Antaño se pensaba que los derrames cerebrales sólo ocurrían en humanos, pero los accidentes cerebrovasculares (ACV) en pequeños animales se diagnostican con más frecuencia hoy en día debido a la mayor disponibilidad de resonancias magnéticas (RM) para mascotas. Resulta que estos eventos son bastante comunes en nuestros amigos animales, por lo que es vital reconocer los síntomas para actuar con rapidez.

¿Qué es un accidente cerebrovascular en perros?
Al igual que en las personas, un ictus en perros se produce cuando se interrumpe el flujo sanguíneo a una parte del cerebro. Esto priva de oxígeno a las células nerviosas y sus vías, lo que puede causar desde daños leves hasta la muerte celular. Existen dos tipos principales:
- ACV isquémico: Ocurre por una obstrucción (embolia o trombosis) que bloquea el paso de sangre.
- ACV hemorrágico: Se produce cuando un vaso sanguíneo se rompe, causando sangrado intracraneal y presión sobre el tejido cerebral.
Causas y factores de riesgo
Los ictus ocurren generalmente en perros de edad avanzada y suelen ser secundarios a trastornos metabólicos crónicos. No obstante, alrededor del 50% de los accidentes cerebrovasculares en perros no tienen una causa subyacente identificable.
Factores predisponentes
| Categoría | Posibles causas |
|---|---|
| Enfermedades subyacentes | Endocarditis, neoplasias, erliquiosis, hipertensión arterial. |
| Desequilibrios metabólicos | Hipotiroidismo, diabetes mellitus, hiperadrenocorticismo, hipercolesterolemia. |
| Predisposición racial | Cavalier King Charles Spaniel, Galgos y Mini Schnauzers presentan una mayor incidencia. |
Síntomas: Cómo identificar una emergencia
Los accidentes cerebrovasculares ocurren repentinamente sin previo aviso. Generalmente no son dolorosos, pero causan un inicio abrupto y severo de signos neurológicos. Entre los síntomas más comunes se incluyen:
- Desorientación: Caminar en círculos, presionar la cabeza contra paredes u objetos.
- Problemas de equilibrio: Inclinación de la cabeza, caídas hacia un lado o incapacidad para mantenerse en pie.
- Déficits motores: Debilidad extrema en un lado del cuerpo, pisar espasmódicamente más alto de lo normal o hemiparesia.
- Alteraciones sensoriales y mentales: Ceguera aguda, convulsiones, cambios bruscos de comportamiento (irritabilidad, retraimiento) o estados de estupor.
- Signos inespecíficos: Pérdida de apetito o vómitos.
Medicina Animal |Enfermedades neurológicas en mascotas
Diagnóstico profesional
Los síntomas neurológicos indican dónde se encuentra el problema, pero no necesariamente qué es. Por ello, solo un neurólogo veterinario puede diagnosticar la afección con precisión.
El proceso suele incluir:
- Análisis de sangre y bioquímica completa para detectar desequilibrios.
- Evaluación cardíaca (ECG, ecocardiograma) y radiografías.
- Pruebas de imagen avanzada: La resonancia magnética (RM) y la tomografía computarizada (TC) son esenciales para observar el tejido cerebral.
- Análisis de líquido cefalorraquídeo para descartar otras patologías graves del sistema nervioso.
Tratamiento y recuperación
Si el perro sufre un ictus, la estabilización inmediata es la prioridad. El tratamiento se centra en la causa subyacente:
- En casos de ictus isquémico, se pueden emplear anticoagulantes o medicamentos para reducir la hinchazón cerebral (como manitol).
- Si existe hipertensión, se prescribirán fármacos específicos para controlarla.
- Los cuidados de apoyo, junto con una dieta adecuada, son fundamentales para la recuperación.
Rehabilitación
El pronóstico a largo plazo es generalmente bueno, ya que los perros son resistentes. La rehabilitación puede incluir ejercicios de movilidad, terapia acuática y estimulación cognitiva para ayudar a recuperar la funcionalidad, especialmente en zonas de penumbra isquémica donde el tejido no ha sufrido daños permanentes.
Recuerde: Un ictus es una emergencia médica. Mantenga la calma, evite mover al perro innecesariamente y busque atención veterinaria urgente para asegurar las mejores posibilidades de recuperación.