La Vulnerabilidad Diferencial en las Personas

Sentirse vulnerable es una parte sana y necesaria en nuestra vida. Nos permite vivir las emociones de forma conectada con nosotros mismos y con los demás, enriquecernos, estar sensibles ante lo que sucede y sentirnos más plenos. Nuestra vulnerabilidad nos permite vincularnos afectivamente desde un sitio íntimo y cercano, nos permite cuidarnos y pedir ayuda cuando la necesitamos.

Siguiendo a Luciano L´Abate, quien describe la intimidad en las relaciones como el acto de compartir las “heridas” y el miedo a ser herido, así como la satisfacción y los gozos, la vulnerabilidad humana se revela. Las heridas son el compendio de traumas, abusos, pérdidas, rechazos, injurias y ofensas que son inevitables, en mayor o menor medida, a lo largo del ciclo vital. Pone el énfasis en la vulnerabilidad humana, en el dolor y las heridas de la vida, afirmando que ser personas vulnerables es estar vivo.

Entendiendo la Vulnerabilidad Humana

En nuestra vida cotidiana usamos frecuentemente la palabra "vulnerabilidad" con la expectativa de que todos entendemos más o menos lo mismo: hablamos de poblaciones vulnerables, de adultos vulnerables, de la vulnerabilidad que se experimenta en la infancia y de lo vulnerable que se encuentra un enfermo. Generalmente, hablamos del otro o de la otra vulnerable, lo que en el mejor de los casos nos mueve a la compasión y, muchas veces, también a la lástima.

Es verdad que el término vulnerabilidad proviene del latín vulnus (herida), lo que remite al daño. Sin embargo, la palabra vulnerabilidad no se refiere al hecho realizado de la herida, sino a la capacidad de ser "herible". La herida, o el riesgo de ser herido, es condición de posibilidad de un tipo de relación interpersonal que aspira a la profundidad y a la "vida buena".

La vulnerabilidad humana puede ser comprendida como la capacidad de ser permeables para dejarse afectar por otros y por otras, por lo otro, por El Otro. Esto significa que se requiere ser vulnerables -como la vida misma nos enseña- para amar, para confiar, para vincularnos y para entregarnos.

En un sentido general, vulnerabilidad significa apertura, permeabilidad, relacionalidad, transformación y comunicación. Su dimensión positiva es la de una invitación y una llamada a relaciones responsables: el reconocimiento, la solidaridad, la protección, el amor y el respeto por el otro vulnerable. En su dimensión negativa, es la capacidad inherente de cada ser humano de ser herido o invisibilizado y, finalmente, la posibilidad de que alguien o algo nos quite la vida.

Esquema de las dimensiones de la vulnerabilidad humana

Dimensiones de la Vulnerabilidad

Todos los seres son vulnerables durante su existencia, pero hay momentos o circunstancias en que la vulnerabilidad se presenta más visible y necesita cuidado. Al reconocer que somos vulnerables y limitados, se torna más natural comprender la vulnerabilidad de nuestro prójimo.

Es importante tener en cuenta que hay diferentes perspectivas de vulnerabilidad, que pueden abarcar la vulnerabilidad ontológica, somática, psicológica, social, espiritual, cultural y ética.

Vulnerabilidad Ontológica y Corporal

La vulnerabilidad ontológica es la que se relaciona con el ser en cuanto ser, un ser inacabado, limitado, frágil y determinado por su finitud. Al decir que el ser humano es vulnerable, significa que afecta a todas y cada una de sus dimensiones y facetas. La vulnerabilidad somática está relacionada con el cuerpo, principalmente en aquellos sujetos que padecen de una enfermedad o una deficiencia de orden físico.

Vulnerabilidad Psicológica y Espiritual

La vulnerabilidad psicológica considera los aspectos del sujeto fragilizado en consecuencia de situaciones estresantes, pérdidas, crisis y en función de una enfermedad. La enfermedad implica frecuentemente sentimientos de soledad y temor, entre otros, y altera la condición del sujeto, su papel en la familia y en la sociedad. La vulnerabilidad espiritual se refiere a la vida interior del sujeto; al enfermar, su vida interior se altera y puede ocurrir una sensación de pérdida de sentido, principalmente en situaciones de muerte y morir.

Vulnerabilidad Social y Relacional

La vulnerabilidad social se relaciona con la erosión que sufre el sujeto enfermo en lo que se refiere a sus relaciones. En términos generales, se refiere a la condición en la que se encuentran ciertas personas o grupos sociales cuya capacidad de anticiparse, resistir, enfrentar o recuperarse de situaciones adversas -como la pobreza, el desempleo, la exclusión social, la discriminación o la violencia- está limitada o comprometida.

La Vulnerabilidad en el Ámbito Ético

En la perspectiva ética existe una aproximación con la cuestión percibida como alteridad, o sea, la responsabilidad con el otro, con el prójimo. Esta perspectiva se atañe más directamente al ser que cuida, pues hay un imperativo de la vulnerabilidad: "Frente a la vulnerabilidad ajena no puedo permanecer pasivo o inmutable, sino que debo responder solidariamente, debo poner todo lo que pueda de mi parte para mitigar esa vulnerabilidad y ayudar al otro a desarrollar su autonomía personal, física, moral e intelectual".

En 2005, la Declaración Universal de Bioética y Derechos del Hombre reconoce la vulnerabilidad como un principio ético. Esta declaración admite que la vulnerabilidad puede acontecer de enfermedades, incapacidades u otros condicionantes de carácter individual, social o ambiental, y requiere atención especial para aquellos que no tienen suficientes condiciones para lidiar con ellos. La meta de la declaración es garantizar el respeto a la dignidad humana, aún en situaciones donde los principios anteriores no consiguen intervenir.

La Vulnerabilidad Ante la Enfermedad y el Fin de la Vida

La enfermedad ocasiona una alteración global en todas las dimensiones del ser, afectando desde su estructura exterior (cuerpo físico, sintomatología, malestar, dolor) hasta su estructura interior (expectativas, esperanzas, temores frente a la dolencia, la muerte, la vida después de la enfermedad o de la muerte). La enfermedad altera de modo significativo el mundo afectivo y relacional.

El ser doliente o estar doliente es una circunstancia diferente en la vida y hace que el ser se depare con el hecho de no-ser, el venir a ser nada, el venir a morir. El sujeto experimenta una especie de volverse sobre sí mismo. "Él puede habitar la enfermedad, significando familiarizarse con ella, aceptándola, conformándose y conviviendo con ella; puede rebelarse, tornarse agresivo, solitario, pues tiene miedo, y el miedo es aún mayor cuando no está seguro del tipo de amenaza o peligro que sufre y de cuán impotente se siente para combatirla".

La condición de estar hospitalizado, en general, es un agravante e intensifica sentimientos que surgen. La desinformación es un hecho crucial, pues aflora más el sentimiento de impotencia, de dependencia, de carencia de control sobre sí mismo y sus actividades e, incluso, de despersonalización. Varios aspectos son comprometidos por la dolencia, comprometiendo nuestra experiencia de vivir. El sujeto que se encuentra enfermo deja de ser como era antes y se torna un paciente, y la idea de dejar de ser, de venir a morir, de dejar de existir, pasa a ser una posibilidad y no un acontecimiento remoto.

La circunstancia de estar doliente o en estado de finitud trae una nueva conciencia de quién se es, de lo que le gustaría haber sido, de la importancia de la familia, del significado de las cosas, de la vida, etc. Los valores y las prioridades cambian y surge un interrogante acerca del sentido de la existencia.

El Rol Fundamental de la Familia y el Cuidado Paliativo

Un hecho fundamental y de innegable relevancia hoy día en el sistema de salud es el papel de la familia. La familia es considerada una copartícipe en el cuidado, sus miembros se convierten en cuidadores, no solo en el domicilio, también en el hospital. Además, la familia también necesita ser cuidada, pues sufre, se preocupa, tiene miedo, sus hábitos cambian y, al igual que los de su ser querido, las relaciones y roles se alteran; sus miembros están fragilizados y también son seres vulnerables.

La muerte y el nacimiento son límites ontológicos. Morir es despedirse, cortar ataduras y desligarse de los vínculos. Hoy se habla de cuidados paliativos, definidos por la Organización Mundial de la Salud como "El cuidado activo total de los pacientes cuya dolencia no responde más al tratamiento curativo. El control del dolor y de otros síntomas, el cuidado de los problemas de orden psicológico, social y espiritual, es lo que más importa. El objetivo del cuidado paliativo es conseguir la mejor calidad de vida posible para los pacientes y sus familiares".

El dolor en el paciente oncológico, por ejemplo, presenta características peculiares: intensidad significativa, manifestación en más de un lugar, frecuentemente continuo. Las incomodidades son innumerables, así como los temores, preocupaciones y el sentimiento de soledad. La evaluación y el control del dolor requieren habilidad, sensibilidad, discernimiento, paciencia y compasión por parte de los cuidadores, quienes deben entender que el dolor es una experiencia muy particular y solitaria.

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Vulnerabilidad Social: Causas y Manifestaciones Diferenciales

La vulnerabilidad social es el resultado de los impactos provocados por el patrón de desarrollo vigente y de la incapacidad de los grupos más débiles de la sociedad para enfrentarlos. Esta situación no se explica únicamente por carencias materiales, sino que obedece a una posición de desventaja estructural generada por la interacción de múltiples dimensiones: económicas, culturales, sociales, políticas, de género, étnicas y territoriales.

El concepto de vulnerabilidad ha sido explorado desde campos de conocimiento muy diversos, como la antropología, la sociología, la ecología política, las geociencias y la ingeniería. Por este motivo, lo que se entiende por vulnerabilidad ha sido definido de formas muy distintas y a partir de elementos diferentes, entre los que se cuentan riesgo, estrés, susceptibilidad, adaptación, elasticidad (resilience), sensibilidad o estrategias para enfrentar el estrés (coping strategies).

Es posible encontrar algunos elementos en común en la mayor parte de las definiciones de vulnerabilidad:

  • Se define siempre en relación con algún tipo de amenaza, sean eventos de origen físico (sequías, terremotos, inundaciones, enfermedades) o amenazas antropogénicas (contaminación, accidentes, hambrunas o pérdida del empleo).
  • La unidad de análisis (individuo, hogar, grupo social) se define como vulnerable ante una amenaza específica, o es vulnerable a estar en una situación de pérdida (salud, ingreso, capacidades básicas).
  • El análisis de la construcción de vulnerabilidad se hace en dos momentos: las condiciones que la unidad de análisis tiene antes de una situación de estrés (susceptibilidad) y las formas que desarrolla para enfrentar el estrés una vez ocurrido (capacidad de ajuste).

Desde el punto de vista humanitario, vulnerabilidad es "el nivel de riesgo que afronta una familia o individuo a perder la vida, sus bienes y propiedades y su sistema de sustento, es decir, su medio de vida, ante una posible catástrofe". Tanto el tipo como la intensidad de la vulnerabilidad dependen de dos dimensiones: la exposición a una catástrofe o amenaza externa y la indefensión o falta de capacidades de cada cual para afrontar dicha amenaza externa.

Mapa de zonas de alta vulnerabilidad social en América Latina

Enfoques y Modelos para el Estudio de la Vulnerabilidad Social

La vulnerabilidad representa un objeto de estudio complejo que se ha abordado desde múltiples vertientes teóricas y epistemológicas. Desde aquéllas que enfatizan el peso del componente objetivo de las amenazas y tienen un enfoque naturalista, hasta diferentes perspectivas constructivistas que enfatizan el peso de las construcciones simbólicas, donde las condiciones materiales se subordinan a la dimensión cultural e ideológica.

Existen perspectivas realistas que enfatizan la dimensión 'real' tanto de las amenazas físicas y los riesgos objetivos, como de las condiciones sociales que subyacen a la desigualdad social, al acceso diferencial a recursos clave y a la valoración que cada grupo social hace de las amenazas. El argumento principal para comprender cómo se construyen socialmente las condiciones objetivas de vulnerabilidad es que el parámetro adecuado para determinar si un determinado grupo social es vulnerable no es su resiliencia, sino sus posibilidades de cumplir un conjunto de condiciones sociales, económicas y espaciales (umbrales) que se asocian al bienestar.

La definición básica de vulnerabilidad refiere a "las características de una persona o grupo y su situación, que influencian su capacidad de anticipar, lidiar, resistir y recuperarse del impacto de una amenaza". En esta definición hay una diferenciación clara entre el componente físico de la amenaza (hazard) y la vulnerabilidad, la cual se ubica en la dimensión social. La interacción entre 'la amenaza' y la 'vulnerabilidad' genera condiciones de 'desastre', el cual puede ser catastrófico o crónico.

El Modelo PAR (Pressure and Release) desagrega los componentes de un desastre en 'causas de fondo', 'condiciones inseguras' y 'presiones dinámicas'. Este modelo fue desarrollado para explicar gráficamente la manera en la que la amenaza y la vulnerabilidad interactúan para generar las condiciones subyacentes de desastre, el cual es una probabilidad latente hasta que la combinación de las condiciones inseguras y las amenazas lo 'despliegan'.

El llamado Modelo de Acceso es una revisión a detalle de lo que ocurre a nivel de hogar en distintos ámbitos (recursos, conocimientos, relaciones sociales, desventajas relativas) y que influyen en su susceptibilidad específica y en sus respuestas potenciales ante distintos tipos de amenazas. Este modelo diferencia claramente los componentes básicos de la vulnerabilidad, así como las dimensiones y escalas en los que esos componentes se despliegan y generan una situación de desastre.

Un elemento clave para identificar quiénes son vulnerables y cuál es la intensidad de la vulnerabilidad es especificar ante qué peligros se es vulnerable. Se distingue entre "vulnerabilidad a" (situaciones sociales que resultan de procesos de pérdida) y "vulnerabilidad ante" (amenazas y situaciones de estrés que cambian las condiciones de la unidad de análisis en un tiempo específico). Al definir vulnerabilidad como un proceso de pérdida, se implica que existe una situación previa ante la cual hay una transformación y una evaluación de dicha transformación respecto a un parámetro de lo 'normal' o 'positivo', definido teórica y metodológicamente.

En la búsqueda de alternativas metodológicas para determinar la vulnerabilidad social, la teoría de los derechos de acceso (entitlements) propuesta por Amartya Sen ha sido útil para entender y medir la capacidad de distintos grupos para encarar situaciones críticas, investigando aspectos como los derechos de propiedad, la organización de los modos de vida (livelihoods) y la fortaleza de las redes sociales y de los mecanismos de protección social.

En contraste, el "enfoque de la resiliencia", aunque popular, ha sido criticado por extrapolar tipos de causalidad de sistemas ecológicos a sistemas socio-ecológicos acoplados, definiendo resiliencia como la capacidad de un sistema de absorber perturbaciones y reorganizarse, reteniendo esencialmente la misma función, estructura, identidad y retroalimentaciones.

El Impacto de Factores Externos: Cambio Climático y Violencia

La vulnerabilidad social se refiere a la condición en la que se encuentran ciertas personas o grupos sociales cuya capacidad de anticiparse, resistir, enfrentar o recuperarse de situaciones adversas, como la pobreza, el desempleo, la exclusión social, la discriminación o la violencia, está limitada o comprometida.

Esta situación no se explica únicamente por carencias materiales, sino que obedece a una posición de desventaja estructural generada por la interacción de múltiples dimensiones: económicas, culturales, sociales, políticas, de género, étnicas y territoriales. Por ejemplo, en el Corredor Seco de Centroamérica, donde viven alrededor de 10 millones de personas dedicadas a la agricultura, la irregularidad de las lluvias debido al cambio climático ha agravado la situación de una población ya vulnerable (el 80% de los pequeños productores viven en situación de pobreza, según la FAO).

La relación entre vulnerabilidad y cambio climático es estrecha, pero la vulnerabilidad tiene que ver con muchos otros factores. En la Unión Europea, más de 95 millones de personas (un 22% de la población) están en riesgo de pobreza o exclusión social. En España, el 25% de la población es vulnerable. En Colombia, no solo el factor económico influye; la violencia y el desplazamiento forzoso son un elemento de mucho peso en la vulnerabilidad.

México, por ejemplo, es uno de los países más vulnerables a los efectos del cambio climático por sus características sociales y geográficas. El 68% de la población del país se ha visto afectada por desastres alguna vez. Como bien se señala, "Todos y todas somos vulnerables ante el cambio climático, pero tenemos niveles de vulnerabilidad diferentes", lo que subraya la naturaleza diferencial de la vulnerabilidad.

La violencia puede ser ejercida desde la vulnerabilidad y hacia la vulnerabilidad, de muy diversas formas. Pero la condición humana ultrajada es de todas formas la misma. La vulnerabilidad vulnerada es ultraje siempre, y atenta contra la dignidad de la persona humana. Además, esta violencia no se da solo en las relaciones intersubjetivas; tiene también una dimensión social y estructural. Hay estructuras o sistemas sociales que son en sí mismos violentos, como el racismo y la xenofobia, la negación de los derechos de la mujer, el maltrato infantil, situaciones que se han naturalizado de tal forma que parecen ser parte de la estructura social.

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Una Llamada a la Conciencia y la Responsabilidad

Nadie aspira a ser ese ser humano vulnerable al que aludimos, ya sea anciano, niño, pobre, migrante, discapacitado o expuesto, ya que no es popular el ser vulnerable en el ideario social contemporáneo. Sin embargo, dicha comprensión de la vulnerabilidad es del todo acorde con la antropología bíblica, donde se puede vislumbrar la vulnerabilidad formulada como la apertura a la transformación y a la devastación.

La vulnerabilidad, la capacidad de convivir, de amar y de sufrir al otro, es una parte ineludible de los vínculos humanos. En Jesús, la vulnerabilidad se manifiesta no solo en los grandes eventos de riesgo o dolor y muerte en su vida, sino sobre todo en su quehacer cotidiano, su apertura para recibir a los dolientes y marginados, su capacidad de crear una comunidad con la que compartir su misión y su relación permanente con el Padre. Así, la vulnerabilidad implica un riesgo: pone en cuestión la susceptibilidad del ser humano integral al daño en relación con todas sus dimensiones y dentro de contextos sistémicos y sociales.

Finalmente, nos invita a reflexionar: ¿Somos conscientes de que todos somos el vulnerable de otros? ¿Dejamos que Dios nos enseñe a través de nuestra vulnerabilidad? Y, por último, ¿nos permitimos ser vulnerables?

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