La Vulnerabilidad de Niños, Niñas y Adolescentes a lo Largo del Ciclo Vital

Introducción: Una Condición Inherente y un Derecho Fundamental

Por naturaleza, el ser humano posee una cualidad denominada vulnerabilidad, la cual hace referencia a su condición de indefensión y que sugiere, a su vez, la obligación de éste de desarrollar vida ciudadana a fin de resguardarse. Esta condición, dependiendo de ciertos factores psicosociales, puede agudizarse ante situaciones sociales y políticas específicas, como lo son la violencia y/o el sufrimiento.

Cada niño nace con el derecho inalienable a un inicio saludable en la vida, una educación y una infancia segura: todas las oportunidades básicas que se traducen en una edad adulta productiva y próspera. Pero a millones de niños en todo el mundo se les niegan sus derechos y se les priva de lo que necesitan para crecer sanos y fuertes.

Foto temática de niños y niñas jugando en un entorno seguro

El Rol de UNICEF y los Marcos Internacionales de Protección

UNICEF es la agencia líder para la infancia en el sistema de las Naciones Unidas, que trabaja para salvar la vida de los niños, defender sus derechos y ayudarlos a desarrollar su potencial desde la primera infancia hasta la adolescencia. La destrucción de Europa durante la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias hicieron vulnerables a los niños en este continente.

En este contexto, el Fondo Internacional de Emergencia para la Infancia fue creado por la Administración de Rehabilitación y Socorro de las Naciones Unidas para ayudar a los niños afectados. Tras más de una década centrada en los aspectos relacionados con la salud de la infancia, UNICEF amplió sus actividades para hacer frente a todas las necesidades que tiene un niño. En 1965, la organización recibió el Premio Nobel de la Paz por su labor en pro de «la promoción de la confraternidad entre las naciones».

La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN)

En 1989, los líderes mundiales asumieron un compromiso histórico con los niños del mundo al adoptar la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño. La Convención define "niño" como una persona menor de 18 años, a menos que las leyes pertinentes reconozcan una mayoría de edad anterior. Este documento sirvió como base fundamental para el desarrollo del derecho internacional relacionado con los derechos del niño, influyendo en la legislación y las políticas nacionales en todo el mundo.

La Convención estipula todos los derechos del niño, así como las responsabilidades de los gobiernos, y ha sido el tratado internacional de derechos humanos que de manera más amplia y rápidamente se ha ratificado de toda la historia. Cambió la forma de ver y tratar a los niños, es decir, dejaron de ser objetos pasivos que necesitaban cuidados y caridad, para verlos como seres humanos con un conjunto diferenciado de derechos.

En 2000, la Asamblea General adoptó dos Protocolos facultativos de la Convención: uno prohíbe el reclutamiento de niños menores de 18 años en las fuerzas armadas o su participación en hostilidades; el otro refuerza las prohibiciones y sanciones relativas a la venta de niños, la prostitución infantil y la pornografía infantil. Un tercer Protocolo Facultativo, adoptado por la Asamblea en 2011, entró en vigor en 2014.

El Comité de los Derechos del Niño, establecido en virtud de la Convención, es un organismo de 18 expertos independientes que se reúne periódicamente para monitorear el progreso alcanzado por los Estados partes en el cumplimiento de sus obligaciones bajo la Convención y de sus dos primeros Protocolos Facultativos.

Infografía: Línea de tiempo de hitos en derechos de la infancia (Creación UNICEF, CDN, Protocolos)

Definiendo la Vulnerabilidad y los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes

Los elementos que fundamentan el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes como sujetos autónomos permiten comprender la condición de vulnerabilidad originaria de éstos. Se encuentran limitados de autorrepresentación en la vida ciudadana, condicionando su participación y dependencia a los adultos. Esto conlleva la necesidad de ser representados por instituciones sociales que garanticen su producción, protección y/o tutelaje, y la generación de espacios sociales para viabilizar su participación social y evitar condicionamientos en la construcción de su propio futuro. En este sentido, tanto el Estado como la sociedad en general son garantes de derecho.

¿Qué son los derechos del niño, niña y adolescente?

Son un conjunto de disposiciones que buscan brindar protección a los niños, niñas y adolescentes. Estos poseen un carácter individual e irrenunciable y no pueden ser quebrantados o desconocidos bajo ninguna circunstancia.

De acuerdo con la Defensoría de la Niñez del Estado de Chile, los derechos de los niños, niñas y adolescentes: “son una declaración de principios que los Estados, al ratificarla, se comprometen a cumplir”. Dichos derechos están contemplados en la Convención de los Derechos del Niño (CDN), de los cuales se resaltan 4 principios fundamentales:

  • Principio de «No discriminación»
  • Principio de velar siempre por el interés superior del niño.
  • Principio de derecho a la vida, la supervivencia y desarrollo.
  • Principio de participación y ser escuchado.

Aprende cuáles son los Derechos del Niño

Formas de Vulneración y sus Consecuencias Profundas

¿Qué se entiende por vulneración de los derechos del niño, niña y adolescente?

Por vulneración de derechos se entiende la exposición de los niños, niñas y adolescentes a situaciones de peligro o daño que violenten su integridad física y/o psíquica. La misma puede ser por omisión, maltrato o la expresión de cualquier forma de abuso sexual. La Defensoría de la Niñez de Chile, por su parte, la define como cualquier trasgresión a los derechos de niños, niñas y adolescentes establecidos en la Convención de los Derechos del Niño. Los niños expuestos a abusos o negligencia sufren graves consecuencias.

Tipos de vulneración de los Derechos

Entre los diversos tipos de expresión de vulneración de los Derechos del niño, niña y adolescente se encuentran:

  • Abuso sexual: Comprende toda actitud o conducta de connotación sexual que realiza una persona sobre otra, con el propósito de obtener satisfacción y sin el consentimiento o conocimiento de la otra persona.
  • Maltrato físico: Se entiende por este un trato cruel, en el que se emplea alguna forma de violencia. Este puede ser leve (agresiones que no implican una lesión severa, como empujar, abofetear) o grave (agresiones que causan un daño severo, como golpes de puño, utilización de objetos, golpizas, quemaduras, puñaladas o amenazas con objetos).
  • Maltrato psicológico: Consiste en el acoso verbal continuo y sistemático a través de palabras ofensivas, de críticas, descréditos, menosprecio, ridiculizaciones; indiferencia o rechazo. También se contempla el ser testigo de violencia intrafamiliar entre los padres.
  • Omisión y abandono: Define la desprotección y descuido por parte del adulto responsable. Se destacan: falta de cuidados higiénicos, ausentismo escolar, ausencia de compañía y/o supervisión por parte de los adultos, o consumo de sustancias estupefacientes en presencia de los niños, niñas y adolescentes.

Impacto Global de la Vulneración

La vulneración de derechos contra niños, niñas y adolescentes representa un significativo problema a nivel global. El informe "Estado Mundial de la Infancia 2025, Poner fin a la pobreza infantil: Un imperativo universal" destaca que 412 millones de niños viven en condiciones de pobreza extrema y que muchos más carecen de las necesidades básicas.

Millones de niños mueren cada año por desnutrición y enfermedades. Muchos otros se convierten en víctimas de la guerra, desastres naturales, el VIH/SIDA y formas extremas de violencia, explotación y abuso. En respuesta a este problema, la Comisión de Derechos Humanos estableció en 1990 el mandato del Relator Especial sobre la venta y explotación sexual de los niños, encargado de monitorear fenómenos emergentes, responder ante violaciones de derechos y promover políticas de protección.

Hace más de veinte años que el mundo se unió para condenar y movilizarse contra el uso de niños en los conflictos armados. Sin embargo, en 2023, la violencia contra los niños en los conflictos armados alcanzó niveles extremos, con un aumento alarmante del 21% de violaciones graves. El reclutamiento y la utilización de niños por fuerzas y grupos armados sigue siendo una de las violaciones graves más frecuentes contra los niños durante los conflictos armados; en 2023, se averiguó que 8.655 niños habían sido reclutados y utilizados por las partes en conflicto.

Aunque los niños son los más afectados, las niñas también corren el mismo riesgo, y a menudo se les obliga a casarse o a sufrir explotación sexual. El derecho de los niños y niñas a la protección contra la violencia está consagrado en la Convención sobre los Derechos del Niño. Sin embargo, mil millones de niños sufren cada año alguna forma de violencia emocional, física o sexual. La crueldad contra los niños no conoce límites de cultura, clase o educación; ocurre en las instituciones, las escuelas y el hogar. La violencia entre niños también es una preocupación, al igual que el aumento del acoso cibernético. Los niños expuestos a la violencia viven aislados, en soledad y aterrorizados, sin saber dónde encontrar ayuda, especialmente cuando el culpable es alguien cercano.

Infografía: Estadísticas clave sobre la pobreza infantil y la violencia contra niños/as

Consecuencias de la vulneración de derechos

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1999) identifica el maltrato infantil como un factor dañino significativo para la salud y bienestar, generando consecuencias que pueden ser tanto inmediatas como duraderas y pueden acompañarlos de por vida. Las secuelas de la violencia y el abuso en la infancia pueden persistir durante años, afectando su sano desarrollo global y complicando las relaciones que mantengan a lo largo del ciclo vital, tanto consigo mismos como con los otros. Esto interfiere en su autonomía y su posterior aporte a la sociedad, aumentando la posibilidad de convertirse en el futuro en jóvenes inseguros, conflictivos, incapacitados para reconocer y desarrollar sus capacidades y destrezas creativas, lo que les impida valerse por sí mismos en la etapa adulta, repitiendo ciclos intergeneracionales de negligencia.

Un niño, niña o adolescente a quien se le han vulnerado sus derechos verá afectado gravemente su desarrollo físico, psíquico y social, lo cual puede desembocar en diversos y complejos conflictos como: conductas ansiosas, inseguridades, miedos, fobias, adicciones, dificultades de aprendizaje, déficit en la expresión de habilidades sociales, inestabilidad emocional o rigidez cognitiva. La exposición a abusos puede llevar a problemas emocionales severos.

Diagrama: Efectos a largo plazo de la violencia en la infancia

La Adolescencia: Etapa de Cambios, Vulnerabilidad y Oportunidad

Según la Organización Mundial de la Salud, la adolescencia es el período comprendido entre 10 y 19 años. Es una etapa compleja de la vida que marca la transición de la infancia al estado adulto, con ella se producen cambios físicos, psicológicos, biológicos, intelectuales y sociales. Se clasifica en primera adolescencia, precoz o temprana (de 10 a 14 años) y la segunda o tardía (entre 15 y 19 años de edad).

La adolescencia es, después de la niñez, la segunda etapa más vulnerable del ciclo vital y en donde se adquieren la mayoría de los hábitos que pueden tener consecuencias para la salud a largo plazo, originando conductas de riesgo tales como el tabaquismo, sedentarismo, malnutrición, consumo de drogas adictivas, actividad sexual sin protección, depresión y suicidio, entre otras. Estas implican un deterioro considerable en la salud del adolescente, afectando su calidad de vida, la inserción con igualdad de oportunidades en la sociedad y gran parte de las enfermedades crónicas no transmisibles del adulto.

Es realmente un período vulnerable para la aparición de conductas de riesgo, las cuales pueden encontrarse por sí solas o concurrir y traer consecuencias para la salud, económicas y sociales. Sin embargo, la adolescencia no es solo una etapa de vulnerabilidad, sino también de oportunidad; es el tiempo en que es posible contribuir a su desarrollo, a ayudarla a enfrentar los riesgos y las vulnerabilidades, así como prepararlos para que sean capaces de desarrollar sus potencialidades.

La salud de los adolescentes es un elemento clave para el progreso social, económico y político de los países. Cuando los adolescentes no consiguen llegar a la edad adulta en condiciones óptimas de salud y educación, esto supone para los gobiernos un elevado costo social y económico. Los insuficientes recursos destinados a la promoción y atención de salud de adolescentes amenazan con invalidar parcialmente los logros conseguidos en la niñez. Durante las últimas décadas se ha reconocido la importancia de invertir en la salud y desarrollo del adolescente, así como la necesidad de asignar alta prioridad a los programas dirigidos al fomento, promoción y protección de la salud.

Factores Determinantes y el Rol Protector de la Familia

Las condiciones y circunstancias que influyen en las conductas de los adolescentes y que afectan la salud, constan de una serie de factores determinantes que pueden identificarse en cuatro niveles ecológicos: individual (personalidad, carácter), interpersonal (los modelos, familia), comunitario y de políticas públicas. La salud y bienestar del adolescente se ven influidas en gran medida por las oportunidades y calidad de experiencias que tiene en el ambiente familiar donde se desarrolla, jugando esta un rol esencial.

La familia cumple varias funciones importantes en el desarrollo de sus miembros: modela sentimientos, ofrece patrones de conductas, pautas y normas de convivencia. Un adecuado vínculo y funcionamiento familiar con disponibilidad de tiempo de los padres hacia los hijos, comunicación, rituales familiares, cohesión, adaptabilidad y actividades en conjunto se han descrito como factores que disminuyen significativamente las conductas de riesgo o predisponentes en el adolescente.

El proceso de socialización familiar se reconoce como uno de los factores determinantes en la génesis y mantenimiento de las conductas de riesgo, al constituirse en la base del desarrollo de las características individuales del adolescente tales como su personalidad, autoconcepto, valores y habilidades de comunicación, entre otros. La falta de internalización de normas y resolución dialogada de conflictos en las relaciones interpersonales familiares, dificulta la adaptación efectiva y aumenta la probabilidad de conductas autodestructivas y de riesgo en el adolescente.

La familia juega un rol primordial en la prevención de conductas de riesgo, siendo el primer agente protector y facilitador del desarrollo sano en el adolescente, en cuyo interior se educa y su grado de funcionalidad permitirá que este se convierta en una persona autónoma, capaz de enfrentarse e integrarse a la vida. En la familia, los padres y adultos significativos son fundamentales por la influencia que ejercen en el desarrollo de hábitos de vida, formas de expresar afectos, relacionarse con los demás, de resolver conflictos y de desarrollar conductas de autocuidado.

Los estilos de crianza parental pueden tener un efecto positivo o negativo en la incidencia de conductas de riesgo adolescente, comprobándose que a mayor apoyo parental y control conductual hay menor consumo de drogas, autoagresión, violencia y depresión, entre otras. Estudios demuestran que el adolescente presenta menos conductas de riesgo cuando sus padres o tutores son capacitados, entregándoles apoyo, conocimiento y desarrollo de habilidades básicas en la crianza, tales como disciplina consistente y apoyo afectivo, donde ambos elementos contribuyen a la adaptación conductual y al desarrollo psicológico positivo del adolescente.

Ilustración: Familia apoyando a un adolescente

Vulnerabilidades Específicas: Orfandad y Desventaja Social

Las crisis económicas que se presentan en los países latinoamericanos, y en otras regiones, han traído como una de sus mayores consecuencias la constitución de grupos sociales vulnerables, entre ellos los sujetos adolescentes, que quedan aislados de los beneficios económicos, sociales, educativos, de salud y recreativos que son vitales para el logro de una buena calidad de vida.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), se define a un menor huérfano como aquel que ha perdido a uno o a ambos progenitores. Ser económicamente pobre, adolescente y quedar huérfano del padre o de la madre hace al sujeto menor doblemente vulnerable y lo expone a otras condiciones de fragilidad. Los huérfanos, en general, tienen menos acceso a la educación y a los servicios de salud, presentan más indicadores de angustia psicosocial y enfrentan niveles más elevados de desatención, abandono y abuso, si se comparan con quienes no son huérfanos.

A diferencia de los niños y niñas huérfanos, las necesidades de los adolescentes en esta misma condición se presentan en la educación secundaria, en la capacitación para ganarse su propio sustento, en la educación y servicios de salud sexual y reproductiva, en el apoyo psicosocial y social para transitar a la independencia y a la edad adulta, así como en el acompañamiento de mentores adultos que sirvan como modelos de conducta.

Los adolescentes, al morir el padre y la madre, o uno de ellos, con frecuencia pierden cierta protección clave asociada con resultados positivos y que están vinculados con la conducta sexual y con relaciones violentas, además del uso del alcohol y del tabaco. Sin la protección que representa la persona adulta, los adolescentes huérfanos se hacen más vulnerables a riesgos como contraer el VIH u otras enfermedades de transmisión sexual, y embarazos no planeados. Estudios han encontrado que cuando la familia tiene que enfrentar la muerte del padre, la alteración de la dinámica familiar y de los vínculos fundamentales en la constitución psicológica de las niñas, en su proceso de convertirse en jóvenes, predispone las condiciones para que se embaracen en la adolescencia, provocándose estados de vulnerabilidad, independientemente del nivel socioeconómico y educativo que se tenga. Esta situación se agrava en aquellas adolescentes que además ya viven en franca desventaja socioeconómica y educativa.

Es preciso destacar que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce que la inseguridad económica de los menores de edad huérfanos puede agravarse provocando diversas consecuencias, como mayor vulnerabilidad a la pobreza patrimonial y alimentaria. Además, la carencia de fuentes de empleo y/o empleos precarios, las deficiencias profundas en la calidad educativa, la información deficiente y la deserción escolar, así como la inexistencia o fragilidad de los vínculos afectivos y emocionales con la familia y la comunidad, el incremento de la violencia social e intrafamiliar, y la escasez de espacios de recreación y de participación juvenil, son desafíos adicionales.

Esquema: Ciclo de vulnerabilidad en adolescentes huérfanos

Avances y Desafíos en la Protección de la Infancia y la Adolescencia

En 2006, un estudio de las Naciones Unidas proporcionó una serie de recomendaciones sobre cómo poner fin a la violencia contra los niños. Actualmente, muchos Estados ya cuentan con legislación específica para prohibir la violencia física, mental y sexual contra los niños y niñas, y para apoyar a las víctimas. Además, alrededor del mundo se han diseñado campañas orientadas a concienciar sobre el impacto de la violencia en la infancia y se están abordando la intimidación, la violencia sexual y las prácticas nocivas contra ellos. En los últimos años se han logrado progresos importantes, pero aún queda mucho por hacer.

La inclusión de una meta específica (16.2) en la Agenda 2030 ha demostrado el compromiso del mundo para poner fin a todas las formas de violencia contra los niños y niñas. Con la llegada de los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en septiembre de 2015, los líderes mundiales se comprometieron a acabar con la pobreza para 2030. Sin embargo, todavía existen desafíos significativos: casi una de cada cinco niñas contrajo matrimonio antes de que cumpliera los 18 años, y más de 60 millones de niños en edad escolar se quedarán sin escolarizar, aproximadamente el mismo número que en la actualidad.

Los niños, niñas y adolescentes representan el colectivo más vulnerable, por ende, es el que más sufre las crisis y los problemas que se dan a nivel mundial. Ello implica la necesidad de continuar el trabajo de generar conciencia sobre la dignidad de estos en pro de garantizar su protección y desarrollo desde la promoción, defensa y cumplimiento de sus derechos. Aunque bien son muchos los esfuerzos aunados para este fin, aún se siguen teniendo cifras a nivel local y global de casos de vulneración de derechos de dicho colectivo. Esto permite concluir que sigue siendo motivo perentorio de agenda de reflexión y esfuerzo común, a través de proyectos y programas sociales, en aras de proteger y garantizar el bienestar de las futuras sociedades.

Aún mueren niños, niñas y adolescentes por causas prevenibles y modificables, y experimentan importantes grados de vulnerabilidad, situación que repercute en complejos efectos emocionales y cognitivos a lo largo de su ciclo vital. El bienestar de los niños, niñas y adolescentes está directamente relacionado con los índices de desigualdad social, valorando el bienestar como un componente esencial y transversal a sus derechos.

Aprende cuáles son los Derechos del Niño

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