El enfoque multidimensional de la discapacidad intelectual

La discapacidad intelectual (DI) es una condición que afecta a un porcentaje significativo de la población mundial. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1993), esta discapacidad podría afectar a un 1.5% de la población general, alcanzando hasta un 4% en países no desarrollados. Sin embargo, la fiabilidad de estos datos es limitada debido a la variabilidad interregional, las dificultades en la medición del coeficiente intelectual (CI) en contextos donde los tests no están adaptados y la complejidad para evaluar habilidades básicas de supervivencia.

En España, las estimaciones de la Confederación Española de Organizaciones a favor de Personas con DI (FEAPS) sitúan la población con DI entre el 1% y el 2% de la población nacional, con una mayor incidencia en varones. No obstante, otros estudios sugieren que la prevalencia real podría ascender al 2.5% de la población general. A nivel regional, en Navarra, un 5% de la población entre 0 y 64 años presenta alguna discapacidad.

Causas y Terminología de la Discapacidad Intelectual

Las causas de la discapacidad intelectual son diversas y a menudo interactivas, incluyendo factores biológicos, sociales, conductuales o educativos que pueden manifestarse antes, durante o después del nacimiento. A lo largo del tiempo, la terminología utilizada para referirse a este colectivo ha evolucionado, buscando términos menos estigmatizantes. Actualmente, se prefiere el uso de "discapacidad intelectual" en lugar de "retraso mental", ya que refleja mejor el concepto de discapacidad, se alinea con las prácticas profesionales contemporáneas, resulta menos ofensivo y es coherente con la terminología internacional.

La Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD), anteriormente conocida como Asociación Americana de Retraso Mental (AAMR), define la DI como la presencia de limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa. Esta conducta adaptativa se manifiesta en tres áreas principales:

  • Habilidades conceptuales: lenguaje (expresivo y comprensivo), lectura-escritura, manejo de dinero y capacidad para establecer y alcanzar metas personales.
  • Habilidades sociales: comunicación, interacción social, responsabilidad social, autoestima y vulnerabilidad.
  • Habilidades prácticas: actividades básicas e instrumentales de la vida diaria como el aseo, la vestimenta, la alimentación y la realización de tareas domésticas.

Esta definición concibe la DI como un estado de funcionamiento en relación con el entorno, lo que implica que el funcionamiento de la persona puede mejorar mediante el apoyo adecuado y adaptado a sus necesidades y a las demandas de su entorno.

Infografía detallando las tres áreas de la conducta adaptativa (conceptual, social y práctica) y ejemplos de habilidades dentro de cada una.

El Sistema de Apoyos en la Discapacidad Intelectual

El tipo e intensidad de los apoyos requeridos (intermitente, limitado, extenso, completo) varían según las capacidades y necesidades individuales de cada persona, determinadas a través de un proceso de evaluación. Este sistema de apoyos, en desarrollo desde mediados de la década de 1980, ha generado cambios significativos en las decisiones sociales, asistenciales y en las prácticas dirigidas a personas con DI.

El enfoque de apoyos ha permitido unificar y estructurar las intervenciones, centrándose en la individualidad de cada persona para promover su crecimiento, desarrollo personal, autonomía e inclusión comunitaria. La aplicación de apoyos individualizados ha resultado en una mejora del funcionamiento humano y en el logro de resultados personales positivos para las personas afectadas.

Salud Mental y Discapacidad Intelectual

Diversas investigaciones han evidenciado que las personas con DI son tan o más vulnerables que la población general a presentar problemas de salud mental. Estudios realizados en centros ocupacionales en España indican que la coexistencia entre DI y enfermedad mental puede oscilar entre el 20% y el 35% de las personas afectadas, siendo los trastornos psicóticos los más frecuentes.

Salud mental, la clase que nadie nos dió | Fernando Lemarroy | TEDxTecdeMty

Evolución del Concepto y la Terminología

El concepto de "retraso mental" ha sido objeto de debate y evolución. La Asociación Americana sobre Retraso Mental (AAMR), en su manual de 2002, seguía utilizando este término, aunque reconocía la necesidad de un vocablo más apropiado. En España, el término "discapacidad intelectual" ha ganado apoyo entre profesionales y personas con esta discapacidad, considerándose más adecuado y menos ofensivo.

La AAIDD, en su 11ª edición del Manual, publicada en 2010 (y en español en 2011), actualiza su modelo conceptual desde una perspectiva socio-ecológica y multidimensional, eliminando definitivamente la expresión "retraso mental". Se propone una definición operacional y constitutiva de la categoría, junto con criterios psicométricos claros para el diagnóstico. La clasificación se enfoca también desde una perspectiva multidimensional, basada en las diferentes dimensiones del modelo propuesto.

La Discapacidad Intelectual en el Ámbito Educativo Superior

La investigación sobre la retención de estudiantes con discapacidad intelectual (DI) en la Enseñanza Superior Técnico Profesional (ESTP) es un área emergente. El paradigma social de la discapacidad conceptualiza esta condición como el resultado de la interacción entre las características de la persona y las oportunidades y demandas del ambiente. El modelo de la discapacidad intelectual, basado en esta visión interactiva, es multidimensional y busca superar el reduccionismo de los tests de CI, enfocándose en las necesidades individuales y los niveles de apoyo apropiados.

En Chile, se ha observado un incremento en la matrícula de estudiantes con discapacidad en la ESTP, en parte debido a la adhesión a marcos normativos internacionales que garantizan el derecho a una educación inclusiva. La Ley 20.422 establece principios para asegurar la igualdad de oportunidades e inclusión social de personas con discapacidad, incluyendo el acceso a la educación.

La deserción y la retención son fenómenos clave en la ESTP, especialmente en carreras cortas como las de los Centros de Formación Técnica (CFT). Para los estudiantes con DI, la retención presenta desafíos adicionales, como la falta de declaración de la discapacidad al ingresar y la ausencia de protocolos específicos. Estudios indican que las personas con discapacidad presentan tasas de deserción más elevadas que las personas sin discapacidad.

La investigación sobre la retención de estudiantes con DI en CFT ha empleado metodologías cualitativas y estudios de caso. Se ha identificado que diversas estrategias de acompañamiento y protocolos, como las tutorías y el mentoring, favorecen la retención y son valoradas positivamente por los estudiantes. Estas estrategias se implementan en el marco de políticas de inclusión y acompañamiento al estudiante.

La retención educativa se entiende como la permanencia del estudiante en una carrera hasta lograr su titulación. Diversos modelos abordan la deserción y retención, considerando factores psicológicos, sociológicos, organizacionales e integracionistas. La identificación de factores de riesgo, como la edad, la procedencia educativa, los ingresos familiares, el bajo involucramiento académico y la falta de integración social, permite a las instituciones desarrollar estrategias para promover la retención, incluyendo el desarrollo del involucramiento académico.

Las estrategias efectivas de retención involucran a toda la comunidad educativa y consideran la subjetivación del individuo, el apoyo psicológico y académico, así como los agentes del entorno del estudiante (familia, pares). Dada la corta duración de las carreras en la ESTP, es crucial que las intervenciones sean tempranas.

La investigación en retención y deserción de personas con discapacidad en la enseñanza superior es aún limitada, pero los datos disponibles sugieren una brecha significativa en las cifras de deserción. Se han propuesto modelos teóricos que consideran el acceso a la educación superior y la retención, incluyendo diagnósticos individuales, planificación de proyectos de formación y capacitación, ejecución y evaluación.

Diagrama que ilustra el modelo integracionista de retención educativa, mostrando la interacción entre el estudiante y la institución.

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