la mayoría de las ocasiones por un familiar, habitualmente por una mujer, lo que supone que esta situación no afecta exclusivamente a la persona con discapacidad, sino también a su entorno familiar y social más cercano.

Necesidades de Cuidado a Largo Plazo

En la población de 80 años y más con discapacidad, existe un grupo sustancial que presenta una alta dependencia de cuidados y muy baja autonomía. Muchas de estas personas pueden estar postradas y requerir apoyo durante todo el día. Por tanto, han de contar con quienes les brinden cuidados cotidianos, ya sea en su casa o en establecimientos de larga estadía. Precisan también apoyo en aspectos de salud y cuidados, como visitas médicas a domicilio o traslados a centros de salud primaria para atención de urgencia, controles médicos o entrega de medicamentos.

Aunque las necesidades de cuidados de largo plazo no son exclusivas de las personas mayores, las condiciones demográficas y epidemiológicas, junto con la pandemia de enfermedad por coronavirus (COVID-19), han puesto de manifiesto la necesidad de establecer políticas dirigidas a este sector.

Tipos Comunes de Discapacidad en Adultos Mayores

Cada una de las discapacidades supone un requerimiento diferente por parte del cuidador y de las personas que rodean al adulto mayor. Es importante identificar a tiempo el tipo de condición para realizar las transiciones requeridas, procurando que la vida del adulto mayor no se vea alterada. La discapacidad es un término genérico que comprende las deficiencias en las funciones y estructuras corporales, las limitaciones en la capacidad de llevar a cabo actividades y las restricciones en la participación social de una persona con una condición de salud. Cuando una persona tiene una discapacidad, significa que tiene dificultades para hacer una acción o una tarea que al resto de personas les resulta natural, lo cual, en determinados momentos puede complicar su participación e interacción en la sociedad. Es evidente que existen múltiples discapacidades en la sociedad; el problema es pensar que todas son las mismas, pues no se puede dar el tratamiento que requieren ni adaptar el entorno para facilitar el diario vivir de las personas que las padecen.

Discapacidad Física

Este tipo de discapacidad es de los más comunes en los adultos mayores. Puede suceder por la pérdida de alguna extremidad, problemas en los huesos o articulaciones, accidentes cerebrovasculares, artritis o malformación.

Discapacidad Sensorial

  • Discapacidad Visual: Las personas con discapacidad visual pueden tener ceguera total o, más comúnmente, una disminución parcial de ella.
  • Discapacidad Auditiva: Una persona es sorda cuando tiene pérdida profunda o total de la escucha, o hipoacusia si es parcial y puede mejorar con el uso de dispositivos. Estas personas pueden ayudarse por medio del lenguaje de señas, la lectura de labios, letreros o audífonos. De igual manera, se debe tener en cuenta, en lo posible, siempre hablar lento, claro y y fuerte.

Discapacidad Intelectual

Estas personas normalmente han tenido esta discapacidad durante toda su vida. Puede ser heredada, como el síndrome de Down, adquirida durante la gestación o por daños en el sistema nervioso.

Discapacidad Psicosocial

Conocida también como psicosocial, esta discapacidad tiene que ver con las alteraciones en el comportamiento del paciente, pues generalmente padecen un trastorno mental, como la depresión, bipolaridad, esquizofrenia o ansiedad. Lo primero que se debe hacer es informarse muy bien sobre la enfermedad a la cual se están enfrentando, pues cada trastorno es diferente y requiere de distintos tratamientos.

Discapacidad Visceral o Orgánica

No es muy conocida, pero sí es muy frecuente en los adultos mayores. Este tipo de discapacidad hace referencia a la falla en alguno de los órganos internos de la persona. Quienes la padecen, pueden presentar: enfermedad cardiaca, respiratoria, diabetes, insuficiencia renal, entre otras. Estos tipos de discapacidades les impiden llevar una vida normal, pero no afectan sus capacidades cognitivas, motoras o sensoriales. Sin embargo, como no siempre es visible, puede ser difícil identificarla.

Políticas y Sistemas de Apoyo

LA IMPORTANCIA DE LOS CENTROS DE DÍA PARA PERSONAS MAYORES

Marcos Internacionales y Regionales

La importancia de establecer políticas dirigidas a la atención de los adultos mayores con discapacidad se ha reforzado en diversos instrumentos internacionales. El Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento (2002) menciona la relevancia de mejorar la atención de largo plazo de las personas mayores, especialmente de quienes viven con discapacidad o con enfermedades mentales o terminales.

Asimismo, varias de las medidas prioritarias del capítulo C del Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo abordan la asistencia y el cuidado de las personas mayores -en particular, la medida prioritaria 31, que trata sobre el cuidado en los sistemas de protección social- y garantizan los derechos, la dignidad y el bienestar de las familias y las personas mayores.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y la Década del Envejecimiento Saludable 2020-2030 incluyen entre sus metas la creación de sistemas de protección social que garanticen el acceso a esos derechos. La Declaración de Santiago, emanada de la Quinta Conferencia Regional Intergubernamental sobre Envejecimiento y Derechos de las Personas Mayores en América Latina y el Caribe (2022), llama a avanzar hacia una sociedad del cuidado que garantice los derechos de las personas mayores.

Desde este enfoque, la OMS, en el marco de la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030), promueve una visión del envejecimiento basada no solo en la prevención del deterioro y la enfermedad, sino también en el fortalecimiento de las capacidades, la autonomía y la participación en actividades. El envejecimiento no debe entenderse de manera inherente como un proceso patológico en la población con discapacidad, sino como un proceso condicionado por un estilo de vida activo, la estimulación cognitiva, el establecimiento de relaciones sociales y la posibilidad de acceso a servicios de apoyo. Estos factores podrían favorecer un envejecimiento más saludable y con una mayor calidad de vida también en estas personas con discapacidad.

El Rol de los Centros de Día

Por lo tanto, se origina la importancia de hablar sobre aquellas instituciones y centros que se dedican a ofrecer atención, servicios y/o programas de salud, cuidado y/o bienestar a los adultos mayores sanos y para aquellos que se encuentran en situación de fragilidad, dependencia y/o discapacidad relacionadas a condiciones de salud, factores personales y/o factores ambientales.

El cuidado ha sido parte de la humanidad desde el principio de los tiempos, ha seguido la evolución del hombre y está inmerso incluso en las diferentes formas sociales. Cuidar de las personas ha sido un objetivo en enfermería, basado en la promoción y recuperación de la salud, y relaciona cuerpo/mente y salud/enfermedad. Cuidar es una actividad humana que tiene un componente no profesional. En cuanto al cuidado del adulto mayor, existe una responsabilidad significativa, una relación que implica paciencia, respeto y compromiso. Al llegar a esta edad, el autocuidado se convierte en una variable importante para considerar; concepto asociado comúnmente con niveles de autonomía, independencia y responsabilidad personal.

Definición y Objetivos

Dentro de estas instituciones y centros se encuentran las estancias diurnas, conocidas como centros de día, que buscan atender a la persona mayor y ofrecer descanso a la familia cuidadora. Una opción para brindar cuidado integral de los adultos mayores son los centros día, los cuales son una alternativa intermedia entre conservar su ambiente habitual/familiar y casos de institucionalización. Son una opción para no institucionalizar al adulto mayor, lo cual puede crear separación entre las personas mayores y sus familias, y adicionalmente permite un respiro para los cuidadores. Para el adulto mayor sano, son una opción de actividad, recreación y dignificación.

Los centros día tienen como objetivos generales incrementar y mantener el mejor nivel posible de autonomía personal y apoyar a las familias o cuidadores. También tienen objetivos dirigidos a la familia cuidadora; por ejemplo, brindar tiempo libre y descanso, generar orientación y asesoramiento, y proveer conocimientos, habilidades y desarrollar actitudes que contribuyan a mejorar la calidad de los cuidados a la persona mayor con o sin enfermedades crónicas, con demencia o sin esta, con discapacidad o sin ella.

El tema y concepto de los centros día es un tema que continúa en desarrollo, sin embargo, pueden ser parte de la respuesta a la hora de cubrir las necesidades de cuidado, dignificación e integración de la población adulta mayor con o sin discapacidad, con o sin condiciones de salud relacionadas.

Modalidades y Servicios

Los objetivos que tienen los centros día para los adultos mayores con condiciones de salud (envejecimiento patológico o presencia de discapacidad) son los siguientes:

  • Terapias de estimulación para retrasar el avance de procesos neurodegenerativos.
  • Fomentar la autonomía de la persona.
  • Potenciar las capacidades físicas, cognitivas y funcionales.
  • Estimular y entrenar las actividades de la vida diaria.
  • Fortalecer relaciones sociales para evitar el aislamiento social y progresión de cuadros demenciales.
  • Prestar apoyo por parte de un equipo multidisciplinario como médicos, psicólogos, fisiatras, entre otros.

Existen diferentes modalidades y tipologías de centros día. Una de ellas es la de asistencia continua, en la que las personas asisten al centro día todos los días en horario completo. Esta modalidad se enfoca en el apoyo a los cuidadores a fin de no generar cansancio y estrés (síndrome de sobrecarga del cuidador).

Los centros día, aparte de cubrir las necesidades de asistencia, prestan diferentes servicios que cubren las necesidades personales básicas, terapéuticas y sociales. El cuidado va más allá de la atención médica.

Modelos de Cuidado

Actualmente existe el modelo de centro día para mayores en situación de dependencia, en el que las condiciones de salud requieren de tratamientos y respuestas diferentes dependiendo de necesidades particulares. Este modelo debe contar con infraestructura y personal calificado para poder atender de la mejor manera a esta población con sus limitaciones.

Existen organizaciones que se han enfocado en crear viviendas especializadas para adultos mayores activos e independientes, estos cuentan con restaurante, cafetería, gimnasio, espacios de esparcimiento y enfermería 24 horas. Aunque no se reporta el impacto mediante estudios en salud de centros día para adultos totalmente independientes, se han descrito y conceptualizado modelos de carácter social, como ayuda social al domicilio, teleasistencia, clubes de ancianos, centros día y residencias asistidas para adultos mayores con el objetivo de favorecer la convivencia y tener un buen nivel de autonomía.

Como cuidadores, lo esencial es tener tolerancia a estas situaciones; lo que más necesitan estas personas es a alguien que los entienda y los apoye en su lucha por su integridad, independencia y bienestar.

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