Vulnerabilidad y Convivencia Escolar

La convivencia escolar es un ámbito crucial que incide directamente en el bienestar y desarrollo socioafectivo de los estudiantes, afectando su conducta, disposición y rendimiento académico. Un ambiente escolar óptimo se caracteriza por el respeto, la organización y la seguridad, elementos fundamentales para el aprendizaje y crecimiento personal.

Esquema de los pilares de la convivencia escolar: respeto, organización, seguridad

Dimensiones del Clima de Convivencia Escolar

Ambiente de Respeto

Este pilar considera las percepciones y actitudes de estudiantes, docentes, padres y apoderados en relación con el trato respetuoso, la valoración de la diversidad y la ausencia de discriminación en el establecimiento educativo. Es fundamental que la comunidad educativa promueva y exija cotidianamente el respeto a las normas básicas de cortesía y civilidad, tales como saludar, agradecer, pedir por favor, disculparse y evitar hablar mal de otros. Además, se fomenta la preocupación por los demás, ofreciendo ayuda o acogiendo a quienes se sienten solos.

  • El establecimiento vela para que los docentes sean un ejemplo de respeto, promoviendo estos hábitos en su quehacer cotidiano y siendo consecuentes en su actuar.
  • Se corrigen las descalificaciones y faltas de respeto, sean leves o de mayor gravedad.
  • Se genera un clima de respeto ante la diversidad de pensamientos, culturas y tradiciones, con docentes que modelan con su ejemplo y son respetuosos con todos los estudiantes.
  • Se implementan sistemáticamente acciones que promueven el valor de la inclusión y la diversidad.
  • El equipo directivo y los docentes promueven el trato equitativo y corrigen cualquier tipo de discriminación (por nivel socioeconómico, religión, nacionalidad, pueblo originario, discapacidad, género, orientación sexual, intereses, características físicas o psicológicas, entre otros).

Ambiente Organizado

Esta dimensión se centra en las percepciones de estudiantes, docentes, padres y apoderados sobre la existencia de normas claras, conocidas, exigidas y respetadas por todos, así como el predominio de mecanismos constructivos de resolución de conflictos. La escuela, además de un escenario de instrucción, debe formar la personalidad individual y social de sus protagonistas y agentes, previniendo conflictos mediante una tarea de carácter interdisciplinar.

  • Se definen explícitamente las normas que regulan las relaciones entre los distintos actores de la comunidad educativa, así como las medidas disciplinarias y formativas asociadas a su incumplimiento.
  • Se corrige a los estudiantes cuando transgreden las normas de convivencia, evitando ignorar las faltas.
  • Lo declarado en el Proyecto Educativo Institucional (PEI) de los establecimientos con buen clima de convivencia escolar es coherente con su Reglamento Interno de Convivencia Escolar y el Plan de gestión de la Convivencia Escolar.
  • Se implementan acciones concretas que contribuyen a que los estudiantes desarrollen habilidades para resolver los conflictos, enseñándoles a ponerse en el lugar del otro, a autorregular impulsos y emociones, a distinguir diferentes vías de abordar las diferencias, a llegar a acuerdos, a expresar con claridad sus puntos de vista y a reconocer las propias responsabilidades.

Ambiente Seguro

Este componente considera las percepciones de estudiantes, docentes, padres y apoderados en relación con el grado de seguridad y la presencia de violencia física y psicológica al interior del establecimiento, así como la existencia de mecanismos de prevención y acción. Se implementan acciones dirigidas a resguardar la seguridad de los estudiantes.

  • Se implementan estrategias para crear conciencia de los efectos del bullying, fomentar el respeto a la diversidad, fortalecer la responsabilidad de los espectadores, crear lazos de confianza, establecer medios de denuncia y promover la idea de que informar acerca de los casos de bullying es una conducta responsable.
  • Los profesores establecen relaciones de confianza con los estudiantes y explicitan que pueden recurrir a ellos en caso de ser amenazados, agredidos o presentar otro tipo de dificultades.
  • Los establecimientos promueven la comprensión del reglamento de convivencia escolar, abordando desde una mirada formativa las consecuencias de los actos, y no de manera punitiva o sancionadora.
  • Se evitan espacios donde los estudiantes estén solos y sin supervisión, tanto durante las horas de clases como en los recreos o almuerzo.

Vídeo que nos demuestra tolerancia respeto y valores

Estrategias y Programas para el Fortalecimiento de la Convivencia

Los establecimientos consideran e implementan prácticas que favorecen el clima de acuerdo con el contexto y las necesidades de su comunidad. Se preocupan por realizar actividades fuera de la jornada escolar en las que participan estudiantes y apoderados, como corridas familiares, bingos, olimpiadas para padres, desayunos o campamentos de voluntariados.

Asimismo, realizan un diagnóstico y monitoreo del clima de convivencia escolar al interior de su institución y generan proyectos de intervención específicos para apoyar a aquellos cursos que presentan mayores dificultades en su convivencia, tanto en el ámbito individual como grupal.

Programas de Intervención y Apoyo

  • Un programa tiene por objetivo desarrollar competencias y habilidades para enfrentar y prevenir la violencia escolar, así como para favorecer la convivencia educativa, en los equipos de gestión a nivel de sostenedores y de establecimientos educacionales de comunas focalizadas del país.
  • Otro objetivo es entregar herramientas a los equipos de educadoras/es, docentes y familias, para abordar el desarrollo emocional de las y los párvulos y estudiantes en sus diferentes etapas. Este se complementa con la aplicación de libre acceso Contigo Juego y Aprendo.
  • Recursos alojados en la web de Recursos para la Reactivación Educativa presentan herramientas de apoyo orientadas al desarrollo socioemocional de los escolares, organizadas según dimensiones (convivencia, bienestar integral, salud mental) y niveles educativos (1° a 6° básico y 7° a 4° medio).
  • Una estrategia busca fortalecer la salud mental en las comunidades educativas integrando acciones de orientación, formación y apoyo socioemocional para estudiantes y equipos educativos. Esto incluye una serie de cuatro cartillas con orientaciones para la promoción y prevención en salud mental, el fortalecimiento de la detección temprana y la derivación acompañada. También comprende un curso autoinstruccional y un manual llamados Bienestar y salud laboral de los equipos educativos: estrategias desde la gestión y el liderazgo.

La Violencia de Género en el Ámbito Escolar

Hay muchos factores que generan la violencia, siendo el género uno de los principales motores de la violencia en la escuela y sus alrededores. Estudiantes de todos los sexos pueden experimentar la violencia de género en la escuela y sus alrededores, lo que obstaculiza gravemente su educación, sus derechos y su salud física y mental. Con la igualdad de género como prioridad mundial, la UNESCO presta especial atención a las dimensiones de género de la violencia escolar.

Denominada violencia de género en el ámbito escolar, esta forma de violencia incluye actos o amenazas de violencia sexual, física o psicológica que se cometen en las escuelas y sus alrededores, perpetrados como resultado de normas y estereotipos de género perjudiciales y reforzados por dinámicas de poder desiguales. Esta situación se ve exacerbada por las intersecciones de género con las construcciones de etnia, cultura, pobreza y discapacidad, provocando, por ejemplo, la violencia específica basada en la orientación sexual y la identidad o expresión de género, que incluye el acoso homofóbico y transfóbico. Abordar la violencia escolar requiere, por tanto, comprender el género y las arraigadas normas patriarcales, sociales y culturales.

En el contexto del acoso, los datos demuestran que las niñas sufren acoso tanto como los niños. Sin embargo, los tipos de acoso que sufren las niñas y los niños son diferentes. Los niños están mucho más expuestos al acoso físico y a la violencia física en general que las niñas. Estas últimas están ligeramente más expuestas al acoso psicológico, especialmente mediante el ciberacoso y el acoso basado en la apariencia. El acoso sexual (bromas, comentarios y gestos sexuales) afecta a la misma proporción de niños y niñas.

Infografía sobre tipos de acoso por género

Vulnerabilidad y Percepción de la Violencia Escolar

La violencia escolar debe comprenderse en su relación con las personas, organizaciones y culturas que la enmarcan. Es interesante conocer la perspectiva de los niños y niñas de enseñanza primaria, especialmente en los segmentos sociales marginados y vulnerados por condiciones de injusticia y pobreza, cuyas voces suelen estar menos representadas en la cultura escolar.

Una investigación cualitativa en una escuela básica, donde el 100% de los estudiantes acreditaban condiciones de vulnerabilidad social y educativa y donde solían ocurrir hechos de violencia, tuvo como objetivo conocer los significados construidos respecto de la violencia y su gestión. Los resultados refieren a una experiencia diaria de aburrimiento en el aula, a la que algunos estudiantes se conformaban, mientras otros buscaban escapar de clases o interrumpirlas a través de peleas o destrucción de mobiliario. Los estudiantes que protagonizaban estas acciones eran atendidos por profesores y profesionales de apoyo, a diferencia de aquellos que observaban o recibían agresiones. Los participantes de la investigación manifestaron propuestas para mejorar la convivencia en la escuela y el aula. Estos resultados son discutidos en relación con las necesidades de reconocimiento identitario y cultural de los estudiantes.

La Calidad de Vida y la Educación

En una sociedad actual sometida a cambios tecnológicos tan acelerados, es difícil saber cuáles serán las necesidades inmediatas y dónde poner el listón de aspiraciones de calidad de vida. El desigual reparto de la riqueza y los niveles de desarrollo extremadamente diferentes entre regiones y países, comunicados entre sí mediante sofisticados sistemas técnicos de distribución de la información, hace que sea muy complicado afirmar que lo que es bueno para un lugar no sea insuficiente para otro.

La aspiración a la mejora de la calidad de vida adquiere distintos formatos según el contexto cultural, económico o social, pero en general, discurre sobre la base de la necesidad de mejorar la calidad de la vida actual. Este concepto tiene que ver con un conjunto muy amplio de factores, algunos de los cuales no dependen directamente de las personas que se ven afectadas por ellos. Afortunadamente, ni la cultura ni la sociedad son realidades fijas; son, por el contrario, realidades en continuo cambio, a las cuales el individuo debería sentir que tiene libre acceso y que puede ir cambiando con su esfuerzo individual y colectivo.

Es importante comprender que, al hablar de mejora de la calidad de vida a través de la educación en su sentido más amplio, también se intenta progresar en libertad y autonomía. Aunque no todo depende directamente de nuestros esfuerzos, una parte sustantiva es posible cambiarla. Así pues, aunque no todo pueda controlarse, algunos de los factores que importan son, si no controlables, sí modificables.

El Factor Humano y las Redes Sociales

El factor humano es un elemento clave en las comunidades de convivencia y las relaciones sociales. La vida es siempre una vida social, compuesta por las diferentes redes de relaciones interpersonales que se levantan en los escenarios ordinarios. Las condiciones de vida y la actividad conjunta o dependiente de unos respecto de los otros nos proporcionan un entramado de relaciones en las que encontramos tanto el origen de algunos de nuestros problemas como la posibilidad de salir de ellos y mejorar nuestras propias condiciones.

Nadie progresa en el vacío social; nadie puede salir por sí mismo y en soledad de dificultades que, con frecuencia, no se han generado tampoco en el retiro. Aprender a hacer un análisis comunitario de las dificultades que nos aquejan, además de evitar el desánimo y la culpa, nos coloca en una buena posición para mejorar, ya que aprenderemos a vernos a nosotros mismos y a los demás como potencial de transformación y mejora.

La acción conjunta, cuando es compleja y culturalmente organizada, se convierte en una verdadera actividad, proporcionando sentido personal y significado social a lo que cada uno hace, dice, piensa y expresa. La comunicación con los otros va estableciendo el discurso propio y compartido que nos aporta poco a poco ciertas señales de nuestra identidad social. Finalmente, los conocimientos, emociones y sentimientos que compartimos con los demás nos permiten ir alimentando el proceso de desarrollo y los aprendizajes que la vida nos ofrece.

Considerando los procesos de desarrollo y aprendizaje, la educación puede ser visualizada como los sistemas más o menos formales de los que nos dotamos para lograr el posible perfeccionamiento de nosotros mismos y de nuestras condiciones de vida. La educación es, en gran medida, un proceso que acontece en los ámbitos de actividad y comunicación en los que vivimos, donde están presentes, de forma permanente, las redes de relaciones interpersonales que componen el tejido humano al que sí podríamos acceder de forma más objetiva.

Las relaciones interpersonales no son un elemento estrictamente objetivo; se ven permanentemente supeditadas por sentimientos y emociones que afectan a nuestra identidad subjetiva. No somos sujetos cerrados, sino en continuo contacto con los otros. Poseemos y manipulamos, a veces sin verdadera conciencia de ello, parte de la identidad social de aquellos con los que convivimos. Ser miembro de una red social bien articulada nos garantiza el estímulo necesario para enfrentarnos a tareas difíciles de ejecutar en soledad, pero también nos coloca ante la necesidad complementaria de cuidar la red, ya que los problemas que la afecten terminarán afectándonos personalmente.

A su vez, estas relaciones, tanto por la propia naturaleza psicológica de los seres humanos como porque las necesidades individuales y los estilos propios de ser y estar son muy diversos, nunca son ni simples ni estáticas. Conflictos de todo orden, problemas coyunturales o estructurales, tensiones, malos entendidos, pasiones poco reflexivas, amores y odios, así como amistades y altruismos son la esencia misma de la vida social interpersonal. Las buenas y las malas relaciones interpersonales no son entes abstractos, sino procesos concretos en los que nos vemos envueltos dadas las formas de comunicarnos con los demás que seamos capaces de activar y mantener.

Es importante no olvidar que la vida en común tampoco sucede en el vacío, sino en escenarios concretos. Sin embargo, resulta infrecuente encontrar, en el ámbito de las instituciones educativas (familia, escuela e instituciones sociales de ayuda o apoyo), un discurso expreso sobre hasta qué punto la calidad de la vida es un factor decisivo en el logro de otras calidades como la educativa. Por el contrario, esto sí ocurre en ámbitos como el de protección sanitaria o social.

Dado que la escuela es un ámbito de convivencia, sus efectos no deben ceñirse a saberes concretos, sino que deben visualizarse en la formación general de la personalidad individual y social de sus protagonistas y agentes. Esto afecta tanto a los escolares como a la trayectoria profesional de los docentes, que también queda impactada por la calidad del sistema de convivencia que las escuelas establecen. Aprender a convivir es un seguro de habilidades sociales para el presente y para el futuro, y por tanto, un indicador de bienestar social.

Prevención de Conflictos y Formación Docente

El abordaje de la prevención de los conflictos que cursan con violencia debe ser interdisciplinar. Tanto los servicios de salud mental como las instituciones de protección social y los centros de educación formal deberían involucrarse en la prevención. Todo plan de acción debe ser global y coordinado: desde las instituciones de salud hasta las educativas, pasando por las de protección y solidaridad.

La formación del profesorado a todos los niveles es fundamental para que la prevención se incluya en los planes educativos desde el currículo. "Interdisciplinar" significa que, cuando el asunto es tan importante y sus posibles efectos sobre la población tan serios o graves (por ejemplo, que un elevado grado de conflictividad social pueda ser caldo de cultivo de fenómenos de violencia), ningún grupo profesional o de poder debe atribuirse el control total sobre su análisis y sus métodos de trabajo.

Nada ha hecho más daño a la escuela que su aislamiento de la marcha general de los mejores valores sociales, como la sensibilidad para el cambio, la atención a las capas más desfavorecidas de la población o el protagonismo en programas de ayuda a otros. La escuela no puede estar aislada, aunque necesite, en gran medida, un espacio propio y unas condiciones específicas. "Global" significa que todos los sistemas, agentes, recursos y protagonistas deben ser considerados importantes, tanto a la hora del estudio del fenómeno como, sobre todo, a la hora de las propuestas de intervención.

Finalmente, es necesario tener presente que nada puede hacerse sin contar con la clara conciencia profesional de los docentes, sus deseos de actuar y su entusiasmo por cambiar las cosas. La investigación (Defensor del Pueblo, 2000) muestra que una cosa es lo que preocupa más al profesorado y, a veces, otra distinta, el origen de fenómenos de conflictividad con causas muy diversas. Así, la falta de motivación para el estudio y las tareas escolares, visualizado como uno de los problemas actuales de los centros escolares (especialmente los de secundaria), esconde procesos algo más complejos.

La motivación para el estudio y la asunción de normas son actitudes sociales que hunden sus raíces en procesos psicológicos complejos, que a su vez se apoyan en otros procesos de los que la cultura escolar no ha sido tradicionalmente muy consciente. La motivación para el esfuerzo intelectual es siempre una motivación intrínseca que se genera en el entusiasmo y las actitudes positivas cuando se visualiza que el esfuerzo tendrá una recompensa y logrará el éxito. Es necesario sentirse mínimamente estimado y valorado para percibir que el beneficio del estudio, siempre a largo plazo, redundará en una mejora de la propia identidad personal.

Dado que los beneficios directos no siempre pueden visualizarse, muchos escolares que no reciben apoyo externo de sus familias o profesores no pueden encontrar esa motivación interna. La motivación para el estudio brota como consecuencia del éxito previo. La estima académica supone el reconocimiento social de que el esfuerzo del estudiante ha sido valorado positivamente por la sociedad a través de buenas calificaciones, lo que incluye un mensaje simbólico de que todo va bien y se están cumpliendo las expectativas. Muchos chicos y chicas que no encuentran sentido práctico en las actividades escolares, y que tampoco disponen de la paciencia y el control necesario de su propio proyecto vital para demorar la recompensa, entran en un proceso de rechazo de las tareas, aburrimiento ante las iniciativas del profesorado o clara disruptividad.

Es difícil no estar de acuerdo con los docentes cuando se quejan de la falta de motivación e interés de un conjunto, a veces muy numeroso, de chicos y chicas que adoptan una actitud pasiva y poco interesada ante el trabajo escolar. De hecho, este es uno de los problemas más frecuentes con los que tienen que enfrentarse como profesionales. Sin embargo, es paradójica la escasa conciencia que con frecuencia se tiene sobre la relación entre la desmotivación estudiantil y los sistemas de actividad académica. No se trata, pues, de responsabilizar a uno u otro polo del sistema relacional profesorado-alumnado-currículo; se trata de comprender que estamos ante un proceso muy complejo, cuyas variables no solo hay que conocer sino manipular de forma inteligente y creativa. Las iniciativas de mejora de la convivencia, cuando tienen éxito, ven mejoradas las actitudes, pero no necesariamente incrementada la motivación de logro académico de los escolares que previamente no la tenían. En la cultura escolar, muchos procesos están articulados, pero no tanto como para que la actuación en un ámbito redunde en efectos directos en todos ellos.

En síntesis, aunque la falta de motivación del alumnado para asumir el esfuerzo intelectual que la vida académica exige no tendría por qué ser más problemático que otros asuntos difíciles de la enseñanza y el aprendizaje, termina siendo un problema de relaciones porque crea un perverso sistema de culpabilidades no reconocidas, no asumidas y no eliminadas.

La Disciplina Escolar y la Resolución de Conflictos

La disciplina se refiere al sistema de normas que una organización se proporciona a sí misma y a la obligatoriedad o no de que cada miembro del grupo social cumpla con unas convenciones que, para que sean asumibles, deben haber sido democráticamente elaboradas y revisadas críticamente por todos los miembros de la comunidad. No siempre y no en todos sus aspectos, ni en todos los centros, sucede esto con las normas disciplinares de la escuela. Se trata de una forma de ejercicio del poder que, al no ser democrático, provoca disfunciones en el reconocimiento de la identidad social de los que participan en él. Si lo que está bien y está mal, lo que se puede o no se puede hacer, no ha podido ser discutido, es difícil asumirlo como propio. De esta manera, la elaboración de las normas y convenciones que hay que asumir, y que constituyen la base de la disciplina escolar, se convierte en un problema que genera una conflictividad difícil de definir, pero muy bien percibida como un detonante de las relaciones.

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