Las actividades de siembra y jardinería ofrecen un entorno enriquecedor y terapéutico para niños y personas con discapacidad, promoviendo su desarrollo integral y la inclusión social. Diversas iniciativas y proyectos demuestran cómo estas prácticas no solo fortalecen habilidades físicas y cognitivas, sino que también mejoran la calidad de vida y fomentan los vínculos sociales.
Proyectos Innovadores y Tecnología para la Inclusión
El Proyecto de Transformación Digital “Huerto social” ha puesto el foco en la creación de huertos urbanos más accesibles, aprovechando la aplicación Mefacilyta de Fundación Vodafone. Esta herramienta digital busca acercar las nuevas tecnologías a la comunidad del huerto social. Usuarios del proyecto, como los de Down Zaragoza, incluso están enseñando a manejar Mefacilyta a los abuelos que tienen huertos vecinos. Para acceder a la aplicación, solo es necesario descargarla e instalarla en un móvil con Android, activar el modo anónimo en la opción de Credenciales, guardar y pulsar en Entrar.

Taller de Inclusión de Huerta y Jardinería en La Plata
Desde el año 2005, la Secretaría de Desarrollo Social de la Municipalidad de La Plata, bajo la coordinación de la Dirección de Integración, lleva adelante el “Taller de inclusión de huerta y jardinería para personas con discapacidad y/o en exclusión social”. Este taller tiene como objetivo primordial promover la inclusión social de personas con capacidades diferentes y aquellas en riesgo de exclusión, posibilitando su integración en entornos laborales. Aplica el principio de plena participación e igualdad, mejorando la calidad de vida y fomentando los vínculos sociales. La intervención profesional en este taller se realizó utilizando metodologías cualitativas como entrevistas y técnicas de observación participante, así como registros personales, permitiendo una contextualización y un diagnóstico del espacio, identificando un problema central, sus causas y consecuencias mediante la técnica del “árbol de problemas”.
La Huerta como Espacio Terapéutico en Posadas
El Instituto Municipal de Rehabilitación (Imefir), dependiente de la Municipalidad de Posadas, brinda atención y contención gratuita a personas de todas las edades con discapacidades motrices, madurativas, problemas de aprendizaje y traumatismos. La institución cuenta con trabajadores sociales y nutricionistas para el seguimiento de pacientes. Un proyecto de huerta, que se hizo efectivo en los últimos días de agosto tras meses de planificación, ha demostrado que los niños se abren más realizando esta actividad que en el consultorio. Profesionales del Imefir observan cómo lo vivencial refuerza el aprendizaje de los chicos, manifestándose en sus ganas de ir a la huerta y ver el progreso de sus plantas.
Para ilustrar los beneficios, un señor de 45 años con retraso madurativo, "como un niño de cinco años", se divierte mucho en la huerta. Otro caso es el de un niño con autismo que, en consultorio, apenas hablaba y no se interesaba por los demás, mostrando una mejora notable con esta actividad. El espacio de la huerta, aunque actualmente pequeño, planea ampliarse para ocupar todo el área verde lindante al portón de entrada. Uno de los objetivos adicionales de esta iniciativa es concientizar sobre la importancia de la alimentación saludable, ya que de las huertas agroecológicas se obtienen vegetales y hortalizas sanos y frescos para mejorar las condiciones nutricionales. El Imefir prioriza la atención de niños y adultos que carecen de obra social.

Talleres de Huertas Agroecológicas en Yungas
En el Centro Integrador Comunitario (CIC) de la localidad de Yungas, se llevó a cabo un taller de Huertas Agroecológicas, dirigido a personas con discapacidad en La Esperanza. Este taller, a cargo de autoridades de la Secretaría de Asistencia Directa y Calidad de Vida del Ministerio de Desarrollo Humano, abordó la importancia de la alimentación saludable, la siembra y la cosecha. Al finalizar, se entregaron semillas de temporada primavera-verano, incluyendo perejil, poroto, albahaca, berenjena, zapallitos, tomate, maíz blanco, lechuga, acelga, zapallo, melón y sandía, para que los participantes pudieran comenzar con la siembra.
ACONIR: Un Espacio Terapéutico con 15 Años de Experiencia
En ACONIR (Asociación Colombiana Pro Personas con Discapacidad Cognitiva), Liliana Sanabria, terapeuta ocupacional, trabaja con niños en un invernadero para cosechar cultivos. Las instrucciones son claras: cosechar tomates -solo los rojos- de manera ordenada, tomando la planta con todos los dedos y haciendo rodar el fruto repetidamente hasta desprenderlo del tallo. Cada niño trabaja en su propia hilera, depositando los frutos en una canasta. Quince minutos después, los frutos maduros están cosechados. La producción de la huerta se destina al autoconsumo, y una parte se utiliza para la alimentación de los usuarios y otra se vende para generar ingresos adicionales.
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Esta escena se repite desde hace más de 15 años, cuando se construyó el invernadero donado por CONADES. Sanabria ha trabajado para que las personas con discapacidad cognitiva tengan un espacio terapéutico donde obtengan beneficios físicos, psicológicos y sociales. La terapeuta destaca que no solo se trabaja la operatividad con actividades repetitivas, sino también la toma de decisiones y el control de emociones. "Es bonito poder ver la conexión que los niños establecen con las plantas porque es algo único, debido a que incluso en ocasiones, lo que se logra aquí, es difícil de lograr con otras actividades", afirma.
ACONIR fue fundada en mayo de 1963 por padres de hijos con discapacidad cognitiva en un contexto de exclusión social. La organización surgió como un espacio inclusivo para que estos niños pudieran desarrollar sus capacidades a través de estrategias terapéuticas innovadoras. En 1971, ACONIR se estableció en el barrio Tuna Baja, Suba, donde por años se interactuó con animales y se cultivaron productos. Con la llegada de Sanabria, el proyecto de huerta se formalizó y estructuró. Dentro del invernadero, se sembraron ají, tomate de guiso, perejil, apio, quinua, brócoli, sábila y yuca. Adicionalmente, se montó un espacio para cultivar maíz, calabaza, un injerto de naranja con limón, curuba, tomate de árbol, feijoa, brevo, papa y eugenia. En otra zona verde, se acondicionó un lugar especial para plantas aromáticas y medicinales como toronjil, hierbabuena, menta, albahaca, caléndula y tomillo.
Liliana Sanabria tiene planes de mantener un terreno separado para sábilas y empezar a producir productos transformados, como bálsamos o cremas, con el apoyo del Jardín Botánico. Con la colaboración de voluntarios, como Ancizar Arredondo, cuidador de la HuertAconir, se han implementado metodologías específicas, como el uso de plantas que estimulan los sentidos (hierbas aromáticas, flores de colores) y la participación diaria de los niños en todas las etapas del cultivo, desde la siembra hasta la cosecha, para que comprendan cómo se obtienen los alimentos.
Beneficios Terapéuticos y Desarrollo Integral
El trabajo en el invernadero ha permitido aprovechar al máximo los beneficios terapéuticos del cuidado y cultivo de plantas:
- Fortalecimiento de habilidades personales de manera integral: Al ser seres humanos multidimensionales, se logra una integración de todas las dimensiones (social, económica, física, psicológica). Cuando un niño ingresa al invernadero, tiene presente que sembró esa planta o que la trajo desde su casa, y entiende que para cuidarla, necesita realizar movimientos, tener pensamientos y emociones. Todo esto complementa y habilita todas las dimensiones de la persona.
- Desarrollo de destrezas motrices: Los niños realizan movimientos manuales, fortaleciendo sus destrezas.
- Aprendizaje social: Aprenden sobre el trabajo en equipo, compartir, el cuidado al prójimo.
- Estimulación sensorial: Experimentan actividades diseñadas para estimular los sentidos, como la siembra de plantas aromáticas o la observación de insectos.
- Educación económica: Aprenden sobre el valor del dinero, del peso de los productos y del consumo propio.
- Impacto en la familia: Los padres han recibido capacitaciones sobre reciclaje, uso de plásticos y compostaje, e incluso han donado materiales o mano de obra.
Las mejoras se miden con indicadores de efectividad, evaluando si los niños reconocen plantas, texturas, si logran regar cierta cantidad en un tiempo determinado, o si siguen indicaciones, lo que a largo plazo indica una mejora integral.
Adaptación de Actividades y Apoyos Institucionales
Todos los usuarios pueden participar en la huerta, aunque algunos lo hacen de manera indirecta. Para aquellos con autismo, se implementan estrategias adaptadas; por ejemplo, trabajan fuera del invernadero en tareas de mantenimiento de la tierra o riego, adaptando las actividades para quienes tienen dificultades para seguir instrucciones directas o cuidar las plantas de manera convencional. Las actividades se adaptan según las discapacidades; por ejemplo, no trabajan solos con herramientas, siempre bajo supervisión, y se les enseña a utilizar adecuadamente su biomecánica corporal para evitar lesiones, así como a tomar pausas activas. Una estrategia de seguridad es mantenerlos alejados cuando otros usan herramientas para prevenir accidentes.
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ACONIR cuenta con el apoyo de diversas instituciones y organizaciones. La Policía Nacional, a través de su escuela de equitación, realiza actividades ecuestres y ha brindado insumos para la construcción de nuevos terrenos de cultivo. El Jardín Botánico asesora técnicamente en su programa "Agricultura Urbana" y provee insumos. La Alcaldía Local de Suba ha capacitado en temas de agricultura, y se trabaja de la mano con las Juntas de Acción Comunal de los barrios Tuna Baja y Monarca en proyectos agroecológicos.
El programa de la huerta forma parte de un proyecto ambiental más amplio dentro de la institución, que concientiza sobre la reutilización de residuos, produce compost, recolecta agua de lluvia y da un segundo uso al plástico. Este ciclo interconectado incluye alianzas con la Asociación de Recicladores Aire Urbano para el reciclaje y capacitaciones en separación de residuos, y con la empresa Colombiana de Clavos (EMCOCLAVOS), que ha apoyado con donación de materiales y recolección de botellas plásticas para la Fundación Botellas de Amor.
Retos y Llamado a la Solidaridad
ACONIR enfrenta retos debido a cambios en políticas gubernamentales y la situación económica del país. La organización subsiste gracias a donaciones, aportes de pensiones de particulares, participación en ferias, apoyo de padres de familia y el acompañamiento constante de sus fundadores. Liliana Sanabria hace un llamado a que la labor de ACONIR sea conocida en Bogotá, invitando a la comunidad a donar insumos para la huerta y buscando ayuda empresarial. Con cupos disponibles y la posibilidad de entregar certificados de donación, la institución busca subsistir y expandir proyectos, como un hotel de polinizadores, destacando la pasión y dedicación con la que realizan su trabajo.
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