El suicidio se define como la muerte causada por lastimarse uno mismo con la intención de morir, mientras que el intento de suicidio ocurre cuando alguien se autolesiona con la intención de acabar con su vida, pero no fallece como resultado de sus acciones [1]. Comprender y caracterizar tanto los suicidios como los intentos es crucial para la prevención, especialmente en poblaciones vulnerables como los adultos mayores.
La capacidad suicida, que incluye el conocimiento, acceso y experiencia con medios letales, se teoriza como un factor que facilita el paso de la ideación suicida al suicidio consumado. Eventos dolorosos y provocadores parecen contribuir más a esta capacidad práctica que un escaso miedo a la muerte. La evidencia sugiere que el suicidio está relacionado con una mayor prevalencia de intentos suicidas previos en la vida de los afectados [4,5,6], siendo los intentos previos el principal factor de riesgo identificado [2].
Otros factores asociados al suicidio incluyen la depresión, el abuso de sustancias, la experiencia de pérdida, la soledad, la discriminación, la ruptura de una relación, problemas financieros, dolor y enfermedad crónicos, personalidad explosiva, hospitalizaciones previas, violencia, abuso y emergencias humanitarias [4,7,8]. Recientemente, se ha observado un aumento en la incidencia de suicidios durante el primer año de pandemia [5].
El Envejecimiento Global y la Salud Mental

La población mundial envejece a un ritmo acelerado. En 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más, y se prevé que esta cifra casi se duplique a 2100 millones en 2050, representando aproximadamente una quinta parte de la población mundial. Para finales de la década de 2060, el número de personas de 60 años o más alcanzará los 2500 millones, superando al de menores de 18 años a escala mundial. En particular, se espera que el número de personas de 80 años o más se triplique con creces entre 2023 y 2060, llegando a los 545 millones (1).
Aunque la mayoría de los adultos mayores goza de buena salud, muchos enfrentan el riesgo de desarrollar afecciones de salud mental como la depresión y los trastornos de ansiedad. También pueden experimentar movilidad reducida, dolor crónico, fragilidad, demencia u otros problemas de salud que requieren cuidados a largo plazo. La probabilidad de padecer varias afecciones al mismo tiempo aumenta con la edad.
Prevalencia de Trastornos Mentales y Suicidio en la Vejez
Aproximadamente el 14,1 % de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental (2). Estas afecciones representan el 6,8 % del total de años vividos con discapacidad en este grupo etario, según las estimaciones mundiales de salud de 2021. Las afecciones de salud mental más frecuentes en los adultos mayores son la depresión y la ansiedad.
Las mismas estimaciones de 2021 revelan que, a escala mundial, alrededor de una sexta parte de las muertes por suicidio (16,6 %) se producen en personas de 70 años o más. A menudo, las afecciones de salud mental en las personas mayores son infravaloradas y tratadas insuficientemente, y la estigmatización asociada puede hacer que las personas sean reacias a buscar ayuda.
Factores de Riesgo Específicos en Adultos Mayores
La salud mental en edades avanzadas está determinada por el entorno físico y social, así como por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los factores estresantes específicos del envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida considerable de capacidad intrínseca y la disminución de la capacidad funcional pueden provocar un malestar psíquico significativo.
Los adultos mayores tienen una mayor probabilidad de experimentar eventos adversos como el duelo, una reducción de los ingresos o una disminución del sentido de propósito con la jubilación. A pesar de sus muchas contribuciones a la sociedad, muchos sufren discriminación por motivos de edad (edadismo), lo que puede afectar gravemente su salud mental.
- Aislamiento Social y Soledad: Afectan a cerca de una cuarta parte de las personas mayores y son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental en etapas posteriores de la vida (3).
- Maltrato: Incluye cualquier tipo de maltrato físico, verbal, psicológico, sexual o económico, así como la desatención. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores (4), lo que puede provocar depresión y ansiedad.
- Responsabilidades de Cuidado: Muchas personas mayores cuidan a cónyuges con afecciones crónicas, como la demencia, lo que puede ser abrumador y afectar su propia salud mental.
- Condiciones de Vida y Salud Física: Los adultos mayores que viven en condiciones precarias, con mala salud física o sin acceso a apoyo y servicios de calidad, corren un mayor riesgo de depresión y ansiedad. Esto incluye a aquellos en entornos humanitarios o con enfermedades crónicas, afecciones neurológicas o problemas de uso indebido de sustancias.
La Realidad en Chile: Estadísticas y Desafíos
En Chile, la conducta suicida ha sido poco estudiada, especialmente en la población de adultos mayores. El país registró una tasa de suicidios estandarizada por edad de 8 muertes por 100 000 habitantes en 2019, con una tasa significativamente mayor en hombres (13,3 por 100 000) que en mujeres (3 por 100 000) [2]. El Servicio Médico Legal indica un aumento en la cantidad de suicidios diarios, de 3,3 en 2000 a 5,5 en 2010 [17].

Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida en la Vejez 2022, la sensación de soledad en las personas mayores de Chile aumentó entre 2016 y 2022, siendo más probable en quienes viven solos y/o no tienen pareja. Esta situación es un problema de salud pública no dimensionado, como señala Agnieszka Bozanic, psicóloga y presidenta de la Fundación GeroActivismo, destacando que otros países ya cuentan con ministerios específicos para combatir la soledad.
Un estudio del Ministerio de Salud de Chile revela que una de cada cinco personas mayores de 60 años podría enfrentar síntomas depresivos. El problema principal es que en este grupo etario la depresión suele estar subdiagnosticada y sin tratamiento adecuado. El médico José Miguel Aravena, miembro de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, considera que los planes nacionales de demencias y prevención del suicidio del MINSAL son insuficientes, pues "no se hace nada específico por esta población de riesgo. Reciben el mismo abordaje que cualquier persona".
Chile es uno de los países con mayor tasa de suicidio en Latinoamérica, alcanzando 10,3 por cada 100 000 habitantes en 2024. Las tasas de suicidio en personas mayores han mostrado un incremento constante entre 2005 y 2020. Los hombres de más de 80 años son quienes más se quitan la vida. El sentimiento de soledad, los estados depresivos no diagnosticados ni tratados, y la ausencia de un sentido de vida son los principales desencadenantes. Los estereotipos de masculinidad, que desalientan la expresión de emociones, también juegan un rol fundamental.
Estudio Regional: El Caso de Coquimbo (2018-2020)
Ante la escasa evidencia sobre la conducta suicida en la Región de Coquimbo, se realizó un estudio para estimar su prevalencia y describir los factores relacionados entre 2018 y 2020. El estudio analizó variables demográficas (sexo, edad, nivel educacional, ocupación, comuna), temporales, antecedentes mórbidos (patologías crónicas, psiquiátricas, tratamiento, violencia, consumo de sustancias) y de conducta suicida (causa, método, intentos previos, intentos y suicidio en la familia).
Hallazgos Clave:
- Casos y Rangos de Edad: De 2190 intentos suicidas notificados, 1781 correspondieron a personas con al menos un intento entre 2018 y 2020, con un rango de edad de 7 a 91 años. De 217 suicidios consumados, 208 eran residentes de la región, con edades entre 12 y 99 años.
- Prevalencia Regional: La prevalencia de suicidio en Coquimbo varió entre 9,24 y 10,17 por 100 000 habitantes, siendo mayor en 2019. La tasa regional estandarizada por edad en 2018 fue de 9,55 muertes por 100 000 personas.
- Ruralidad: Las tasas de suicidio son mayores en sectores rurales, una tendencia que coincide con estudios en España, Canadá [6,9] y la Región de La Araucanía [24]. Una explicación plausible es la dificultad de acceso a centros de atención de salud mental en estas zonas, junto con condicionantes sociales como el aislamiento y la brecha entre la realidad y las expectativas de vida.
- Diferencias por Sexo y Edad: Existe una diferencia estadísticamente significativa entre el intento y el suicidio consumado. Los intentos predominan en mujeres (65% de los casos) y personas jóvenes, mientras que los suicidios consumados son más frecuentes en hombres (solo el 11% de los suicidios fueron en mujeres) y en adultos mayores. Este hallazgo concuerda con estudios previos que indican que las mujeres son más proclives a los intentos, mientras que los hombres logran la autoeliminación con mayor frecuencia [23,27].
- Métodos Utilizados: La ingesta medicamentosa fue el método más usado en los intentos (57,9%), mientras que el ahorcamiento fue la forma más frecuente de concretar el acto letal (89,4%). Se observaron diferencias significativas por sexo:
- Mujeres: En intentos, utilizan más medicamentos y heridas cortantes. En suicidios consumados (con mucha menor frecuencia que hombres), usan ahorcamiento, heridas cortantes y asfixia por sofocación.
- Hombres: En intentos, utilizan más armas de fuego, ingesta de tóxicos o veneno, y ahorcamiento. El ahorcamiento es el método más frecuentemente utilizado por ambos sexos en suicidios consumados.
- Factores de Riesgo en Intentos Suicidas: Cerca de la mitad de quienes intentan suicidarse refieren uno o más intentos previos, y cerca del 60% tiene historial de patología psiquiátrica. Un cuarto reporta abuso de sustancias. Antecedentes familiares de violencia, intentos y suicidios están presentes en proporciones variables entre los intentadores. Más de la mitad de los casos presentan dos o más variables de riesgo.
- Educación y Estado Civil: Los resultados sugieren que la educación superior parece proteger contra el suicidio. Otros estudios coinciden en que las personas solteras presentan mayor frecuencia de suicidio [9].
- Estacionalidad: Se sugiere una influencia del clima en la estacionalidad del suicidio, con un aumento en los meses cálidos debido a los cambios en la exposición a la luz solar [33].
Una limitación del estudio fue la posible subnotificación de intentos, especialmente durante la pandemia de 2020. Sin embargo, la calidad de los datos de muertes por suicidio fue buena, fortaleciendo la validez de los resultados.
Características del Suicidio en Adultos Mayores

El suicidio es una causa importante de muerte en personas de 60 años y más. Un estudio correlacional con seguimiento durante 13 años encontró que el intento de suicidio en personas mayores se relacionó significativamente con un grupo etario más avanzado (mayores de 70 años), el sexo masculino y la presencia de factores estresantes en el grupo de apoyo primario y problemas de vivienda. Los métodos más empleados fueron la ingesta de medicamentos y la asfixia por ahorcamiento. La conducta suicida se relacionó significativamente con diagnósticos psiquiátricos, especialmente el trastorno depresivo, pero no con enfermedades médicas comórbidas.
Es frecuente que los hombres mayores de 60 años fallezcan por suicidio consumado en el primer intento. Los factores precipitantes y las razones para morir más aludidos en este grupo fueron los conflictos familiares y los sentimientos adversos. Se constató que las características de los intentos de suicidio en personas mayores se asemejan a las del suicidio consumado.
La depresión es uno de los factores de riesgo más importantes en esta etapa de la vida. Sus síntomas pueden variar, incluyendo la pérdida de interés o el abandono de actividades, lo que a menudo lleva a un subdiagnóstico.
La muerte por suicidio en la población de edad avanzada es un fenómeno que a menudo se ignora o se descuida, atrayendo menos atención que el suicidio en la población más joven. Detectar pensamientos suicidas en este grupo es crucial para asegurar que reciban la ayuda necesaria.
Promoción, Prevención y Tratamiento
Salud mental, la clase que nadie nos dió | Fernando Lemarroy | TEDxTecdeMty
Las estrategias de promoción y prevención de la salud mental dirigidas a los adultos mayores se centran en apoyar un envejecimiento saludable. Esto implica fomentar entornos físicos y sociales que faciliten el bienestar y permitan a las personas realizar actividades importantes para ellas, incluso frente a la pérdida de facultades.
Estrategias Clave de Promoción y Prevención:
- Reducción de la inseguridad financiera y la desigualdad de ingresos.
- Programas para garantizar viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles.
- Apoyo social a los adultos mayores y a sus cuidadores.
- Promoción de comportamientos saludables: dieta equilibrada, actividad física, abstención de tabaco y reducción del consumo de alcohol.
- Programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables, como personas que viven solas o en zonas remotas y aquellas con afecciones crónicas.
La conexión social es fundamental para reducir el aislamiento y la soledad en los adultos mayores. Actividades sociales satisfactorias pueden mejorar significativamente la salud mental positiva, la satisfacción y la calidad de vida, así como reducir los síntomas depresivos. Ejemplos incluyen iniciativas de amistad, grupos comunitarios y de apoyo, formación en habilidades sociales, grupos de artes creativas y programas de voluntariado (3).
La protección contra el edadismo y el maltrato es igualmente crucial, a través de políticas y leyes antidiscriminatorias, intervenciones educativas y actividades intergeneracionales. Existen diversas intervenciones para cuidadores, como cuidado de relevo, asesoramiento, educación y apoyo económico, para mantener relaciones de cuidado saludables y prevenir el maltrato.
Tratamiento y Atención
Es esencial el reconocimiento y tratamiento temprano de las afecciones de salud mental en adultos mayores. Esto requiere una atención integrada y de base comunitaria, enfocada en los cuidados a largo plazo y el apoyo a los cuidadores. Se recomienda una combinación de intervenciones de salud mental con otros apoyos para abordar las necesidades de salud, cuidado personal y sociales.
La demencia es una preocupación importante, ya que afecta la salud mental (por ejemplo, desencadenando síntomas de psicosis y depresión) y demanda acceso a atención de salud mental de calidad. Es vital también responder al maltrato, con intervenciones como notificación obligatoria, grupos de apoyo, líneas de ayuda y alojamientos de emergencia.
Respuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS)
La OMS colabora en estrategias y programas para que los gobiernos respondan a las necesidades de salud mental de los adultos mayores. Iniciativas como la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) buscan mejorar la vida de las personas mayores y sus comunidades. El Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 promueve la mejora de la salud mental para todos los grupos de población, incluidos los adultos mayores.
El Programa de Acción para Superar las Brechas en Salud Mental (mhGAP) de la OMS ofrece protocolos clínicos para la evaluación y gestión de afecciones mentales, neurológicas y por consumo de sustancias en entornos no especializados, incluyendo la depresión y la demencia, con guía específica para adultos mayores. Durante la pandemia de COVID-19, la OMS desarrolló herramientas como "Adaptarse a los tiempos" para apoyar la salud mental de los adultos mayores.
En resumen, los factores relacionados con un mayor riesgo de suicidio en adultos mayores son la ruralidad, el sexo masculino, la edad avanzada, un menor nivel de educación, antecedentes de patologías mentales y haber realizado intentos previos. Es importante destacar el aumento de suicidios en personas mayores durante la pandemia, siendo el ahorcamiento el método más utilizado.