La fiebre, un aumento temporal de la temperatura corporal, es una respuesta del sistema inmunitario del cuerpo, generalmente a una infección. Para la mayoría de los adultos, la fiebre puede ser molesta, pero no suele ser motivo de preocupación; sin embargo, en el caso de los adultos mayores, su detección y tratamiento rápidos son indispensables debido a la variedad de patologías y trastornos asociados.
¿Qué es la Fiebre?
La fiebre se produce cuando el termostato del cuerpo, situado en el hipotálamo del encéfalo, se reinicia a una temperatura más elevada, principalmente como respuesta a una infección. Es un mecanismo de defensa del cuerpo contra infecciones bacterianas o virales y enfermedades leves o graves. La temperatura corporal elevada que no está causada por un restablecimiento del punto de ajuste de la temperatura se denomina hipertermia.
Aunque se considera normal una temperatura de 37°C, la temperatura corporal varía a lo largo del día, siendo más baja por la mañana y más alta al finalizar la tarde, cuando puede alcanzar los 37,7°C. De igual forma, cuando hay fiebre la temperatura no se mantiene constante. A veces existen picos de fiebre diarios que vuelven después a la normalidad; este proceso se denomina fiebre intermitente. En ocasiones, la temperatura varía pero no regresa a la normalidad, lo que se conoce como fiebre remitente. En la actualidad, el patrón de ascenso y descenso de la fiebre no se considera demasiado importante para el diagnóstico de algunas enfermedades.

Cómo Medir la Temperatura Corporal
La temperatura corporal se puede medir en varias zonas del cuerpo, siendo las más frecuentes la boca (temperatura oral) y el recto (temperatura rectal). Otros lugares incluyen la oreja (timpánica), la frente (arteria temporal) y, con mucha menor probabilidad, la axila. La temperatura se mide habitualmente con un termómetro digital. Los termómetros de cristal que contienen mercurio no se recomiendan debido al riesgo de rotura y exposición al mercurio, una sustancia altamente tóxica.
Para obtener mediciones precisas:
- Las temperaturas orales se consideran elevadas cuando son superiores a 37°C por la mañana temprano, superiores a 38°C en cualquier momento posterior a la madrugada, o más elevadas que la temperatura diaria normal de una persona.
- Las temperaturas rectal y timpánica (en el oído) son aproximadamente 0,6°C más elevadas que las temperaturas orales.
- La temperatura de la piel (por ejemplo, la frente) es aproximadamente 0,6°C más baja que la temperatura oral, y la de la axila es la menos precisa.
Es importante leer detenidamente y seguir las instrucciones del termómetro, limpiándolo antes y después de cada uso.

Síntomas Generales de la Fiebre
La fiebre no aparece por sí sola; siempre hay un motivo detrás. La febrícula y la fiebre se acompañan de un aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria. Otros síntomas comunes pueden incluir:
- Falta de apetito
- Orina coloreada
- Dolor de cabeza
- Sed
- Escalofríos
- Sueño o fatiga
- Irritabilidad
- Dolor muscular y articular
- Malestar general
- Delirio (en casos más graves o en personas vulnerables)
- Enrojecimiento y sudoración
La Fiebre en Adultos Mayores: Particularidades y Riesgos
La fiebre es más peligrosa en las personas mayores, especialmente en aquellas mayores de 80 años. El sistema inmune no actúa igual con la edad y puede tener más dificultades para manejar la fiebre correctamente. Además, la capacidad de generar fiebre se reduce en personas muy mayores, lo que significa que una elevación moderada de la temperatura puede ser un indicador de una infección grave.
Síntomas de Alerta Específicos en Adultos Mayores
Cuando las personas mayores tienen fiebre, pueden experimentar síntomas parecidos a los de los jóvenes, pero estos se presentan con mayor intensidad, y ciertas señales son motivo de preocupación:
- Alteraciones en las funciones mentales: Confusión, desorientación, mareos, alucinaciones sonoras o visuales, comportamiento extraño o problemas en el habla, incluso antes de alcanzar los 39°C. La fiebre también puede empeorar el estado mental en personas con demencia.
- Dolores intensos: Dolor de cabeza, rigidez de cuello o ambos. Dolor intenso en general en todas las articulaciones, espalda, abdomen o al orinar.
- Manchas rojas en la piel (petequias): Pequeñas manchas planas de color rojo púrpura, que indican un sangrado debajo de la piel.
- Dificultad respiratoria (disnea): Incluyendo dolor en el pecho, respiración acelerada o rápida.
- Alteraciones cardiovasculares: Hipotensión arterial, pulso acelerado y ritmo cardiaco muy rápido (taquicardia).
- Variaciones rápidas de temperatura: Temperaturas que pueden alcanzar los 40°C rápidamente.
- Síntomas de deshidratación: Boca seca, calor en la garganta, no ir al servicio durante horas.
Es fundamental que las personas mayores con fiebre se encuentren acompañadas en todo momento debido al peligro de mareos y alteraciones en la tensión arterial, que pueden causar nerviosismo, miedo e inquietud.

Consecuencias y Riesgos Adicionales
Aunque las típicas elevaciones temporales de la temperatura corporal comprendidas entre 38°C y 40°C que producen la mayoría de las infecciones agudas son bien toleradas por los adultos sanos, una fiebre moderada puede ser peligrosa en adultos con enfermedades cardíacas o pulmonares. Esto se debe a que la fiebre aumenta la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria, imponiendo una carga adicional sobre estos órganos.
Además, una elevación extrema de la temperatura (por lo general más de 41°C) puede ser perjudicial. Una temperatura corporal tan alta puede causar la disfunción y, en última instancia, el fracaso de la mayoría de los órganos. Esta elevación extrema puede ser causada por una infección muy grave (como sepsis o meningitis), pero es más típica de un golpe de calor o tras el consumo de ciertas drogas ilícitas.
Cuerpo Humano: ¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando se presenta una fiebre?
Causas de la Fiebre en Adultos
Las sustancias que producen fiebre se denominan pirógenos, y pueden provenir del interior o del exterior del organismo. Los microorganismos y las sustancias que producen (como las toxinas) son ejemplos de pirógenos externos. Los pirógenos internos suelen ser producidos por glóbulos blancos como monocitos y macrófagos.
Muchos trastornos pueden causar fiebre, clasificándose generalmente como:
- Infecciosos (más común): Causados por bacterias, virus u hongos. Las infecciones más probables incluyen las vías respiratorias (superiores e inferiores), gastrointestinales, urinarias (IVU) y cutáneas. La mayoría de las infecciones agudas respiratorias y gastrointestinales son víricas.
- Neoplásicos (cáncer): El primer síntoma de un cáncer, especialmente enfermedad de Hodgkin, linfoma no Hodgkin y leucemia, puede ser la fiebre.
- Inflamatorios: Incluyen trastornos autoinmunitarios (como el lupus, la artritis reumatoide, sarcoidosis), reacciones alérgicas y algunas reacciones a fármacos (como ciertos antibióticos, antihistamínicos, anticonvulsivos). Otros trastornos inflamatorios pueden ser la gota, vasculitis, colitis ulcerativa y enfermedad de Crohn.
Otros factores que pueden aumentar la temperatura corporal incluyen la exposición prolongada al sol, la insolación y la deshidratación, así como la reacción temporal del organismo a ciertas vacunas.
Factores de Riesgo
Ciertos factores ayudan a los médicos a determinar la causa más probable de fiebre:
- El estado de salud general, la edad y la ocupación de la persona.
- Hospitalización reciente.
- Uso de ciertos medicamentos (como inmunosupresores o quimioterapia) o adicción a drogas intravenosas.
- Exposición a infecciones (por viajes recientes a áreas endémicas, contacto con personas, animales o insectos infectados, agua o alimentos inseguros, relaciones sexuales sin protección).
- Patologías conocidas que predispongan a la infección, como VIH, diabetes, cáncer, trasplante de órganos, anemia de células falciformes, marcapasos o lesiones de las válvulas cardíacas (especialmente válvulas artificiales).

Evaluación Médica de la Fiebre
Cuando el médico evalúa a un paciente con fiebre aguda, se centra en identificar otros síntomas que puedan limitar las posibles causas y determinar si se presenta una enfermedad grave o crónica. Esto ayuda a evitar pruebas costosas e innecesarias, ya que muchas infecciones víricas agudas remiten por sí solas.
Actuación del Médico
La evaluación comienza con una detallada historia clínica, que incluye preguntas sobre síntomas actuales y pasados, enfermedades previas, medicación habitual, exposiciones a infecciones, viajes recientes, vacunaciones y hospitalizaciones. El dolor es una clave importante, por lo que se pregunta sobre cualquier dolor en oídos, cabeza, cuello, garganta, tórax, abdomen, flancos, recto, músculos o articulaciones. Otros síntomas como congestión nasal, tos, diarrea, síntomas urinarios, aumento de ganglios linfáticos o erupciones cutáneas también son relevantes.
Luego se realiza una exploración física exhaustiva, de cabeza a pies, para detectar la fuente de infección o indicios de enfermedad. La fiebre se confirma midiendo la temperatura, siendo la rectal la más precisa, aunque la oral o del oído se usan habitualmente.
Pruebas Complementarias
La necesidad de pruebas complementarias depende de los hallazgos de la anamnesis y la exploración. Los adultos mayores, al presentar un riesgo elevado de infección o una afectación importante, a menudo necesitan pruebas incluso cuando los hallazgos no sugieren un trastorno particular. Estas pueden incluir:
- Un hemograma completo (incluyendo el número y la proporción de los diferentes tipos de glóbulos blancos).
- Cultivos de orina y hemocultivos.
- Radiografía de tórax.
Si hay hallazgos que sugieran un trastorno específico, se realizarán pruebas más dirigidas; por ejemplo, una punción lumbar si hay dolor de cabeza y rigidez en el cuello (meningitis), o pruebas moleculares rápidas para COVID-19 o gripe si hay síntomas respiratorios.
¿Cuándo Consultar a un Médico por Fiebre en Adultos Mayores?
Es crucial buscar atención médica de inmediato si la fiebre en un adulto mayor se acompaña de cualquiera de los siguientes signos de alarma:
- Alteración de la función mental, como confusión, desorientación o comportamiento extraño.
- Dolor de cabeza intenso o rigidez de cuello.
- Manchas rojas pequeñas o grandes en la piel (petequias o erupciones más extensas).
- Hipotensión arterial.
- Frecuencia cardíaca o respiratoria rápidas, o dificultad respiratoria grave.
- Temperatura superior a 40°C (104°F) o inferior a 35°C.
- Viaje reciente a un área donde es común alguna enfermedad infecciosa grave (como la malaria).
- Tratamiento reciente con fármacos que inhiben el sistema inmunitario (inmunosupresores).
- Vómitos constantes.
- Dolor en el pecho o dolor abdominal.
- Dolor al orinar.
- Desmayos o convulsiones.
También es necesario consultar a un médico si la fiebre en una persona mayor cumple alguna de estas condiciones:
- Es superior a 38°C y no disminuye en más de 4 horas.
- Es igual o superior a 38,5°C, ya que podría subir rápidamente y llegar a ser peligroso.
- Es superior a 39,4°C (103°F).
- Dura más de 24 a 48 horas sin signos de alarma, o más de 3 o 4 días independientemente de otros síntomas.
- Si la persona mayor tiene alguna patología subyacente conocida, como enfermedad cardíaca o pulmonar, diabetes, cáncer, o ha sufrido recientemente un infarto.
- Si las actividades diarias se vuelven difíciles.
- Si el cuerpo no responde positivamente a ningún tratamiento para bajar la fiebre.
Es importante recordar que automedicarse no es una buena práctica; solo un médico, después de una evaluación integral, puede recomendar los medicamentos adecuados, especialmente si la persona mayor ya toma otra medicación.
Cuerpo Humano: ¿Qué pasa en nuestro cuerpo cuando se presenta una fiebre?
Cuidados y Tratamiento de la Fiebre en Casa
Una fiebre leve a moderada puede ayudar al sistema inmunológico a funcionar mejor, por lo que no siempre es necesario bajar todas las fiebres. Si la persona mayor no tiene más de 38,5°C y no presenta signos de alarma, existen varias pautas que pueden ayudar a aliviar el malestar y reducir la temperatura.
Medicamentos de Venta Libre
Los médicos y especialistas suelen recomendar, en primer lugar, tomar algunos medicamentos de venta libre. Los más comunes son el acetaminofén (como Tylenol) o el ibuprofeno (como Advil o Motrin). Estos medicamentos, conocidos como antipiréticos, ayudan a regular la temperatura del cuerpo y a disminuir la fiebre.
Es crucial prestar mucha atención a la información en la etiqueta, ya que la concentración puede variar. Si la persona mayor ya toma otras medicaciones, es mejor que consulte a un médico antes de añadir un nuevo medicamento a su rutina habitual. Así, el profesional de la salud podrá recetarle el medicamento más adecuado teniendo en cuenta su situación actual y su salud, evitando posibles interacciones o efectos secundarios, como el malestar estomacal, sangrado gástrico o daños en el hígado asociados con el ibuprofeno.
Hidratación Adecuada
La fiebre puede ser causa de deshidratación, y cuanto más alta sea la temperatura corporal, mayor es el riesgo. Por ello, es recomendable consumir suficientes líquidos para recuperar el equilibrio en el cuerpo. Las opciones más recomendadas incluyen:
- Agua
- Caldos
- Zumos de frutas diluidos
- Soluciones orales de electrolitos
- Batidos o gelatinas
Se deben evitar las bebidas con cafeína o alcohol, ya que pueden contribuir a la deshidratación.
Medidas Físicas y Descanso
Además de los medicamentos y la hidratación, se pueden aplicar métodos físicos para el alivio y el descenso de la temperatura:
- Compresas húmedas: Aplicar paños húmedos y fríos sobre la frente, la parte posterior del cuello, las axilas, las muñecas o algunas zonas de las piernas. Para mayor efectividad, se puede usar hielo envuelto en un paño.
- Baños de agua tibia: Ducharse o bañarse con agua tibia no solo alivia los síntomas de la fiebre y la temperatura corporal, sino que también puede ayudar a la relajación y mejorar el sueño, lo cual es muy útil si la fiebre afecta los ciclos del descanso. El agua no debe estar fría, sino templada.
- Ropa ligera y ambiente fresco: Es importante estar en un entorno fresco y cómodo, utilizando ropa hecha con tejidos ligeros que faciliten la transpiración. Aunque es normal sentir escalofríos y querer abrigarse, sobrecalentar el cuerpo puede ser contraproducente. Ventilar la habitación también puede ayudar a bajar algunas décimas la fiebre.
- Descanso: Descansar es esencial para que el sistema inmunológico sea más efectivo al lidiar con las infecciones. Permanecer en casa y evitar cualquier tarea que represente un esfuerzo físico ayuda a una recuperación más rápida. Es importante intentar dormir lo suficiente, a pesar de las molestias que pueda generar la fiebre.
Lo que NO se Debe Hacer al Tratar la Fiebre
Existen ciertos "remedios caseros" y prácticas que no solo son ineficaces, sino que pueden ser perjudiciales:
Evitar Frotar el Cuerpo con Alcohol
Frotar el cuerpo o aplicar compresas con alcohol para bajar la temperatura es un mito. Aunque se sienta un refresco inicial, el alcohol se evapora muy rápido y enfría la piel, lo que puede indicarle al cerebro que se tiene frío, haciendo que la temperatura central aumente aún más. Además, el alcohol se absorbe rápidamente a través de la piel, con riesgo de intoxicación, escalofríos y un aumento significativo de la temperatura corporal.
No Exceder las Dosis de Medicamentos
Excederse con la dosis de medicamentos antipiréticos no acelera la recuperación y puede tener consecuencias negativas para la salud, incluyendo malestar estomacal, sangrado gástrico o daños en el hígado, especialmente con antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno. Siempre hay que consultar la cantidad y frecuencia de consumo recomendadas por un profesional de la salud o en la etiqueta del producto.
No Tomar Baños Fríos
Aunque pueda parecer una buena idea para refrescar el cuerpo, tomar baños con agua fría es contraproducente. El agua fría puede causar escalofríos involuntarios, que a su vez elevan la temperatura central del cuerpo, empeorando la situación en lugar de mejorarla.
Importancia de la Detección Precoz en Adultos Mayores
La detección precoz es fundamental en cualquier patología, y la fiebre es uno de los principales indicadores de que existe un problema en el organismo. En adultos mayores, este control es aún más relevante. Al monitorizar la temperatura de forma habitual, se puede conocer la temperatura normal de la persona mayor y detectar cualquier anomalía con mayor facilidad. Actuar pronto ante los primeros síntomas es clave, ya que la fiebre en adultos mayores puede ser más peligrosa que en jóvenes.