La expansión demográfica que ha experimentado la población del país en las últimas décadas y su concentración en los principales centros urbanos, se hace evidente a cualquier observador por diversas razones, y una de ellas es la presencia de extensas barriadas que rodean las principales ciudades. Estos conglomerados de población se asientan generalmente en aquellos terrenos baldíos que no fueron contemplados en los planes de ordenamiento territorial, ni en los planes rectores del crecimiento urbano de las ciudades, como aptos para establecer urbanismos.
En muchos casos, estas áreas eran consideradas reservas forestales, de vocación diferente a la urbana, o parques nacionales. Sin embargo, en una gran cantidad de casos, la razón era más elemental: se trataba de terrenos “peligrosos”. Es decir, sitios donde, al asentar una comunidad, se la expondrá a la posible acción de un fenómeno natural potencialmente peligroso, capaz de producir cambios radicales en el medio ambiente, ante los cuales la comunidad difícilmente podrá responder de manera eficaz para evitar sufrir pérdidas, tanto materiales como humanas.
Así, se observa cómo estas barriadas ocupan lechos de ríos y quebradas, laderas con pendientes pronunciadas, zonas de taludes inestables, o propensas a ser afectadas por flujos o rupturas por fallas superficiales. Las viviendas suelen estar mal diseñadas y peor construidas, sin líneas vitales eficientes y de manera desordenada, logrando en muchos casos que su presencia se convierta en un detonante de la amenaza presente.
El problema no es sencillo de abordar, ya que las comunidades no generan por gusto o capricho espacios vulnerables para habitar; generalmente son la necesidad y la ignorancia los motores que impulsan el proceso gradual que hace cada día más vulnerables los asentamientos humanos. En este sentido, constituye meta obligatoria la búsqueda de metodologías novedosas y conceptualmente simples que sirvan de orientación a los costosos estudios exploratorios y a los análisis puntuales de calidad de sitio.
En los Andes venezolanos se han propuesto algunos programas coordinados por el Consejo Nacional de la Vivienda (Habilitación Física de Zonas de Barrios) y el Ministerio de Ciencias y Tecnología (Gestión de Riesgo y Reducción de Desastres; Vivienda y Hábitat), diseñados para intentar una respuesta a este problema, dentro de la filosofía de convertir a la comunidad de cada barrio en parte activa de la solución. El problema es reconocidamente grave y amerita un esfuerzo serio y sostenido, orientado a resolver el déficit de 1.500.000 viviendas, de las cuales solo 500.000 nuevas deben ser construidas y el resto recuperadas.
Es justo reconocer el aporte dado por Baldó y Villanueva (1998) al definir una filosofía orientada a la solución integral del problema, aupada a partir de un estudio encaminado a resolver la crítica situación de los barrios de Caracas. Este marco de referencia fue ensayado durante la breve pasantía de ambos por el Consejo Nacional de la Vivienda, mediante la conformación de consorcios sociales que orientaban su acción al mejoramiento y (o) sustitución de viviendas y a la dotación de los barrios con una infraestructura que facilitase la integración de estas comunidades a los circuitos urbanos. En este sentido, la organización y participación comunitaria, vía actividades autogestionarias, es la base fundamental en la solución del problema planteado.
Este elemento de autogestión justifica por sí solo la necesidad de presentar la información, recabada en el estudio físico, en un formato “legible” por personas no especializadas. La evaluación preliminar de las condiciones de sitio constituye el soporte sobre el cual se apoyará el trabajo a realizar por otros equipos de técnicos que completan la habilitación (equipo de trabajo social y equipo de diseño urbanístico). En este sentido, es importante definir una metodología que permita de una manera rápida y económica obtener la información esencial acerca de las condiciones físicas del lugar (incluyendo las viviendas).
Básicamente, se desea identificar las amenazas naturales actuales y potenciales que pueden afectar el lugar y hacer la evaluación de la vulnerabilidad de las edificaciones y urbanismos, con el fin de producir un marco referencial para el uso equilibrado y óptimo de la tierra y definir un conjunto de medidas de prevención y mitigación que deben ser aplicadas en el lugar con miras a reducir la vulnerabilidad de la comunidad. En virtud de que se desea que la comunidad sea partícipe de la solución del problema, un equipo de sociólogos, psicólogos, trabajadores sociales, entre otros, deben ser capaces de “leer” la información acerca de las características del sitio, comprender la clase de amenaza que se debe enfrentar y las medidas necesarias para disminuir la vulnerabilidad (tanto física como social) de la comunidad, para poder realizar el trabajo de llevar esta información a la comunidad y preparar a los habitantes del lugar. Esto obliga a elaborar un material, además del estrictamente técnico, donde las características físicas del sitio son presentadas de una manera legible a personas que no son especialistas en la materia.
Metodología y Técnicas de Trabajo para la Zonificación de Vulnerabilidad
La idea fundamental es producir un conjunto de planos donde se diferencien las amenazas que pueden afectar uno u otro lugar (niveles de susceptibilidad), indicando los limitantes propios de los sitios analizados. Por ejemplo, en estos planos debe estar clara la distribución espacial de sitios donde es probable que ocurran colapsos de ladera o movimientos de masa en general, zonas de inundación o expuestas a crecidas de torrentes, áreas de formación de surcos o cárcavas, lugares expuestos al desarrollo de abanicos aluviales, terrenos de poca capacidad portante o donde se necesite la aplicación de técnicas constructivas particulares; pero también debe indicarse en los planos aquellos sectores donde existen problemas menores y que pueden servir para construir nuevas edificaciones o reubicar viviendas.
Existen diversas técnicas de análisis que se orientan a cartografiar en detalle los procesos y formas, precisar factores ambientales y establecer relaciones entre los mismos que conduzcan a definir problemas puntuales. Una de las ventajas de estas técnicas consiste en mantener los costos bajo parámetros moderados en función de los limitados recursos manejados por las instituciones dedicadas a resolver el problema de la vivienda en el país. Detalles de estos aspectos metodológicos es posible encontrarlos en Brabb (1984), Carrara et al. (1995), Souters y van Western (1996), Guzzetti et al. (1999), y en caso de aplicación de Sistemas de Información Geográfico, Clerici et al. (2002).

Análisis de Movimientos de Masa en Regiones Montañosas
En regiones montañosas, como los Andes venezolanos, se hace especial consideración en el análisis y cartografía de los movimientos de masa; en particular detalles como la definición del área de despegue y la diferenciación con las zonas de acumulación, clasificándolos de acuerdo a los esquemas de mayor aceptación (Varnes, 1978; Hutchinson, 1988; Cruden y Varnes, 1996).
De esta forma, fueron reconocidas cinco grandes categorías de movimientos de masa: derrumbes, deslizamientos traslacionales y rotacionales, flujos y de tipo complejo, y sus niveles de actividad: activos, inactivos y relictos; estables, inestables y potencialmente inestables. Entre los posibles factores que contribuyen con la inestabilidad se consideran la litología (expresada como unidades litoestratigráficas), valores de pendiente, orientación de las estructuras y su posición en relación a la pendiente. Particular importancia deben recibir las evidencias de fallamiento reciente, para considerarlas en el análisis y cartografiarlas cuidadosamente (Ferrer, 2002).
Análisis de la Actividad Sísmica como Factor Detonante
Como uno de los factores detonantes de la inestabilidad de las laderas se analiza la actividad sísmica, cuya importancia se estima en cada caso aplicando una metodología determinista definida por las etapas siguientes:
- Se determinan las posibles fuentes de eventos sísmicos existentes en un área entorno del sitio de interés, con un radio definido por la distancia a la que el mayor sismo reportado en la región ocasionaría daños en el lugar. Como información básica se toman las localizaciones epicentrales documentadas en catálogos sísmicos existentes (históricos e instrumentales), la información geológica publicada y trabajo de campo preliminar. Las fuentes así detectadas se modelan suponiéndoles una geometría de tipo lineal.
- Con base en la información de los catálogos y en las características de las fuentes obtenidas en el paso anterior, se decide el valor de magnitud del máximo evento que puede afectar el sitio de interés, eligiendo el mayor valor entre el máximo evento en la historia sísmica de la zona considerada y el máximo estimado a partir de las características geométricas de las fuentes sísmicas y su relación con los valores de magnitud que pueden generar. A este evento se le denomina Sismo Modelo.
- Para determinar la aceleración máxima a esperar, se ubica el epicentro del sismo modelo sobre la fuente sísmica más cercana al sitio de interés, se seleccionan relaciones de atenuación calculadas para regiones de características similares a las del área de estudio (publicadas en la literatura especializada) y con el valor de magnitud del sismo modelo se realiza el cálculo de la aceleración en el sitio. En general es conveniente usar varias relaciones de atenuación y luego tomar el promedio como valor esperado. Esta forma de proceder se justifica por el hecho de que en Venezuela no se han determinado instrumentalmente relaciones de atenuación que puedan considerarse válidas para las variables regiones geográficas del país. También es prudente localizar el sismo modelo sobre una fuente cuyas características geométricas (posible longitud de ruptura, por ejemplo) la sugieran como candidata a generar un evento de esas características.
Evaluación del Riesgo sísmico y sus aplicaciones en la toma de decisiones. Parte I
Evaluación de la Vulnerabilidad de Edificaciones
La vulnerabilidad asociada a edificaciones se define en función de las tipologías constructivas de cada una y de los daños observados en ellas. Un mapa detallado de la distribución de estos daños sobre el área de estudio es generalmente útil para establecer correlaciones entre posibles patrones de daños y procesos físicos existentes en el terreno (en algunos casos, estos procesos están enmascarados por la “capa” de viviendas y obras civiles del barrio). En la tabla 1 se propone una distribución preliminar de valores de vulnerabilidad en función de ciertas tipologías constructivas comunes. No obstante, el valor final asignado dependerá en gran medida del análisis realizado en el lugar y su particular percepción del estado de la vivienda.
Tabla 1. Clasificación Preliminar de las Edificaciones de Acuerdo a su Tipología, Materiales de Construcción y Grado de Vulnerabilidad
| Tipo | Descripción | Vulnerabilidad |
|---|---|---|
| R | Rancho | XI |
| A1 | Tradicional: paredes de adobe y techo de teja | XI |
| A2 | Tradicional: paredes de tapia y techo de teja | IX |
| A3 | Tradicional: paredes de bahareque y techo de teja | VI |
| A6 | Tradicional: paredes de bahareque y techo de zinc o tejalit | IV |
| AB | Tradicional reforzada: paredes de tierra o bloques, columnas, techo de teja. | VIII |
| B1 | Artesanal: paredes de bloque trabado y techo de zinc o tejalit | VII |
| B2 | Artesanal: paredes bloque, machones y de techo de zinc o tejalit | V |
| B4 | Artesanal: paredes de bloque, columnas y techo de zinc o tejalit | III |
| B5 | Artesanal: paredes de bloque, columnas y vigas | II |
| C | Diseño estructural | I |
| I: mejor, XI: peor. | ||
Para valores de la aceleración del suelo superiores al 5% de la gravedad (asociados con valores de intensidad sísmica superiores a V), el factor sísmico se convierte en un detonante importante de la inestabilidad de laderas, dependiendo la ocurrencia de eventos cosísmicos (como por ejemplo, movimientos de masa) de las características locales del suelo (pendiente, humedad, tipo del material). Una manera sencilla de considerar estos factores consiste en la asignación de “índices de respuesta sísmica”.
Tipificación de Usos de Suelo y Herramientas de Planificación Territorial
Para la fijación y aplicación de los usos de suelo recomendados en la zonificación de vulnerabilidad, estos se agrupan en diversos tipos, susceptibles de emplazarse simultáneamente en la misma zona. Esto deberá ser reglamentado por el Instrumento de Planificación Territorial (IPT) correspondiente.
Las actividades productivas señaladas en el inciso anterior pueden ser calificadas como inofensivas, molestas, insalubres, contaminantes o peligrosas por la Secretaría Regional Ministerial de Salud correspondiente. En cuanto al Equipamiento (Art. 2.1.25. O.G.U.C.), para los efectos de la aplicación de los Instrumentos de Planificación Territorial, se distinguirán cuatro escalas de equipamiento, divididas según su carga de ocupación y ubicación respecto de la categoría de la vía que enfrentan.
Las redes de distribución, redes de comunicaciones y de servicios domiciliarios y en general los trazados de infraestructura se entenderán siempre admitidos y se sujetarán a las disposiciones que establezcan los organismos competentes. El tipo de uso Espacio Público se refiere al sistema vial, a las plazas, parques y áreas verdes públicas, en su calidad de bienes nacionales de uso público.
Los Bienes del Estado o Bienes Fiscales son aquellos Bienes Nacionales cuyo uso no pertenece generalmente a sus habitantes. Son Bienes del Estado todas las tierras que, estando situadas dentro de los límites territoriales, carecen de otro dueño. La adecuada definición de estos bienes es crucial para una planificación territorial efectiva, especialmente en áreas de riesgo donde la tenencia de la tierra puede ser un factor complicante.
