Las actividades de la vida diaria (AVD) constituyen el enfoque principal en la medición de la salud y la calidad de vida en las personas mayores. Su evaluación es fundamental, ya que son un predictor clave de resultados importantes como la mortalidad, el uso de servicios sanitarios, la institucionalización, la incidencia de enfermedades agudas, las caídas y lesiones, y el deterioro de la capacidad funcional.
La funcionalidad, entendida como parte esencial de la valoración geriátrica y gerontológica, ha ganado relevancia con el tiempo. Es crucial tanto para el equipo multidisciplinar como para el personal de enfermería que atiende a los adultos mayores. Este enfoque holístico integra aspectos cognitivos, afectivos, medioambientales, soporte social, factores económicos y la espiritualidad para evaluar el estado funcional del anciano.

Tipos de Actividades de la Vida Diaria (AVD)
Clásicamente, la medición del estado de salud en términos de funcionamiento incluye tres grandes dominios: autocuidados, actividades instrumentales y movilidad. La movilidad interior (cambios de las posiciones del cuerpo, deambular dentro de casa) se adscribe comúnmente al dominio de las AVD, y la movilidad exterior, al de las AIVD. Sin embargo, para una comprensión más detallada, las AVD se clasifican en tres categorías principales:
Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD)
Las ABVD son tareas fundamentales para la supervivencia y el cuidado personal. Son relativamente sencillas y, en condiciones normales, se realizan de manera automática. Incluyen:
- Comer: Capacidad para alimentarse por sí mismo.
- Bañarse/Asearse: Capacidad para realizar la higiene personal.
- Vestirse: Capacidad para ponerse y quitarse la ropa.
- Ir al retrete: Capacidad para usar el inodoro y realizar la higiene adecuada.
- Transferencias/Desplazamiento: Capacidad para moverse de la cama a la silla, levantarse, sentarse y deambular dentro de casa.
- Continencia: Capacidad para controlar la vejiga y el intestino.
La discapacidad en ABVD es escasamente prevalente en poblaciones comunitarias, pero presenta un efecto techo en poblaciones clínicas durante el proceso de recuperación de los pacientes.
Actividades Instrumentales de la Vida Diaria (AIVD)
Las AIVD tienen como objetivo la interacción con el entorno y permiten que una persona pueda desarrollar su vida de modo independiente. Son acciones más complejas que las básicas y, en este caso, pueden ser delegadas a terceros para recibir apoyo. Las AIVD no son tan elementales ni necesitan cuidados médicos, pero son necesarias para la vida independiente en la comunidad. Incluyen:
- Gestionar las finanzas del hogar y pagar facturas.
- Ir al supermercado y preparar la comida.
- Realizar compras de comestibles.
- Conducir o utilizar el transporte público.
- Utilizar el teléfono.
- Realizar tareas domésticas.
- Hacer reparaciones en el hogar.
- Lavandería.
- Tomar la medicación.
- Manejar el dinero.
Actividades Avanzadas de la Vida Diaria (AAVD)
Las AAVD son aquellas que posibilitan el desarrollo personal del sujeto dentro de la sociedad. Son actividades más complejas que requieren un mayor grado de organización, pero no comprometen directamente la independencia del individuo ni necesitan cuidados médicos. Aunque se puede vivir sin ellas, la persona no alcanzará la realización personal plena. Incluyen:
- Participar en roles sociales, comunitarios y familiares.
- Actividades educativas y estudiantiles.
- Actividades de entretenimiento y diversión.
- Acciones realizadas de manera voluntaria durante el tiempo libre (ocio).
- Preparación para el ocio.
Sentirse parte de un conjunto social es el propósito de este tipo de actividades avanzadas. Estas actividades varían considerablemente de un individuo a otro.
Importancia de la Medición de las AVD en el Adulto Mayor
La medida de las AVD es crítica debido a su capacidad predictiva de resultados importantes como la mortalidad, la utilización de servicios sanitarios, la institucionalización, la incidencia de enfermedades agudas, caídas y lesiones, y el deterioro de la capacidad funcional. La funcionalidad es multidimensional y está influenciada por la interacción de diferentes dimensiones: físico, cognitivo, afectivo, medioambiental, soporte social, factores económicos y la espiritualidad.
Deterioro Funcional y sus Causas
El deterioro funcional es común en el adulto mayor, siendo sus causas potenciales los cambios relacionados con la edad, factores sociales y enfermedades. Cerca del 25% de los pacientes mayores de 65 años de edad requieren ayuda para las ABVD, y el 50% de los pacientes mayores de 85 años de edad necesitan ayuda de otra persona para estas actividades. El deterioro funcional no debe atribuirse únicamente al proceso de envejecimiento, ya que esto podría llevar a omitir el verdadero origen. Todos los cambios en el estado funcional deben conducir a una nueva evaluación diagnóstica.
Existe una relación comprobada entre el estado funcional y el deterioro cognitivo; un deterioro cognitivo severo conlleva dificultades en el autocuidado. Es importante diferenciar el declive cognitivo normal del envejecimiento de un deterioro cognitivo de origen neuropatológico, integrando esta área en la evaluación geriátrica.
Instrumentos de Evaluación de las Actividades de la Vida Diaria en España
Se realizó una revisión exhaustiva de la literatura en bases de datos nacionales e internacionales para evaluar la adecuación conceptual, aplicabilidad y propiedades psicométricas de las medidas de AVD empleadas con personas mayores españolas. Los resultados incluyeron 34 estudios empíricos relativos a cuatro instrumentos principales:

Índice de Barthel (IB)
El Índice de Barthel (IB) está constituido por 10 ítems que valoran la capacidad para realizar ciertas actividades sin ayuda. Evalúa la capacidad de comer, moverse de la silla a la cama y volver, realizar el aseo personal, ir al retrete, bañarse, desplazarse, subir y bajar escaleras, vestirse, control intestinal y control urinario. Su puntuación oscila entre 0 (completamente dependiente) y 100 (completamente independiente), y las categorías de respuesta varían entre 2 y 4 alternativas, con intervalos de 5 puntos. Existen diferentes versiones con modificaciones en las escalas de puntuación y en el número de ítems. Una versión del Índice de Barthel es la que más evidencias ha reunido.
Índice de Katz (IK)
El Índice de Katz (IK) evalúa la dependencia/independencia de las personas en seis ABVD: baño (esponja, ducha o bañera), vestido, uso del retrete, transferencia, continencia y alimentación. En la escala original, cada actividad se categoriza en tres niveles de funcionamiento: independencia, dependencia parcial y dependencia total, que posteriormente se clasifican en dos: dependencia o independencia. Basado en esta categorización, las personas son incluidas en uno de los ocho niveles de dependencia del índice (A a G y O). Una versión del Índice de Katz es la que más evidencias ha reunido.
Escala de Incapacidad Física de la Cruz Roja (EFCR)
La Escala de Incapacidad Física de la Cruz Roja (EFCR) es un índice global de incapacidad funcional. Evalúa la incapacidad física según una escala de seis grados, que oscilan entre 0 (se vale totalmente por sí mismo, anda con normalidad) y 5 (inmovilizado en cama o sillón, incontinencia total, necesita cuidados continuos de enfermería). Es un instrumento de elaboración española.
Escala de Actividades de Cuidado Personal del OARS (ACPOARS)
La ACP-OARS constituye uno de los dos factores de la escala de capacidad de autocuidado del OARS Multidimensional Functional Assessment Questionnaire. Evalúa siete actividades, incluyendo la capacidad para comer.
Desafíos en la Implementación de las Escalas
Los resultados generales de la revisión evidencian un elevado número de versiones para cada escala, con procesos de adaptación transcultural frágiles y sin normas claras de administración ni de interpretabilidad. La reproducibilidad interobservador es el aspecto de la fiabilidad más examinado, y aunque la evidencia sobre la validez predictiva es amplia, la evidencia sobre la validez concurrente y la responsividad es casi nula.
Estrategias para Fomentar la Independencia en el Adulto Mayor
Para mejorar el grado de independencia y fomentar la participación social, es fundamental trabajar en el desempeño ocupacional a través de estrategias adaptadas a cada persona. Un terapeuta ocupacional puede guiar este proceso, ofreciendo herramientas y recursos que optimicen la autonomía en las actividades diarias. Las estrategias para facilitar la realización de las AVDs incluyen:
- Quitar muebles innecesarios para facilitar la circulación.
- Pegar alfombras al piso.
- Eliminar escaleras si es posible.
- Incorporar agarraderas en las paredes.
- Utilizar bastones o andadores.
- Cerrar la llave del gas cuando no se necesite.
- No ubicar objetos en lugares difíciles de alcanzar.
- Utilizar antideslizantes en la ducha o bañera.
- Usar una silla para bañarse cómodamente.
Terapia Ocupacional en Geriatría: Clave para la rehabilitación funcional en Adultos Mayores
Impacto de la Actividad Física y Social
La actividad física posee un papel preponderante como determinante de la calidad de vida en los adultos mayores, preservando la fuerza muscular y la función cognitiva, reduciendo la ansiedad y la depresión, y mejorando la autoestima. Los beneficios incluyen la reducción de riesgos de enfermedades crónicas y una mayor participación social.
La participación en actividades sociales significativas es un componente esencial en la promoción de la salud y el bienestar personal, ofreciendo beneficios físicos, psicológicos y sociales. Estos beneficios incluyen una mejor salud mental y física, mejor funcionamiento cognitivo, promoción de hábitos de vida saludables, menor morbilidad, mayor longevidad y reducción de costos de salud.
La teoría de la actividad en el envejecimiento sugiere que las actividades sociales elevan el sentido y el significado del valor de la propia vida, mejoran el ánimo y generan emociones positivas, contribuyendo a una percepción de felicidad y bienestar.
Conclusión
Las actividades de la vida diaria son esenciales para la independencia y calidad de vida del adulto mayor. La evaluación funcional es clave para identificar el nivel de dependencia y guiar las intervenciones, y aunque existen instrumentos validados, es crucial mejorar los procesos de adaptación y estandarización. Fomentar la actividad física y social, junto con adaptaciones en el entorno, son estrategias fundamentales para optimizar la autonomía y el bienestar en esta población.