Charles-Louis de Secondat, barón de La Brède y de Montesquieu, fue un pensador político francés del siglo XVIII cuyas ideas, plasmadas en obras como "El espíritu de las leyes", contribuyeron decisivamente a lanzar el movimiento de la Ilustración en Europa y sentaron las bases de la sociología política moderna.

Vida y Obra Temprana de Montesquieu
Charles-Louis de Secondat nació el 18 de enero de 1689 en el castillo de La Brède, próximo a Burdeos. Su familia, perteneciente a la antigua nobleza de la Guyena, hacía apenas dos generaciones que se había incorporado a la nobleza de toga, la noblesse de robe, llamada así por prosperar en el desempeño de las magistraturas públicas, que entonces se compraban y vendían.
Al ejercicio de las leyes se encaminó su formación, estudiando Derecho en la Universidad de Burdeos. Tras graduarse en 1708, empezó su carrera legal y practicó en el Parlamento de Burdeos, una corte del rey, convirtiéndose en juez en 1714. En 1715 se casó con Jeanne de Lartigue, una mujer de medios independientes con quien tuvo tres hijos. En 1716, siguiendo la peculiar costumbre en Francia de heredar títulos legales, Montesquieu heredó tanto la baronía de Montesquieu como la posición de Président à mortier en el Parlamento de Burdeos de un tío. Heredó el título de la baronía de La Brède en 1696. Vivía de las rentas de la hacienda familiar en La Brède, que incluía grandes áreas de granja y viñedos, donde pasaba la mayor parte de su tiempo.
Montesquieu había estado interesado desde hacía tiempo en conocimientos más allá del derecho. Había sido elegido a la Academia de Burdeos en 1716. Su interés académico se enfocó primero en las materias de historia natural y física, lo que sugiere que le atrajo la regularidad y normas de la naturaleza, algo que posteriormente aspiraba a aplicar en la filosofía política.
Las Cartas Persas y la Crítica Social
En 1721, Montesquieu publicó en Ámsterdam, de forma anónima, las Cartas Persas, un retrato satírico de la sociedad europea a través de los ojos de dos viajeros orientales, lo que supuso su inmediato triunfo en el mundo de las letras. Esta obra, que constituye el principio de lo que consideramos actualmente sus pensamientos en relación con la Ilustración, logró presentar los temas más serios de una manera entretenida, rompiendo con la tradición de enormes libros de estudio. Montesquieu usa personajes ficticios de dos nobles persas que viajan por Francia y que se corresponden por correo con amigos y esposas en su país de origen como modo de presentar todo tipo de ideas, incluyendo una historia de amor en el libro.
Las Cartas Persas se publicaron anónimamente en los Países Bajos, quizás porque el autor no sabía cuán radicales se percibirían sus ideas, como la crítica velada a la naturaleza autoritaria de una monarquía absolutista. En este libro, Montesquieu presenta sus ideas a través de una crítica al Gobierno persa, pero lo que realmente quiere expresar es un aviso sobre cómo el Gobierno de Francia podría descender en el totalitarismo en el que los súbditos son poco más que esclavos. El libro también critica las religiones, ya que varios credos confirman tener la verdad absoluta, lo que es imposible (solo una puede estar en lo cierto). La razón se presenta como una herramienta mejor que la fe para gobernar cómo podemos vivir moralmente, aunque Montesquieu fomenta la tolerancia a las diferentes creencias.
En su opinión, «el primer objetivo de una persona religiosa tiene que ser complacer a la divinidad que estableció la religión que profesa. Pero la mejor manera de llegar a ese objetivo es, sin ninguna duda, respetando las normas de la sociedad y las obligaciones de la humanidad». Por encima de todo, el derecho natural debía gobernar el pensamiento de la humanidad, y la dignidad del individuo (tanto hombres como mujeres) debía ser primordial para los gobernantes.
Viajes y "Consideraciones sobre los Romanos"
Los salones de París le abrieron sus puertas, y allí residió durante un tiempo hasta que, tras ingresar en la Academia Francesa y vender en 1728 la presidencia del Parlamento (un cargo burocrático poco compatible con su curiosidad e intereses), emprendió un largo viaje por Europa. Entre los años 1728 y 1731, Montesquieu abrió sus horizontes y viajó a Alemania, Austria, Italia, los Países Bajos e Inglaterra, donde permaneció dos años. Su mujer, quizás de manera significativa, no lo acompañó en estos viajes. En 1731 se estableció de nuevo en su hogar para organizar sus ideas sobre cómo formar un sistema político ideal.
Mostró gran interés por aprender sobre otros sistemas políticos del pasado y llegó a publicar en 1734 su valoración de la antigua Roma en su libro Consideraciones sobre las causas de la grandeza y la decadencia de los romanos. Las Consideraciones, que trazan la historia de Roma desde sus orígenes hasta la crisis del Imperio bizantino en el siglo XIV, constituyen un hito en el análisis racional del pasado. Esta aproximación de Montesquieu al estudio del pasado, sumada a sus conocimientos de derecho, de historia antigua y medieval y de las instituciones políticas, en especial de las inglesas, se halló en la base de su obra cumbre, "El espíritu de las leyes".
El Espíritu de las Leyes: La Cúspide del Pensamiento Social
Cuando ya se habían sucedido siete ediciones de "Consideraciones", apareció en 1748 El espíritu de las leyes, que conoció un éxito fulminante, con más de veinte ediciones en dos años. La gran obra de Montesquieu fue bien recibida por los pensadores ilustrados y vendió muchas copias para ser una obra académica. El historiador N. Hampson anotó que el libro «se publicó en 22 ediciones en dieciocho meses de publicación, lo que suponía ventas de unas 35.000 copias».
El Nacimiento de la Sociología Política
La obra de Montesquieu marca el nacimiento de la sociología política, con la investigación de los fundamentos de las formas de gobierno. Su estudio de las sociedades antiguas y contemporáneas, con las ventajas y desventajas de sus sistemas políticos, impulsó un nuevo enfoque para encontrar mejores maneras de gobernar un país. Este estudio, que también llevaron a cabo otros pensadores de la Ilustración, tenía su origen en la Revolución Científica (1500-1700), en la que los científicos trataron de explicar el mundo utilizando lo que hoy llamaríamos leyes universales, matemáticas, hechos y razón. Si la naturaleza tiene leyes, como por ejemplo la gravedad, entonces la humanidad, que es parte de la naturaleza, también tiene que tener una moral y códigos universales.
Posiblemente, una de las mayores contribuciones de Montesquieu al movimiento de la Ilustración sea que, armado con la razón y la «ciencia», proporcionó un patrón a seguir para encontrar el sistema político ideal estudiando todos los aspectos del comportamiento de la humanidad y la sociedad. Su obra es considerada en muchos sentidos la primera teoría social moderna, buscando descubrir las leyes que se manifiestan a través de los hechos sociales.
Montesquieu distinguió tres formas de gobierno principales:
- La monárquica, sustentada en el honor.
- La republicana, asentada en la virtud.
- La despótica, que descansa en el temor.
Estas formas de gobierno, en su opinión, dependen de factores como las tradiciones culturales, la economía, la geografía o el clima. Atribuyó una influencia determinante a factores como la geografía y el clima sobre las sociedades, considerándolos elementos cruciales en la configuración de la sociedad y la política. Además, Montesquieu consideró como modelo ideal el de la monarquía parlamentaria inglesa, en el que existen poderes que limitan la voluntad del príncipe.

La Teoría de la Separación de Poderes
Tras analizar estas tres principales formas de gobierno, Montesquieu concluye en "El espíritu de las leyes" que la separación de poderes es imprescindible para garantizar tanto el equilibrio entre los mismos como los derechos y las libertades de las personas. De ahí que se le conozca como "el padre de la división de poderes". Una idea esencial de "El espíritu de las leyes" es la separación de poderes; es decir, la idea de que un sistema de gobierno en el que las diferentes ramas están separadas y son independientes entre ellas limita el abuso potencial de los derechos de los ciudadanos.
Montesquieu no fue el primer filósofo en proponer esta idea, que ya había sido introducida por el filósofo inglés John Locke (1632-1704) en su libro "Dos tratados sobre gobierno civil", publicado en 1690. Montesquieu desarrolló esta teoría y consideraba que el poder ejecutivo (el rey), el legislativo (el Parlamento popular) y el judicial (las leyes) deberían estar separados para poder preservar la libertad individual. Si se concentra demasiado poder en una de las ramas, particularmente la ejecutiva, el resultado es el despotismo.
El historiador R. Robertson resume así las funciones de los tres poderes en esta idea de Montesquieu: «El poder de concretar qué dicen las leyes debe recaer en un cuerpo; el poder de ejecutarlas o hacerlas cumplir en otro cuerpo; y el juzgar si estas leyes se han ejecutado correctamente o no en un tercero». Montesquieu consideraba que el mejor ejemplo, aunque imperfecto, de lo que se necesitaba para llevar la separación de poderes a la práctica era el modelo inglés, donde la monarquía, la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes compartían el poder judicial.
A Montesquieu le preocupaba principalmente la situación política en Francia y toda su obra es una reflexión de los tiempos revueltos que vivía el país, que acabaría desembocando en la Revolución francesa de 1789. El filósofo estaba ansioso por mantener el estatus de la clase alta a la que pertenecía y que veía peligrar por la monarquía autoritaria por encima y una población rebelde por debajo. Cuando pedía un equilibrio del poder, no quería un cambio completo del sistema de gobierno francés, sino que más bien proveía un modo en que la monarquía y la aristocracia pudieran trabajar mejor juntas, ya que ambas eran el público principal de sus obras.
El espíritu de las leyes de Montesquieu FÁCIL (Naturaleza y formas de gobierno, leyes positivas)
Factores Determinantes de las Sociedades y las Leyes
Montesquieu señaló que «la humanidad está gobernada por muchas cosas: clima, religión, leyes y preceptos del Gobierno, historia, hábitos, maneras. De la suma de estos emerge un espíritu general». Su pensamiento político atribuyó una influencia determinante a la geografía y el clima sobre las sociedades. El filósofo político francés distinguió entre ley y costumbre. La ley es una regla establecida por un gobernante, pero la costumbre brota de una fuente distinta; de hecho, las costumbres, y no las leyes, regulan la conducta en muchas sociedades.
Abogado y juez ante todo, Montesquieu abogaba por la moderación a la hora de abandonar leyes bien establecidas. Consideraba que las leyes que, aunque no sean perfectas, «solo deben tocarse con manos temblorosas». Las leyes varían en consonancia con la naturaleza de los distintos pueblos y, por lo tanto, pueden estar sujetas a error.
Montesquieu se preocupó de explicar en su obra cómo había evolucionado el sistema político para que el pueblo al que gobernaba pudiera entender por qué existían ciertas instituciones y leyes; de nuevo, como modo de justificar un sistema político imperfecto. Sus estudios abarcaban sociedades totales, no solo sistemas políticos, y se basaban en la observación tanto de sus diferencias como de sus semejanzas. El razonamiento subyacente en esta clasificación es válido todavía hoy. Una de las aportaciones más importantes de Montesquieu fue la postulación de la existencia de regularidades en las sociedades, entendiendo que las características específicas de estas varían según el tiempo y el lugar. Estableció tipologías que representaban tipos de organización social más amplios, no solo de organización política.
Visión de una Sociedad Justa: Libertad y Comercio
Una de sus preocupaciones era que los Gobiernos debían permitirle al pueblo convertirse en mejores ciudadanos. Consideraba que la mejor manera de conseguirlo era garantizar dos conceptos que, a su parecer, eran inherentemente positivos: libertad y justicia. Estos eran esenciales precisamente porque un buen Gobierno no es lo única cosa que se necesita. Montesquieu afirmó que «en el estado de naturaleza… todos los hombres nacen iguales, pero no pueden continuar en esta igualdad» y que «la experiencia demuestra que todo hombre que tiene poder es apto a abusarlo».
En el entorno político adecuado, las personas trabajarían naturalmente por el bien general de la sociedad, ya que Montesquieu creía que la naturaleza debía haber previsto que las personas vivieran en sociedades pacíficas porque poseen un deseo y un talento para la interacción social y un código moral instintivo. Además, Montesquieu escribió que una sociedad funcionaría si el Gobierno se lo permite, dado que «todo el mundo busca el bien común con la impresión de estar siguiendo su propio interés privado».
De modo similar, propuso tolerar la religión porque creía que el objetivo de los cristianos (y otros creyentes) debe ser complacer a Dios siendo buenas personas; de este modo, las creencias religiosas no evitan que se creen buenos Gobiernos o ciudadanos. Consideraba que los negocios y el comercio también son beneficiosos para la sociedad, dado que ayudan a cohesionarla. El deseo de comerciar asegura que diferentes sociedades y grupos de la misma sociedad mantengan relaciones pacíficas para que se puedan realizar más negocios de forma más rentable.
Por último, Montesquieu consideraba que otras sociedades, que entendía como organismos naturales, compartían esencialmente las mismas aspiraciones, por lo menos en Europa. Por ello, se describió a sí mismo como «un hombre por necesidad y francés por accidente».
Repercusión y Legado del Pensamiento de Montesquieu
Aunque no publicó con su nombre sus dos obras más importantes para evitar problemas con la Corona y con la Iglesia, "El espíritu de las leyes" fue condenado por la Sorbona y en 1752 Roma lo incluyó en el Índice de libros prohibidos. Recibió críticas por parte de algunas figuras de la Iglesia que al final consiguieron añadirlo al Índice de libros prohibidos de la Iglesia católica en 1751, esto a pesar de que Montesquieu se les adelantara escribiendo una apasionada defensa de sus ideas el año anterior en "Defensa de «El espíritu de las leyes»".
Sus ideas contribuyeron a lanzar el movimiento de la Ilustración en Europa. El pensamiento de Montesquieu influyó particularmente en Catalina II de Rusia, quien admitió haber plagiado al autor de "De l'esprit des lois" para escribir el Nakaz, un tratado de filosofía política publicado en 1767.
En términos más prácticos, las ideas de Montesquieu sobre la necesidad de libertad, la separación de poderes, que los Gobiernos permitan en vez de obligar, y que las repúblicas se unan bajo una federación para reforzarse mutuamente, tuvieron una gran influencia en los líderes de las Trece Colonias en Norteamérica que deseaban separarse del Imperio británico y formar su propio sistema de gobierno conjunto. Los colonos sacaron varias citas de "El espíritu de las leyes" que veían particularmente relevantes y aplicables al rey Jorge III de Gran Bretaña, como «la experiencia demuestra que todo hombre que tiene poder es apto a abusarlo» y «es necesario, por la propia naturaleza de las cosas, que el poder sea un control del poder» (Libro XI, capítulo 4).
Montesquieu murió en París el 10 de febrero de 1755. Mientras vivía, Montesquieu era deísta; es decir, alguien que creía en Dios como creador, pero que, como un relojero que después abandona su trabajo, Dios no está disponible en el mundo que ha creado. De modo que la religión y todas sus ceremonias y rituales están al servicio de la necesidad de los hombres más que de Dios. De todos los filósofos de la Ilustración, Montesquieu «fue probablemente aquel cuya obra más se apreció y aceptó en el siglo XVIII y el menos polémico». Para ser un pensador político moderado, su obra fue celebrada por revolucionarios, tanto en Francia como en Estados Unidos. Los gobernantes también estaban interesados en sus ideas nuevas.
La idea de la separación de poderes propuesta por Montesquieu continúa inspirando a aquellos que buscan Gobiernos más justos y, a través de medios como Parlamentos autónomos, un sistema político donde cada poder del Estado está limitado por los demás. Hoy en día Montesquieu se considera uno de los filósofos políticos más importantes de la historia y, sin duda, de la Ilustración francesa, en cuyo contexto forma parte del cuarteto inseparable de filósofos junto con Voltaire (1694-1778), Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) y Denis Diderot (1713-1784). Los cuatro se han convertido en componentes esenciales de cualquier plan de estudios que abarque la filosofía política.