La Pincoya, una población ubicada en el corazón de Huechuraba, Chile, ha sido históricamente estigmatizada. Sin embargo, este barrio ha demostrado ser un crisol de resiliencia, innovación, trabajo, cultura y solidaridad, impulsado en gran medida por sus mujeres. En particular, la realidad de los adultos mayores en La Pincoya, especialmente en contextos de crisis como la pandemia, revela una profunda red de apoyo comunitario.

Historia y Resiliencia Comunitaria en La Pincoya
La Pincoya, enclavada en las faldas de un cerro, ha sobrevivido al cambio de milenio en un silencio cercano a la ausencia. A pesar de haber sido considerada un territorio casi vedado para los santiaguinos en los años 80, donde ser de La Pincoya implicaba ser "bravo, duro y marginal", hoy sorprende al recorrerla. Sus calles, que ya no son tan polvorientas ni pobres, reflejan una comunidad activa y organizada.
Un grupo de voluntarios ligados al emprendimiento social, liderados por Nelson Rodríguez y José Manuel Moller, creadores de la empresa Al Gramo, impulsaron un espacio para dar a conocer cómo es y quiénes forman La Pincoya de 2015. La iniciativa buscaba invitar a oradores que representaran a la población y que hubieran realizado cambios significativos en su comunidad. Así nació un evento TEDx en el Centro Cultural La Pincoya, donde diez oradores compartieron sus historias emotivas, cruzadas por el deseo de surgir.
Figuras Clave en la Construcción Comunitaria
Patricia Carrasco: Escuela Comunitaria Norma Matus
La historia de Patricia Carrasco es intrínseca a La Pincoya. Sus padres se instalaron en una mediagua hace 65 años, en una zona de autoconstrucción sin agua ni electricidad. Patricia vivió una infancia marcada por el fuerte viento que amenazaba los precarios techos de fonola. A mediados de los 70, su hermano Carlos, dirigente vecinal y militante del MAPU, fue detenido desaparecido por la DINA. Su madre lo buscó incansablemente durante 38 años, sufriendo detenciones y huelgas de hambre, y llegando incluso a Ginebra. Tras la muerte de su madre en 2012, Patricia decidió honrar su legado promoviendo los derechos humanos a través de la comunidad y la cultura. Empezaron a organizar talleres, cursos y actividades culturales para los vecinos, superando la falta de computadores y logrando que una escuela del sector les facilitara sus instalaciones los sábados. En 2015, ofrecieron 18 cursos, desde bordado hasta alfabetización digital, con más de 500 vecinos participando. Patricia destaca que la clave es la identidad: "La gente está muy 'camiseteada' con nosotros porque somos vecinos igual que ellos y nadie gana ni lucra con esto. La gente quiere aprender, sin segregación".
Alicia Góngora: Compañía de Marionetas Gepetto
Alicia Góngora, a sus 51 años, tiene una historia de superación. Nació en una toma de terrenos en Conchalí y vivió una niñez de pobreza absoluta. Tras un matrimonio joven y una separación con dos hijos, uno de ellos con síndrome de Down, encontró en los títeres una forma de expresión y ayuda. Aprendió a fabricar títeres y teatrillos, trabajando en paralelo en la feria y como garzona. Conoció a Guillermo Gutiérrez, su mentor, quien le abrió el mundo de las marionetas. Tras el fallecimiento de Guillermo en 2007, Alicia continuó su legado, realizando funciones con su hija y talleres, especialmente para su grupo "Ángeles", donde enseña a niños con discapacidad a hacer muñecos para vender. Su próxima presentación en la charla TED estará hilada por un poema que resume su vida: "Aquí estoy. Nací patas flacas, fresca flor desganada, nací tierral en las tomas abanderadas (…) Nací olla común y campamento, dos jazmines y un pensamiento (…) Así fui. Pata pelá. Bella espina, dulce y brava. Muñeca de trapo, mariposa. Canela, malva y rosa".
Mercedes Aguilera: Arpilleras de La Pincoya
Mercedes Aguilera, una institución en La Pincoya, llegó a vivir en la población en 1969. Tras el golpe militar, la desconfianza se instaló, y el trabajo manual se convirtió en una excusa para reunirse. Mercedes y otras 14 mujeres descubrieron las arpilleras en un taller en la población Ángela Davis. A través de estas creaciones, plasmaban sus sentimientos y contaban su historia, que era también la de Chile. Las arpilleras se enviaban al extranjero y se vendían, dando a conocer lo que vivían. En los ochenta, una década dura con allanamientos y desapariciones, las arpilleras funcionaron como terapia y modo de subsistencia. Hoy, Mercedes sigue impartiendo talleres, traspasando sus conocimientos a nuevas generaciones de mujeres. Su trabajo ha convertido las arpilleras en un símbolo de La Pincoya, y sus creaciones forman parte de exposiciones y proyectos municipales.

La Pincoya Web: Conectando la Comunidad
Marcos, junto a su amigo Claudio Bobadilla, se propuso cambiar la percepción negativa de La Pincoya en internet, donde solo se encontraban noticias de crímenes y vandalismo. Utilizando las redes sociales, crearon La Pincoya Web, un portal ciudadano para que los vecinos compartieran información y anunciaran actividades. A pesar del fallecimiento de Claudio, Marcos y otros cuatro amigos continúan con el proyecto, que en 2010 logró que su sitio fuera el primer resultado al buscar "La Pincoya" en internet. El portal difunde la rica cultura, artistas, poetas y eventos como el carnaval de la población. Aunque prefieren mantener el sitio libre de compromisos comerciales, buscan financiamiento para dedicarle todo su tiempo. La Pincoya Web se ha convertido en un asesor para las organizaciones locales, ayudándolas con trámites municipales y la producción de eventos.
La Pincoya en la Pandemia: Solidaridad y Apoyo a Adultos Mayores
La pandemia de COVID-19 puso a prueba la resiliencia y la solidaridad de La Pincoya. Un grupo de vecinos de un block de 54 departamentos se organizó para ayudar a los más necesitados y sanitizar diariamente su edificio. Esta organización surgió hace un mes, y en la actualidad, un equipo de sanitización trabaja por las noches. Francisca Cea, parte del equipo, destaca la importancia de su labor: "Estaríamos mucho más contagiados, habría muchos más globos blancos puestos en las casas, habría mucha más gente que muere por esto, porque hay mucho adulto mayor". En el block de al lado ya habían muerto tres personas, y dos familias se habían contagiado de COVID-19.
Una parte de la historia de la población La Pincoya
Los vecinos estaban conscientes de sus puntos débiles, como el hacinamiento en departamentos de 45 metros cuadrados y la facilidad de propagación del virus debido a su estructura de "cité del siglo XXI". Jesús explica que muchos comerciantes del barrio no podían trabajar, y las familias luchaban por pagar servicios básicos y mantener a sus hijos con estudios online. Los adultos mayores, especialmente los que vivían solos y con enfermedades de base, fueron los más necesitados.
La red de apoyo comunitario se centró en ellos: "Se les bota la basura, se les hace las compras de almacén, las compras de feria". Al menos el 10% de los departamentos participaba activamente en este sistema de ayuda. Jesús Jelves, uno de los organizadores, siente satisfacción al sanitizar las puertas y ventanas de sus vecinos, un sentimiento compartido por Francisca Cea, quien lo hace por cuidar a sus hijos y a la comunidad. Incluso cuando una máquina de sanitización se echó a perder, utilizaron pistolas de agua de niños para continuar con la labor.

Una adulta mayor, fundadora del block a principios de los 90, relata su experiencia: "Ahora estoy harto agradecida, porque los chiquillos formaron un grupo. Pasan a ofrecerme qué comprar y ahí las vecinas van a comprar y me lo traen". Diabética, hipertensa y con artrosis, sus vecinos incluso iban al consultorio por sus medicinas para que ella no se expusiera. Para ella, el encierro era duro, y vivía "de la pura buena voluntad" de sus vecinos. Su hijo de Temuco donó una máquina para la sanitización, un gesto de solidaridad que Jesús Jelves describe como "hacerlo por él, porque es su mamá".
La Doble Solidaridad en Tiempos de Crisis
Investigadores como el del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) plantean que este fenómeno es una "doble solidaridad": "Por un lado, soy solidario contigo porque no te visito, porque te pongo en riesgo y, por otro lado, soy solidario contigo en el sentido más tradicional, te ayudo con tus compras, en lo que necesites". Los expertos coinciden en que la solidaridad reaparece en épocas de crisis y se relaciona con la necesidad de autoorganización cuando el Estado no está presente. Primero fue la familia, luego los vecinos, después el barrio, las organizaciones, las redes que resurgieron o que estaban invisibilizadas en el día a día.
La pregunta ahora es si estas redes se mantendrán en el tiempo post-pandemia. Para el académico de la UNAB, la interrogante es si esto se traducirá en una transformación institucional. A nivel micro, será importante saber si el vecino "se portó bien o no se portó bien", como se dice que en las buenas y en las malas se conocen a los amigos. La académica de la UDP, aunque reconoce la dificultad de responder, afirma que "en la medida en que haya un aprendizaje comunitario, por decirlo así, que revaloricen que a partir de la constitución de estas redes obtienen cosas que son valiosas para sí mismos y para la comunidad, uno podría pensar que sí".
Jennifer "Pincoya" Galvarini: Un Rostro de Chiloé
La figura de "la Pincoya" también evoca la riqueza de la mitología chilota. La Pincoya es una adolescente muy hermosa de larga cabellera dorada, de encanto y dulzura incomparables. Sale desde las profundidades del mar, semivestida con un traje de algas, a danzar a las playas. Su baile, si mira hacia el mar, significa abundancia de peces y mariscos; si lo hace con el rostro vuelto hacia la tierra, indica escasez para la temporada venidera. Cuando los chilotes naufragan, la candorosa Pincoya acude a su auxilio. Si no logra salvarlos, ayudada por sus hermanos La Sirena y el Pincoy, transporta con ternura los cuerpos de los chilotes muertos hasta el "Caleuche", donde revivirán como tripulantes del barco fantasma y a una nueva existencia de eterna felicidad. Por esta razón, los chilotes jamás temen al mar embravecido, a pesar de que la mayoría de ellos no sabe nadar.

En un contexto más contemporáneo, Jennifer "Pincoya" Galvarini, una de las concursantes más mediáticas del reality "Gran Hermano", ha llevado el nombre de Chiloé y, en cierta medida, el espíritu de "La Pincoya" a la esfera pública. Aunque no ganó el premio mayor, obtuvo el tercer lugar y recaudó una alta suma de dinero. Jennifer afirmó: "Creo que es la manera en la que puedo ayudar a toda mi comunidad". El dinero se destinará a un centro de rehabilitación que atiende a niños, jóvenes y adultos desde Chacao hasta Quellón. Jennifer tiene un vínculo cercano con este centro, ya que cuando su hijo nació, acudió allí y recibió todo el apoyo. Esta donación es una "de vuelta de mano", una forma de retribuir el apoyo recibido y ayudar a que los pacientes y sus padres puedan acceder a terapia sin tener que viajar horas a la Teletón.
Tras su paso por "Gran Hermano" y "Top Chef VIP", Jennifer "Pincoya" Galvarini incursionó en otras áreas. Recientemente, sorprendió a sus seguidores de Instagram con un nuevo anuncio: "Mi segundo día de clase de manicurista. Los invito a venir a capacitarse en este instituto, hay muchos cursos pensados para ti". Este nuevo proyecto profesional fue ampliamente elogiado por sus fans, quienes recordaron que ser manicurista era uno de sus sueños en el reality. Además, Jennifer reveló que generó una suma de dinero considerable tras su debut en Onfayer, un sitio de contenido, donde causó furor con su sensual material. "Son fotos muy distintas, por ejemplo aparezco con un canasto en la cama. El cuerpo es un arte y me encantó poder saber que mucha gente le ha gustado la foto. Son creación de mi cabeza, siempre quise hacer esto", comentó la ex chica reality.