El término "vulnerabilidad" encierra una gran complejidad, haciendo referencia a la posibilidad del daño, a la finitud y a la condición mortal del ser humano. A pesar de ser aparentemente tan comprensible y conocido, posee múltiples significados aplicables a diversos ámbitos: desde la posibilidad de un humano de ser herido hasta la posible intromisión en un sistema informático.
La vulnerabilidad es una característica de lo humano que parece evidente desde una perspectiva antropológica, pero que la tradición cultural más cercana a la defensa del individualismo, la autonomía y la independencia, se ha encargado de dejar en un segundo plano. En tanto que posibilidad del daño, la vulnerabilidad es considerada la misma raíz de los comportamientos morales, al menos de aquellos en que el énfasis se sitúa en la protección y en el cuidado, más que en la reclamación de derechos.
Además, la vulnerabilidad se ha ido asociando no sólo con las condiciones del individuo sino, cada vez más, con las condiciones del medio (ambientales, sociales o de otro tipo) en que su vida se desarrolla, dando lugar a la necesidad de incorporar los aspectos socioculturales en la comprensión de este concepto. Por ello, se habla frecuentemente de poblaciones vulnerables, para referirse a aquellos grupos de personas que, a consecuencia de las condiciones del medio en que viven, están en una situación de mayor susceptibilidad al daño.

Dimensiones Clave de la Vulnerabilidad
Existen al menos dos tipos de vulnerabilidad humana: una vulnerabilidad antropológica y una vulnerabilidad socio-política.
- La vulnerabilidad antropológica se entiende como una condición de fragilidad propia e intrínseca al ser humano, por su ser biológico y psíquico.
- La vulnerabilidad socio-política es aquella que se deriva de la pertenencia a un grupo, género, localidad, medio, condición socio-económica, cultura o ambiente que convierte a los individuos en vulnerables.
La dimensión social nos conduce a hablar de las capacidades y el reconocimiento como elementos clave del vínculo entre los seres humanos, que es fundamento de la obligación moral. Esta obligación es fundamentalmente de cuidado y solidaridad en el marco de la justicia.
Vulnerabilidad Antropológica: La Condición Intrínseca del Ser Humano
Ser vulnerable implica fragilidad, una situación de amenaza o posibilidad de sufrir daño. Por tanto, implica ser susceptible de recibir o padecer algo malo o doloroso, como una enfermedad, y también tener la posibilidad de ser herido física o emocionalmente. La vulnerabilidad también puede entenderse como poder ser persuadido o tentado, poder ser receptor, ser traspasable, no ser invencible, no tener absoluto control de la situación, no estar en una posición de poder, o al menos tener la posibilidad de que dicho poder se vea debilitado.
Según el Diccionario de la Real Academia, es vulnerable quien puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente. El origen del término "vulnerabilidad" es el latino "vulnus", que significa herida, golpe, punzada, y también desgracia o aflicción. En el mismo campo semántico se encuentra "vulneratio", herida o lesión, y el verbo "vulnero", herir o lastimar. El daño puede ser psíquico o emocional, abriendo la vía del sufrimiento, o moral, causado por una situación de maldad, injusticia o desprecio.
La vulnerabilidad tiene que ver, pues, con la posibilidad de sufrir, con la enfermedad, con el dolor, con la fragilidad, con la limitación, con la finitud y con la muerte. Principalmente con esta última, tanto en sentido literal como metafórico, ya que es la posibilidad de nuestra extinción, biológica o biográfica, lo que nos amenaza y nos hace frágiles.
El ser humano no sólo muere, sino que sabe que muere, como afirma Pascal. Así, su vida se convierte en una lucha por su sobrevivencia, pues su existencia es tan breve que puede ser amainada en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. La conciencia de dicha amenaza, siempre presente, nos convierte en doblemente vulnerables por ser sabedores de nuestra finitud. La muerte, la enfermedad y el sufrimiento son las manifestaciones de nuestra radical finitud, de nuestro escaso poder, del valor de ese breve suspiro que es la vida.
Para Francisco J. De la Torre, existen cuatro columnas de la vulnerabilidad: la fragilidad, la desnudez, la posibilidad de desprecio y la debilidad. La fragilidad se refiere al daño que se puede hacer y que podemos sufrir en función de nuestra condición espacio-temporal. La desnudez es el estado de total indefensión del ser humano pero, al tiempo, es el estado de mayor solicitud de responsabilidad ética, impidiendo quedar indiferente ante el rostro sufriente del otro. La posibilidad de desprecio apela necesariamente al reconocimiento de uno mismo, convirtiéndose en espejo de la propia fragilidad. La debilidad descansa en lo que Ricoeur ha llamado labilidad, que se asienta sobre el ideal de infinitud y la realidad finita que somos, provocando tristeza y frustración por no poder alcanzar lo que se desea.
La vulnerabilidad antropológica intrínseca es, entonces, no sólo una afirmación de nuestra impotencia o debilidad, sino, antes bien, una constatación de la vida como quehacer, como algo por construir, desde nuestra radical finitud. Como afirma Feito: "El ser humano, que puede ser herido por ser frágil, y que queda no sólo lastimado, sino también marcado por la cicatriz, recuerdo del dolor, es víctima de su propia condición mortal".
La Paradoja de la Autonomía y la Vulnerabilidad
Esta es la que P. Ricoeur llama la "paradoja de la autonomía y de la vulnerabilidad": suponemos que somos autónomos, y esta presuposición se convierte en la garantía de buena parte de nuestras convicciones y de nuestras reclamaciones de derechos u obligaciones. Sin embargo, la autonomía es una tarea, es algo que hay que ganar. Debemos llegar a ser autónomos, precisamente porque somos vulnerables y nuestro horizonte, nuestro objetivo es la búsqueda de esa autonomía. Es el mismo ser humano el que es lo uno y lo otro (autónomo y vulnerable) bajo dos puntos de vista diferentes, y ambos términos se componen entre sí: la autonomía es la de un ser frágil, vulnerable. La enfermedad que nos limita, el dolor que nos inclina, la ausencia y el vacío, el sentimiento de impotencia, son manifestaciones de nuestra vulnerabilidad.
Versión Completa. Resiliencia: el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. Boris Cyrulnik
Vulnerabilidad Socio-Política y Contextual
La vulnerabilidad socio-política se deriva de la pertenencia a un grupo, género, localidad, medio, condición socio-económica, cultura o ambiente que convierte en vulnerables a los individuos. Se habla frecuentemente de poblaciones vulnerables para referirse a aquellos grupos de personas que, a consecuencia de las condiciones del medio en que viven, están en una situación de mayor susceptibilidad al daño. Estos espacios son como un "clima" o unas "condiciones desfavorables" que exponen a las personas a mayores riesgos, a situaciones de falta de poder o control, a la imposibilidad de cambiar sus circunstancias y, por tanto, a la desprotección.
La vulnerabilidad tiene dos dimensiones clave: la exposición a contingencias y tensiones, y la dificultad de enfrentarse a ellas. Esto implica un elemento "externo" de riesgo y un elemento "interno" que hace referencia a la indefensión o a la ausencia de medios para contender con tales riesgos sin sufrir daño. Puede interpretarse también como tres coordenadas: la exposición (riesgo de ser expuestos a situaciones de crisis), la capacidad (riesgo de no tener recursos necesarios para enfrentarse dichas situaciones) y la potencialidad (riesgo de sufrir serias consecuencias como resultado de las crisis).
Los factores que pueden vulnerar a las personas incluyen el entorno y el ambiente, la situación histórica, el poder adquisitivo, las leyes del mercado, la cultura y composición geográfica de un lugar, el clima, la disponibilidad y accesibilidad a los recursos y hasta los prejuicios y creencias predominantes. A esta doble posibilidad de ser herido o lastimado algunos le llaman "espacios de vulnerabilidad".
La vulnerabilidad social se puede clasificar en:
- Externa: Factores detonantes de la situación de crisis, algunos fuera de control como los desastres naturales, y otros bajo control humano como la marginación y exclusión social, genocidios o flujos migratorios.
- Interna: Versa sobre la capacidad para sobreponerse a los factores externos y tiene que ver con las condiciones de justicia social de cada grupo humano.
Vulnerabilidad y Bioética: El Rol de la Autonomía y el Género
En el ámbito bioético, la vulnerabilidad se relaciona estrechamente con la autonomía y las discusiones sobre sexo y género. Uno de los problemas fundamentales del liberalismo en lo tocante a las áreas de la Bioética es el hecho de que las decisiones, al tomarse de forma independiente del contexto social, cultural o familiar, carecen de fundamentación y continuidad; es decir, son volátiles y cambiantes.
Por otro lado, el liberalismo concibe la libertad de la persona de forma absoluta, lo cual, antropológicamente, es imposible. Nos hallamos, indefectiblemente, arraigados a un cuerpo y en un mundo; por nuestra corporeidad somos frágiles y es nuestro cuerpo y nuestra biología las que marcan muchos modos de vivir y de comportarnos. Deslindarnos de todo lo que ejerce influencia sobre nosotros para hacer primar nuestra autonomía es doblemente imposible.
Sexos, Géneros e Identidades
La discusión filosófica sobre las nociones de "género" y "sexo", alimentada por las categorías de "cultura" y "naturaleza", ha sido fundamental. De lo anterior se deduce que el estudio de estas dos categorías ha apuntalado el despertar, por un lado, de las mujeres consideradas históricamente inferiores y, por otro lado, un radical cuestionamiento de la indisolubilidad entre lo naturalmente dado y lo socialmente construido.
- El sexo proviene de la naturaleza que, a su vez, representa el ámbito del determinismo por ser fijo e inamovible y sólo pudiendo ser, en la persona, o bien femenino o bien masculino. Establece una radical diferencia entre ambos que constituye la episteme precultural que determina y permea las relaciones sociales y justifica las relaciones de poder entre los dos sexos mencionados.
- El género ya no es entonces el ámbito del determinismo sino de la libertad y de la creatividad, en donde ya no depende la conducta de lo que la naturaleza marca, sino de los modos en que se van configurando las relaciones sociales, las leyes, las costumbres, y que van permeando en distintos foros y espacios públicos.
Si bien los primeros estudios de género dieron origen a las primeras generaciones de feministas y su base radicaba en la reivindicación de los derechos que le habían sido negados a la mujer sólo por el hecho de ser mujer, esta crítica provocó ideas muy favorecedoras para el entendimiento de la naturaleza humana como principio de máximo respeto y promoción de la persona.
Es crucial diferenciar entre los estudios de género, que analizan las relaciones entre los sexos de forma objetiva y metódica, y la ideología de género, que se deriva de la defensa de la igualdad entre sexos y defiende la libre elección del género desarraigado del sexo. La hoy llamada perspectiva de género intenta, bajo prácticas académicas, políticas e institucionales, paliar la desigualdad existente entre el sexo femenino y el sexo masculino, con el objetivo de hacer valer por igual la dignidad de ambos en cuanto personas.
Ambas definiciones, identidad sexual y orientación sexual, vienen dadas por la separación de las categorías de "sexo" y "género", y son el residuo de movimientos sociales que afirman una "libertad" para elegir lo que desean ser. Esto puede llevar a una concepción de la autonomía de corte absolutista, donde se construye con base en las elecciones y valores internos de cada persona con independencia de influencias externas, tradiciones, costumbres, valores sociales o, incluso, leyes y regulaciones.
Las personas LGTBI+ no tienen derechos por ser tales, sino por el hecho de que son personas. Sin embargo, una persona LGTBI+ es vulnerable, en primera instancia por ser persona y por su condición humana; en segundo lugar, por los factores sociales que exponencian su vulnerabilidad, ya sea por las circunstancias de vida de cada uno o bien por los prejuicios sociales existentes. El ámbito de ocultamiento y clandestinidad fomenta sus conductas de riesgo y alberga una mayor vulnerabilidad para ellos.
Intervenciones Médicas y Consentimiento Informado
Desde la bioética, se considera el principio terapéutico como aquel que permite una acción o intervención sobre una parte del cuerpo de la persona con el fin de preservar el todo, siempre y cuando exista una condición necesaria para intervenir. Las cirugías de reasignación de sexo o de concordancia sexo-genéricas, solicitadas y permeadas por la creciente ideología de género, tienen por fundamento hacer "concordar" el sexo biológico con el género que ha asumido la persona.
Un enfoque bioético necesitaría, además de revisar las condiciones del principio terapéutico, analizar los temas relativos al consentimiento informado, que resulta ser un ámbito que expone a los pacientes a una mayor vulnerabilidad al no darles acceso a información debida y veraz sobre su condición y los posibles tratamientos existentes. El no dar información o darla de forma fragmentada es incurrir en una falta ética grave.

La Vulnerabilidad a Través de la Historia y sus Semánticas
La noción de vulnerabilidad designa un rasgo común a todo actor humano: "la experiencia de estar expuesto a". Sin embargo, este rasgo "antropológico" común ha conocido expresiones históricas y societales radicalmente divergentes. Si se descuidan estas especificidades, la vulnerabilidad se vuelve un equivalente de la finitud humana o de la precariedad existencial, lo que se presta a una inflación incontrolada del término. La vulnerabilidad es siempre una experiencia relacional y contextual.
Semántica Excluyente: Antigüedad Occidental
Esta semántica, visible en la Antigüedad occidental, no otorgó ninguna significación mayor a la vulnerabilidad. Aunque es una dimensión insuperable de la condición humana que hay que aceptar y combatir, no posee en sí misma ni valor político ni sentido moral. Lo que se valora es el coraje, no el sufrimiento. La vulnerabilidad no tiene ni función política ni sentido ético, aunque existía una viva conciencia de la finitud humana, como muestra el último canto de la Ilíada. En el arte político de la tragedia griega, el combate entre la libertad y el destino sella el sino de los héroes, donde la "libertad" puede transmutarse en hibris. Los antiguos no estaban dispuestos a arriesgar la vida por la gloria, sino a prolongarla por la medicina, según Pierre Manent. La vulnerabilidad, dimensión intrínseca de la condición humana, no tiene verdaderamente en esta semántica ni función política ni sentido ético.
Semántica Moral: Cristianismo
Esta semántica es indisociable del cristianismo y su período de hegemonía cultural e institucional. La vulnerabilidad humana, tanto en su origen (el pecado original) como en sus sufrimientos ordinarios (el "valle de lágrimas"), se dota de una significación moral inédita. Se instituye como una realidad humana fundamental, pero distanciada de la política. La fuerza personal conlleva siempre el reconocimiento de la vulnerabilidad humana y del estigma del pecado, y el renombre heroico está en tensión con el espíritu cristiano de la humildad. En el universo cristiano la vulnerabilidad es omnipresente en las representaciones artísticas y ceremonias religiosas. La Pasión de Cristo y su muerte en la Cruz para redención de la humanidad lo expresan mejor. La civilización cristiana le da un sentido moral inequívoco a la vulnerabilidad, y el sufrimiento humano se dota de este sentido. La piedad, la compasión, el perdón, el arrepentimiento, la penitencia, el castigo y la humildad se dotan de significaciones morales. La vulnerabilidad es consecuencia y expiación del pecado, y el dolor y las penas ordinarias de la vida son el fruto del castigo divino al pecado humano, y al mismo tiempo son el camino, el único camino, hacia la redención.
Semántica Voluntarista: La Modernidad Conquistadora
Con el advenimiento de los tiempos modernos, la vulnerabilidad será objeto de otra semántica. En la raíz de esta nueva visión se encuentran la sensibilidad del Renacimiento hacia la naturaleza y el hombre, y una exaltación inédita de la vida y sus placeres terrenales. Esto dio lugar a la ciencia moderna y a una voluntad prometeica de dominio de la naturaleza. A esto se añade la entronización de una nueva concepción de la política, como ámbito de ejercicio de la soberanía y voluntad humanas.
En la raíz de la política moderna se encuentra una valorización política inédita de la vida humana. El nacimiento del individualismo y del liberalismo moderno es inseparable de la voluntad de preservar la vida humana como objetivo central del Estado. En este universo, la vulnerabilidad humana y el peligro a la que esta se ve sometida en la vida social ("el hombre es un lobo para el hombre") tienen una función política, al mismo tiempo que pierden sentido moral. El sufrimiento, el dolor, la muerte, pierden progresivamente todo valor ético, al punto que el objetivo central de la biopolítica en las sociedades modernas devendrá en "hacer vivir y dejar morir".
El crecimiento exponencial de la capacidad para yugular los fenómenos naturales produce un orgullo prometeico inédito. Bajo la impronta del Progreso, se pensó en poder erradicar enfermedades o epidemias, poner las sociedades globalmente al abrigo de las catástrofes naturales, y extender sin límites el control humano sobre el mundo. La vulnerabilidad humana tiene una inequívoca función política (la protección de la vida está en el origen mismo del pacto político), pero está radicalmente desprovista de todo significado moral. El sufrimiento no tiene más razón de ser; el objetivo civilizatorio central de los tiempos modernos será, por el contrario, superarlo. La vulnerabilidad humana se vuelve así, en este período, una cuestión de desigualdad social, bien reflejada y medida por las tasas diferenciales de mortalidad, morbilidad, seguridad y pobreza.
La Vulnerabilidad en el Anarquismo: Soberanía Individual y No Agresión
Aunque al anarquismo se le suele asociar tanto con la violencia como con el pacifismo, esta filosofía política establece el "principio de no agresión", derivado a su vez del de "soberanía individual". A manera de axioma, ningún individuo puede agredir la vida, la libertad y los derechos básicos de otro individuo. Este principio busca reducir la vulnerabilidad de las personas a la coerción y el daño infligido por otros.
Por ello, el anarquismo promueve erradicar la violencia institucionalizada de un organismo considerado agresivo contra los individuos, como es el Estado, con su monopolio de la violencia a través de la justicia y seguridad estatales, y cualquier otra organización involuntaria o coaccionante. El objetivo es proteger al individuo de la vulnerabilidad inherente a la concentración de poder.
Violencia y Resistencia: "Propaganda por el Hecho"
La "propaganda por el hecho" o "propaganda por el acto" es una estrategia revolucionaria basada en el supuesto de que el impacto de una acción violenta es mucho más eficaz que la palabra para despertar las energías rebeldes del pueblo y superar su estado de vulnerabilidad a la opresión. El famoso teórico anarquista Piotr Kropotkin apoyó inicialmente este tipo de práctica, diciendo que un acto puede, en unos pocos días, hacer más propaganda que miles de panfletos.
A favor de esta estrategia se argumentaba que era más eficaz que una persona o un grupúsculo conspirase para eliminar al agresor autoritario antes que hacer toda una movilización para sacarlo del poder o de su puesto de influencia, ahorrándose muertos o heridos de la sociedad civil. Por el contrario, sus detractores afirmaban que el sistema autoritario es más complejo que el mando de un jerarca y que con eliminarlo no se iba a desarrollar una sociedad libre, corriendo el riesgo de que pudiera surgir un gobernante peor que el anterior.
La idea vertida por Malatesta y Cafiero no contemplaba los atentados individuales, sino que hacía referencia a la alteración del orden colectivo: manifestaciones, motines, e incluso, alzamientos. Lo esencial de esta propuesta era que sólo la palabra no era suficiente para conmover a la sociedad. Uno de los más fervientes defensores de dicha estrategia fue el anarquista alemán Johann Most. Entre 1890 y 1900 tuvo lugar en todas partes un periodo de terrorismo anarquista, relacionado en gran parte con la propaganda por el hecho a través de atentados individuales contra monarcas y demás jefes de estado.
Pacifismo Anarquista
Otros anarquistas, identificados como pacifistas, como León Tolstói, se mostraron partidarios de la no violencia. El móvil esencial del anarquismo es la "Guerra a la violencia". Desgraciadamente, con mucha frecuencia, contra la violencia no existe otro medio de defensa que la violencia. Pero, incluso entonces no es violento el que se defiende, sino el que obliga a los otros a tenerse que defender; no es violento el que recurre al arma homicida contra el usurpador armado que atenta a su vida, a su libertad, a su pan. El asesino es el que pone a otros en la terrible necesidad de matar o morir, justificando el derecho a la defensa.
Recomendaciones para el Abordaje de la Vulnerabilidad
Las investigaciones sobre vulnerabilidad, exploradas ampliamente desde las ciencias sociales y humanas, sugieren que la vulnerabilidad puede ser entendida como un "estado natural y normal de riesgo inherente a la existencia humana", que conlleva la posibilidad de ser herido o recibir una lesión de carácter físico o moral. Se recomienda realizar estudios del concepto desde la perspectiva de las personas, así como considerar el reconocimiento de las particularidades de los sujetos, no reduciéndolos a su condición de vulnerables y negando su derecho a la autonomía.
Es importante considerar los encuentros entre los profesionales de la salud y aquellos que son considerados vulnerables durante el acto de cuidado, identificando que la vulnerabilidad se condiciona por dos elementos básicos: la necesidad y la competencia. La búsqueda de una definición de vulnerabilidad compleja y subjetiva, que incluya la caracterización de comunidades, es crucial para desarrollar políticas públicas que disminuyan las brechas en salud e inequidad social. Finalmente, se invita a desarrollar estudios desde la salud ocupacional para profundizar en los determinantes sociales y su relación con la vulnerabilidad.
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