En los últimos años, la investigación sobre el envejecimiento activo se ha centrado en el concepto de capacidad funcional, la mejora de la calidad de vida y el protagonismo de la propia vida por parte de las personas mayores. Este enfoque busca trascender la visión tradicional que limitaba la vejez a un periodo de deterioro, promoviendo en su lugar la autonomía y la participación activa.

El concepto de empoderamiento en la gerontología
El empoderamiento es el proceso mediante el que las personas fortalecen capacidades, confianza, visión y protagonismo como parte de un grupo social para impulsar cambios positivos. En el ámbito de la gerontología, este proceso persigue desechar los modelos que fijan su foco en las limitaciones por otros centrados en el desarrollo de fortalezas personales. Implica defender la autonomía y la participación activa en la gestión de la salud y de los aspectos que conciernen directamente a la vida cotidiana.
Hablar de empoderamiento requiere referirse a tres esferas fundamentales:
- Esfera individual: Empoderamiento de los usuarios y profesionales.
- Esfera organizacional: Gestión de los recursos.
- Esfera comunitaria: Fortalecimiento de los grupos sociales.
Desafíos y barreras en el proceso de empoderamiento
Las personas mayores conforman un colectivo heterogéneo y potencialmente vulnerable. Diversos factores dificultan los procesos de empoderamiento:
- Problemas de salud y disminución de competencias personales.
- Pérdida de apoyos naturales y sentimientos de soledad.
- Menor nivel de autoconciencia de derechos.
- Visiones estereotipadas y estigmatizadas que ignoran la voluntad de los mayores.
Es necesario un cambio de enfoque: pasar de una visión paternalista, donde el profesional prescribe la solución tras un diagnóstico, a una relación basada en la autodeterminación y la colaboración, donde la persona mayor es agente y protagonista de su propia vida.

La actividad física como motor de autonomía
La capacidad funcional y la autonomía de movimiento son cruciales para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Sin embargo, estudios señalan que el nivel de actividad física diaria de los mayores es insuficiente. La práctica de ejercicio físico, impregnada de un enfoque pedagógico, favorece una mayor autoestima, motivación personal y calidad de vida.
El trabajo cooperativo resulta esencial, ya que la capacidad física disminuye con la edad y puede venir acompañada de un deterioro psicológico y social. Proyectos como el Aprendizaje-Servicio (ApS) facilitan la interacción intergeneracional, permitiendo que estudiantes colaboren con personas mayores, mejorando la salud percibida y reduciendo síntomas de depresión en este sector.
Reactívate. Programa de ejercicio físico para personas mayores. Vídeo número 3.
Iniciativas de participación y reconocimiento social
El empoderamiento también se manifiesta a través del activismo social, cultural y la educación permanente. Ejemplos de esta tendencia son los encuentros de municipios promotores de la salud, donde delegaciones locales intercambian acciones para mejorar el bienestar, y certámenes literarios que reconocen el papel histórico de las mujeres y la importancia de los lazos intergeneracionales.
Estas experiencias demuestran que las personas mayores aportan un gran valor desde su experiencia. El objetivo es consolidar una visión de la vejez como una etapa de oportunidades, donde se fomente la curiosidad, el aprendizaje de nuevas habilidades y la defensa de las opiniones propias dentro de la comunidad.