La vulnerabilidad es un concepto complejo y multifacético en el contexto de los desastres naturales. Algunas de sus definiciones han incluido tanto la exposición como la susceptibilidad al daño. A pesar de que existen algunas discrepancias respecto al significado exacto, la mayoría de los expertos coinciden en que para determinar la vulnerabilidad no basta con analizar los impactos directos de un peligro.
Al incluir la vulnerabilidad en nuestra interpretación del riesgo de desastres, reconocemos que este riesgo no solo depende de la gravedad del peligro o del número de personas o bienes expuestos, sino que también es un reflejo de la susceptibilidad de las personas y los bienes económicos a sufrir pérdidas y daños. Los niveles de vulnerabilidad (y exposición) ayudan a explicar por qué algunas amenazas no extremas pueden provocar repercusiones y desastres extremos, mientras que este no es el caso para algunos fenómenos extremos.
La definición de vulnerabilidad cambia dependiendo de la disciplina en la que se estudia. En relación con los desastres socio-naturales, la vulnerabilidad puede entenderse como la susceptibilidad que tiene una comunidad de ser impactada por un desastre. Karlos Pérez de Armiño, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad del País Vasco, explica que la vulnerabilidad es "el nivel de riesgo que afronta una familia o individuo a perder la vida, sus bienes y propiedades y su sistema de sustento, es decir, su medio de vida, ante una posible catástrofe". Añade que tanto el tipo como la intensidad de la vulnerabilidad dependen de dos dimensiones: la exposición a una catástrofe o amenaza externa y la indefensión o falta de capacidades para afrontar dicha amenaza. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) define la vulnerabilidad social como "el resultado de los impactos provocados por el patrón de desarrollo vigente" y de "la incapacidad de los grupos más débiles de la sociedad para enfrentarlos".
Factores Clave que Impulsan la Vulnerabilidad

La vulnerabilidad es compleja, tiene muchas dimensiones, está determinada por factores de distintos niveles -desde el local al mundial- y es dinámica, ya que se altera bajo la presión de las fuerzas que la impulsan. Diferentes grupos son más susceptibles que otros a sufrir daños, pérdidas y sufrimiento ante distintos peligros, y dentro de estos grupos, algunas personas presentan mayores niveles de vulnerabilidad que otras. La vulnerabilidad o la amenaza, por separado, no representan un peligro; pero si se juntan, se convierten en un riesgo, o sea, en la probabilidad de que ocurra un desastre.
1. Pobreza y Desigualdad Socioeconómica
Las investigaciones de los últimos 30 años han revelado que, por lo general, son las personas que viven en situación de pobreza quienes más suelen sufrir las consecuencias de los desastres. La pobreza es tanto un factor impulsor como una consecuencia del riesgo de desastres, especialmente en países donde la gobernanza del riesgo es deficiente. Las dificultades económicas obligan a las personas a vivir en lugares y condiciones inseguras.
Estudios sugieren que interpretaciones simplistas de la vulnerabilidad, que asocian mayores pérdidas con mayor vulnerabilidad, tienden a favorecer a las personas acomodadas que poseen (y pierden) más bienes físicos, lo que permite a la élite privilegiarse. En la Unión Europea, más de 95 millones de personas (un 22% de la población) están en riesgo de pobreza o exclusión social. En España, más del 25% de la población se considera vulnerable. La vulnerabilidad social se asocia fuertemente al estatus socioeconómico.
2. Edad y Salud
Las personas mayores (de 65 años o más) son consideradas especialmente susceptibles a los efectos de las temperaturas extremas. Las consecuencias directas e indirectas de las olas de calor y frío están relacionadas con una mayor prevalencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, lo que repercute en las tasas de mortalidad y morbilidad de los adultos mayores. Las olas de calor y la contaminación atmosférica entrañan grandes riesgos para la salud y podrían ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Un equipo de investigación de la Universidad del Sur de California encontró que el riesgo de muerte aumenta un 6,1% en los días de calor extremo y un 5% en los días de contaminación atmosférica extrema, en comparación con días sin condiciones extremas. Un equipo de investigadores ha empleado un enfoque basado en los activos para crear un índice general de vulnerabilidad, cuyo objetivo es detectar las vulnerabilidades cotidianas de los adultos mayores.
3. Infraestructuras y Ubicación Geográfica
La ubicación de las viviendas en lugares peligrosos, como cerca de un volcán activo, en laderas con peligro de deslizamientos o cerca de ríos que pueden desbordarse, aumenta significativamente la vulnerabilidad. La vulnerabilidad también depende de la calidad y condiciones de las construcciones y su ubicación en relación con las amenazas. Por ejemplo, las personas que viven en la planicie son más vulnerables ante las inundaciones que las que viven en lugares más altos. Las infraestructuras de transporte, como carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y vías de navegación interior, se enfrentan a desafíos sin precedentes debido a los cambios que está sufriendo el clima, y se ha hecho poco énfasis en adaptarlas al aumento de los riesgos.
4. Cambio Climático y Degradación Ambiental

El cambio climático es uno de los elementos cada vez más relevantes que inciden en la vulnerabilidad de cada región. Los efectos del cambio climático hacen que las pérdidas por catástrofes aumenten. México, por ejemplo, es uno de los países más vulnerables a sus efectos debido a sus características sociales y geográficas, con un 68% de su población afectada por desastres alguna vez. El cambio climático está generando problemas que afectarán más a los sectores más vulnerables, que tendrán menos capacidad de adaptación, aunque todos somos vulnerables, pero con diferentes niveles.
El cambio climático amenaza con aniquilar los esfuerzos de desarrollo globales, alterando los patrones del tiempo y las precipitaciones, con sequías cada vez más frecuentes y graves en algunos lugares, e inundaciones en otros. Los riesgos climáticos y medioambientales impulsan el riesgo de múltiples maneras: aumento del nivel del mar, desertificación, incendios forestales, escasez de agua, condiciones meteorológicas extremas, pérdidas de cosechas, desplazamientos, migraciones y mayor riesgo de diferentes tipos de conflictos. La vulnerabilidad cambia con el tiempo porque muchos de los procesos que influyen en ella son dinámicos, como la urbanización rápida, la degradación ambiental, las condiciones del mercado y el cambio demográfico.
Un claro ejemplo de esta interconexión se observa en el Corredor Seco de Centroamérica, donde el incremento de la severidad y la duración de la sequía y los destrozos provocados por los eventos extremos han agravado la situación de una población ya vulnerable, con un 80% de los pequeños productores viviendo en pobreza y enfrentando inseguridad alimentaria.
5. Inseguridad Alimentaria y del Agua
La inseguridad alimentaria y del agua son consideradas de las mayores amenazas. Más de mil millones de personas viven en regiones con escasez de agua, y las previsiones apuntan a que 3.500 millones podrían sufrir escasez de agua en 2025. Las comunidades que viven en la pobreza son las que más riesgo corren, enfrentando desafíos de disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad de alimentos nutritivos y agua limpia.
La globalización y una cadena de suministro de alimentos compleja e interconectada también expone a vulnerabilidades. La pandemia de COVID-19, por ejemplo, puso de manifiesto esta interconexión, exponiendo a posibles perturbaciones todo el proceso de traslado de alimentos desde las explotaciones agrícolas hasta los consumidores.
6. Urbanización no Planificada
Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en zonas urbanas, y cada vez más en ciudades muy densas. Cuando este crecimiento urbano no está planificado, se desarrollan barrios marginales y aumenta el riesgo por la falta de acceso a los recursos básicos. Se estima que 379 millones de residentes urbanos corren el riesgo de sufrir inundaciones fluviales.
7. Conflictos y Desplazamiento Forzoso
En países como Colombia, la violencia y el desplazamiento forzoso son un elemento de mucho peso en la vulnerabilidad, más allá del factor económico. Cada día, miles de personas huyen de sus hogares a causa del conflicto y la persecución. Fomentar la resiliencia en estas poblaciones es intrínsecamente difícil, ya que sus medios de vida han quedado atrás. La vulnerabilidad emocional y física es mayor entre las poblaciones desplazadas y a menudo se ve agravada por factores socioeconómicos y por su incapacidad de recuperarse tras las crisis.
El reconocimiento de cómo los conflictos, en sus diversas formas, impulsan la vulnerabilidad es fundamental a la hora de diseñar estrategias de reducción de riesgos. Históricamente, en estados frágiles, el gasto en reducción del riesgo de desastres (RRD) ha sido desproporcionadamente bajo en comparación con el gasto en respuesta a desastres.
8. Desigualdad de Género
La desigualdad de género es uno de los principales obstáculos al desarrollo basado en el riesgo y se interconecta con todos los demás factores. Las mujeres y las niñas siguen siendo discriminadas en la educación, el empleo, la salud, la representación política y muchos otros ámbitos, lo que tiene consecuencias perjudiciales para individuos, familias, comunidades y la sociedad en su conjunto. Para lograr un progreso transformador en la reducción del riesgo y el fortalecimiento de la resiliencia comunitaria, es fundamental centrarse en la desigualdad de género al comprender los factores de riesgo, identificar los puntos de atención y diseñar actividades de mitigación.
9. Gobernanza y Contexto Político-Económico
Los factores que impulsan la vulnerabilidad tienen su origen en las condiciones locales en constante cambio, pero una panorámica completa requiere reconocer las estructuras socioeconómicas y políticas nacionales y mundiales que limitan las oportunidades de desarrollo local. La dependencia de organizaciones humanitarias locales de agentes externos para financiación y legitimidad también puede dificultar una interpretación contextual de la vulnerabilidad. En Chile, por ejemplo, investigaciones han mostrado cómo el centralismo de los servicios y el desarrollo en la macrozona centro se asocia con menores niveles de vulnerabilidad, mientras que otras regiones presentan mayores niveles, evidenciando que la vulnerabilidad no es un fenómeno aleatorio en el espacio, sino que se encuentra asociado a las características del lugar y determinado por variables socioeconómicas, políticas y culturales.
Evaluación y Cuantificación de la Vulnerabilidad
Debido a sus diferentes dimensiones, no existe un único método para evaluar la vulnerabilidad; idealmente, cualquier evaluación debería adoptar un enfoque holístico. Evaluar la vulnerabilidad del entorno construido frente a los peligros es extremadamente importante para estimar las posibles consecuencias de un evento y para integrar la reducción del riesgo de desastres en el proceso de planificación del desarrollo local. Ingenieros en países como Filipinas e Indonesia están desarrollando cálculos de vulnerabilidad aplicables a sus propios conjuntos de edificaciones nacionales.
Las iniciativas para cuantificar la vulnerabilidad socioeconómica y la pobreza siguen siendo escasas, y esta información rara vez se incorpora a las evaluaciones de riesgos. Cuantificar la vulnerabilidad social sigue siendo un reto, pero se han creado indicadores e índices (cuantitativos y descriptivos) para medirla, tanto a nivel mundial como comunitario, que suelen utilizarse para dar seguimiento a su evolución a lo largo del tiempo. Los enfoques cualitativos de la evaluación de la vulnerabilidad se han centrado en valorar la capacidad de las comunidades de hacer frente a los fenómenos naturales. En el plano comunitario, investigadores, ONG y algunos gobiernos locales han llevado a cabo evaluaciones de vulnerabilidad y capacidad, principalmente mediante métodos participativos, que tienen en cuenta un amplio abanico de presiones ambientales, económicas, sociales, culturales, institucionales y políticas.
Reducción de la Vulnerabilidad y Gestión del Riesgo
Dado que no podemos reducir la aparición y la gravedad de los peligros naturales, reducir la vulnerabilidad es una de las principales oportunidades para reducir el riesgo de desastres. Si somos cuidadosos en nuestra relación con el ambiente y estamos conscientes de nuestras debilidades y vulnerabilidades frente a las amenazas existentes, podemos tomar medidas para prepararnos y prevenir los desastres. A todas estas acciones las llamamos Gestión del Riesgo.
Las personas podemos evitar o disminuir el impacto de los desastres. Por ello, es importante conocer sobre la prevención y la mitigación, que son todas las acciones que se hacen para asegurar que un desastre no ocurra o, si ocurre, que no perjudique tanto como podría. La mayoría de los fenómenos naturales no pueden impedirse, pero entendiéndolos y entendiendo nuestras condiciones de vulnerabilidad, podemos hacer que los probables desastres sean menos dañinos. Por ejemplo, podemos reducir los daños que causa un sismo si construimos casas más resistentes y en lugares donde el suelo sea sólido.
- Prevención: Es la aplicación de medidas para evitar que un evento se convierta en un desastre. Por ejemplo, sembrar árboles previene la erosión y los deslizamientos, y también puede prevenir las sequías.
- Mitigación: Son medidas para reducir la vulnerabilidad frente a ciertas amenazas. Por ejemplo, hay formas de reforzar las construcciones con el fin de asegurar nuestras casas, escuelas u hospitales para que no se caigan con los efectos de un terremoto o un huracán.
Es fundamental conocer cuáles son las amenazas y riesgos a los que estamos expuestos en nuestra comunidad. Debemos reunirnos con la familia y los vecinos para hacer planes de prevención de desastres que permitan reducir esas amenazas y riesgos, o evitar que nos hagan daño. Realizar lo que planeamos es crucial; no basta con hablar, hay que tomar acciones. Los niños y niñas desempeñan un papel muy importante en estas acciones, ayudando a instaurar una "cultura de prevención" real y duradera, ya que cuando sean adultos tendrán una mayor comprensión de los fenómenos naturales y las consecuencias del mal manejo ambiental.
Para combatir la vulnerabilidad de forma coherente es preciso actuar en tres planos: el local, el nacional y el internacional. El desarrollo de la capacidad sostenible de reducción del riesgo de desastres (RRD) a escala nacional y local requiere que la capacidad se genere, se gestione y se mantenga a escala local, entendiendo, al mismo tiempo, que su responsabilidad recae en toda la sociedad y no en un solo organismo. "Pedir a la gente que se prepare para el fuego no tiene sentido si no puede permitírselo. Si no tienes tiempo ni dinero (o ambos), no importa cuántas veces te digan las autoridades que te prepares".
El Banco Mundial, en asociación con el Fondo Mundial para la Reducción de los Desastres y la Recuperación (GFDRR), desempeña un papel fundamental orientando a los países y las comunidades. Se centra en identificar y evaluar los riesgos de desastres, ayudando no solo a comprenderlos mejor, sino también a tomar decisiones informadas sobre cómo protegerse. Esta estrategia ha modificado significativamente la manera de la institución de enfrentar los riesgos, pasando de respuestas reactivas a una preparación proactiva, e integrando continuamente la gestión de riesgos de desastres en todas las esferas de la labor de desarrollo. Para apoyar a los países más vulnerables, el Banco Mundial ha introducido nuevos instrumentos, como el conjunto de herramientas para crisis y el Servicio de Respuesta ante las Crisis de la AIF, y está aumentando el financiamiento para el clima y promoviendo alianzas con diversas instituciones y el sector privado.
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