La vulnerabilidad y la desigualdad social son temas de alta relevancia para la investigación social, dada su intensidad y persistencia, así como la ineficacia de las acciones para su reducción o superación, según Cepal (2013). Los fenómenos asociados con las desventajas que ciertos grupos experimentan son cruciales para comprender los mecanismos de reproducción social, permitiendo explorar y evidenciar las formas específicas de organización social.
Aunque existen herramientas complejas para medir la cantidad, intensidad e incidencia de estas condiciones, bajo conceptos como pobreza, exclusión social, marginalidad y vulnerabilidad (Paz, 2010; Raya, 2006; Golovanevsky, 2009), es necesario analizar las experiencias situadas espacial y temporalmente de los individuos para comprender cómo se manifiestan y vivencian (Aguado et al., 2010).
Concepto de Vulnerabilidad Social
El concepto central que articula este análisis es la vulnerabilidad social, estrechamente vinculado con otros términos como la pobreza y la exclusión social. Los análisis de vulnerabilidad surgieron a partir de las transformaciones socioeconómicas de las décadas de los ochenta y noventa del siglo XX, que generaron una percepción de incertidumbre, indefensión e inseguridad en gran parte de la población latinoamericana a principios del siglo XXI.
En el contexto global, se observan impactos internos debido a la coyuntura económica internacional, la volatilidad de los mercados, el aumento de la informalidad y la precariedad laboral, con variaciones en los salarios reales. Otros factores incluyen el retiro del Estado en la provisión de servicios básicos y cambios en las formas de organización familiar (González de la Rocha, 2008).
Definiciones Clave
- Mientras la pobreza se refiere principalmente a la carencia de bienes y recursos (Kaen, 2009).
- La exclusión social alude a la ruptura de los vínculos que posibilitan la integración de los individuos a la sociedad (Castel, 1997).
- La vulnerabilidad se relaciona con la fragilidad y las limitaciones de personas, grupos y regiones para enfrentar situaciones adversas o cotidianas, y superar situaciones calamitosas o de sufrimiento social. Son condiciones dinámicas que afectan las posibilidades de integración, movilidad social ascendente o desarrollo (Cruz, 2014).
Según Carmen Bel Adell (2002: 6), la vulnerabilidad social “es una cualidad del sistema y, por tanto, una cuestión social, enraizada en la estructura y dinámica social general”. Por lo tanto, no es una condición o atributo de individuos, poblaciones o regiones basada en cuestiones étnico-raciales, edad, origen, género o clase.
Vinculando el contexto con la capacidad de acción, la condición de vulnerabilidad se relaciona con:
- La probabilidad de que ocurra un evento potencialmente adverso (exógeno o endógeno).
- La incapacidad de respuesta ante tal contingencia (por carencias internas o de fuentes de apoyo externas).
- La inhabilidad para adaptarse al nuevo escenario (Celade, 2002).
Enfoques Teóricos para el Análisis de la Vulnerabilidad
La literatura teórica sobre la vulnerabilidad muestra dos tendencias principales de análisis:
- Aquella que se centra en los atributos de individuos, hogares o comunidades vinculados con procesos estructurales que configuran situaciones de fragilidad, precariedad, indefensión o incertidumbre. Esto es resultado de condiciones históricas que afectan las posibilidades de integración social y mejora de las condiciones de vida.
- Aquella cuyo foco es el efecto conjunto de factores de riesgo que aquejan a diversas unidades sociales. Esta perspectiva se desplaza de los atributos a la esfera de distribución de riesgos, los cuales son resultado de procesos colectivos de toma de decisión y se asocian con nociones de seguridad.
El presente estudio toma como referencia el concepto de vulnerabilidad social, utilizando el modelo AVEO (Activos-Vulnerabilidad y Estructura de Oportunidades) para analizar experiencias de familias en Cali, Colombia, en 2015.
El Modelo AVEO: Activos, Vulnerabilidad y Estructura de Oportunidades
El enfoque AVEO se alinea con la primera tendencia de análisis, centrándose en los atributos de las familias. Sin embargo, al incorporar el análisis de la estructura de oportunidades, integra elementos de la segunda, explorando las condiciones del contexto en cuanto a la producción y reproducción de activos que no pueden reducirse a la lógica familiar.

Estrategias y Estructura de Oportunidades
Para este análisis, la noción de estrategia, concebida racionalmente como el cálculo de medios-fines para maximizar beneficios, es insuficiente y poco realista. Si bien algunas estrategias pueden estar precedidas por cálculos de beneficios relativos, en la mayoría de los casos corresponden a formas habituales de reacción de los hogares ante situaciones específicas o a la imitación de reacciones de grupos de referencia (Kaztman, 1999).
Las estrategias son formas particulares de articulación de recursos para el logro de un fin, ya sea inmediato o a largo plazo. Adriana Clemente (1995) distingue entre:
- Estrategias de adaptación al riesgo: Predominantes en comunidades de alto riesgo, tienden a reproducir la situación problemática.
- Estrategias de optimización del medio social de riesgo: Buscan mejorar la situación.
En definitiva, las estrategias son comportamientos o arreglos familiares para “existir” o “vivir”, lo que en muchos casos se reduce a sobrevivir.
Según Rubén Kaztman (1999), el término “estructura” se refiere a que las rutas al bienestar están interconectadas, de modo que el acceso a bienes, servicios o actividades provee recursos que facilitan el acceso a otras oportunidades. Así, el bienestar aceptable está mediado por el acceso a:
- Empleos de buena calidad.
- Altos niveles de formación educativa.
- Redes sociales estables.
Su articulación aumenta la probabilidad de que los miembros del hogar se integren en actividades valoradas por el mercado y logren estabilidad psicosocial.
Para Carlos Filgueira (2001), las oportunidades corresponden a recursos que el individuo no controla o sobre los cuales incide de forma marginal. Una definición más precisa indica que la estructura de oportunidades son las “probabilidades de acceso a bienes, a servicios o al desempeño de actividades”.
Recursos y Activos
La idea de recursos vincula los medios tangibles e intangibles que generan la autosostenibilidad y el desarrollo de individuos y familias. Incluyen no solo ingresos económicos del trabajo, sino también otros capitales relevantes como el capital humano y social (Lampis, 2010), que surgen de la estructura de oportunidades y a su vez la amplían.
En los análisis de vulnerabilidad, se distingue entre:
- Recursos: Todos los bienes tangibles o intangibles que un hogar controla.
- Activos: El conjunto de bienes, recursos o atributos que pueden ser movilizados para mejorar el nivel de bienestar o superar situaciones adversas (Moser, 1998).
- Pasivos: Las barreras materiales y no materiales para la utilización de ciertos recursos del hogar.
Contexto de Estudio: Cali, Colombia
El presente estudio analiza las experiencias de familias vulnerables del municipio de Cali, Colombia, en 2015. Cali es predominantemente urbano, con una población aproximada de 2 369 821 habitantes en 2015.
En 2012, el 18.9% de su población estaba por debajo de la línea de la pobreza y el 5.3% en pobreza extrema. El 11% no cubría al menos una de sus necesidades básicas, con brechas urbano-rurales del 10.8% y 18.9% respectivamente. Se evidenciaba una alta concentración de riqueza (Gini de 0.54) e inequidades entre zonas urbanas y rurales, y entre sectores y grupos de la población caracterizados por altos niveles de concentración de pobreza, hogares monoparentales con jefatura femenina, y población afrodescendiente, migrante y desplazada.

Metodología de Investigación
Para la selección de las familias, se partió de una muestra de 75 hogares beneficiarios de programas de superación de la pobreza. Se seleccionaron, en orden descendente, aquellos con mayor variabilidad de representación en los componentes principales de un índice de vulnerabilidad social (IVS), incluyendo aspectos socioeconómicos, vulnerabilidad y características de la vivienda. Se aplicaron entrevistas semiestructuradas a 11 hogares hasta alcanzar la saturación de contenido.
Mediante un abordaje conversacional con miembros de las familias, se buscó una aproximación comprensiva para explorar experiencias de vulnerabilidad social, sosteniendo diálogos con hombres y mujeres reconocidos como “jefes de familia”. Las conversaciones fueron grabadas y transcritas con previo consentimiento, y se tomaron notas de campo. La información se procesó con el software Ethnograph 6.0V.
Etapas del Análisis
Para el análisis se cumplieron tres etapas:
- Codificación abierta: Construcción de códigos a partir de datos particulares.
- Codificación axial: Establecimiento de relaciones o conexiones entre los diferentes contenidos.
- Codificación selectiva: Integración de categorías (Strauss y Corbin, 2002).
Los hallazgos se presentan de forma descriptiva, destacando los principales aspectos señalados por las familias.
Factores de Vulnerabilidad y Activos Familiares
Activos Identificados por las Familias
Las familias entrevistadas identificaron los siguientes activos principales:
- La vivienda: Un bien con implicaciones económicas y simbólicas, asociada a la satisfacción de una necesidad básica, que ofrece seguridad y protección presente y futura. La vivienda (en alquiler o propia) se constituye como un recurso de alta significación.
- La formación educativa formal y el “saber hacer”: Atributos individuales de algunos miembros familiares que facilitan el acceso a oportunidades, principalmente laborales. El acceso a educación superior técnica o profesional permite obtener oportunidades de trabajo y genera cierto grado de libertad al facilitar mayores “competencias”. Sin embargo, solo una minoría de estas familias accedió a estos niveles educativos. El “saber hacer” no formalizado es un activo que facilita el acceso a oportunidades laborales o la generación de emprendimientos propios.
- El cuidado de menores o personas dependientes: Activos familiares/comunitarios relacionados con la satisfacción de necesidades afectivas y de protección, con implicaciones económicas. Estas actividades de cuidado son también una fuente de ingresos para algunas mujeres, formal o informalmente, incluso vinculadas a instituciones del Estado como el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.
Los hombres, con base en su “saber hacer” (habilidades manuales desarrolladas por la rotación de trabajos), acceden a empleos con mayores niveles de formalidad (aunque predomina la informalidad) y salarios dentro de patrones formales. En contraste, las mujeres desarrollan actividades de cuidado de personas, servicios estéticos o venta de alimentos, lo que les permite generar ingresos, pero acceden a un tipo de trabajo más informal, inestable y de menores ingresos, generalmente circunscrito a ámbitos domésticos y comunitarios.
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Pasivos y Desafíos Estructurales
Entre los principales pasivos se encontraron:
- El manejo de conflictos y el deterioro de las relaciones familiares.
- La relación problemática entre capital humano (salud-educación) y trabajo/empleo.
- Una relación de desventaja entre ingresos, necesidades, dinámicas familiares y gastos.
- La escasez de posibilidades para acceder a vivienda propia, a pesar de que la vivienda es un activo principal.
La familia, siendo el grupo social más significativo, a menudo es la principal fuente de apoyo ante situaciones adversas. No obstante, se evidencian relaciones variadas y, a menudo, conflictivas en su interior debido a cuestiones de convivencia cotidiana y económicas (préstamos, deudas, procesos legales). Se identifica un conjunto de relaciones en el interior de las familias, más que una unidad organizativa homogénea.
Además, dentro de los grupos familiares, existe una estratificación social (económica, laboral, según formación y lugar de residencia) que media las relaciones entre sus miembros, acercándolos o distanciándolos, sin un patrón claro de lejanía entre “clases diferentes” y cercanía entre “clases semejantes”. Las relaciones familiares se ven principalmente afectadas por conflictos causados por las dinámicas de agrandamiento familiar.
Impacto de la Composición Familiar en la Vulnerabilidad
Cambios en la Composición Familiar y Monoparentalidad
En las últimas décadas, se han producido grandes cambios en la composición de las familias, como la mayor participación de la mujer en el mercado laboral, la depreciación del matrimonio y el proceso de individuación, alterando la estructura familiar. Un ejemplo de esto es el aumento de la monoparentalidad.
Desde 1990, la monoparentalidad (uno o más hijos viviendo solo con la madre o el padre) ha aumentado de un 15,6% a un 26,3%, mientras que los hogares biparentales (jefe de hogar con cónyuge o conviviente) se redujeron de un 71,4% a un 54,1%, alcanzando su mínimo histórico.
La manera en que se compone una familia tiene implicaciones en el bienestar económico y psicosocial de sus integrantes. La monoparentalidad, uno de los mayores cambios estructurales, suele estar ligada a mayores cargas para las mujeres, quienes representan más del 80% de las jefaturas en familias monoparentales. A nivel nacional, el 96% de los cuidadores principales son mujeres. Aunque las diferencias de género en el tiempo dedicado a la crianza se reproducen en ambos tipos de familias, las monoparentales suelen carecer de un cuidador secundario.

Monoparentalidad y Vulnerabilidad Económica
La investigación ha demostrado el impacto de la familia en la producción de bienestar económico y psicosocial. Miguel Novak (1987) mostró en “The New Consensus on Family and Welfare” que la pobreza se explica cada vez más por determinantes relacionados con la familia y su composición.
Para el caso chileno, estudios como el de Herrera et al. (2011) indican que las estructuras familiares monoparentales, encabezadas por mujeres y en familias numerosas, exacerban los riesgos de pobreza y desorganización familiar, afectando las trayectorias de pobreza en nuevas generaciones.
Según la encuesta CASEN (2022), las familias monoparentales suelen percibir menos ingresos y son más susceptibles a estar por debajo de la línea de pobreza, con un porcentaje 2,8 puntos mayor en comparación con las familias biparentales. La composición monoparental es más frecuente en sectores de bajos ingresos, y la probabilidad de ser una familia biparental aumenta con los ingresos.
La situación es más compleja cuando las familias monoparentales son lideradas por mujeres, siendo la principal probabilidad de que una familia monoparental se encuentre bajo la línea de la pobreza. Un análisis de IdeaPaís (2023) encontró una correlación estadísticamente significativa entre monoparentalidad y la probabilidad de que un hogar esté bajo la línea de pobreza, concluyendo que un hogar monoparental tiene 1,5 veces más posibilidades de estar en esta situación respecto a uno biparental.
Impacto en Niños, Niñas y Adolescentes
Existe una relación significativa entre la monoparentalidad y dimensiones que inciden directamente en el bienestar de los niños, niñas y adolescentes. Los menores que crecen con un solo progenitor suelen estar en desventaja respecto a quienes cuentan con la presencia estable de ambos.
El análisis de IdeaPaís (2023) también reveló una correlación estadísticamente significativa entre la ausencia del padre o madre y una mayor propensión de los menores hacia conductas de riesgo. Los hallazgos, similares a los de Herrera et al. (2011), muestran que el involucramiento parental en la educación y formación de los menores se relaciona con una menor probabilidad de incidir en conductas riesgosas.
En concreto, aquellos menores que pertenecen a una familia donde los padres muestran desinterés en las actividades escolares y extraescolares de sus hijos, presentan una probabilidad 4,5 veces mayor de incidir en conductas riesgosas. Esto es relevante, ya que las familias monoparentales muestran una mayor proporción de padres con bajos niveles de involucramiento.
Composición Familiar y Deserción Escolar
La correlación entre la composición familiar y la trayectoria escolar, específicamente la deserción escolar, es de gran relevancia para el desarrollo de las personas y sus proyectos de vida. Diversos estudios han identificado la composición familiar, y en particular la presencia o ausencia de uno de los padres, como un factor explicativo de la deserción.
Un análisis basado en criterios del Ministerio de Educación en su informe “Deserción escolar: Factores de Riesgo y Prácticas de Prevención en Tiempos de Pandemia” encontró un mayor porcentaje de riesgo de abandono escolar en menores pertenecientes a hogares sin la presencia del padre o la madre. El estudio de IdeaPaís (2023) confirma que vivir solo con el padre o la madre eleva las probabilidades de que el menor presente un alto riesgo de deserción escolar.
Consideraciones Finales y Propuestas
Existe una estrecha relación entre la composición familiar y diversas dimensiones del bienestar, tanto a nivel individual como colectivo. La familia es un constructo complejo, y comprender sus problemáticas requiere de aproximaciones cuantitativas y cualitativas. La percepción de la familia y las dificultades que se reproducen en ella son distintas para cada individuo.
Es imperante constatar la estrecha relación entre la familia, su composición y las dimensiones del bienestar cotidiano, atribuyéndole la relevancia que merece en el debate público, independientemente de los disensos en torno a su comprensión.
El fortalecimiento familiar comienza por reconocer esta relación entre el tipo de composición familiar y el bienestar de sus integrantes, y por traducir este reconocimiento en políticas públicas que aborden esta realidad. Además de generar condiciones e incentivos para el fortalecimiento familiar y reconocer la importancia de su composición en la reproducción de mejores condiciones de bienestar, es necesario tomar acciones para apoyar a las familias desfavorecidas.
Los padres, principalmente mujeres, que ejercen su parentalidad en circunstancias adversas y sin redes de apoyo, deben ser considerados sujetos de política pública, y su asistencia debe ser una prioridad para los tomadores de decisiones.
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