Las úlceras por presión, también conocidas como úlceras de decúbito o escaras, son lesiones cutáneas que se originan debido a la presión prolongada sobre determinadas zonas del cuerpo. En los adultos mayores, este problema es particularmente prevalente, especialmente cuando la persona se encuentra inmovilizada o pasa largos periodos en la misma posición. La fricción o presión constante sobre la piel puede causar la rotura de los vasos sanguíneos, lo que impide una correcta oxigenación de los tejidos. Esta falta de oxígeno conduce a la muerte celular y, consecuentemente, a la aparición de estas lesiones.
Es importante destacar que la formación de úlceras no se limita exclusivamente a la población de edad avanzada; cualquier persona con movilidad reducida o que no pueda cambiar de posición de forma autónoma puede desarrollarlas. Las úlceras por presión se clasifican en cuatro etapas, según la gravedad de los síntomas, desde la etapa I (la más leve) hasta la etapa IV (la más grave).

Clasificación y Síntomas de las Úlceras por Presión
La clasificación de las úlceras por presión se basa en la profundidad y la extensión del daño tisular:
Etapa I: Enrojecimiento persistente
En esta etapa inicial, la piel afectada presenta un color rojizo o rosado en personas de piel clara. En personas con tonos de piel más oscuros, la alteración del color puede ser menos evidente, manifestándose como un enrojecimiento, decoloración o un tono púrpura o azulado. La piel puede sentirse más caliente, más fría, más firme o más suave que la piel circundante. Es crucial destacar que, en esta fase, aún no se ha producido una ruptura de la piel, pero la zona es sensible a la presión y al tacto. Si se aplica presión sobre el área enrojecida durante 10 a 30 minutos y el color no regresa a la normalidad, es una señal de advertencia.
Etapa II: Daño superficial
En la etapa II, la úlcera se presenta como una ampolla o una llaga abierta y superficial. La piel se ha dañado parcialmente, pudiendo haber una pérdida de la capa superior de la piel (epidermis y/o dermis). El área circundante puede estar irritada y enrojecida. Los tejidos más profundos no son visibles en esta etapa.
Etapa III: Daño profundo
La etapa III se caracteriza por una úlcera que se ha extendido más allá de la dermis hasta el tejido adiposo subcutáneo. La llaga se abre y se hunde, formando una cavidad o cráter. En esta fase, los músculos y los tejidos subyacentes están afectados, pero el hueso o el tendón aún no son visibles.
Etapa IV: Daño extenso
La etapa IV representa la lesión más grave, donde la úlcera es extremadamente profunda y se extiende hasta los músculos, tendones e incluso el hueso. A menudo, en esta etapa se observa tejido muerto y puede haber una cantidad significativa de exudado. Las úlceras de esta gravedad suelen requerir atención médica especializada.
Otras clasificaciones
Además de las cuatro etapas principales, existen otras categorías:
- Úlcera Inclasificable: Cuando la profundidad de la úlcera no puede determinarse debido a la presencia de tejido muerto o costra (escara) que cubre la herida.
- Lesión por Presión de Tejido Profundo (LPTP): Caracterizada por áreas de piel intacta de color púrpura o granate, o ampollas llenas de sangre, resultantes del daño en los tejidos blandos subyacentes. La zona afectada puede sentirse más firme, blanda, caliente o fría que el tejido circundante.
- Lesión por Presión Relacionada con Dispositivos Médicos: Estas úlceras se producen por la presión ejercida por dispositivos médicos como mascarillas de oxígeno, tubos, férulas o prótesis mal ajustadas. Suelen seguir el patrón o la forma del dispositivo que las causa.

Causas y Factores de Riesgo de las Úlceras por Presión
Las úlceras por presión se desarrollan cuando la presión sostenida sobre la piel interrumpe el flujo sanguíneo a los tejidos. La falta de oxígeno y nutrientes esenciales conduce al daño y, eventualmente, a la muerte celular.
Los principales factores que contribuyen a la formación de úlceras por presión incluyen:
- Presión: La presión constante, especialmente sobre prominencias óseas (cadera, coxis, talones, codos), es la causa principal.
- Fricción: El roce de la piel contra la ropa de cama o las prendas de vestir puede desgastar las capas superiores de la piel, haciéndola más vulnerable.
- Cizallamiento: Ocurre cuando dos superficies se mueven en direcciones opuestas, como al deslizarse una persona hacia abajo en una cama con la cabecera elevada. Esto estira los tejidos y vasos sanguíneos debajo de la piel.
- Humedad: La exposición prolongada a la humedad (sudor, orina, heces) debilita la barrera protectora de la piel y aumenta la fricción.
Los factores de riesgo que incrementan la probabilidad de desarrollar úlceras por presión en adultos mayores incluyen:
- Edad avanzada (mayor de 65 años): La piel se vuelve más fina, menos elástica y cicatriza más lentamente.
- Disminución de la movilidad: Confinamiento en cama, uso de silla de ruedas, parálisis, debilidad generalizada o sedación que limita la capacidad de cambiar de posición.
- Pérdida de la percepción sensorial: Lesiones nerviosas, diabetes o neuropatías que impiden sentir dolor o incomodidad, lo que no incita a cambiar de posición.
- Nutrición e hidratación deficientes: La falta de nutrientes esenciales afecta la integridad de la piel y la capacidad de cicatrización. La desnutrición puede reducir la grasa corporal, que actúa como amortiguador.
- Enfermedades crónicas: Como la diabetes, enfermedad arterial periférica o insuficiencia venosa, que afectan el flujo sanguíneo y la cicatrización.
- Incontinencia: La exposición constante a la orina o las heces.
- Fumar: Afecta negativamente la circulación sanguínea.
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Prevención de las Úlceras por Presión
La prevención es el pilar fundamental en el manejo de las úlceras por presión, y se centra en identificar el riesgo individual y aplicar cuidados adaptados.
Las estrategias clave para la prevención incluyen:
- Cambios posturales frecuentes: Reposicionar a la persona cada 2 horas si está en cama y cada hora si está en silla de ruedas. Es importante utilizar técnicas de movilización que eviten arrastrar la piel.
- Cuidado de la piel: Mantener la piel limpia, seca e hidratada. Utilizar limpiadores suaves y no irritantes, secar la piel con palmaditas sin frotar, y aplicar productos hidratantes y barreras protectoras en las zonas de riesgo.
- Uso de dispositivos de apoyo: Colchones y cojines antiescaras (espuma, aire, gel) que distribuyen la presión de manera uniforme. Evitar cojines en forma de anillo, ya que pueden reducir el flujo sanguíneo.
- Movilidad: Fomentar la movilidad en la medida de lo posible, incluso con ejercicios pasivos o ayudas técnicas.
- Nutrición e hidratación adecuadas: Asegurar una dieta equilibrada rica en proteínas, vitaminas y minerales, y mantener una buena ingesta de líquidos.
- Vigilancia diaria de la piel: Revisar la piel a diario, especialmente en las zonas de riesgo, en busca de enrojecimiento, cambios de color o cualquier signo de lesión.
Tratamiento de las Úlceras por Presión
El tratamiento de las úlceras por presión es más complejo que su prevención y requiere un enfoque multifacético. Los objetivos principales son aliviar la presión, mantener la herida limpia y protegida, controlar las infecciones y promover la cicatrización.
Las pautas generales de tratamiento incluyen:
- Alivio de la presión: Es la medida más importante. Consiste en reposicionar al paciente, utilizar superficies de apoyo adecuadas y proteger las zonas de prominencia ósea.
- Limpieza y cobertura de la herida: La limpieza se realiza con soluciones salinas o agua tibia y jabón neutro. Se deben eliminar los tejidos muertos (desbridamiento) para facilitar la curación. La elección del apósito dependerá de la etapa y las características de la úlcera (apósitos hidrocoloides, espumas, alginatos, etc.), buscando mantener un ambiente húmedo controlado.
- Control de infecciones: Si hay signos de infección (mal olor, pus, enrojecimiento, calor, fiebre), es fundamental consultar a un médico. El tratamiento puede incluir antibióticos tópicos u orales, o incluso cirugía en casos graves.
- Tratamiento del dolor: Las úlceras pueden ser dolorosas, por lo que es importante manejar el dolor con analgésicos según indicación médica.
- Nutrición: Una nutrición adecuada es vital para la cicatrización. Se pueden requerir suplementos nutricionales o dietas especiales.
- Intervención quirúrgica: En úlceras graves y profundas, puede ser necesaria la cirugía para cerrar la herida, eliminar tejido muerto o tratar complicaciones.
Es fundamental seguir las indicaciones del médico y del personal sanitario. En casos de úlceras en etapas avanzadas, o si presentan signos de infección, se debe buscar atención médica especializada de inmediato.
