A la edad de 26 años, cuando mis amigos descubren que en los últimos dos años he mantenido relaciones sexuales exclusivamente con mujeres mayores de 65 años, la pregunta recurrente es: «¿cómo empezaste a tener sexo exclusivamente con señoras mayores?». Mi respuesta habitual es otra pregunta: «¿y cuándo te dio a ti por las pelirrojas o por las que tienen un culo grande?». Es natural que los gustos personales, incluidos los sexuales, evolucionen a lo largo de la vida y sean transitorios. No conozco a nadie a quien siempre le haya atraído el mismo tipo de mujer.
Hace años, mi preferencia se inclinaba hacia las mujeres con un estilo gótico, y disfruté de esas experiencias hasta que me cansé y noté una creciente atracción por mujeres mayores. Lo que me diferencia, quizás, es mi tendencia a no solapar etapas; cuando me aburre un tipo de relación o preferencia, paso a otra sin mirar atrás. Un encuentro sexual con una señora puede resultar mucho más excitante que con una joven inexperta. Y el cambio en mis preferencias de pareja no implica una disminución de mi interés por las mujeres en general.

Este último cambio de preferencias ocurrió hace dos años, durante unas vacaciones en Ibiza. Aunque había ido de viaje con mi entonces novia, nuestra relación no pasaba por su mejor momento. A la vuelta a Madrid, terminamos. En la terraza de una discoteca, una mujer notable, de unos setenta años pero con una energía impresionante, se me acercó. Después de una conversación, logré robarle un beso y obtuve su número. Al día siguiente, en su apartamento, tuvimos un encuentro íntimo.
Considero que mis preferencias no son algo raro, sino quizás especial. Lo verdaderamente raro, en el ámbito sexual, son los vicios minoritarios como la zoofilia, la necrofilia, o incluso presenciar a alguien masturbándose mientras yo estaba con su amiga. Al fin y al cabo, mi atracción se limita a las mujeres, y el hecho de que ahora me atraigan específicamente las mujeres mayores no me parece particularmente extraño.
Mis amigos, los que conocen mi preferencia, no dejan de hacerme bromas al respecto. A menudo comentan que a partir de los cuarenta años, las mujeres tienden a mentir sobre su edad al ligar, y especulan sobre cuánto más lo harán aquellas que superan los 65. Aunque reconozco que no comparto esta información con todo el mundo para evitar prejuicios, no puedo negar que siento cierto orgullo.
Estar con chicas adolescentes o de mi edad me resulta aburrido. La masturbación, por supuesto, se alinea con mis inclinaciones actuales. A la hora de buscar material para satisfacer mis necesidades onanistas en internet, la tarea es complicada, ya que la mayoría del público demanda juventud. A pesar de la popularidad del término "MILF", el límite de edad suele ser considerablemente inferior a lo que yo busco. Con frecuencia, realizo videoconferencias con señoras con las que ya me he acostado.
La gente se sorprendería al descubrir lo activas que son muchas de estas mujeres. Poseen una necesidad de sexo igual o mayor que la de una veinteañera rebosante de hormonas. La cuestión de la edad y los límites en general siempre genera curiosidad, y lo entiendo. Es importante considerar que, a partir de los cuarenta años, muchas mujeres tienden a ser imprecisas con su edad al buscar pareja, ¡imagina si superan los 65!
No me fío de la edad que me dicen; lo que valoro es que estén bien conservadas para mi gusto y me resulten atractivas. Para encontrarlas, debo frecuentar lugares donde sea probable hallar señoras mayores receptivas. No hay muchos sitios donde se pueda encontrar abiertamente a señoras mayores dispuestas a ligar con hombres jóvenes. Trabajo en el ámbito nocturno, en varias discotecas, y rara vez encuentro señoras solas. Mi lugar predilecto es un conocido piano-bar madrileño, donde me siento muy a gusto. Mi habilidad como conversador suele ser efectiva cuando me siento junto a una señora en uno de sus sofás.

Confieso que yo también miento sobre mi edad, pero en mi caso, la aumento. Aunque las aplicaciones y sitios web para ligar son útiles para buscar en el sector maduro, he observado que las señoras suelen ser menos impulsivas que las jóvenes a la hora de contactar con desconocidos en internet. Prefieren un enfoque más tradicional, valorando que te acerques a ellas cara a cara y con cortesía.
De vez en cuando, busco mujeres mayores de sesenta en aplicaciones, pero es complicado. Como es lógico, no todas me atraen, al igual que no todas las estilistas me atraían en el pasado. Sin embargo, si tuviera que elegir entre una joven de 25 años y una señora que podría ser mi abuela, mi elección estaría clara. He tenido relaciones con muchas jóvenes y maduras, pero actualmente no me atraen tanto como una mujer mayor. Las pieles tersas tienen su encanto, pero las arrugas de la experiencia no les van a la zaga.
Por otro lado, aunque no tengo reparos en tener relaciones con señoras mayores, debo admitir que no me gusta establecer lazos cercanos a una relación de noviazgo. Evito los paseos, el cine o las visitas culturales. Como mucho, podemos quedar para cenar y tomar una copa tranquila. Creo que ambas partes nos sentiríamos incómodas intentando establecer una relación convencional.
Ellas, por su parte, suelen referirse a mí como "yogurín". Recibo frecuentemente mensajes como: "¿Quedamos esta noche, mi yogurín?". Creo que, más que verme como un "yogurín", les sorprende mi entrega y vitalidad en la cama. No me contengo y las trato como si tuvieran mi edad; cuando estoy desatado, no les doy tregua. Me considero un romántico, a mi manera, un Romeo pornográfico que no se conforma con las expectativas sociales. Mis gustos sexuales son míos, ¿o acaso los dicta el gobierno?

Mi madre está guapísima. Siempre he intentado ser romántico con mis parejas estables, siendo atento y detallista, cualidades que muchas mujeres valoran. Sin embargo, no creo en el amor entre personas con una gran diferencia de edad. Por esta razón, nunca llevaría a una de estas mujeres a conocer a mis padres. Delante de ellos, procuro mantener unas preferencias amorosas tradicionales en cuanto a la edad. He presentado a mis padres chicas de diversas razas, profesiones y tribus urbanas. Si puedo evitarles el disgusto de imaginarme a su hijo en actos sexuales con una mujer de su generación, creo que me lo agradecerán. Curiosamente, mis padres rondan los 65, y mi madre es extraordinariamente atractiva; no conozco a nadie más guapa, y no me extrañaría que hubiera tenido alguna aventura con algún joven durante alguna escapada de fin de semana de mi padre con sus amigos.