Los niños y las niñas, especialmente aquellos que viven en contextos de pobreza, son altamente vulnerables a los desastres y experimentan sus efectos de forma desproporcionada y creciente. Se ha pensado erróneamente que los niños y los adolescentes no sufren con la misma intensidad las consecuencias de situaciones especialmente traumáticas. De hecho, se presumía que, dadas sus reacciones, tan diferentes a las de los adultos, tenían una cierta protección. Sin embargo, esto se ha desmentido y los menores se consideran un grupo de alto riesgo en casos de desastres y emergencias. ¿Sabías que entre el 50% y el 60% de los afectados por desastres naturales en el mundo son niños? Millones de niñas y niños son afectados por inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas, tornados y huracanes, y todos estos desastres naturales los afectan de manera directa. De hecho, la mortalidad infantil aumenta de manera exponencial debido a estos desastres, no solo por las víctimas directas que pueda producir la catástrofe sino, y sobre todo, porque aumenta el riesgo de desnutrición y los problemas en los sistemas de agua y saneamiento.

Factores que incrementan la vulnerabilidad infantil
La vulnerabilidad es una condición previa a los desastres que se manifiesta durante su ocurrencia y, al mismo tiempo, es un indicador de la capacidad de resiliencia frente al daño. Los niños y las niñas, especialmente los más pequeños, disponen de menos recursos para enfrentar los desastres debido a sus características particulares, lo que implica que sean especialmente sensibles frente a los aspectos positivos y negativos del entorno. Su vulnerabilidad aumentada se debe a una capacidad de adaptación más dependiente del ambiente y de las personas conocidas, y a las menores posibilidades en relación con la población adulta para comprender lo sucedido.
Características que aumentan la vulnerabilidad en niños:
- Escasa comunicación entre los padres y los hijos respecto al desastre ocurrido.
- Conflictos entre los hijos con los padres o con distintos miembros de la familia.
- Alteración del funcionamiento de la familia a partir del desastre.
- Exposición (no supervisada por los padres) a medios de comunicación que relaten el desastre de manera inadecuada para niños y adolescentes.
- La plasticidad y flexibilidad de la mente infantil, si bien permiten comprender eventos complejos explicados adecuadamente, también pueden llevar a que el niño viva eventos difíciles de manera más traumática por sentirse más indefenso y con menos recursos para manejar la situación, y por carecer de experiencias previas similares.
- Pérdida temporal de su visión del mundo como un lugar seguro y predecible.
- Miedo de que lo sucedido vuelva a ocurrir y de que ellos o su familia se lesionen o mueran.
- Dificultad para entender el daño, las lesiones y las muertes que pueden surgir de un hecho inesperado o incontrolable.
Efectos a largo plazo en la infancia
Los desastres obligan a las familias, en particular a aquellas que viven en situación de pobreza, a tomar decisiones que pueden tener efectos perjudiciales de largo plazo sobre los niños y las niñas, tales como retirarlos de la escuela o reducir los gastos en salud, lo que contribuye a potenciar la reproducción intergeneracional de la pobreza. Por ejemplo, en Guatemala, la tormenta Stan aumentó la probabilidad de trabajo infantil en áreas afectadas en más de 7%. En Perú, se han detectado impactos del terremoto de Ancash de 1970 en los logros educativos de hijos e hijas de madres afectadas por el desastre en torno a la fecha del nacimiento, lo que demuestra que sus efectos pueden extenderse hasta la generación siguiente.
Impacto psicológico de los desastres en niños
Los efectos de los desastres sobre la salud física suelen ser bastante conocidos, con secuelas a corto, medio y largo plazo. Es indudable que en situaciones de emergencia debe esperarse un incremento de reacciones emocionales intensas. Las perturbaciones psicológicas que generan estas circunstancias se expresan ya sea a corto, mediano o largo plazo. Dentro de las reacciones naturales inmediatas a la catástrofe existen variadas respuestas automáticas que van desde estados de paralización absoluta hasta conductas de huida.
Reacciones inmediatas y a mediano plazo
- Durante los primeros momentos o en los días que siguen al desastre predominan el temor y la angustia. Se alteran el ritmo vigilia-sueño y el apetito y hay clara disminución de la energía.
- Durante los meses siguientes, tanto los sobrevivientes como el personal de atención experimentan sensación de tristeza, de irritabilidad y de frustración; se desarrollan procesos de duelo que perturban el desempeño de los afectados.
- En el período inmediato al desastre predominan los trastornos ansiosos, reaparecen estados de pánico individual y colectivo con un alto nivel de tensión y de angustia que pueden tornarse incontrolables.
- También surgen reacciones de violencia y agresividad, así como actitudes temerarias. Los trastornos por estrés agudo tienen una intensidad y una duración que varía en cada persona.
- Ocasionalmente se pueden presentar trastornos psicóticos agudos de corta duración o la descompensación de cuadros psicóticos preexistentes.
Impacto psicológico en víctimas de desastres
Particularidades por edades
- La expresión de las reacciones de los niños va a depender, en parte, de su edad y su capacidad de entender y procesar lo sucedido.
- En el inicio de la edad escolar, pasan una etapa de modo particularmente difícil para asumir un incidente crítico. Después, la mayoría empieza a tener suficiente capacidad para darse cuenta de las consecuencias que puede conllevar la situación e, incluso, comprender el concepto de pérdida permanente, en caso de que hubiera ocurrido; sin embargo, todavía no tienen estrategias de afrontamiento adecuadas porque acaban de perder las que les proporcionaba el pensamiento mágico de etapas anteriores.
- Las reacciones que predominan son el miedo y la ansiedad, que muestran un incremento en la consciencia de la realidad del peligro para ellos, su familia y sus amigos.
- Resulta particularmente importante en la adolescencia, etapa en la que se consolida la personalidad y período en el que cualquier crisis o conflicto puede cristalizar hacia procesos psicopatológicos.
En desastres naturales, los niños y niñas pueden desarrollar mutismo, pesadillas recurrentes, miedo a fenómenos atmosféricos (como la lluvia) o efectos mucho más inmediatos como no querer salir a la calle o no querer hablar de la situación. Es necesario observar, dar espacio, escuchar y explicarles con un lenguaje adaptado a su edad y no sobreinformarles controlando el acceso a noticias ya que las imágenes e información repetitiva pueden aumentar la ansiedad.
Desastres naturales más frecuentes y su impacto
Los desastres naturales, independientemente de su origen, son considerados fenómenos sociales cuyos daños sería posible prevenir y mitigar para disminuir o al menos controlar sus efectos. Si bien las comunidades siempre tendrán que enfrentar riesgos naturales como inundaciones, sequías, tormentas, temperaturas extremas o terremotos, hablar de “desastre natural” cada vez es más engañoso dado que los desastres se deben tanto a las fuerzas de la naturaleza como a las actividades humanas, como la degradación del medio ambiente o la expansión urbana hacia áreas no aptas para la edificación.
La ocurrencia de desastres a nivel mundial ha experimentado un crecimiento importante a partir de 1960 y América Latina y el Caribe no ha sido la excepción. En la región, la mayoría de los desastres están relacionados con fenómenos de origen meteorológico e hidrológico que incluyen huracanes, tormentas, inundaciones y sequías. No obstante, el desastre que ha causado el mayor número de víctimas fue el terremoto de Haití en 2010 (222,570 muertos y 300,000 heridos).
Tipos de desastres naturales y sus consecuencias
Sismos y terremotos
Chile, por ejemplo, está ubicado en el cinturón de fuego del pacífico, una de las zonas sísmicas y volcánicas más activas del mundo. Es una amenaza natural transversal a todo el país. Un ejemplo es el Terremoto y Tsunami de Valdivia de 1960.
Tsunamis
Causados generalmente por terremotos, derrumbes submarinos o erupciones volcánicas submarinas. Se manifiestan en la costa como una gran masa de agua que puede inundar y causar destrucción en las zonas costeras. En el océano Pacífico hay mucha mayor ocurrencia de grandes tsunamis destructores debido a los grandes sismos.
Erupciones volcánicas
Explosiones o emisiones de lava, cenizas, gases y rocas desde el interior de un volcán. Chile es uno de los países con mayor actividad volcánica del mundo. Una erupción puede producir flujos de lava, columnas de ceniza que afectan la salud y el transporte aéreo, y lahares (aludes de barro y ceniza) que pueden arrasar con todo a su paso. Un ejemplo fue la Erupción del Volcán Chaitén en 2008.

Inundaciones y aluviones
En Chile, las inundaciones ocurren cuando el agua sobrepasa la capacidad de los ríos, canales o sistemas de drenaje, cubriendo zonas habitadas, agrícolas o urbanas, principalmente por lluvias intensas, deshielos o marejadas. Los aluviones son desplazamientos violentos de agua, barro, piedras y escombros que descienden por quebradas o laderas, arrasando todo a su paso. Son comunes en zonas áridas con lluvias fuertes en cortos periodos.
Incendios forestales
Fuegos no controlados que se propagan rápidamente en zonas rurales, bosques o áreas con vegetación. La mayoría son causados por la acción humana. Provocan graves consecuencias: destruyen ecosistemas, afectan la fauna y flora nativas, contaminan el aire, ponen en riesgo a comunidades cercanas y causan pérdidas económicas. Los Incendios forestales de Viña del Mar - Quilpué - Valparaíso en 2024 son un trágico ejemplo.
Vientos fuertes y tormentas
Fenómenos meteorológicos que pueden causar diversos daños, especialmente en zonas urbanas y rurales. Pueden derribar árboles, postes eléctricos, techos y afectar la navegación marítima y aérea. Las tormentas, con lluvia intensa, rayos y granizo, provocan inundaciones y cortes de energía.
Olas de calor y sequías
Períodos prolongados de temperaturas extremadamente altas. El cambio climático hace que las olas de calor sean más frecuentes, intensas y prolongadas. La sequía es la falta prolongada de lluvias que reduce la disponibilidad de agua en ríos, embalses y napas subterráneas. La crisis climática está provocando que millones de niños y niñas sufran las consecuencias de los desastres naturales extremos: se quedan fuera de sus espacios seguros, como son los colegios, pueden desarrollar profundos traumas emocionales y, además, muchos son apartados de sus familias, quedando vulnerables a la explotación y el maltrato.
Respuestas y acciones ante la vulnerabilidad infantil
En estas condiciones es imprescindible construir la respuesta desde la propia comunidad, fortalecer la primera línea de contacto de los servicios de salud con la población afectada por el desastre y descentralizar los recursos especializados. Un modelo comunitario de salud mental que atienda las condiciones de los grupos particularmente vulnerables debe ser la plataforma para las intervenciones en emergencias.
Políticas y programas de protección social
Los ministerios de desarrollo social y otras instancias gubernamentales en América Latina y el Caribe han comenzado a vincular los programas y las políticas de protección social con la agenda de gestión de riesgos de desastres y adaptación al cambio climático. Estos programas apoyan de manera previsible a las familias y, por lo tanto, reducen la vulnerabilidad de sus miembros, incluyendo a niños y niñas, ante los desastres.
- En Argentina, el Ministerio de Desarrollo Social busca vincular la protección social con todas las etapas de un desastre, brindando servicios antes (ampliación de stocks, protocolos, capacitación), durante (articulación con gobiernos locales, recursos de respuesta, reconstrucción, identificación de damnificados) y a posteriori (ayudas, beneficios impositivos, planes sociales).
- En Brasil, el programa Bolsa Verde remunera a familias que desarrollan actividades productivas sostenibles, y el Programa Agua para Todos promueve la seguridad alimentaria en regiones con sequía.
- En Ecuador, el Ministerio Coordinador de Desarrollo Social gestionó la política social en la fase de reconstrucción post-terremoto de abril de 2016 con un enfoque de derechos y recuperación de medios de vida.
- La Ficha Básica de Emergencia (FIBE) del Ministerio de Desarrollo Social de Chile es una herramienta clave para identificar a la población afectada, registrar el grado de afectación y priorizar la respuesta del Estado.
El rol de la comunidad internacional y los derechos del niño
Las Naciones Unidas han generado planes de acción internacional con miras a reducir las pérdidas producidas por desastres y prevenir riesgos futuros. El Principio 8 de la Declaración de los Derechos del Niño de 1959 indica que “el niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro”. La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) de 1989 establece que los niños tienen derechos inalienables en toda circunstancia, incluso en situaciones de desastre, cuando corren mayor riesgo, así como el derecho a participar en las decisiones que afectan sus vidas.
- La Carta de la Niñez para la Reducción del Riesgo de Desastres de 2011 se elaboró con base en consultas a más de 600 niños y niñas en 21 países.
- La Estrategia de Yokohama de 1994 estableció directrices para la prevención, preparación y mitigación de desastres.
- El Marco de Acción de Hyogo para 2005-2015 recomendó políticas sociales para reducir factores de riesgo, como el aumento de la seguridad alimentaria y el fortalecimiento de mecanismos de protección social.
- El Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 reconoce la función de liderazgo de los gobiernos pero recomienda interactuar con niños y jóvenes como agentes de cambio.
Estrategias de organizaciones humanitarias
Organizaciones como Educo y Save the Children trabajan para proteger a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad, asegurando que puedan continuar su educación y vivir libre de violencia cuando se ven envueltos en conflictos o desastres naturales. Su labor consiste en atender las necesidades más esenciales de los niños y sus familias, como la comida y el agua, y en fomentar el regreso a clases lo antes posible.

La escuela, más que un lugar de aprendizaje
En cada emergencia, los niños y niñas siempre expresan que lo que más quieren es volver a la escuela. Allí se sienten seguros, con sus compañeros y sus libros. Se ha trabajado para que los gobiernos y la comunidad internacional incluyan la educación como un derecho tan fundamental como el agua y la comida en un desastre natural.
Higiene y prevención de enfermedades
Las fuertes lluvias e inundaciones producen una acumulación de fango y agua estancada que provoca un aumento de infecciones. Estas infecciones, como virus gastrointestinales y enfermedades respiratorias, afectan especialmente a los niños y niñas porque su sistema inmunológico está en desarrollo. Durante las emergencias se prioriza la distribución de agua potable, kits de higiene (jabón, pasta de dientes, cepillos de dientes) y kits menstruales para las niñas para evitar posibles enfermedades ginecológicas.
Protección y espacios seguros
Los niños y niñas, después de sufrir fenómenos meteorológicos extremos, son más vulnerables a riesgos graves como la separación de sus familias, la explotación o el abuso sexual, el reclutamiento por parte de grupos armados, y la violencia física y psicológica. En este contexto, se implementan los espacios seguros para que los niños y niñas puedan volver a sentirse niños y recuperen la normalidad lo antes posible. Estos lugares les permiten jugar, socializar, aprender y expresarse, contribuyendo a su recuperación y protegiéndolos de daños físicos y traumas psicológicos.
Salud mental como clave para la recuperación
La salud mental es clave para la recuperación de la infancia. Organizaciones ofrecen materiales y guías para que las familias puedan explicar a sus hijos situaciones tan complejas, donde pueden haber perdido sus casas, familiares, amigos o colegios. Se subraya la necesidad de observar, dar espacio, escuchar y explicar con un lenguaje adaptado a su edad, evitando la sobreinformación y el acceso incontrolado a noticias para no aumentar la ansiedad.
La vulnerabilidad de las adolescentes en desastres
El trabajo en emergencias muestra que las adolescentes integran uno de los grupos con mayor riesgo cuando se produce un desastre o conflicto. Como resultado de la desigualdad de género y la discriminación, tienen más probabilidades de abandonar los estudios, sufrir violencia y discriminación, casarse de manera temprana y forzada, quedarse embarazadas y perder sus medios de subsistencia durante un desastre. Ejemplos incluyen el aumento de la violencia sexual durante el conflicto de la República Democrática del Congo, el incremento del matrimonio infantil en comunidades de refugiados sirios, y las altas tasas de natalidad en campamentos de Haití tras el terremoto de 2010.
Es crucial que la respuesta humanitaria tenga en cuenta las necesidades específicas de las chicas adolescentes y que se garanticen sus derechos en las políticas y programas de actuación ante desastres, incluyendo la promoción de servicios de salud sexual y reproductiva y oportunidades económicas.
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