El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión

El Libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión, publicado en 1997, es una obra colectiva elaborada por académicos e investigadores europeos, bajo la edición de Stéphane Courtois, director de investigaciones del Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia. Entre los colaboradores se encuentran figuras como Andrzej Paczkowski, Nicolas Werth y Jean-Louis Margolin.

La obra fue publicada originalmente en Francia como Le Livre noir du communisme: Crimes, terreur, répression por Éditions Robert Laffont. En Estados Unidos, la publicación corrió a cargo de Harvard University Press, con un prólogo del historiador Martin Malia. La edición alemana, lanzada por Piper Verlag, incluye un capítulo de Joachim Gauck, y la introducción general es de Stéphane Courtois.

El terror como forma de gobierno

En su introducción, Stéphane Courtois sostiene que el "comunismo real" implementó una represión sistemática, llegando a erigir el terror como forma de gobierno en momentos de paroxismo. El libro cita cifras de muertes atribuidas a regímenes comunistas, indicando que "se acerca a la cifra de cien millones", aunque se estiman valores reales muy superiores.

La magnitud de los asesinatos atribuidos al comunismo, comparada con los del nazismo, plantea interrogantes sobre las semejanzas y diferencias entre ambas ideologías. En ambos casos, el objetivo de la represión no fueron individuos aislados, sino grupos enteros. El terror buscaba exterminar a un grupo designado como enemigo, que, si bien constituía una fracción de la sociedad, era atacado bajo una lógica genocida.

La sociedad nazi del futuro se concebía construida alrededor de la "raza pura", mientras que la sociedad comunista del futuro se planteaba sobre un pueblo proletario purificado de la "escoria burguesa". Los crímenes leninistas, estalinistas, maoístas y la experiencia camboyana plantean una nueva cuestión para la humanidad: ¿cómo calificar el crimen de exterminar, por razones político-ideológicas, no solo a individuos u opositores, sino a segmentos masivos de la sociedad? Ante esta disyuntiva, algunos autores anglosajones han acuñado el término "politicidio".

Diagrama comparativo de las ideologías nazi y comunista, destacando sus objetivos de purificación social.

Críticas y controversias

El Libro negro del comunismo generó un considerable debate, recibiendo tanto críticas favorables como desfavorables y atrayendo reprobaciones significativas.

Estimaciones de víctimas

Diversos historiadores han presentado estimaciones muy dispares sobre el número de muertes en los países abordados por el libro. Por ejemplo, las estimaciones de muertes causadas por la represión del régimen de Iósif Stalin en la Unión Soviética varían alrededor de los 2 millones, mientras que las cifras para la República Popular China de Mao Zedong oscilan entre 19,5 y 75 millones.

Los autores del Libro negro defienden sus propias estimaciones de 20 millones de muertes en la Unión Soviética y 1 millón en Europa Oriental, argumentando que se basaron en fuentes previamente inaccesibles para otros investigadores, como los archivos soviéticos.

En años recientes, otros autores han publicado cifras de muertes causadas por dictaduras comunistas progresivamente mayores. Un grupo considerable de críticos sostiene que solo algunos de los regímenes mencionados en el libro, o ninguno, fueron verdaderamente "comunistas". Esta idea, que cuestiona si los estados comunistas históricos representaron una implementación fiel de las ideas comunistas, se remonta a la década de 1930.

Stéphane Courtois, en la introducción del libro, admite que "algunos espíritus apesadumbrados o escolásticos siempre podrán defender que ese comunismo real no tenía nada que ver con el comunismo ideal". Sin embargo, para los propósitos del libro, se define un Estado comunista como un régimen de partido único que proclama abiertamente su adhesión al marxismo-leninismo.

Carencia de contexto y comparaciones

La crítica más recurrente hacia el Libro negro es su falta de contexto, al centrarse exclusivamente en los Estados socialistas sin establecer comparaciones con los capitalistas. Los críticos argumentan que, si se aplicaran los mismos criterios de análisis, el capitalismo sería responsable de un número de víctimas igual o superior al de los regímenes comunistas, considerando los efectos del colonialismo, el imperialismo, la represión de la clase trabajadora, las dictaduras prooccidentales y la transición al capitalismo tras el comunismo.

Le Monde Diplomatique señala que el libro incrimina únicamente al campo comunista en numerosas guerras y revoluciones, omitiendo los actos criminales cometidos simultáneamente por el campo anticomunista. Pensadores como Noam Chomsky sostienen que los argumentos utilizados para justificar las muertes en ambos sistemas son similares.

Como respuesta a estas críticas, el periodista Jean-François Revel dedicó varios capítulos de su libro La gran mascarada a abordar estas cuestiones.

Gráfico de barras comparando las estimaciones de muertes en regímenes comunistas y nazis, con notas sobre la controversia en las cifras.

El caso de los "cuatro ancianos alemanes" y la figura de Miguel Estay Reyno

El texto también introduce el caso de Manuel Guerrero Antequera, cuyo padre, Manuel Guerrero Cevallos, fue degollado junto a José Manuel Parada y Santiago Nattino en 1984. El autor del crimen fue Miguel Estay Reyno, conocido como "El Fanta", quien era amigo de la familia y compañero del padre de Manuel en el Partido Comunista.

Estay Reyno cumple cadena perpetua por este crimen y ha pasado 12 años en prisión. A pesar de la brutalidad de los hechos, habla de manera pausada y racional, expresando su deseo de encontrarse con Manuel Guerrero Antequera para contarle su versión de los hechos e intentar comprender lo incomprensible.

Estay Reyno reconoce tener una explicación moral pendiente por sus actos. Relata su captura y tortura en diciembre de 1975 por el Comando Conjunto, y cómo fue entregado por su superior en la inteligencia del Partido Comunista, René Basoa. Posteriormente, cayeron su hermano Jaime, su cuñada Isabel Stange y su amigo Víctor Vega Riquelme, quienes fueron detenidos al acudir a una cita con Estay que resultó ser una trampa.

Estay Reyno niega ser culpable de la detención de sus familiares ni de la muerte de Vega, mostrando un fallo judicial que lo exculpa de estos hechos. Explica la complejidad de su situación, mencionando que su colaboración con los servicios de seguridad pudo haber sido motivada por el deseo de salvar a su hermano y cuñada, y que su decisión, aunque no necesariamente correcta, fue la única opción posible para evitar convertirse él mismo en un detenido desaparecido.

A lo largo de su relato, Estay Reyno reflexiona sobre su proceso de cambio, la influencia de las ideas económicas del gobierno militar y su vinculación con los servicios de inteligencia. También aborda la presión y las circunstancias que rodearon su decisión, argumentando que bajo los convenios internacionales contra la tortura, no debería ser juzgado. Señala que para fines de 1976 ya figuraba en una lista negra del Partido Comunista.

Estay Reyno menciona haber tenido una formación ideológica que moldeó su actuar, convirtiéndose en una "necesidad". Aclara que su hermano Jaime sigue militando en el Partido Comunista y que no hubo una entrega voluntaria de su parte, sino el resultado de la tortura, y que su detención fue producto de una suma de informaciones.

Reconoce su responsabilidad en la identificación de militantes del Partido Comunista y, con cautela, habla sobre su participación posterior en la Dicomcar y el degollamiento de Santiago Nattino, José Manuel Parada y Manuel Guerrero. Expresa la dificultad de pedir perdón y menciona haberse acogido a la Ley de Arrepentimiento Eficaz, lo que le valió críticas y una condena de 6 años de cárcel.

A pesar de su condena, Estay Reyno no está dispuesto a asumir culpas ajenas. Solicitó que se estudiara su posible inculpación en el secuestro de Reinalda Pereira y Edrás Pinto, pidiendo ser des-amnistíado y juzgado si fuera el caso.

Explica su relación con Manuel Guerrero, a quien conoció en 1969. Tuvo una solicitud de Manuel Guerrero Antequera para visitarlo en Punta Peuco, la cual accedió, pero la autorización aún no se ha concretado.

Estay Reyno reflexiona sobre la naturaleza del mal y la victimización, considerando tanto a torturados como a torturadores como víctimas en posiciones diferenciales, producto de una sociedad que permitió la práctica fascista.

Describe su rutina en Punta Peuco, que incluye levantarse temprano, escuchar noticias, leer, organizar una biblioteca y un taller literario. También realiza actividades físicas y juega partidos de baby fútbol.

En cuanto a Osvaldo Romo, otro personaje mencionado, Estay Reyno lo describe como un anciano diabético e hipertenso, con buena memoria de largo plazo y capacidad para ser entretenido, aunque vivió pobremente sus últimos años, afectado por la situación de su familia en Brasil.

Estay Reyno cree en la importancia de establecer la verdad judicialmente y de discriminar entre culpables y no culpables. Considera que, aunque no cree que exista el espacio político para una conmutación de pena, es fundamental fijar judicialmente los hechos.

Reconoce la autoría intelectual de la superioridad en ciertos actos, pero carece de pruebas. Sostiene que hoy se ha establecido la verdad de que nada se movía sin el conocimiento de las jefaturas institucionales.

Miguel Estay Reyno alias El Fanta ex colaborador de la DINA en entrevista con NTN24

El libro "Forrahue. Matanza de 1912" y la memoria mapuche

El texto también hace referencia al libro Forrahue. Matanza de 1912, una obra testimonial de la comunidad indígena de Forrahue y del escritor mapuche Bernardo Colipán. Este libro busca restablecer la verdad en el ámbito del relato histórico y la memoria nacional chilena, utilizando una diagramación que lo incluye en la serie de objetos artísticos.

La obra aborda la matanza ocurrida en Forrahue, donde un contingente policial atacó a comuneros mapuches. El libro corrige las actas oficiales, denominando el suceso como una matanza y la lista de fallecidos como una lista de hermanos asesinados.

La diagramación del libro se caracteriza por el entrelazamiento de textos, fotografías, dibujos y colores, evocando sensaciones táctiles, sonoras y visuales, similar al arte textil mapuche. El libro se presenta como un espacio sustituto de recogimiento y memoria, donde se reconstituye el cuerpo huilliche y se restaura la memoria fragmentada por el trauma.

El libro se estructura en varias secciones: un prolegómeno autorial, una parte histórica titulada "Forrahue. Lugar de memoria y osamentas a contraluz", la sección "Genealogía de la vida" que diagrama las genealogías de los asesinados y sobrevivientes, una lista oficial de muertos bajo el título "Hermanos", la inclusión de ocho certificados de defunción, y testimonios de descendientes de la tercera y cuarta generación. Una fotografía final de una cruz en medio de pastizales abandonados refuerza el mensaje "El olvido es la muerte".

Portada del libro

Víctor Farías y "Los nazis en Chile"

Finalmente, se menciona la obra de Víctor Farías, Los nazis en Chile, que estudia la infiltración, organización y praxis del partido nazi en Chile entre 1932 y 1945. El libro analiza las instituciones para la infiltración del nazismo en el extranjero y en Chile, la historia, organización y estructura del partido nazi chileno, y la praxis y recepción del racismo nazi a través de antropólogos racistas alemanes y médicos chilenos.

La obra también examina la política exterior de Chile y su relación con el Tercer Reich, el espionaje nazi en Chile y la infiltración en instituciones políticas, culturales, científicas y militares chilenas, así como la relación del Ejército chileno con el nazismo.

Se destacan la advertencia de Gabriela Mistral, la labor de diplomáticos chilenos como teóricos del nacionalsocialismo, los informes del cuerpo diplomático, la diplomacia chilena y la inmigración judía, y la intervención del capitán Roberto Muñoz y su nave Copiapó.

El libro aborda la colaboración y coordinación entre los diplomáticos chilenos y el Instituto Iberoamericano del general W. Faupel, así como la intervención de Chile en la Guerra Civil Española y la obstrucción de la embajada chilena en Berlín a la acción humanitaria del Vaticano.

Se investiga la ruptura de relaciones diplomáticas de Chile con los países del Eje y el intercambio de personal acreditado, planteando la pregunta sobre chilenos en campos de concentración alemanes.

Se detallan los procesos para investigar delitos contra la seguridad exterior del Estado y sus resultados, la Lista Combinada de Personas y Firmas en Chile incluidas en la "Lista Proclamada de Ciertos Nacionales Bloqueados" y la "Statutory List" británica.

La infiltración en instituciones políticas, culturales, científicas y militares chilenas se examina a través del soborno de ministros, el apoyo al general Carlos Ibáñez, la figura de un ministro de la Corte de Apelaciones ante los "Tribunales del Terror", la influencia en profesores y estudiantes, el proyecto de una Casa de Concentración para intelectuales chilenos, el Instituto Cultural Germano-Chileno de Santiago, y la colaboración en arte y literatura.

Finalmente, se analizan los proyectos de investigación y poblamiento de agentes del Reich en la Patagonia y la Antártida, y la relación del general W. Faupel con la revista Ejército-Marina-Aviación, donde un joven oficial suscriptor era Augusto Pinochet.

Ilustración de la portada del libro

tags: #4 #ancianos #alemanes #son #asesinados #librobchileno