Una Mirada al Envejecimiento Gay
Desde hace algunos años, existe un profundo interés por conocer el envejecimiento gay. La observación temprana de la libertad con la que algunos hombres homosexuales se movían en espacios públicos, como los baños de estaciones en Buenos Aires en 1985, fue deslumbrante. En un territorio surcado por la homofobia, la delación y la humillación, su capacidad para desenvolverse tan perfectamente, saliendo de los baños sin despeinarse después de una "felatio volcánica", y su perseverancia en el "delicioso teatro postural del levante en la vía pública", los mostró como "inflados ganadores", "dignos perdedores" e "incansables reincidentes".
Estos "viejos putos" ofrecieron una lección fundamental de sociología: allí donde la sociedad no está hecha a medida de los seres humanos, estos se moverán y harán algo para transformar la sociedad a su medida. Aunque tardó en inscribirse en Sociología, pronto se hizo evidente que eran "sabios gestores de la adversidad", capaces de convertir un "baño pestilente en un telo de primera categoría". Esta perspectiva desmitificaba las "imágenes dietéticas de los viejitos como víctimas a quienes el mundo represivo, como si fuera un tsunami, se los había llevado puestos". Por el contrario, estos "pillos se las sabían rebuscar".

Barreras en la Investigación Académica sobre la Vejez Gay
La tarea de investigar el envejecimiento gay no siempre ha resultado grata en el medio académico. La exhortación de un colega a no escribir sobre "viejos putos" -previendo "solamente historias tristes y trágicas"- y sugiriendo que "aquel era un momento para hablar solamente de 'derechos'" (en el contexto de la aprobación del matrimonio igualitario), es un ejemplo de la resistencia. Constantemente, ante los intentos de abordar a fondo la homosexualidad, en el mundo académico se cuestiona: "¿Y por qué no te dedicás a investigar tal otra cosa? ¿Por qué solamente investigás gays?".
Esta "violenta solicitud" resulta inadmisible, especialmente considerando que el grado de conocimiento sociológico de la vejez gay es prácticamente nulo en Argentina. Por ello, "no desdeñar semejante dislate" y cuestionar "por qué, a título de qué, habría que bajarle el telón de la comprensión a los viejos putos" se vuelve crucial. La posible incomodidad que generan, su autonomía y la elección de "partenaires no prescriptos por algunas algorítmicas teorías del género y la sexualidad" sugieren una disconformidad con narrativas preestablecidas.
Hallazgos de la Investigación: Soledad, Cuidado y Resiliencia
Una investigación realizada durante casi una década incluyó 40 entrevistas en profundidad a gays adultos y adultos mayores (el mayor de 81 años). Los porcentajes revelan datos significativos: 31 de ellos (el 77,5 %) vivían solos, 4 con su pareja y 3 con su padre y/o madre. Además, 24 de ellos (el 60 %) manifestaron que estaban cuidando o que cuidaron familiares, pero no sabían quiénes cuidarían de ellos en caso de necesitarlo. Aquellos que cuidaban a sus padres, a pesar de tener hermanos, asumían el rol de cuidadores. Esto ocurría porque los hermanos se ausentaban, aduciendo que, "en tanto solteros sin hijos, los encargados naturales eran ellos", o porque los propios homosexuales sentían que era su deber, motivados por una "especie de empatía innata en cuyo surgimiento -sin duda- estuvo presente la homofobia".

A primera vista, la vejez gay podría interpretarse como una circunstancia opresiva, signada por la angustia, la soledad y la incertidumbre, una visión ampliamente difundida por el cine, la literatura y el imaginario homosexual de antaño. Sin embargo, la investigación se centró en homosexuales nacidos a partir de la década del 40, quienes fueron "testigos, protagonistas y beneficiarios de los profundos cambios sociales que mutaron el lugar de la homosexualidad en la sociedad argentina a partir de 1983". Se buscó averiguar si las cosas habían mejorado para estas "subjetividades tan golpeadas", y la respuesta fue afirmativa, lo que también generó "algún que otro desentendimiento con algún que otro colega".
El enfoque como "sociólogo crítico de la sexualidad", no como un "teórico apriorístico de la infelicidad sexual", implica aceptar las percepciones de mejora de los propios individuos y buscar comprender el "por qué" y "en qué" se sienten mejor, en lugar de atribuir su bienestar a la alienación o al desconocimiento de una teoría.
Teorías sobre el Envejecimiento Gay y el Manejo de la Adversidad
En Argentina, aún no existen desarrollos teóricos específicos sobre la vejez gay (ni lesbiana). Sin embargo, han surgido enfoques que buscan contradecir el estereotipo de que es difícil sobrellevar una vejez digna debido a una "estructura personológica frágil, producto de la discriminación" en los "viejos putos". Investigadores como Douglas C. Kimmel sostienen que, para los homosexuales, "el envejecimiento no es traumático y sí lo es para los heterosexuales".
Este argumento se basa en que el conjunto de "rechazos tempranos" a los que se enfrentaron los hizo "expertos en el manejo precoz de distintas crisis", "administradores de la adversidad" y "campeones en el desarrollo de estrategias situacionales para salir airosos cuando todo el mundo quería aplastarlos". Su principal "capital experiencial" radicó en haber desarrollado una "auténtica erudición" para manejar "situaciones apremiantes renovadas e inmerecidas". Al entrar en la vejez, estos hombres sentían que ya las habían "vivido a todas", incluyendo la "pérdida de los seres queridos que le dieron la espalda".

Es importante destacar que la mayoría de estas habilidades se desarrollaron fuera del ámbito familiar, convirtiéndolos en "seres de piel curtida" que pudieron "acostumbrarse a enfrentar todo y a seguir a pesar de todo". La frase "Show must go on" no era solo el título de una canción, sino una filosofía de vida. Quien se volvió competente para administrar crisis recurrentes no tiene que aprender en la vejez a vivir solo, ni a cocinar, ni a lidiar con las cuestiones de la casa. En contraste, "quienes sí debían pasar por ese aprendizaje son los varones heterosexuales, característicamente cuando enviudaban y se cortaba abruptamente la división sexual del trabajo doméstico". Así, a contrapelo de estereotipos extendidos, "la homosexualidad per se no sería un factor de mal envejecimiento".
La Percepción del Tiempo y los "Espaciadores Biográficos"
La teoría sobre la percepción del envejecimiento en hombres gay es atractiva. El humor gay y las películas de culto de sus consumidores, así como las fiestas gay donde abundan las bromas sobre la edad y el aspecto físico (incluso entre jóvenes), tomando como referencia a "divas de Hollywood y de otras cinematografías acechadas por la madurez y empeñadas en retener a su lado chongos mucho más jóvenes", reflejan una particular relación con el tiempo. La edad, "real o no, siempre es sobreactuada para poder hacer bromas y reír".
Robert Schope, retomando a autores previos, aporta una reflexión original: los hombres gays pueden interpretar el envejecimiento de forma "inapropiada" porque carecen de los "marcadores" sociales que guían la percepción del tiempo de los heterosexuales. Estos "marcadores" se refieren a los "espaciadores biográficos", es decir, a los ritos de pasaje que conllevan prácticas sociales y reorganizaciones psíquicas. La hipótesis es que los viejos gays fueron privados de estos espaciadores debido a la discriminación y marginalización de la homosexualidad de la vida social, lo que explica el diferencial en la percepción del tiempo.

Los homosexuales entrevistados fueron jóvenes entre los años 60 y 80, por lo que tramitaron su primera subjetividad homosexual en "entramados sociales adversos", cuyas instituciones -principalmente la familia- eran causantes de expulsión. Una persona que no puede participar abiertamente de las instituciones que marcan el ritmo de la vida social, desarrolla una idea del tiempo distinta. Estos varones homosexuales "sentían que estaban fuera de la historia o que la historia era algo que sucedía a los demás, a los heterosexuales". Veían a sus hermanos y hermanas cumplir las "ritualidades ratificadoras de que el tiempo transcurría, de que 'vivían'". Si un almanaque funcionaba imaginariamente, era el de la sociedad heterosexual; el de ellos "estaba detenido", probablemente en la etapa del "descubrimiento sexual, rápidamente necesitado de ocultamiento".
"Jóvenes" en rigor, "solamente fueron los heterosexuales porque solamente ellos cumplieron dentro de la 'juventud' con los ritos socialmente convencionalizados". Mientras los heterosexuales pasaban por vivencias como el noviazgo y el casamiento que los incitaban a pensarse como "jóvenes", los homosexuales, privados de estas posibilidades, "saltaban directamente desde la 'adolescencia' hacia la 'madurez'". Esta situación dramática se vio reforzada por un "drama inconmensurable: el advenimiento del SIDA". La influencia de los "sentimientos de pérdida y duelo de los años 80 y 90" transportó a estas personas rápidamente hacia la vivencia de eventos propios de otra etapa de la vida. Todo llegaba antes, paradójicamente, "no obstante estar afuera de la historia".
Brian De Vries, en una investigación con grupos focales en San Francisco, encontró que "varones homosexuales de mediana edad recordaron asistir a funerales casi semanales para amigos y seres queridos que murieron a causa del SIDA", algunos dejando de contarlos después de llegar a 50. Un estudio de John L. Martin y Laura Dean mostró que casi el 30% de la muestra había experimentado dos muertes (de amantes, antiguos amantes o amigos cercanos) en un período de doce meses, y casi la mitad había experimentado tres. Esto sin incluir las muertes de miembros de sus círculos sociales, conocidos y amigos de amigos. "El tiempo no para".
Las transformaciones sociales de la homosexualidad "tenderán a multiplicar las chances biográficas". Lo que antes era "un destino para los viejos homosexuales" se irá "atenuando y pluralizando". Aunque ni la "competencia en crisis" ni el "envejecimiento acelerado" son verdades reveladas, "ayudan mucho a pensar el tema".
La Homosexualidad en la Vejez Hoy: Desencuentros y Nuevas Posibilidades
A pesar de que los hombres mayores manifestaban sentirse "desubicados y desconcertados en el nuevo mundo gay", experimentando soledad y problemas con las nuevas formas de sociabilidad, "no dudaban en señalar las mejoras en la vida gay", aunque entendían que no serían ellos quienes las disfrutarían, sino las generaciones venideras. Puede que "no andarán mucho con las apps" o no sepan cómo socializarse con esos recursos, pero "los viejos aparecen cada vez más en la escena y mucho menos escondidos" en comparación con los años 80. Se observan escenas que "despiertan ensoñaciones", como verlos "tomando un café con alguno de ellos" después de desarmar una escena. Estas conversaciones ofrecen una "excitante oportunidad para hacer una socio-antropología de la negociación, de la construcción de un acuerdo". Dos hombres, "encandilados y sonrientes", con los torsos descubiertos, "no dejan de medirse", pensando en lo que quieren conseguir, en lo que representa "un milagro que puedan estar ahí, cada cual buscando lo suyo sin que ninguna lengua suelta la recuerde nada a nadie". Es probable que cierren un acuerdo que le permita al mayor ejercer un acto de "caridad desdramatizada", en palabras de Gianni Vattimo.
Contexto Histórico y Social de la Homosexualidad y la Vejez en España
La homosexualidad ha estado presente en nuestras sociedades desde las primeras civilizaciones, pero su avance llegó en el siglo XX cuando pasó a considerarse una orientación sexual más. Los sucesos sociales han permitido avanzar en aspectos culturales y sociológicos. La aceptación de la homosexualidad, como cualquier tema trascendente, se debe a la construcción social y a los tiempos que se viven.
En España, 1995 marcó un cambio histórico en el derecho penal con la creación de una ley que consideraba delito cualquier tipo de discriminación, odio y violencia contra grupos o asociaciones por motivos como racismo, ideología, religión o situación familiar. Posteriormente, con la entrada en vigor de la ley que aprobaba el matrimonio igualitario, España se convirtió en el cuarto país del mundo en legalizar dichas uniones. Sin embargo, persisten desafíos, como en el caso de las mujeres que desean ser madres y se ven obligadas a casarse para que ambas consten como madres en el registro civil.
De esta idea se desprende que las parejas y/o matrimonios del mismo sexo en edad adulta, pueden tener una vejez más complicada, ya que les falta una unidad de apoyo social que les dificulta el formar una familia. La senectud no se asocia a lo carnal, y existe la creencia de que "en la vejez el sexo no se hace desde un lugar natural", según la sexóloga Marian Ponte. Para los hombres, existe la figura del "viejo verde", y las mujeres "ni siquiera cuentan porque en una sociedad patriarcal, como ya no pueden procrear, el sexo pierde sentido".
Historias de Vida y la Fundación 26 de Diciembre
Jesús Herrero, a sus 75 años, vive su sexualidad con menos pudor que a los 20, a pesar de haberse "sacudido durante años la palabra 'maricón'". Él se describe como "tan religioso como marica". Estudió Filosofía y Teología en un seminario de Francia, soñaba con ser misionero en África, pero fue expulsado por ser gay, aduciendo que era "muy nervioso. Sutilezas". Jesús es un ejemplo de esa generación LGTBI "que va más a misa que al barrio de Chueca", el polo de liberación gay en Madrid. Aquellos nacidos en los años 30 y 40 del siglo XX despertaron en un mundo sin libertades.
Federico Armenteros, director de la Fundación 26 de Diciembre, una organización que trabaja con personas de la tercera edad y del colectivo LGTBI, explica la preocupación de esta generación: "A esta gente le costó mucho salir del armario, no quieren volver a uno. Saben que en una residencia convencional no se van a sentir aceptados, no podrían exhibir su sexualidad en un sitio así". La soledad es una constante: "Te haces viejo y estás solo. Te invitan a una boda y te dicen: '¿Vas solo?'. Sí, voy solo".

La organización ofrece servicios de apoyo a la sexualidad: "Aquí la gente no llega y dice: 'Quiero una paja'. Bueno, igual sí, pero no funciona de esa forma. Es un proceso. ¿Quieres sexo? Vale, vamos a ver cómo". Explican que con "personas enfermas que ya ni tienen erecciones", el apoyo incluye "lavándoles el cuerpo, les das aceite, les acaricias durante el baño, les masajeas, les tocas el pene... No es algo impuesto o algo que nosotros creamos que necesitan". Jesús es usuario de este servicio, y si la persona puede costearlo, la fundación "solo les ayuda a encontrar a alguien adecuado".
Armenteros destaca la complejidad: "Nuestra gente tiene muchos complejos. Unos con cáncer de próstata, otros con VIH, otros que creen que su cuerpo da asco... Aquí trabajamos con escorts que saben tratarles. Estás muy equivocado si piensas: 'Tienes servicio de chapero, qué bien'. Aquí se trabaja la sexualidad, no se les masturba y ya está". El rechazo erosiona la autoestima, como recuerda Jesús de un prostituto que se negó a continuar después de eyacular. El escort con el que la fundación le puso en contacto acude a su casa dos veces al mes por 200 euros: "Es como un amigo, solo que él se gana la vida así. Llega y me da un beso, me acaricia, me escucha. A veces solo se tumba a mi lado y hablamos".
Iván Zaro, trabajador social de la asociación Imagina Más, que asiste a prostitutos, explica que a las personas de más de 60 años "se les condena al ostracismo" en el terreno sexual, y a las mujeres "directamente, se les amputa el deseo". Algunos trabajadores sexuales de esta ONG colaboran con la Fundación 26 de Diciembre, donde "los hombres mayores que requieren estos servicios están en una situación de vulnerabilidad física". Zaro apunta que el género influye en las relaciones de poder en la prostitución: "En la masculina, la trata es prácticamente inexistente. Ya partiendo de esa base, es muy diferente el servicio que requiere un hombre gay anciano que el que pide un hombre hetero".
En la Fundación 26 de Diciembre asumen una brecha de género: "Hay muy pocas mujeres. Vienen sobre todo trans, y lo especifico porque son mujeres con pene que se han visto abocadas a ejercer la prostitución. Con ellas hacemos trabajo psicológico porque han aprendido que su sexo solo lo buscan aquellos hombres que se excitan cuando ven dos pechos y un pene en un mismo cuerpo. Es injusto para ellas. Primero tienen que desaprender que no son simples objetos sexuales; después intentamos que aprendan que hay muchos otros puntos de placer. A menudo, al hormonarse pierden deseo sexual".
Jesús expresa que le hubiese gustado no ser homosexual, tener una vida "facilita". "Acepté mi orientación ya casi con 60 años. Me habría gustado envejecer junto a alguien, pero no podía decir: 'Mi novio'. Era 'el amigo con el que vivía'. Cuando ya no tuve que esconderme más resultó que ya era anciano".
El Legado de la Represión y la Búsqueda de Libertad
La homosexualidad y la vejez no suelen ir de la mano en el imaginario colectivo. Ser gay en la sociedad actual es menos difícil, pero aún no es fácil. Aunque el concepto se acepta e integra cada vez más en la gente joven, ¿qué pasa con la gente anciana y gay? Para ellos, su orientación sexual ha sido "un problema y un secreto inconfesable a lo largo de toda su vida". Durante muchos años, la homosexualidad fue perseguida y penalizada "como si se hubiera cometido el peor de los crímenes".
En la época del franquismo, la represión era brutal, y se "buscaba para dar 'caza' a las personas homosexuales y castigarlas por ello". Esto ocurrió hace apenas unas décadas. Por este motivo, la mayoría de las personas gays y ancianas nunca llegaron a confesar su orientación sexual. Muchos "se han llevado el secreto a la tumba", y otros, "más valientes o incluso osados", se han atrevido a explicarlo en su propia senectud. Se utiliza la palabra "osados" porque generalmente "tendemos a pensar en las personas ancianas como seres sin sexualidad", y quien tiene impulsos sexuales a esa edad es tachado de "viejo verde". Por tanto, expresar la homosexualidad en la vejez "puede ser un tema peliagudo y difícil de gestionar".
Para "sobrevivir" en un contexto donde ser gay no era una opción de vida, muchos optaron por "pasar por el aro de la heterosexualidad". Se casaron y tuvieron hijos, llevando una vida tradicional para pasar desapercibidos, pero nunca se sintieron bien sentimentalmente. Llevaron en secreto toda su vida su condición sexual. Otros optaron por ser "solterones", lo que también era criticado, ya que para ser una persona "hecha y derecha" debías casarte y tener hijos. Estas personas nunca tuvieron una relación sentimental "que se supiera". Y finalmente, los sinceros, que confesaron su homosexualidad y "fueron repudiados por sus familias". Muchos padres desheredaron y echaron de sus casas a sus propios hijos, forzándolos a elegir "o sentirse libre a nivel sentimental o perder la familia", una dura elección.
Hoy en día, pocos ancianos confiesan ser homosexuales, y quienes lo hacen, relatan una vida "complicada, llena de trabas y dificultades". El rechazo no era solo familiar, sino también social: se les negaban puestos de trabajo con cualquier excusa, y "muchos de esos amigos les daban de lado cuando se descubría el 'pastel'". La creencia de que ser gay es sinónimo de querer tener sexo con todo hombre que se cruce, contribuía al rechazo. Por tanto, los ancianos gays actuales son personas con un "gran sentimiento de inferioridad e inseguridad, miedo al rechazo y baja autoestima". Son pocos los que dicen con la cabeza bien alta que son gays, y quienes lo confiesan, lo hacen "con miedo y resignación".
La sociedad simplemente no contempla esta opción. En un salón de baile de la tercera edad, no se ven hombres bailando juntos un pasodoble, solo se agrupan para jugar a cartas. Viven su senectud con un "gran vacío y sentimiento de soledad". Aunque hayan confesado su homosexualidad a sus hijos y/o nietos y hayan sido aceptados, su grupo de iguales no hará lo mismo. Así, "se hacen viejos y están solos a nivel emocional", y en una residencia de ancianos, "tendrán que mantener las apariencias por su propio equilibrio emocional". Romper este estigma es esencial para permitir que los ancianos mueran sintiéndose libres y rompiendo las cadenas que les ataron durante toda la vida, abriendo la mente y aceptando la homosexualidad en la vejez.