El Compromiso Global y la Cruda Realidad de la VBGE
Numerosos gobiernos se han comprometido a apoyar el derecho a una educación segura, de acuerdo con su compromiso con la Educación para Todos de calidad. Sin embargo, la violencia basada en el género en la escuela (VBGE) afecta a millones de niños y personal educativo de todo el mundo cada año.
La VBGE se define como la inclusión de actos o amenazas de violencia sexual, física o psicológica que tienen lugar dentro o en las proximidades de las escuelas y los entornos educativos, así como en el camino desde y hacia la escuela. Este tipo de violencia comprende actos de acoso (incluido el ciberacoso) sexual, verbal o físico, tocamientos no consentidos, violación y agresiones. Es importante reconocer que la VBGE es distinta a los ataques violentos políticos y militares contra las instituciones educativas, los estudiantes, los docentes y el personal de apoyo educativo, aunque suele incrementarse en países afectados por conflictos y durante situaciones de emergencia.
Los actos de VBGE socavan e incluso destruyen los progresos realizados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), tales como la erradicación de la pobreza y el hambre a través de la educación y la formación para el empleo, el logro de la enseñanza primaria universal para todos los estudiantes, y la promoción de la igualdad de género y la autonomía de las mujeres. La VBGE repercute negativamente en la mortalidad infantil y la salud de las mujeres.
Estudiantes, docentes y personal de apoyo educativo pueden ser tanto víctimas como autores de la VBGE, siendo las niñas y las mujeres las más vulnerables a este tipo de violencia. La VBGE es una barrera crítica al derecho a la educación de los niños y las niñas, no solo por sus serias consecuencias para la salud física y psicológica, sino también porque conduce al deterioro del entorno educativo en su conjunto. Sufrir, o incluso la amenaza de sufrir VBGE, suele resultar en asistencia irregular, abandono escolar, absentismo escolar, resultados académicos deficientes y baja autoestima, reduciendo las posibilidades de una transición satisfactoria al mercado laboral.
A menudo, la VBGE pasa inadvertida, no se denuncia e incluso es ignorada en las escuelas y los entornos educativos, instituciones donde se espera que todas las personas se sientan seguras, respetadas, protegidas y autónomas. No es posible ofrecer una educación de calidad sin abordar las cuestiones relativas a la protección del menor y la seguridad del personal en los entornos educativos y en el camino hacia ellos, dado que los niños pequeños, las mujeres y las personas LGBT son particularmente vulnerables. La VBGE ha sido y sigue siendo una barrera clave para el logro de los ODM y los objetivos de la EPT y, a menos que se realicen serios esfuerzos para eliminarla, seguirá siendo un obstáculo más allá de 2015.

Factores que Impulsan la Violencia de Género en las Escuelas
La violencia de género se presenta cuando existe desigualdad y discriminación, suscitándose frecuentemente en la vida cotidiana debido a causas sistémicas múltiples y de carácter estructural. La discriminación por género se manifiesta de distintas maneras, incluyendo ámbitos legal, social, cultural y familiar. En este sentido, se puede definir a la violencia de género como la manifestación de conductas que dañan a una persona o un conjunto de personas por razón de su género. Esto ocurre cuando hay desigualdades, abuso de poder y la existencia de reglas que sitúan a ciertas personas en una posición de vulnerabilidad, propiciando diversos tipos de violencia de género.
Entre los tipos de violencia de género se encuentran: el maltrato en el hogar o violencia de pareja, que incluye violencia económica, psicológica, emocional, física y/o sexual; el feminicidio, que es el asesinato de una mujer por el hecho de serlo; la trata de personas, donde se explota a individuos mediante la fuerza o el fraude; y la mutilación genital femenina, que daña los órganos genitales. En el ámbito escolar, la violencia de género puede comprender acoso sexual, hostigamiento sexual y violación, siendo las mujeres las víctimas más frecuentes de estos actos.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (2017) define el acoso sexual como todo comportamiento físico o verbal de tipo sexual que viola la dignidad de una persona, creando un ambiente intimidatorio, degradante u ofensivo. Por su parte, el hostigamiento sexual se conceptualiza como la relación entre agresor y víctima donde el agresor ejerce un vínculo de poder y la víctima se encuentra en una posición subordinada, tanto en ámbitos laborales como escolares. Existen tres formas de acoso sexual: el acoso de género (comportamientos ofensivos sexuales hostiles, ofensivos y misóginos), la atención sexual no deseada (expresiones románticas o sexuales no aprobadas e intimidatorias), y la coerción sexual (conductas para obtener beneficios laborales a través de cooperación sexual).
La violencia de género se vive en la sociedad como un constructo naturalizado e interiorizado, siendo un factor presente en la cotidianidad de la vida. Esto contribuye a que aparezca como un problema invisibilizado, manifestándose mediante brechas de género y discriminación dentro de los planteles universitarios. La violencia de género en el ámbito escolar incluye actos o amenazas de violencia sexual, física o psicológica, perpetrados como resultado de normas y estereotipos de género perjudiciales y reforzados por dinámicas de poder desiguales. Esta situación se exacerba por las intersecciones de género con construcciones de etnia, cultura, pobreza y discapacidad, provocando, por ejemplo, la violencia específica basada en la orientación sexual e identidad o expresión de género, que incluye el acoso homofóbico y transfóbico. Abordar la violencia escolar requiere, por tanto, comprender el género y las arraigadas normas patriarcales, sociales y culturales.
En el contexto del acoso, los datos demuestran que las niñas sufren acoso tanto como los niños, aunque los tipos son diferentes. Los niños están mucho más expuestos al acoso y la violencia física, mientras que las niñas están ligeramente más expuestas al acoso psicológico, especialmente mediante el ciberacoso y el acoso basado en la apariencia. El acoso sexual (bromas, comentarios y gestos sexuales) afecta a una proporción similar de niños y niñas.
Aprendamos sobre la prevención de la violencia basada en género.
Radiografía de la Violencia de Género en el Ámbito Educativo: Casos y Estadísticas
La violencia de género es una problemática latente que se ha visibilizado en diferentes contextos sociales, destacando el ámbito universitario por su incidencia. Se constata la necesidad y urgencia de continuar investigando en esta línea para visibilizar la problemática, prevenirla y poder atender a las víctimas.
En México, el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) junto con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) implementaron la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH). Los datos de 2016 revelaron que el 66.1 por ciento de las mujeres de 15 años y más han sufrido violencia al menos en una ocasión en su vida. Además, el 44.8 por ciento de las mujeres mayores de 15 años experimentaron violencia en los 12 meses anteriores a la encuesta.
En cuanto a la violencia escolar, el 25.3 por ciento de las mujeres la han vivido durante su vida estudiantil. La violencia física fue la forma más común (16.7%), manifestada mediante pellizcos, jaloneos, empujones, puñetazos, patadas y el uso de armas. Los actos de violencia sexual alcanzaron el 10.9 por ciento, incluyendo la obligación de observar escenas o publicaciones de carácter sexual, insinuaciones, insultos u ofensas. La violencia emocional afectó al 10.4 por ciento, a través de ofensas o humillaciones relacionadas con ser mujer, intimidación y acecho. En los 12 meses anteriores a la encuesta, el 17.4 por ciento de las mujeres mayores de 15 años enfrentó violencia en el ámbito escolar, y de estas, el 10.7 por ciento experimentó violencia sexual, incluyendo insinuaciones, insultos u ofensas sexuales por teléfono, correo electrónico o redes sociales (5%). Estos datos evidencian que la violencia prevalece con un índice elevado en el entorno social, incluyendo el ámbito escolar.
Las movilizaciones sociales también han puesto de manifiesto la magnitud del problema. El 8 de marzo de 2020, millones de mujeres participaron en manifestaciones a nivel mundial para lograr la igualdad de género y el freno a la violencia. En México, el "día sin mujeres" el 9 de marzo de 2020 visibilizó el papel primordial de la mujer en la sociedad, y colectivos de mujeres organizaron actividades para impulsar la denuncia anónima de actos de acoso y hostigamiento sexual en planteles educativos, exponiendo contundentemente estas problemáticas.
La mayoría de las instituciones universitarias en el país no cuenta con protocolos de atención para casos de acoso y hostigamiento sexual, o estos lineamientos son de reciente creación. Aunque estos estatutos no erradican el problema -debido a factores como la falta de difusión y un diseño apropiado- son una herramienta que coadyuva a la disminución del fenómeno. La cultura de no denuncia en México, que asciende al 93.2 por ciento, agudiza aún más esta situación.
Investigaciones Académicas sobre Violencia de Género en Universidades Mexicanas
Diversas investigaciones en México han abordado la violencia de género dentro de las universidades. Un estudio de Castro y Vázquez (2008), titulado “La Universidad como espacio de reproducción de la violencia de género. Un estudio de caso en la Universidad Autónoma Chapingo, México”, examina la trayectoria social de alumnas para entender cómo la violencia que vivieron antes de ingresar a la institución las hace más vulnerables a padecerla una vez dentro. El aporte de este documento es explicar el enlace entre las historias de vida de las víctimas y el desarrollo de las violencias dentro de las instituciones universitarias, y cómo son perpetuadas por el sistema.
Mingo y Moreno (2015) en “El ocioso intento de tapar el sol con un dedo: violencia de género en la universidad” explican cómo se reproducen situaciones de violencia en la universidad, especialmente la aceptación y prevalencia a través de la complejidad de las relaciones sociales entre hombres y mujeres. Buscan establecer los factores que entorpecen la denuncia y sanción, como el sexismo y el hostigamiento sexual.
Barreto (2017) en “Violencia de género y denuncia pública en la universidad” estudia la denuncia pública realizada por estudiantes de la UNAM (2011-2014) como mecanismo para la reparación del daño. Concluye que la denuncia es una herramienta efectiva ante la ausencia de protocolos y departamentos específicos, dejando a las víctimas desprotegidas y llevando al uso de protestas sociales y revelaciones públicas como último recurso.
Un artículo sobre “Las universidades frente a la violencia de género. El alcance limitado de los mecanismos formales” profundizó en cómo las instituciones de educación superior han enfrentado el fenómeno, utilizando una metodología cualitativa. Se realizó una revisión exhaustiva de los instrumentos normativos existentes en universidades públicas y privadas para identificar mecanismos concretos de atención y verificar su diseño. Este estudio encontró escasas medidas de prevención de la violencia.
El libro “Intrusas en la universidad”, parte del proyecto “Institucionalización y Transversalización de la Perspectiva de Género” (Equidad de Género en la UNAM) desarrollado desde 2004, aproxima la violencia de género. La obra identifica cómo las relaciones de género se hacen presentes en el espacio educativo de la UNAM y revela la segregación existente entre el personal académico en relación con nombramientos, categorías y niveles, mostrando una mínima representación de las académicas en ciertos puestos.
Estrategias y Compromisos para la Prevención y Erradicación
La preocupación y la acción sobre la VBGE a nivel nacional, regional e internacional es considerable, pero hasta el momento, ni los docentes, el personal de apoyo educativo (en escuelas o instituciones de educación superior), ni sus sindicatos u organizaciones se incluyen en la planificación o aplicación de programas y medidas para abordar y eliminar la VBGE y otros tipos de violencia similar.
La Declaración de la Internacional de la Educación (IE) de 2009, "Las escuelas deben ser refugios seguros", insta a los gobiernos a adoptar medidas prácticas para garantizar la protección y acabar con la impunidad de las agresiones contra estudiantes, docentes, académicos, personal de apoyo educativo e instalaciones educativas. También insta a las afiliadas a la IE a hacer seguimiento de las agresiones, priorizar la acción preventiva, compartir conocimientos especializados sobre resiliencia y recuperación, y apoyar campañas de solidaridad para hacer de la educación un agente de paz.
El 7º Congreso Mundial de la IE instó a los gobiernos, como responsables principales de la seguridad y la protección en las instituciones educativas, a proporcionar un marco legal y político bien definido. Este marco debe establecer las obligaciones del estado para prevenir la VBGE y promover la protección infantil y del personal educativo en todos los ministerios relevantes, e imponer a los ministros de educación y sus socios la obligación de incluir a los docentes y los sindicatos y organizaciones de docentes en la creación de mecanismos sostenibles e integrales de prevención que respondan a la VBGE en todos los entornos educativos.
Además, se instó a la IE y sus organizaciones miembro a realizar un esfuerzo conjunto para defender el plan de estudios y las prácticas docentes que cuestionen la aceptabilidad de la violencia contra las mujeres y las niñas, promoviendo normas de conducta respetuosas con el género basadas en el respeto mutuo, tanto dentro como fuera de los entornos educativos. Se busca también implementar formación profesional inicial y programas de desarrollo profesional continuos para que el personal educativo aprenda a abordar la VBGE, siendo deseable asimismo la formación de los alumnos. Se pidió a las organizaciones miembro que revisen sus Códigos de Conducta, Códigos de Ética Profesional o Códigos de Buenas Prácticas para asegurar que sean sensibles en materia de género y aplicables ante incidentes de VBGE, buscando la responsabilización de los autores y el apoyo adecuado a las víctimas.
El Consejo Ejecutivo de la IE fue instado a revisar la Declaración sobre Ética Profesional de la IE para que sea más consciente sobre las cuestiones de género e incluya referencias explícitas a la erradicación de la VBGE, incluida la violencia transexual y homofóbica. Esta declaración actualizada debería ir acompañada de una guía sobre cómo los miembros pueden utilizarla y aplicarla, especialmente en materia de igualdad. También se le solicitó colaborar con agencias de la ONU y otros socios estratégicos de la sociedad civil que trabajen en torno a cuestiones de VBGE a nivel nacional, regional e internacional, garantizando que el conocimiento, las experiencias y las perspectivas de los docentes, educadores y personal de apoyo educativo se incluyan y reflejen consistentemente. Finalmente, se instó a apoyar el trabajo de las organizaciones miembro para asegurar una acción positiva por parte de los gobiernos nacionales con vistas a acabar con la VBGE dentro de sus jurisdicciones, siendo deseable la formación del personal y de los alumnos.
La educación sexual y de género es fundamental para que las personas obtengan los datos y herramientas necesarios para tomar decisiones informadas sobre sus relaciones. Mary Guinn Delaney, asesora regional de educación en salud y VIH de la UNESCO en Santiago, señaló: “Si no se nombra, no existe y si no existe no podemos hacer nada para desnaturalizar estas situaciones”. Las carencias en este ámbito favorecen la discriminación por motivos de género y, como consecuencia, el abuso, el acoso y la violencia de género.
El ministro Nicolás Cataldo afirmó que “las escuelas y los liceos son lugares fecundos para identificar y prevenir la violencia de género y para abordarla cuando esta ocurre”. El Decálogo, que será la base para que las comunidades educativas generen protocolos contra la violencia de género, está mandatado por la Ley 21.675 (junio de 2024) para prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género contra las mujeres. A partir de esta ley, el Ministerio y los establecimientos educativos se comprometen a promover espacios libres de violencia de género a través de una educación no sexista. La experiencia de Alexandra Estupiñán, estudiante trans, quien sufrió bullying en diversos espacios educativos sin recibir ayuda, subraya la urgencia de estas acciones.
Un informe señala diferencias notables en la respuesta a la violencia de género entre establecimientos de dependencia municipal, centros particulares privados y subvencionados, lo cual está relacionado con la clase social. También se identificó una brecha entre establecimientos educacionales urbanos y rurales. El estudio concluye que una de las causas de la discriminación y la violencia es la falta de atención por parte del mundo adulto. Para abordar esta complejidad, se propone un índice de vulnerabilidad para estudiar la violencia de género en los centros educativos, el cual fue aplicado en seis escuelas analizadas.