Adaptación y Dependencia en el Adulto Mayor

En el transcurso de las últimas décadas se ha observado un aumento sostenido de la población de adultos mayores, tanto en países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo. Este incremento poblacional es en sí mismo un fenómeno multidimensional con consecuencias económicas, sociales, políticas y del sector salud, representando uno de los mayores desafíos para el mundo actual.

El Envejecimiento Poblacional: Un Desafío Global

El incremento de la expectativa de vida ha ido adquiriendo gran importancia, ya que son mayores las probabilidades de contraer enfermedades, principalmente crónicas. A pesar de que la prolongación de la vida humana es un éxito de la sociedad moderna, aparecen problemáticas de salud nunca antes vistas, tales como el incremento de las enfermedades crónicas, degenerativas y de la dependencia.

Según cálculos de las Naciones Unidas, existen 600 millones de personas mayores de 60 años en el mundo, cifra que se duplicará para el 2025. Se estima que para el 2050 se contará con más personas mayores de 60 años que con niños menores de 15 años. Dicho comportamiento se evidenciará en algunos países de la región latinoamericana. En Cuba, según el Anuario Nacional estadístico de salud 2015, este grupo representa el 19,4 % de la población y se estima que para el 2020 será el 21,5 %, para el 2030, el 30,3 % y para el 2050 un 36,2 %.

El aumento del envejecimiento demográfico urbano se presenta como un desafío sin precedentes a nivel global, con especial incidencia en los países de las regiones en desarrollo (Rowles y Bernard, 2013). En el año 2050 una cuarta parte de la población mundial tendrá 60 y más años, y residirá principalmente en las grandes ciudades de las regiones en desarrollo como América Latina y el Caribe (ONU, 2015).

En el continente americano la situación no es diferente. Específicamente en México, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la esperanza de vida al nacer oscilaba en 59,9 años; en cambio, para el año 2020, esta aumentó a 75,2 años. A causa de esto, en el país residen aproximadamente 15,4 millones de personas de 60 años y más, según la última encuesta especial del INEGI.

Procesos de Envejecimiento, Funcionalidad y Adaptación

La vejez forma parte de un proceso biológico inherente a los seres humanos, que inicia desde el nacimiento y cada persona atraviesa por cambios progresivos que a lo largo de la vida pueden influir sobre su funcionalidad física. Se representa como una disminución de la capacidad funcional en el adulto mayor y se manifiesta como una condición de susceptibilidad que da como resultado la discapacidad, lo que contribuye a afectar su calidad de vida, al sentir que no puede realizar sus actividades por sí mismos.

El envejecimiento se caracteriza por cambios y transformaciones producidos por la interrelación entre factores intrínsecos (genéticos) y extrínsecos (ambientales), protectores o agresores (factores de riesgo) a lo largo de la vida. Estos cambios se manifiestan en pérdidas del estado de salud, condicionantes de su deterioro funcional, lo cual lleva al anciano a situaciones de incapacidad, tales como dismovilidad, inestabilidad y deterioro intelectual.

No hay que olvidar que los factores indispensables que influyen en las condiciones del envejecimiento también serán los que contribuyen a problemas socioeconómicos, la autorregulación y la adaptación a las demandas ambientales. Teniendo en consideración que el organismo envejece, se transforma y va perdiendo progresivamente sus facultades, pero este proceso se produce a un ritmo diferente en cada persona. En el envejecimiento ocurren cambios morfológicos, psicológicos y funcionales, lo que requiere de un proceso de adaptación del individuo a los mismos.

Los cambios resultantes del envejecimiento poblacional proporcionan una nueva visión sobre el cuidado de los adultos mayores, priorizando su independencia funcional y autonomía. El manejo debe ser interdisciplinario e integrar los aspectos preventivos, terapéuticos, rehabilitadores, sociales y familiares.

Velandia (1994) define la 'Calidad de vida del adulto mayor' como "la resultante de la interacción entre las diferentes características de la existencia humana (vivienda, vestido, alimentación, educación y libertades humanas); cada una de las cuales contribuye de diferente manera para permitir un óptimo estado de bienestar, teniendo en cuenta el proceso evolutivo del envejecimiento, las adaptaciones del individuo a su medio biológico y psicosocial cambiante, el cual se da en forma individual y diferente; adaptación que influye en su salud física, fallas en la memoria y el temor, el abandono, la muerte, la dependencia o la invalidez."

Metodologías para la Evaluación de la Dependencia

La valoración geriátrica de la funcionalidad y grado de dependencia permite identificar la condición del adulto mayor, con el propósito de diseñar planes de cuidados individuales, con acciones encaminadas a su autocuidado, otorgando protagonismo según sus preferencias; supone potenciar la motivación y cambio de comportamiento acorde a sus capacidades, que generen algún grado de autonomía e independencia elemental.

Para determinar el comportamiento de la dependencia del adulto mayor, se suelen considerar variables como la edad, el sexo, los antecedentes personales y el grado de dependencia. Se utilizan métodos estadísticos como el porcentaje, la media y la desviación estándar para el análisis de los datos.

Para la clasificación y graduación de la dependencia, se aplica la escala de clasificación y graduación de la dependencia de la OMS, que permite la clasificación internacional del funcionamiento, la dependencia y la salud. Esta escala cuenta con cinco niveles de discapacidad, asociados a intervalos porcentuales, que se aplican a las puntuaciones obtenidas en toda escala que mida problemas relacionados con discapacidad:

  • 0-4 %: no hay problemas
  • 5-24 %: problemas ligeros
  • 25-49 %: problemas moderados
  • 50-95 %: problemas graves
  • 96-100 %: problema completo o total

Esta clasificación establece el nivel de discapacidad/funcionamiento del adulto mayor.

Esquema de la escala de clasificación de dependencia de la OMS con porcentajes y niveles de problemas

Estudios de Dependencia y Adaptación en Contextos Específicos

Dependencia en Hogares de Ancianos: Caso "Lidia Doce Sánchez"

Un estudio descriptivo transversal se realizó en el Hogar de ancianos “Lidia Doce Sánchez”, de Bayamo, provincia Granma, durante los meses de mayo a julio de 2020, con el propósito de determinar el comportamiento de la dependencia del adulto mayor institucionalizado.

Los resultados indicaron que prevaleció el sexo masculino (72,7 %) y una edad promedio de 76,5 ± 9,9 años. En la población gerontológica estudiada, predominó el grupo etario de 70 a 79 años (34,1 %), seguido del grupo de 80 a 89 (27,3 %). La razón por sexo fue de 2:7 hombres por cada mujer.

El principal antecedente personal fue la Hipertensión arterial (65,9 %), seguida de la discapacidad físico motora (16,7 %), cardiopatía isquémica (12,9 %) y de diabetes mellitus (11,4 %).

En cuanto al grado de dependencia, 42 (31,8 %) de los adultos mayores eran independientes para realizar las actividades de la vida diaria. Sin embargo, el 68,2 % de la población geriátrica mostró la necesidad de asistencia para estas actividades. De ellos, 38 (28,8 %) presentaron problemas ligeros y 31 (23,5 %) problemas moderados. Del total de gerontes, 21 presentaron problemas graves y totales, lo que los hace ser completamente dependientes para realizar las actividades de la vida diaria. Los grados ligeros (42,2 %) y moderados (34,4 %) dominaron entre los dependientes, predominando las edades comprendidas entre 70 y 89 años.

Se concluyó que los adultos institucionalizados en el Hogar de Ancianos “Lidia Doce” de Bayamo, del sexo masculino y edades comprendidas entre 70 y 89 años, son dependientes para realizar actividades básicas de la vida diaria.

Gráfico de barras mostrando la distribución de grados de dependencia por sexo en adultos mayores institucionalizados

Factores Asociados a la Dependencia

La edad es una variable influyente en los procesos biológicos, pues resume todos los cambios ligados al envejecimiento. Diversas bibliografías reportan que los adultos en estos grupos de edades (70-89 años) son los que presentan mayor inmovilización. Esto se debe fundamentalmente a que, independientemente de la inestabilidad postural y la dificultad para deambular, con la edad aparecen fisiológicamente otras entidades clínicas que son responsables de su inmovilización posterior. Por ejemplo, surge el vértigo benigno de posición y ocurren modificaciones en el sistema osteomioarticular y el nervioso, con las consecuencias negativas sobre la movilidad en estas personas.

Los estudios epidemiológicos realizados a nivel mundial demuestran una tendencia ascendente en la incidencia y prevalencia de las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT) como la diabetes, la enfermedad coronaria, la obesidad y la hipertensión arterial, entre otras. Esto se posiciona como un indicador importante en la morbimortalidad de la población general y se acentúa en la población mayor.

Las personas mayores de 65 años no institucionalizadas presentan como patologías crónicas prevalentemente osteoartrosis, hipertensión arterial y problemas auditivos, mientras que los que residen en geriátricos presentan patología cardiovascular y/o cerebrovascular, desórdenes mentales y deterioro cognitivo. El envejecimiento también trae consigo una carga de importante enfermedad crónica, donde las enfermedades cardiovasculares, de salud mental y el cáncer se ubican entre las prevalentes.

Villalobos Ditrans observa que la prevalencia de dependientes en cada grupo de edad aumenta con la edad, superando el 10 % de la población a partir de los 70 años. Considerando el total de dependientes, el 33 % presentan dependencia leve, el 43 % moderada y el 24 % severa. Sin embargo, la dependencia severa es mucho más prevalente en edades tempranas (entre 15 y 25 años) y a partir de los 80 años, edad en la que el porcentaje de dependientes leves se reduce de manera importante. Los datos muestran que la prevalencia de la dependencia aumenta progresivamente con la edad, incrementándose abruptamente a partir de los 70 años, y a partir de esta edad, también aumenta su nivel de severidad.

La Adaptación a la Institucionalización y el Rol del Entorno

La literatura científica sobre el fenómeno de la adaptación del adulto mayor a la situación de institucionalización menciona que la persona se ve afectada por diversas razones, como la modificación en las relaciones familiares, la diferencia económica y la poca aceptabilidad del estado e integración del adulto mayor al sistema de salud. Lo antes mencionado lleva a la familia a valorar con más fuerza el trasladar al adulto mayor a una institución, que, si bien, estas deben cumplir con la función de brindar atención y cuidar a todos los ancianos que, por diferentes razones, no pueden estar con sus familias.

La realidad muestra que en muchos casos, el adulto mayor es víctima de abandono por parte de la propia familia, ya que son considerados una molestia o carga dentro del grupo familiar. Esta idea los lleva a buscar una institución que se haga cargo de ellos para su cuidado, lo que ocasiona en el adulto mayor baja adaptación a la nueva situación, que lo lleva a trastornos psicológicos y disminución de la calidad de vida.

El Modelo de Adaptación de Roy

Una de las posturas para estudiar la adaptación a los cambios que se producen en la institucionalización del adulto mayor es el modelo de adaptación de Roy. Este modelo describe a las personas, en este caso el adulto mayor, como sistemas adaptativos que reciben estímulos del medio ambiente y los procesan por medio de mecanismos de afrontamiento, dando como resultado respuestas fisiológicas, psicológicas y sociales que pueden ser adaptativas o ineficaces. Este modelo se considera adecuado para probar relaciones y proposiciones debido a que contempla los aspectos biopsicosociales y su interrelación, considerando los estímulos del medio ambiente y los procesos de afrontamiento en la persona.

Diagrama explicativo del Modelo de Adaptación de Roy

Experiencias en la Adaptación a la Institucionalización

Un estudio cualitativo descriptivo con estudio de caso, realizado en una institución para adultos mayores de la ciudad de Puebla, buscó explorar las experiencias de adultos mayores en su proceso de adaptación a la institucionalización. La muestra estuvo conformada por tres participantes, adultos de 60 años y más, con más de un año de ingreso al asilo. Las entrevistas fueron realizadas a un varón de 72 años y dos mujeres de 68 y 76 años.

Cuando un adulto mayor es ingresado a un asilo, puede atravesar por diferentes desafíos, que incluyen dejar el hogar, el proceso inicial de adaptación o la ausencia de amigos y familiares. Todo esto en conjunto puede captar por completo la atención de la persona, obligándolo a gastar energía intentando adaptarse al nuevo entorno, por lo que es importante realizar ajustes.

Se identificaron experiencias en las que la persona logró generar lazos de amistad consistentes con otras personas dentro de la institución, lo que puede aportar a los procesos de adaptación. Las amistades generadas tienen la disposición de escuchar y hacer sentir valorado y cuidado al participante, situación importante cuando se busca adaptación. Las relaciones sociales se consideran de gran importancia en la vida de las personas; en el adulto mayor institucionalizado, se incluyen las interacciones relativas al ofrecimiento y recepción de amor, respeto y valor. El Modelo de Adaptación de Roy lo aborda desde la perspectiva del modo de interdependencia, donde la necesidad básica recae en la integridad de las relaciones.

Un tema importante fue que los adultos mayores refieren andar por un camino desconocido; cuando el adulto mayor ingresa a un asilo, difícilmente presenta un sentido de pertenencia al nuevo contexto. Esto se debe a distintos factores, como el aislamiento y la lejanía de su familia y hogar, donde quedaron amigos, lugares, recuerdos y personas de importancia.

El objetivo de este estudio fue explorar las experiencias del adulto mayor en su proceso de adaptación a la institucionalización, argumentando que la adaptación del adulto mayor que reside en un hogar para ancianos es un largo proceso que puede verse influenciado por situaciones multifactoriales, como la sociedad, la propia percepción del entorno, y factores ambientales y personales.

Fundación Psicóloga de Abuelos | Entrevista Tu Salud Guía

Estrategias de Adaptación en Entornos Urbanos

El estudio reflexiona sobre las estrategias de adaptación a los entornos urbanos en el envejecimiento, con alusiones a América Latina. Los resultados indican la existencia de problemas derivados del reduccionismo analítico y la simplificación de los modelos teóricos sobre la adaptación ambiental y el envejecimiento. La desadaptación está determinada por las capacidades personales (exclusión social, discapacidad y dependencia) y, principalmente, por los problemas físico-sociales urbanos.

La investigación indica que los genes y, sobre todo, el ambiente físico y social determinan los años de vida, aunque existe información limitada de sus conexiones con la calidad de vida en el envejecimiento. En las últimas cuatro décadas se ha reconocido la necesidad de construir conocimiento de carácter multidisciplinar que dé cuenta precisamente de cómo interactúan los entornos físico-sociales en el proceso de envejecimiento, lo que dio lugar al desarrollo de la gerontología ambiental.

Esta disciplina se nutre de campos como la geografía humana, la psicología, la sociología, la antropología y, por supuesto, la gerontología. Desde este enfoque, los trabajos indican que la persona de edad avanzada tiene menores capacidades de adaptación para enfrentar las presiones del ambiente residencial y urbano (Lawton, 1986). El proceso de envejecimiento se presenta de forma diferente en cada contexto físico y social, como entornos rurales y urbanos (viviendas y barrios) (Golant, 1986).

En las ciudades, las presiones ambientales físicas y sociales se incrementan, limitando las capacidades de adaptación de las personas adultas mayores al condicionar sus actividades de la vida cotidiana y sus relaciones sociales (Feldman y Steptoe, 2004; Lang, Llewellyn, Langa, Wallace y Melzer, 2008; OMS, 2016). En los ambientes urbanos degradados, las personas envejecidas son vulnerables a los problemas de exclusión social, discapacidad y dependencia, ya que presentan menos activos y estrategias para poder enfrentarlos (Smith, 2009). Asimismo, muchos de los problemas de adaptación que presentan las personas con discapacidad se deben a los efectos del ambiente, más que a sus limitaciones personales (Hahn, 1987).

En América Latina, los gobiernos locales tienen poca capacidad de respuesta para enfrentar el desafío de adaptar los ambientes urbanos problemáticos a una población que envejece en situación de vulnerabilidad social (Bello, 2013). Existe además un conocimiento limitado de las interacciones persona-ciudad y las estrategias de adaptación ambiental encaminadas a impulsar el envejecimiento activo y saludable en el lugar (Batistoni, 2014; Sánchez-González, 2015).

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