El concepto de vulnerabilidad social ha ganado relevancia en las ciencias sociales, especialmente en el estudio de la desigualdad. Este término, que emergió en la década de 1970 para comprender desastres naturales y la recuperación de las poblaciones afectadas, evolucionó hacia un enfoque social en los años 80, centrándose en las estructuras y procesos socioeconómicos como causas de la vulnerabilidad.
Definición y Multidimensionalidad de la Vulnerabilidad Social
La vulnerabilidad social implica privaciones vinculadas a aspectos económicos, educativos, ocupacionales, emocionales, sociales y de derechos, abarcando un porcentaje significativo de la población mundial y, de este, un 42% de los menores de 18 años, lo que constituye un fenómeno pandémico (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2019). Específicamente, se define como el conjunto de eventos, rasgos o procesos que constituyen adversidades potenciales para ejercer los diferentes derechos humanos o alcanzar diferentes objetivos en la comunidad (Espíndola et al., 2017; Ramos-Ojeda, 2019).
Además de referir a la falta de satisfacción de necesidades básicas, materiales, emocionales y educacionales, la vulnerabilidad social se focaliza tanto en la exposición al estrés como a los riesgos y la falta de medios para paliar la situación (Tuñón & González, 2013). Estas necesidades básicas no solo incluyen el ingreso económico, sino también las características de la vivienda, el acceso a los servicios, la educación, la salud y el tipo de ocupación, entre otros.
Por esto, la vulnerabilidad social es considerada una variable multidimensional (Hermida et al., 2010) y se diferencia de los indicadores de pobreza. Mientras estos se fijan en el tiempo y son estáticos, la vulnerabilidad es dinámica, se modifica y transforma en el tiempo-espacio, y su análisis requiere el examen de las condiciones y factores de riesgo (Moser, 1998).
Impacto de la Vulnerabilidad Social en el Desarrollo Infantil Temprano
Es importante conocer cómo se relacionan los entornos de vulnerabilidad social con el desarrollo infantil, especialmente durante los primeros tres años de vida. En este rango etario, se desarrollan habilidades de comunicación no verbal y verbal que, a su vez, predicen el desarrollo en muchas actividades sociales, incluyendo la cooperación y la educación, y cumplen un rol fundamental en la cognición social, adquisición del lenguaje y rendimiento académico (Bruner, 1995; Tomasello, 2007).
Las situaciones de vulnerabilidad social acarrean consecuencias para el desarrollo infantil, incluyendo riesgos relacionados con el crecimiento fetal, bajo peso al nacer, mortalidad infantil y desarrollo atípico a nivel cerebral (Blair & Raver, 2016; Richaud et al., 2013). Además, el impacto de los entornos vulnerables no se da solamente a nivel fisiológico, sino también socioemocional y de conducta, provocando agresión, aislamiento social, distrés psicológico, así como baja autoestima y autoeficacia (Justice et al., 2019; Vargas-Rubilar et al., 2018). Este cambio comportamental se atribuye a que los entornos vulnerables se asocian con mayores niveles de estrés, agresión e incertidumbre, ligados a las condiciones de vida inestables generadas por la falta de satisfacción de las necesidades básicas (Johnson et al., 2018).
La desigualdad desde la cuna: pobreza y desarrollo cerebral infantil
A nivel cognitivo, investigaciones previas han encontrado que la vulnerabilidad afecta varias áreas del desarrollo neurocognitivo (Bruner, 1995; Elgier et al., 2017; Hermida et al., 2010; Mazzoni et al., 2014). Estos estudios, que evalúan el rendimiento cognitivo de niños en distintos niveles socioeconómicos (NSE), han demostrado que la vulnerabilidad tiene un impacto negativo sobre el desarrollo de las funciones ejecutivas, la memoria, el rendimiento académico y la comunicación, entre otros (e. g., Arán-Filippetti & Richaud de Minzi, 2012; Deanda et al., 2016; Sharkins et al., 2017), y que este impacto negativo puede modificarse a través de intervenciones específicas (Grinberg, 2016; Rosemberg & Stein, 2016).
Comunicación no verbal en contextos de vulnerabilidad
La comunicación no verbal, que incluye la atención conjunta, es una habilidad de coordinar la atención entre un infante y un adulto hacia un objeto de interés mutuo (Bruner, 1995). Estudios previos demuestran que el nivel socioeconómico se asocia con distintas habilidades cognitivas, y específicamente en lo comunicativo, el vocabulario, el habla espontánea y los gestos (Betancourt et al., 2015; Golinkoff et al., 2019; Hoff, 2006).
- Un estudio de Fey et al. (2017) afirma que niños de bajo NSE llegan a la escuela con un nivel de vocabulario menos amplio.
- Betancourt et al. (2015) encontraron diferencias a los 7 meses, con infantes de bajo NSE mostrando un desempeño inferior en escalas de lenguaje total, comprensión auditiva y comunicación expresiva.
- McDonald-Culp et al. (1996) hallaron que infantes de 12 meses de madres adolescentes en sectores vulnerables tenían menores desempeños en interacciones de atención conjunta.
- Sin embargo, estudios como el de Elgier et al. (2017) no encontraron diferencias significativas en el seguimiento de la mirada y el señalamiento en infantes de 9 a 13 meses, sugiriendo que esta habilidad es básica y menos influenciada por el entorno cercano. Saxon y Reilly (1999) arribaron a resultados similares.
Comunicación verbal y vulnerabilidad
Con respecto a la comunicación verbal, Raviv et al. (2004) encontraron que la habilidad de comprensión y expresión del lenguaje a los 36 meses se asoció al NSE, el cual, a su vez, se asoció al estilo de crianza y la sensibilidad materna. Esto, según los autores, concuerda con los estilos de vida inseguros y el estrés asociados a los entornos vulnerables.

Los resultados de estudios que asocian las variables de comunicación verbal y no verbal con contextos sociales desfavorables no están exentos de contradicciones. Algunos encontraron menores niveles de estas habilidades cognitivas en entornos desfavorables (Betancourt et al., 2015; Hoff, 2003; McGillion et al., 2017), mientras otros no hallaron diferencias en los primeros tres años de vida (Elgier et al., 2017; Fish & Pinkerman, 2003; Saxon & Reilly, 1998).
Factores Mediadores en la Crianza
Los estilos parentales se refieren a las diversas formas de interacción entre cuidadores e infantes que impactan en el desarrollo cognitivo y socioafectivo. Se ha encontrado que el NSE impacta en los estilos parentales, siendo las variables de nivel educativo, tipo de comunicación e interacción y entorno sociocultural las de mayor poder predictivo. La crianza en contextos de bajo NSE trae consigo relaciones más punitivas y negligentes; sin embargo, es necesario tener en cuenta el contexto cultural para analizar de forma ecológica las diversas prácticas parentales.
Investigación sobre Vulnerabilidad Social y Comunicación Temprana
Un estudio se propuso corroborar si la vulnerabilidad social contribuye de forma diferencial al desarrollo de la comunicación verbal (comunicación expresiva y receptiva) y no verbal (gestos y atención conjunta) durante los primeros tres años de vida. La pregunta de investigación que guió este estudio fue: ¿contribuye la vulnerabilidad social de forma diferencial al desarrollo de la comunicación temprana verbal y no verbal durante los primeros tres años de vida?
Para abordar esta cuestión, se realizó una revisión bibliográfica sistemática basada en las guías propuestas por la metodología Prisma (Celestino & Bucher-Maluschke, 2018). Se revisaron investigaciones publicadas en las últimas tres décadas (1990-2020), en inglés, portugués y español, utilizando las bases de datos de PsycInfo, Scopus y EBSCO.
Metodología de la Búsqueda
La búsqueda documental utilizó descriptores seleccionados de tesauros internacionales especializados en psicología, incluyendo palabras clave relativas a la comunicación verbal y no verbal entendida como el compartir el mismo centro de atención a partir de una interacción secuencial (Escudero et al., 2013; Ricciardelli et al., 2009). Las palabras clave incluyeron: "joint attention", "gaze following", "gestuality", "ostensive cues", "pointing", "non verbal communication", "verbal communication", "receptive and expressive communication", "social vulnerability", "socioeconomic status", "poverty", "infants", "toddlers" y "early childhood".
Los criterios de inclusión para los artículos fueron:
- Infantes con desarrollo típico.
- Edades comprendidas entre 0 a 3 años.
- Investigaciones con alcance asociativo o explicativo (no descriptivo o exploratorio).
- Variable externa de vulnerabilidad social.
- Criterios de inclusión y exclusión de muestra explícitos.
- Pertenecer a revistas indexadas y con evaluación por pares.
No se establecieron criterios de exclusión en cuanto a los adultos participantes de las díadas de interacción ni a los instrumentos para evaluar la comunicación no verbal y verbal (psicométrico o análisis conductual).
Resultados de la Revisión Sistemática
La búsqueda inicial arrojó 32 artículos en Psycinfo, 59 en EBSCO y 12 en Scopus, de los cuales 21 cumplieron con todos los criterios. De estos, el 80.9 % (17) eran de Estados Unidos, el 14.2% (3) de Argentina y el 4.76 % de Reino Unido (1). La cantidad de publicaciones aumentó progresivamente: 4 trabajos en 1990-2000, 7 en 2001-2010 y 10 en 2011-2020. Todos se publicaron en inglés, excepto uno en español (Elgier et al., 2017).
En cuanto a los diseños de investigación:
- El 42.87% (n=9) utilizó tests psicométricos.
- El 42.87% (n=9) empleó medidas comportamentales directas en interacción con el cuidador primario o el evaluador.
- Solo el 14.28% (n=3) combinó pruebas comportamentales y tests psicométricos (Hirsh-Pasek et al., 2015; Hoff & Tian, 2005; Saxon & Reilly, 1998).
Los índices de NSE utilizados fueron el nivel educativo en todas las investigaciones y el tipo de ocupación en el 47.6% (n=10). Le siguieron la cantidad de ingresos económicos (33.3%, n=7), la edad de las madres (19%, n=4) y la condición marital (19%, n=4). Solo un estudio presentó un muestreo representativo (Raviv et al., 2004); el resto utilizó muestreos no probabilísticos intencionales. El 35.7% (n=5) utilizó un estudio longitudinal, y el 61.9% (n=13) informó sobre el tamaño del efecto de sus resultados, todos con efecto bajo o medio.
En cuanto a la edad de los participantes, el 28.6% (n=6) trabajó con niños mayores de 2 años; en las demás investigaciones, la edad de los infantes osciló entre 1 semana y 24 meses.
De las 16 investigaciones que midieron comunicación verbal, el 56.2% encontró resultados significativos, indicando menores niveles de esta habilidad en entornos socioeconómicos vulnerables. Sin embargo, en el 14.2% de los estudios (n=3), los resultados fueron mixtos; por ejemplo, Fish y Pinkerman (2003) no encontraron diferencias en infantes de 4 a 15 meses, Hoff-Ginsberg (1998) solo halló diferencias en algunos tipos de comunicación verbal declarativa, y Shriver et al. (2020) no observaron diferencias durante el tercer año. En resumen, todas las investigaciones que midieron comunicación verbal receptiva y expresiva encontraron asociaciones negativas con subdimensiones del NSE y menores niveles de lenguaje en entornos vulnerables.
tags: #vulnerabilidad #social #piaget