Vulnerabilidad Social y Convivencia Escolar: Desafíos y Perspectivas

La escuela, además de un escenario de instrucción, debe formar la personalidad individual y social de sus protagonistas y agentes. Asimismo, tiene la responsabilidad de prevenir conflictos, una tarea de carácter interdisciplinar en la que estarían involucradas todas las instituciones de protección social. El éxito escolar, junto con el reconocimiento del esfuerzo del estudiante, constituye un medio para lograr la motivación y evitar la conflictividad. Por el contrario, el fracaso académico alimenta la sensación de fracaso general que conduce al rechazo de las tareas, al aburrimiento ante las iniciativas del profesorado o a la clara disruptividad.

La Educación y la Calidad de Vida en el Contexto Social

En una sociedad como la actual, sometida a cambios tecnológicos tan acelerados, es difícil saber cuáles van a ser las necesidades inmediatas para mañana, al igual que decidir dónde hay que poner el listón de aspiraciones de calidad de vida. El desigual reparto de la riqueza y los niveles de desarrollo tan extremadamente diferentes entre regiones y países, que por otro lado están tan comunicados entre sí, hace muy complicado afirmar que lo que es bueno para un lugar no sea claramente insuficiente para otro. Esta aspiración a mejorar la calidad de vida discurre sobre la base de la necesidad de progreso, un concepto que tiene que ver con un conjunto muy amplio de factores, algunos de los cuales no dependen directamente de las personas afectadas.

Afortunadamente, ni la cultura ni la sociedad son realidades fijas; son, por el contrario, realidades en continuo cambio a las cuales el individuo debería sentir que tiene libre acceso, es decir, que puede ir cambiando con su esfuerzo individual y colectivo. Cuando se habla de mejora de la calidad de vida a través de la educación en su sentido más amplio, se intenta progresar en libertad y autonomía, y aunque no todo dependa directamente de los esfuerzos individuales, una parte sustantiva es posible cambiarla.

El Factor Humano y las Redes de Relaciones Interpersonales

El factor humano, entendido como elemento de comunidades de convivencia y de relaciones sociales, es crucial. La vida es siempre una vida social compuesta por diferentes redes de relaciones interpersonales que se levantan en los escenarios ordinarios en los que nos toca vivir. Las condiciones de vida y la actividad conjunta o dependiente de unos respecto de los otros nos proporcionan un entramado de relaciones en las que encontramos tanto el origen de algunos de nuestros problemas como la posibilidad de salir de ellos y mejorar nuestras propias condiciones. Aprender a hacer un análisis comunitario de las dificultades que nos aquejan nos coloca en una buena posición para mejorar, ya que aprendemos a vernos a nosotros mismos y a los demás como potencial de transformación y mejora.

La acción conjunta, que cuando es compleja y culturalmente organizada se convierte en una verdadera actividad, proporciona sentido personal y significado social a lo que cada uno hace, dice, piensa y expresa. La comunicación con los otros va estableciendo el discurso propio y compartido que nos aporta poco a poco ciertas señales de nuestra identidad social. Finalmente, los conocimientos, emociones y sentimientos que compartimos con los demás nos permiten ir alimentando el proceso de desarrollo y los aprendizajes que la vida nos ofrece.

Esquema de las interconexiones en el desarrollo de la identidad social a través de la convivencia

La Convivencia Escolar como Pilar Fundamental

Considerando de esta forma tan amplia los procesos de desarrollo y aprendizaje, la educación puede ser visualizada como los sistemas más o menos formales de los que nos dotamos para lograr el posible perfeccionamiento de nosotros mismos y de nuestras condiciones de vida. La educación es un proceso que acontece en los ámbitos de actividad y comunicación en los que vivimos, donde, además del escenario más o menos fijo compuesto por las condiciones que nos vienen dadas, están presentes de forma permanente las redes de relaciones interpersonales que componen el tejido humano en el que vivimos.

La forma en que gestionamos nuestra relación en común, en que nos dirigimos a los otros y permitimos que los otros se dirijan a nosotros, en que tratamos de imponer nuestro criterio o descubrimos el ajeno; las expectativas que provocamos en los demás y las que nos hacemos de cómo los demás se comportarán o nos tratarán, son elementos clave. Las relaciones interpersonales no son un elemento estrictamente objetivo; se ven permanentemente supeditadas por sentimientos y emociones que afectan a nuestra identidad subjetiva. No somos sujetos cerrados, sino en continuo contacto con los otros.

Ser miembro de una red social bien articulada nos garantiza el estímulo necesario para enfrentarnos a tareas difíciles de ejecutar en soledad, pero también nos coloca ante la necesidad complementaria de cuidar la red, ya que los problemas que la afecten terminarán afectándonos personalmente. Sin embargo, estas relaciones, debido a la propia naturaleza psicológica de los seres humanos y a la diversidad de necesidades y estilos, nunca son ni simples ni estáticas. Conflictos de todo orden, problemas coyunturales o estructurales, tensiones, malos entendidos, pasiones poco reflexivas, amores y odios, así como amistades y altruismos son la esencia misma donde se cuece la vida social interpersonal.

Resulta infrecuente encontrar, en el ámbito de las instituciones educativas -como la familia, la escuela y las instituciones sociales-, un discurso expreso sobre hasta qué punto la calidad de la vida es un factor decisivo en el logro de otras calidades como la educativa. Dado que la escuela es, además de un escenario de instrucción, un ámbito de convivencia, sus efectos no deben ceñirse a saberes concretos, sino que hay que visualizar sus efectos en la formación general de la personalidad individual y social de sus protagonistas y agentes. Aprender a convivir es un seguro de habilidades sociales para el presente y para el futuro, siendo, por tanto, un indicador de bienestar social.

Abordaje Integral de la Conflictividad Escolar

El abordaje de la prevención de los conflictos que cursan con violencia debe ser interdisciplinar. Tanto los servicios de salud mental como las instituciones de protección social y los centros de educación formal deberían involucrarse. Todo plan de acción debe ser global y coordinado: desde las instituciones de salud hasta las instituciones educativas, pasando por las de protección y solidaridad. La formación del profesorado a todos los niveles es fundamental, para que la prevención se incluya en los planes educativos ya desde el currículo.

Interdisciplinar significa que cuando el asunto es tan importante y sus posibles efectos sobre la población tan serios o graves -por ejemplo, que un elevado grado de conflictividad social pueda ser caldo de cultivo de fenómenos de violencia-, ningún grupo profesional o de poder debe atribuirse el control total sobre su análisis y sus métodos de trabajo. Nada ha hecho más daño a la escuela que su aislamiento de la marcha general de los mejores valores sociales, como son la sensibilidad para el cambio, la atención a las capas más desfavorecidas de la población o el protagonismo en programas de ayuda a otros. Global significa que hay que considerar que todos los sistemas, agentes, recursos y protagonistas deben ser considerados importantes, tanto a la hora del estudio del fenómeno como, sobre todo, a la hora de las propuestas de intervención.

Finalmente, es necesario tener presente que nada puede hacerse sin contar con la clara conciencia profesional de los docentes, sus deseos de actuar y su entusiasmo por cambiar las cosas. Desgraciadamente, la investigación nos muestra que una cosa es lo que preocupa más al profesorado y, a veces, otra distinta, el origen de fenómenos que cursan con un formato de conflictividad y que tienen causas muy diversas.

Desmotivación Estudiantil y la Disciplina Escolar

En la falta de motivación para el estudio y las tareas escolares, visualizado como uno de los problemas actuales de los centros escolares, especialmente los de secundaria, se esconden procesos algo más complejos. La motivación para el estudio y la asunción de normas son actitudes sociales que hunden sus raíces en procesos psicológicos no fáciles de explicar. La motivación para el esfuerzo intelectual es siempre una motivación intrínseca que se genera en el entusiasmo y las actitudes positivas cuando se visualiza que el esfuerzo tendrá una recompensa: el éxito. Es necesario sentirse mínimamente estimado y valorado para poder percibir que el beneficio del estudio, siempre a largo plazo, redundará en una mejora de la propia identidad personal.

Muchos escolares que no reciben apoyo externo de sus familias o sus profesores no pueden encontrar esa motivación interna que se requiere, ya que los beneficios directos no siempre pueden visualizarse. La motivación para el estudio brota como consecuencia del éxito previo. La estima académica supone el reconocimiento social de que el esfuerzo del estudiante ha sido valorado de forma positiva por la sociedad a través de buenas calificaciones.

Muchos chicos y chicas que no encuentran en las actividades y tareas escolares sentido práctico, y que tampoco disponen de la paciencia y del necesario control de su propio proyecto vital como para demorar la recompensa, entran en un proceso de rechazo de las tareas, de aburrimiento ante las iniciativas del profesorado o de clara disruptividad. Si bien es cierto que la falta de motivación e interés de un conjunto, a veces muy numeroso, de chicos y chicas que adoptan una actitud pasiva y poco interesada ante el trabajo escolar es uno de los problemas más frecuentes, es paradójica la escasa conciencia que con frecuencia se tiene sobre la relación entre la desmotivación estudiantil y los sistemas de actividad académica. No se trata de responsabilizar a uno u otro polo del sistema relacional profesorado-alumnado-currículo; se trata de comprender un proceso muy complejo cuyas variables no solo hay que conocer sino manipular de forma inteligente y creativa.

Las iniciativas de mejora de la convivencia, cuando tienen éxito, ven mejoradas las actitudes, pero no necesariamente incrementada la motivación de logro académico de los escolares que previamente no la tenían. Aunque la falta de motivación del alumnado para asumir el esfuerzo intelectual que la vida académica exige no tendría por qué ser más problemático que otros asuntos difíciles de la enseñanza y el aprendizaje, termina siendo un problema de relaciones porque crea un perverso sistema de culpabilidades no reconocidas, no asumidas y no eliminadas.

La Disciplina Escolar y la Construcción Democrática de Normas

La disciplina se refiere al sistema de normas que una organización se proporciona a sí misma y a la obligatoriedad de que cada miembro del grupo social cumpla con convenciones que, para ser asumibles, deben haber sido democráticamente elaboradas y revisadas críticamente por todos los miembros de la comunidad. Si lo que está bien y está mal, lo que se puede o no se puede hacer, no ha podido ser discutido, es difícil asumirlo como propio. De esta manera, la elaboración de las normas y convenciones que hay que asumir, y que constituyen la base de la disciplina escolar, se convierte en un problema que genera una conflictividad difícil de definir, pero muy bien percibida.

La Violencia de Género en el Ámbito Escolar

El género es uno de los principales motores de la violencia en la escuela y sus alrededores. Educandos de todos los sexos pueden experimentar la violencia de género, lo que obstaculiza gravemente su educación, sus derechos y su salud física y mental. La UNESCO presta especial atención a las dimensiones de género de la violencia escolar, denominada violencia de género en el ámbito escolar. Esta forma de violencia incluye actos o amenazas de violencia sexual, física o psicológica que se cometen en las escuelas y sus alrededores, perpetrados como resultado de normas y estereotipos de género perjudiciales y reforzados por dinámicas de poder desiguales.

Esta situación se ve exacerbada por las intersecciones de género con las construcciones de etnia, cultura, pobreza y discapacidad, provocando, por ejemplo, la violencia específica basada en la orientación sexual y la identidad o expresión de género, que incluye el acoso homofóbico y transfóbico. Abordar la violencia escolar requiere, por tanto, comprender el género y las arraigadas normas patriarcales, sociales y culturales.

En el contexto del acoso, los datos demuestran que las niñas sufren acoso tanto como los niños. Sin embargo, los tipos de acoso son diferentes. Los niños están mucho más expuestos al acoso físico y a la violencia física en general. Las niñas están ligeramente más expuestas al acoso psicológico, especialmente mediante el ciberacoso y el acoso basado en la apariencia. El acoso sexual (bromas, comentarios y gestos sexuales) afecta a la misma proporción de niños y niñas.

Infografía sobre los tipos de acoso escolar y su prevalencia por género

Vulnerabilidad Social y Convivencia Escolar en Chile

La violencia escolar debe comprenderse en su relación con las personas, organizaciones y culturas que la enmarcan. Resulta interesante conocer la perspectiva de los niños y niñas de enseñanza primaria al respecto, especialmente en los segmentos sociales marginados y vulnerados por condiciones de injusticia y pobreza, cuyas voces suelen estar menos representadas en la cultura escolar. Una indagación cualitativa en una escuela básica de Chile, en la que el 100% de los estudiantes acreditaban condiciones de vulnerabilidad social y educativa, reveló que solían ocurrir hechos de violencia. El objetivo fue conocer los significados construidos respecto de la violencia y su gestión en la escuela.

Los resultados se refieren a una experiencia diaria de aburrimiento en el aula, a la que algunos estudiantes se conformaban, mientras que otros buscaban escapar de las clases o interrumpirlas mediante peleas o destrucción de mobiliario. Quienes protagonizaban estas acciones eran atendidos por profesores y profesionales de apoyo, a diferencia de aquellos que observaban o recibían agresiones. Los participantes manifestaron propuestas para mejorar la convivencia en la escuela y el aula, resultados que son discutidos en relación con las necesidades de reconocimiento identitario y cultural de los estudiantes.

El retorno a las clases presenciales en los establecimientos educacionales ha derivado en la visibilización de casos de violencia entre escolares y también entre apoderados. La violencia escolar, por sus implicancias, impacta a nivel mediático y llama la atención sobre determinados hechos que se viven en establecimientos educacionales. Expertos señalan que la violencia en el ambiente escolar tiene un efecto expansivo: "Cuando aparece un episodio en un colegio, tiñe a toda la escuela, respecto de su prestigio y otros efectos colaterales."

El Papel de la Pandemia en la Convivencia Escolar

Aunque existe la hipótesis de que el encierro durante la pandemia no permitió el desarrollo de habilidades sociales y que, por lo tanto, existe una falta de experiencia de la convivencia social -lo que favorecería la explosión de la violencia-, este no es un efecto solo de los niños, sino de la sociedad en general, ya que todos estuvimos encerrados. Durante estos últimos años, muchas personas han experimentado agotamiento físico y emocional, incertidumbre y desesperanza, siendo esto más acusado en la población infantil y adolescente. Este grupo se encuentra en una etapa de formación, por lo que el confinamiento puede haber afectado su bienestar y sus relaciones con los otros, especialmente a aquellos escolares con condiciones previas de vulnerabilidad psicológica.

Lo que se observa actualmente respecto a un "aumento de la violencia" con el retorno a la educación presencial, podría no necesariamente deberse a que el bullying haya aumentado significativamente, sino a que "se haya retornado a los niveles pre-pandémicos habituales". Por ello, su descenso durante la educación remota nos lleva a percibir un aumento significativo respecto a los años anteriores. En este contexto, la escuela pone en práctica distintos conceptos de libertad y autoridad, conjugándose sus interrelaciones por primera vez.

El impacto de la pandemia en la salud mental juvenil | Entrevistas CNN

Marcos Normativos y Gestión de la Convivencia

Las normativas de convivencia escolar son orientaciones y reglas para una sana vinculación al interior de las escuelas. La inclusión es hoy el paradigma de la educación, buscando que la institucionalidad educativa y sus actores reconozcan, respeten y valoren todas las diversidades. Las normativas escolares son dinámicas que dan cuenta de los acontecimientos conductuales que están ocurriendo en el momento, por lo que hay que ir adelantándose a las cosas que puedan ir apareciendo para saber cómo enfrentarlas. Sin embargo, el problema no es tener o no normas, sino cómo gestionarlas, ya que, si son impuestas, se puede tener un perfecto reglamento que nadie lleva a cabo.

La convivencia es un proceso de construcción, nunca está completamente realizada. Se trata de un entramado humano con una diversidad de conexiones dinámicas. Educar para la democracia debe ser la preocupación del mundo educativo y escolar, siendo la participación y la educación para la democracia claves para lograr la convivencia escolar. Las comunidades educativas deben orientarse a fomentar una cultura de respeto al interior del establecimiento en distintas esferas: entre estudiantes, entre docentes y estudiantes, entre docentes y entre apoderados y docentes.

La convivencia se logra gestionando permanentemente la construcción de ella para prevenir la violencia, que sería una consecuencia de una mala convivencia. Esta construcción tiene que ver con estar siempre atendiendo cómo se dan los factores de interrelaciones personales. La "convivencia invisible" es muy importante para prevenir la violencia y demuestra que todos esos factores tienen que ver con participación y con la existencia, al interior de los establecimientos, de organismos orientados a esta función.

Correlación entre Clima de Convivencia y Rendimiento Académico

Existen varios estudios nacionales y mundiales que correlacionan el clima de convivencia con el desarrollo de aprendizaje: a mejor convivencia, mejor aprendizaje. Desde el punto de vista de la calidad de la educación, hay que entender que la calidad no es solamente aprender matemática, lenguaje o historia y tener buenas notas. El acceso a la educación debe acompañarse de programas y ambientes de estudio libres de violencia, burla o malos tratos.

Diferencias de Convivencia en Contextos Vulnerables

No es que existan diferencias particulares de contexto vulnerable o no vulnerable, porque los temas de convivencia escolar se dan en todos los segmentos sociales; las diferencias de uno y otro sí son especiales de atender. En contextos vulnerables, la falta de provisión familiar de elementos nutritivos que contribuyan a aminorar factores que pudiesen darse al interior del establecimiento es un factor de desventaja. Sin embargo, en sectores más altos podemos encontrar que la convivencia escolar se vehiculiza en medios más sofisticados, psicológicos más que de violencia física.

Estudios se han avocado a investigar establecimientos de alta vulnerabilidad social en Chile, incluyendo estudiantes de desarrollo típico y aquellos con diagnósticos específicos. Se ha observado que los niños más victimizados tienen peores desempeños, y que las situaciones de indisciplina repercuten desfavorablemente en el rendimiento. Los niños que de alguna u otra manera se ven involucrados en situaciones de agresión, sea porque son agresores o porque favorecen esas situaciones, también se ven afectados por un peor desempeño.

El Estado ha generado una política gubernamental a nivel nacional donde los colegios deben generar planes de convivencia escolar y, además, eso tiene directa relación con lograr generar una medida de lo que está pasando al interior de la convivencia escolar. Se examinan aspectos como las redes sociales de los estudiantes, su percepción respecto al ajuste normativo, las situaciones de indisciplina y violencia que vivencian o sufren, el grado de involucramiento (desidia docente) y la disruptividad, junto con la gestión interpersonal positiva.

Afortunadamente, existen factores protectores, como la gestión interpersonal positiva, el ajuste normativo o el establecimiento de una red social de iguales. Si los estudiantes visualizan que en su establecimiento escolar hay buenas relaciones entre profesores, buena comunicación entre iguales, y que la relación entre ellos y los profesores es la adecuada, tienen mejor rendimiento. Si sienten que tienen configurada una red social de iguales, donde sus compañeros los apoyan a la hora de establecer mecanismos para preparar una clase, también eso incide favorablemente. Además, si sienten que las normativas del colegio son adecuadas y justas, tienen un mejor desempeño.

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