La práctica de actividad física regular es fundamental para el bienestar integral, sin embargo, existen brechas significativas en su acceso y realización. A nivel global y local, las mujeres presentan niveles de participación física inferiores a los de los hombres, una tendencia que se observa desde la adolescencia hasta la edad adulta. Comprender y superar estos obstáculos es una prioridad para la salud pública.

Factores que limitan la participación femenina
Las razones detrás de la menor participación de la mujer en el deporte y el ejercicio son complejas y multidimensionales. Deben considerarse múltiples niveles de influencia, que incluyen:
- Factores individuales: Motivación, salud percibida y autoconfianza.
- Entorno sociocultural: Roles de género, responsabilidades domésticas y de crianza.
- Entorno físico: Acceso a transporte, disponibilidad de espacios públicos seguros y áreas verdes.
- Políticas públicas: Necesidad de programas contextualizados que consideren las brechas socioeconómicas.
En el caso específico de mujeres en comunas vulnerables, iniciativas como el proyecto adjudicado en el concurso FONIS 2024 buscan identificar las barreras específicas que obstaculizan la práctica de ejercicio, con el fin de generar recomendaciones dirigidas a trabajadores de la salud, educación y gobiernos locales.
Beneficios de la actividad física en la salud integral
La práctica regular de actividad física -entendida como cualquier movimiento corporal que implique consumo de energía- es una herramienta clave para la prevención de enfermedades no transmisibles (ENT) como la diabetes, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares. Además, su impacto en la salud mental es determinante:
- Reduce los síntomas de ansiedad y depresión.
- Favorece la regulación emocional mediante la liberación de neurotransmisores como endorfinas y serotonina.
- Ayuda a reducir los niveles crónicos de cortisol, la hormona del estrés.
Fisiología del Estrés
El ejercicio como herramienta de recuperación ante la violencia
Para las mujeres supervivientes de violencia de género, el ejercicio físico representa un alivio fisiológico y psicológico crucial. El trauma prolongado a menudo genera una "disociación corporal", donde la mujer pierde la conexión segura con su propio cuerpo. A través de disciplinas como el yoga, la danza o el entrenamiento funcional consciente, se puede:
- Recuperar una relación positiva con la corporalidad.
- Fortalecer la autoestima y la percepción de capacidad personal.
- Fomentar el empoderamiento y la sensación de control sobre la propia vida.
- Generar espacios de apoyo grupal que contrarrestan el aislamiento social.
Criterios para una implementación eficaz
Para que la actividad física sea una estrategia de apoyo válida, debe integrarse en un plan de atención integral. Los criterios fundamentales incluyen:
- Profesionalización: Programas diseñados por especialistas con capacitación en género.
- Respeto y seguridad: Espacios seguros, de bajo costo y con un lenguaje respetuoso que valide los ritmos emocionales de las participantes.
- Enfoque no impositivo: Presentar el ejercicio como una herramienta de bienestar voluntaria, evitando que se convierta en una exigencia terapéutica más.
- Integración: El ejercicio debe complementarse con apoyo psicoemocional, tanto individual como grupal.

La investigación actual continúa validando que intervenciones basadas en el movimiento, la respiración consciente y la reflexión personal son altamente efectivas para mejorar la calidad de vida, permitiendo a las mujeres transformar su perspectiva de futuro y retomar el control de sus vidas.
tags: #actividad #fisica #mujeres #vulnerables