El Valor de las Relaciones Intergeneracionales: Conectando Niños y Ancianos

Con toda seguridad, niños y ancianos pueden aportarse mucho mutuamente. Esta creencia se pone en práctica en los más de 100 centros mixtos para niños y adultos mayores, dispersos por toda la geografía de EE.UU., que promueven el cuidado intergeneracional. Ashley E. McGuire, colaboradora del blog del Institute for Family Studies, pudo comprobar in situ, en un centro de cuidados compartidos en Washington, cómo funciona esta relación.

Foto de niños y ancianos interactuando en un centro intergeneracional

Durante una visita, McGuire relató varias experiencias significativas: una anciana “tomó a mi hija de seis años, la llevó consigo a su apartamento, y pacientemente se puso a enseñarle cómo tocar el chelo”. Otro adulto mayor “se pasó un largo rato sentado en el suelo con mi hijo de cuatro años, explorando con él una bola del mundo”. Asimismo, “otra se llevó a mi hija para que la ayudara a arreglar el jardín, y estuvo allí recogiendo hojas felizmente durante una hora y aprendiendo sobre la historia del lugar, donde se celebró la victoria estadounidense en la II Guerra Mundial”.

El valor de las relaciones intergeneracionales

La importancia de las relaciones intergeneracionales se basa en las dinámicas, conversaciones, vivencias y actividades que se desarrollan entre personas que pertenecen a grupos de edad o generaciones diferentes, como los vínculos entre abuelos y nietos. A pesar de la diferencia de edad, entablar una relación satisfactoria entre niños y adultos mayores es muy importante, ya que va más allá de las dinámicas de cuidado.

Beneficios cognitivos y emocionales para los niños

El criterio positivo de McGuire es compartido por muchos, y la investigación respalda estos beneficios. Los niños que han participado en programas de interacción intergeneracional presentan habilidades cognitivas y motoras más desarrolladas que quienes se han mantenido al margen. Además, muestran una mayor sensibilidad hacia otras personas.

La doctora Laura Carstensen, quien lideró un estudio sobre el tema, menciona entre las competencias que puede desarrollar la interacción de los niños con los adultos mayores el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la conexión social y la capacidad de aprender a fijarse objetivos. Si bien los padres son cruciales en la educación, la investigación muestra un plus de beneficios para aquellos niños que, además del apoyo parental, han contado con la influencia de personas mayores.

Relaciones intergeneracionales

Aportes de la sabiduría y experiencia de los adultos mayores

La percepción de que los ancianos son únicamente consumidores netos de recursos es una visión limitada. Según las investigaciones, el proceso de envejecimiento del individuo trae consigo un desarrollo de la capacidad para reconocer las limitaciones y, en consecuencia, aprender a adaptarse a ellas para seguir adelante y utilizar sus habilidades en dependencia de los desafíos que se le van presentando. Si esa adaptación ayuda a vencer las dificultades, la persona aumenta su sentido de la resiliencia y su sensación de bienestar.

Asimismo, los ancianos pueden ayudar a los menores a enfocarse en lo verdaderamente importante de las cosas. La propia convicción de los adultos mayores de que el tiempo es finito les impulsa a dedicar sus esfuerzos a lo que realmente puede compensarlos positivamente en el plano emocional, y a sopesar con mayor serenidad los pros y los contras para tomar decisiones acertadas. Habiendo resuelto tantos conflictos en una vida prolongada y desarrollado una mayor tendencia a perdonar, los mayores pueden ayudar a los más jóvenes a solventar disputas y a mirar al bien mayor.

En el caso de los adultos mayores, la interacción con niños puede reducir la sensación de aislamiento y soledad, dos factores que a menudo están asociados con problemas de salud mental en esta etapa de la vida. La compañía de los niños puede aportar alegría y vitalidad a sus vidas, estimulando su mente y brindando un sentido renovado de propósito.

La interconexión de generaciones: similitudes y particularidades

Dinámicas intergeneracionales: más allá del cuidado

Los vínculos entre niños y adultos mayores no solo se basan en compartir historias y experiencias, sino que también enriquecen la vida de ambas generaciones de manera única. Los niños aportan una perspectiva fresca y entusiasta, mientras que los adultos mayores ofrecen sabiduría, paciencia y una riqueza de conocimiento acumulado a lo largo de los años. Esta interacción no solo crea una conexión emocional, sino que también fomenta el respeto mutuo y la empatía.

Pero ¿qué pueden compartir dos personas de distinta edad si existe una gran diferencia entre el cerebro de un niño y un adulto? La espontaneidad es una de ellas, ya que los niños y los adultos de cierta edad suelen ser más abiertos a expresar sus opiniones y no sienten pena al hablar o interactuar. Esta desinhibición y despreocupación pueden ser una gran herramienta para establecer un puente entre estas dos generaciones y conectarse con el niño o niña interior.

Similitudes en las necesidades de cuidado

Observando el cuidado de nuestros mayores, es innegable notar lo parecida que es su vida a la de los niños en cuanto a necesidades de cuidado. Al principio y al final de la vida, a veces no sabemos comer solos, y padres, madres, abuelas y abuelos nos entretienen para lograr que llevemos la cuchara a la boca. Cuando la marcha se vuelve inestable en la vejez, aparecen los andadores, tan similares a los correpasillos de los niños, y más tarde las sillas de ruedas, de nuevo empujadas por los cuidadores.

Diferencias fundamentales entre la niñez y la vejez

A pesar de estas similitudes en las necesidades de cuidado, es crucial reconocer que la vejez es un periodo en el cual se tienen muchos temores, por ejemplo, a la soledad y a depender de los demás, lo cual puede derivar en fuerte depresión. Sin embargo, esto no significa necesariamente que los ancianos vayan a convertirse en niños a los que hay que cuidar y cubrirles sus necesidades. Hay que tomar en cuenta que la senectud representa el resumen de toda una vida, motivo por el cual los geriatras niegan tajantemente que los adultos mayores sean otra vez niños.

Otras modificaciones que sufren las personas de edad avanzada se presentan en los huesos, pues los niveles de calcio y otros minerales disminuyen, sus articulaciones se deterioran y sufren dolencias, y los músculos pierden flexibilidad y tamaño. Asimismo, se presenta falta de memoria, reflejos y la coordinación motora deficiente. Por todas estas razones, las etapas de vida son diametralmente opuestas: mientras el organismo del adulto va hacia atrás, el del niño va iniciando funciones.

Por otra parte, también es importante reconocer que los ancianos viven de sus recuerdos, se sustentan en estos y les sobra tiempo para platicar, en tanto que a los pequeños les son insuficientes las horas que dedican al juego, explorar e imaginar. Por último, es importante tener siempre en mente que tanto niñez como vejez son etapas de la vida que no deben confundirse, pues cada una de ellas posee características propias.

Actividades para fomentar el vínculo intergeneracional

Juntar, pues, en un mismo sitio a niños y ancianos no parece mala idea. Al compartir con ellos, los adultos pueden sacar a flote ese niño o niña que llevan en su interior y descubrir que en realidad no hay tantas diferencias. Existen varias actividades que pueden realizarse para fortalecer estos lazos:

  1. Conocer el árbol genealógico: Si en la familia ya hay hijos o nietos, pueden hojear álbumes de fotos y contar historias divertidas para traer a la mente recuerdos que permitan conocer la vida de todos aquellos que ya no están.
  2. Jugar y divertirse lejos de las pantallas: Aunque los más jóvenes pueden enseñar a usar las nuevas tecnologías, los adultos mayores pueden enseñar a divertirse de manera simple y creativa. Juegos como la golosa, las escondidas, los ponchados o, incluso, los juegos con los que se divertían antes, no requieren ninguna pantalla y aseguran la diversión con muy poco presupuesto.
  3. Conexión con la naturaleza: Sembrar un árbol es sembrar recuerdos y esperanza en un futuro mejor. Salir al campo o a un parque para conocer la naturaleza y aprender a cuidar la vida. Actividades al aire libre como la jardinería o las caminatas ecológicas les permitirán hacer ejercicio y aprender sobre biología y ecología. Pueden empezar por regar las plantas del jardín, plantar un árbol, o incluso plantar frijoles en un algodón.
  4. La alegría de cocinar juntos: Cocinar y hornear con los nietos es un espacio perfecto para compartir recetas familiares y explorar nuevas formas de hacer las cosas. Además, no hay nada más emocionante que comer algo preparado con tus propias manos. Recetas como pasteles, galletas o incluso platos de sal como pastas y arroces son muy fáciles de preparar, por lo que todos pueden ayudar a mezclar ingredientes y a medir cantidades.

Impacto duradero de la conexión intergeneracional

El beneficio de esta interacción no es solo para los adultos. Los niños pueden sacar provecho y fortalecer sus habilidades emocionales y comunicativas al desconectarse del celular y realizar actividades recreativas al aire libre como las mencionadas. Lo mejor de todo es que pueden recibir el ejemplo y el consejo de los mayores, con la paciencia y el amor que solo ellos saben dar.

La conexión entre niños y adultos mayores va más allá de lo superficial y se convierte en una fuente de apoyo, amor y enriquecimiento mutuo. Los adultos mayores juegan un papel esencial en la transmisión de valores, tradiciones y cultura a las generaciones más jóvenes. A medida que el mundo avanza rápidamente, el contacto con los adultos mayores ayuda a preservar y transmitir conocimientos que de otra manera podrían perderse en el tiempo. Las historias familiares, las tradiciones culinarias y las prácticas culturales cobran vida a través de estas interacciones, manteniendo viva la herencia de las generaciones anteriores.

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