Un Problema Invisibilizado y en Aumento
La sociedad actual se enfrenta a una compleja y dolorosa realidad: el abandono de personas mayores. Este problema, a menudo invisibilizado, afecta a miles de adultos mayores que, por diversas razones, quedan sin redes de apoyo familiar y estatal. Carola Rivero, directora de la ONG Mente Sana, ha conversado sobre esta problemática, señalando que la cifra de afectados, lo más probable, es que vaya en aumento, dado que la población de adultos mayores crece.
Un dato alarmante y fundamental sobre este tema es que, entre 2018 y 2025, más de 11.770 adultos mayores han quedado hospitalizados durante semanas e incluso meses tras recibir el alta, simplemente porque ningún familiar acudió a buscarlos. Esto, según Rivero, no es un hecho aislado, sino la punta de un iceberg que refleja una falla estructural en la sociedad.

El Abandono Hospitalario: Un Síntoma Brutal
Los casos de abandono hospitalario se repiten cada semana en hospitales públicos. La mecánica suele ser siempre la misma: los hospitales notifican el alta, pero los familiares no responden. Días o semanas después, los equipos sociales deben intervenir para buscar soluciones provisionales.
La historia de la señora Marta, de 82 años, es una de las miles que permanecen invisibles. Tras una cirugía menor, fue dada de alta del Hospital San José, pero ningún hijo apareció para buscarla. Al final, fue la municipalidad la que tuvo que enviarle un transporte de emergencia para sacarla del hospital. "Este abandono no es casual ni accidental. Es el resultado de vínculos familiares que, simplemente, se rompen cuando los padres envejecen y ya no son funcionales para la familia", advierte Carola Rivero.
Tipos de Abandono y sus Consecuencias
El abandono no ocurre solo en los hospitales. A esto se suma el abandono afectivo, emocional y económico. Según el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), solo en 2023 se registraron más de 9.000 denuncias de maltrato o abandono familiar de adultos mayores, muchas de ellas dirigidas contra familiares directos.
Las consecuencias de este abandono son profundas y se manifiestan en múltiples esferas de la vida de las personas afectadas. Carola Rivero asegura que "estamos enfrentándonos a una situación bien extrema, porque tiene efectos en la vida de las personas no solo en el deterioro de la salud". Las personas mayores en esta situación "no se pueden valer por sí mismas, seguramente, las redes de apoyo fallan, el Estado falla y las familias fallan. Estamos hablando de personas que están silenciadas dentro de un espacio", reflexionó. El abandono familiar, aunque no siempre deja moretones, sí deja "marcas emocionales profundas: ansiedad, angustia, miedo al futuro, desmotivación".
Asimismo, tal como podría verse deteriorada la salud mental, también hay estudios que demuestran las complicaciones que se generan en términos de alimentación. Según datos del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), el 32,4% de los adultos mayores está en riesgo de desnutrición, y un 15,9% vive inseguridad alimentaria severa o moderada. Rivero describe el abandono familiar como "una violencia blanda, no siempre es visible, no deja marcas físicas, pero produce un daño profundo, un aislamiento que destruye el último tramo de la vida de nuestros mayores".
La "Pandemia de la Soledad"
Carola Rivero hizo hincapié en que "el abandono de una persona mayor es una decisión, es una negligencia", por lo que se puede abordar de muchas maneras más allá del apoyo a los afectados. Detrás de estas situaciones, "seguramente hay lazos y vínculos que se perdieron -familiarmente hablando- (...) hay historias que contar que nosotros no sabemos". Este fenómeno ha sido acuñado como la "pandemia de la soledad", que afecta a quienes, al final de su vida, se encuentran sin el apoyo fundamental de sus seres queridos.
La Carga del Cuidado: Desafíos para los Hijos y Familiares
La complejidad del abandono se entrelaza a menudo con las dificultades que enfrentan los hijos y cuidadores al hacerse cargo de adultos mayores. Muchos testimonios reflejan el agotamiento físico y mental que esta situación puede generar. Hijos, a menudo solteros o con escaso apoyo de hermanos, se ven sobrepasados por el cuidado constante, las demandas emocionales y las conductas difíciles de sus padres, lo que puede afectar gravemente su propia salud y libertad personal.
Las personas mayores, aunque completamente lúcidas, pueden exhibir comportamientos manipuladores, egoístas o malhumorados. Esto genera un ambiente de tensión constante, donde el cuidador se siente "agotado y dolorido", sufriendo de ansiedad y depresión. La manipulación, el victimismo y el control excesivo son tácticas reconocidas por los cuidadores, quienes a menudo tienen que "hacer frente a la situación cuando un anciano no quiere tomar la medicación" o les critica todo lo que hacen.
Ante esta realidad, resulta indispensable trabajar la inteligencia emocional de la persona cuidadora. Es crucial identificar comportamientos manipuladores, establecer límites claros, mantener la calma y fomentar una comunicación abierta y honesta. Sin embargo, en muchos casos, la situación supera las capacidades individuales, haciendo necesario buscar apoyo profesional, como un servicio de psicología para personas mayores, para ayudar tanto al adulto mayor como al cuidador a manejar la situación. La sociedad, según algunos testimonios, aún juzga a quienes buscan ayuda externa o la institucionalización, percibiendo que "si los hijos piden ayuda de un lugar experto, es por qué somos malos hijos", a pesar de que "aguantar insultos, caprichos, maltrato de nuestros padres, con demencia, ¿es honrarlos?".
Síndrome Del Cuidador Quemado · Dra. Claudia Madrigal
La Institucionalización: ¿Refugio o Silenciamiento?
El aumento de la esperanza de vida en gran parte del mundo, junto con el proceso de transición demográfica que ha llevado al paso de la familia extensa a la nuclear y la reducción del número de hijos por pareja, complejiza el envejecimiento en México y en muchos otros países. Este contexto hace prioritaria la investigación y atención a las residencias geriátricas, que en el futuro deberían constituir "lugares de resguardo y cobijo para las personas mayores, donde se les brinden los cuidados y atenciones necesarios para un envejecimiento saludable". Sin embargo, en rigor, la realidad actual dista mucho de tan grande aspiración.
Los hogares para adultos mayores generalmente están con listas de espera, y su escasez de recursos puede reflejarse en modestas instalaciones. La institucionalización, más que un cambio de domicilio, implica una modificación radical en el estilo de vida, un distanciamiento con la historia personal y la separación de relaciones sociales y familiares. Autores como Goffman (2001) y Foucault (2015), en sus estudios clásicos sobre el internamiento, consideran el encierro un recurso profundamente punitivo y agobiante. Foucault lo cataloga como "un ritual de exclusión que desprendía a los sujetos de la sociedad", un "dispositivo de separación que coloca a aquellos indeseables al margen de la comunidad", silenciando e invisibilizando a "sectores específicos puntuales, considerados incapaces de continuar formando parte del aparato social".
Desde una perspectiva sociológica, Goffman (2001) analizó el encierro como un confinamiento que desvanece los roles sociales de los individuos, quienes al encontrarse internados se ven imposibilitados de continuar ejecutándolos, lo que equivale a una "muerte civil". En estudios recientes, resuena el eco de estas tesis, confirmando que las residencias geriátricas, ineludiblemente vinculadas con el encierro, reducen y obstaculizan el desarrollo social y familiar de los internos e internas, quienes ven "periclitar sus relaciones sociales y afectivas de manera drástica, al punto de ser olvidados por su propia descendencia".
Un estudio realizado en la residencia «Adela Martínez», una entidad ubicada en una localidad semirrural con alto grado de marginación, analizó el impacto del confinamiento por COVID-19 en las relaciones familiares de sus residentes. A pesar de ser el único espacio para la vejez desamparada en la región, comúnmente se asume que ahí van a parar "malos padres" e "indigentes", lo que genera un estigma que alcanza a los propios residentes. La investigación, basada en entrevistas telefónicas con trece institucionalizados y personal de la residencia, mostró la exacerbación del olvido de los envejecidos internados debido al cierre de la institución, negándose la entrada a visitantes y familiares.
El Rol del Estado y la Búsqueda de Soluciones
Chile, como muchas otras naciones, ha envejecido rápidamente, pero sus políticas no han avanzado al mismo ritmo. La Convención sobre los derechos de las personas mayores es vinculante, y cuando una persona mayor permanece hospitalizada por falta de alternativas de cuidado, no estamos solo ante un problema sanitario o social, sino ante una posible infracción al derecho a la dignidad, al cuidado, a la autonomía y a vivir con seguridad. "Los derechos están para obligar a priorizar", enfatiza Carola Rivero.
Existe un claro "incumplimiento del Estado" en la protección de este sector vulnerable de la población. Aunque el Código Civil chileno establece la obligación de los hijos de apoyar económicamente a sus padres, en la práctica, "esa obligación no tiene consecuencias reales". No existen registros de deudores ni sanciones automáticas, permitiendo que muchos hijos "decidan desentenderse, simplemente nadie los obliga a responder".
Propuesta de la "Ley Hijito Corazón"
Inspirada en el modelo de la "Ley Papito Corazón", que busca asegurar el pago de pensiones alimenticias para hijos menores, la ONG Mente Sana, a través de Carola Rivero, anunció la propuesta de la "Ley Hijito Corazón". Este proyecto, que será presentado formalmente a las autoridades, busca garantizar el cuidado y sustento económico de padres y madres adultos mayores que han sido abandonados por sus hijos. Entre los principales puntos de la propuesta se encuentran:
- Obligación legal de los hijos de brindar apoyo económico y cuidado a sus padres en situación de necesidad.
- Requisitos para demandar: filiación legal reconocida, comprobación de necesidad económica del padre o madre y una mediación familiar previa.
- Mecanismos de cumplimiento: creación de un Registro Nacional de Deudores de Alimentos Mayores; retenciones automáticas de fondos previsionales, bancarios y laborales; sanciones como la suspensión de licencias de conducir, inhabilidades para ejercer cargos públicos y restricciones financieras.
Solo se exceptuarán los casos en que exista constancia de abandono parental grave o injuria atroz por parte de los padres. Este proyecto es un llamado urgente al Congreso y al país: "No podemos seguir mirando hacia el lado". "El abandono económico es brutal, pero lo más destructivo es el abandono emocional, práctico, cotidiano", subraya Rivero. "Hijos que deciden cortar el vínculo y, al hacerlo, dejan a sus padres sin ningún tipo de red de apoyo cuando más lo necesitan".
Una Nueva Mirada a la Vejez
En los últimos años ha predominado una visión sesgada de la vejez, que la concibe únicamente como una etapa de menoscabo y pérdida. Esta perspectiva propende a los ancianos a un desplazamiento gradual de su preponderancia como personas de experiencia, conocimiento y sabiduría. Sin embargo, la vejez, cuando existen condiciones dignas, es una etapa de participación y sentido. Los adultos mayores son "los primeros en llegar a votar, participan en clubes, en talleres, en organizaciones comunitarias, cuidan nietos, sostienen redes barriales. La vejez, si cuenta con apoyos, es vida activa". Es fundamental superar esta visión limitada y reconocer el valor y la contribución de los adultos mayores a la sociedad.
El abandono familiar y otras formas de maltrato han llevado a estados como el mexicano a generar leyes que obligan a las familias a responsabilizarse de sus adultos mayores (LDPAM, 2002) y a la creación de espacios destinados a su cuidado. No obstante, la vulnerabilidad económica y/o afectiva es un factor común entre las víctimas de violencia, y su origen se encuentra a menudo en la carencia y pérdida de seres cercanos. Es imperativo que la sociedad y el Estado actúen con anticipación, creando sistemas de alerta, redes comunitarias, servicios domiciliarios y apoyo a cuidadores, antes de que las situaciones se vuelvan extremas.