Las actitudes son constructos fundamentales en la psicología social, actuando como elementos valiosos para predecir conductas y configurando la base de numerosas situaciones sociales, como el conflicto, la amistad y el prejuicio. Son cruciales en la definición y mantenimiento de los grupos, ayudan a establecer la identidad propia o la concepción de sí mismo, y guían tanto el pensamiento como la conducta.
Según Baron & Byrne (1998), las actitudes influyen en el pensamiento social y en el procesamiento del mundo social, moldeando nuestras percepciones sociales y nuestra conducta social.
¿Qué son las Actitudes? Definiciones Clave
Para Rodrígues (1987), las actitudes son “una organización duradera de creencias y cogniciones generales, dotada de una carga afectiva a favor en contra de un objeto social definido, que predispone a una acción coherente con las cogniciones y afectos relativos a dicho objeto” (pp. 337 - 338).
En la actualidad, se conciben principalmente como evaluaciones que se relacionan de manera compleja con las creencias, sentimientos y acciones. Baron & Byrne (1998) postulan que las actitudes involucran asociaciones entre objetos actitudinales (cualquier aspecto del mundo social) y evaluaciones de esos objetos, y agregan que, en forma más simple, las actitudes pueden ser concebidas como “evaluaciones de diversos objetos que están almacenados en la memoria”.

En este contexto, Smith & Mackie (1995) definen la actitud como “cualquier representación cognitiva que resume nuestra evaluación de un objeto actitudinal - el yo, otras personas, cosas, acciones, eventos, o ideas”.
Elementos y Características de las Actitudes
La estructura de una actitud está compuesta tradicionalmente por tres elementos o respuestas:
- Cognitivo: Lo que la persona conoce acerca del objeto actitudinal, los hechos y creencias que tiene sobre él (por ejemplo, fumar causa daño).
- Afectivo: Cómo la persona se siente hacia el objeto, los sentimientos y emociones que provoca (ejemplo, malestar frente al humo).
- Conductual: El conocimiento acerca de las interacciones pasadas, presentes o futuras de la persona con el objeto actitudinal (ejemplo, el hecho de que la persona no fume).
Además de estos elementos, las actitudes tienen una determinada dirección (positiva, neutral, negativa) y una intensidad, que refleja si el afecto ligado es débil o fuerte.
Formación de las Actitudes
Aunque algunas tendencias evaluativas, como preferir el placer al dolor, parecen ser innatas, la mayoría de nuestras actitudes son adquiridas o aprendidas. A medida que una persona aprende acerca de un objeto actitudinal, construye una representación cognitiva del objeto que incluye información cognitiva, afectiva y conductual asociada con ese objeto.
El proceso de cómo surgen las actitudes a partir de la variada información acumulada sobre los objetos actitudinales es similar a la acción de jurados que ponderan el peso de las evidencias, formando actitudes que son consistentes con la mayor parte de lo que se conoce, siente y experimenta. La presencia de información positiva generalmente dará lugar a una actitud positiva, aunque no siempre.
Manejo de la Información Inconsistente
Cuando la evaluación es inconsistente, las personas pueden:
- Información unilateral: Evitar la inconsistencia interactuando con personas que comparten sus opiniones.
- Ponderación de la información: Dar mayor peso a los aspectos que parecen más importantes, significativos o salientes.
- Accesibilidad de la información: La información que es más accesible en un momento dado puede determinar un juicio actitudinal. Un ejemplo claro es la preferencia por una hamburguesa o un pie de limón, que se relaciona más probablemente con su atractivo sensorial evidente que con sus beneficios nutricionales ocultos.
Aprendizaje de Actitudes
Las actitudes se aprenden principalmente a través del aprendizaje social, en situaciones de interacción o mediante la observación de la conducta de otros. Esto incluye:
- Condicionamiento clásico: Un estímulo neutral adquiere la capacidad de elicitar una respuesta condicionada mediante la asociación repetida con otro estímulo. Un ejemplo es un niño que asocia las reacciones faciales negativas de su padre hacia un grupo político con su propia actitud hacia ese grupo.
- Condicionamiento subliminal: Condicionamiento clásico de actitudes por exposición a estímulos por debajo del umbral de la atención consciente.
- Condicionamiento instrumental (operante): Las respuestas que conducen a resultados positivos o evitan negativos son fortalecidas (recompensas, aprobación, castigo).
- Modelado: Proceso de aprendizaje observando las acciones de otros.
Experiencia Directa y Comparación Social
La experiencia directa es una fuente importante para la formación de actitudes. De acuerdo con Raven & Rubin (1983), tres características de la experiencia directa influyen en la actitud: la cantidad de contacto, la calidad de la experiencia y las consecuencias de tales contactos.
Las actitudes formadas desde la experiencia directa tienden a ser más intensas, más accesibles, se mantienen de modo más confiable y son más resistentes al cambio.
EXPOSICIÓN: FORMACIÓN DE LAS ACTITUDES
La comparación social es otro proceso por el cual nos comparamos con los demás para determinar si nuestra perspectiva de la realidad social es correcta. Si otros comparten nuestras opiniones, concluimos que nuestras ideas y actitudes son correctas, lo que contribuye a la formación de nuevas actitudes.
La Relación entre Actitudes y Conducta: El Rol de la Accesibilidad
El estudio clásico de La Piere (1934) ilustró la aparente disonancia entre actitud y conducta. En su investigación, un hotelero que había atendido amablemente a una pareja china luego manifestó, por escrito, su rechazo a atender clientes chinos. Esto planteó la pregunta fundamental:
¿Cuándo y cómo las actitudes ejercen sus efectos? ¿Bajo qué condiciones es más probable que haya consistencia entre ambos? ¿Qué factores determinan la fuerza del vínculo entre actitud y conducta?
Factores Moderadores de la Relación Actitud-Conducta
La predicción de la conducta a partir de las actitudes no es sencilla y está modulada por varios factores:
- La generalidad o especificidad de la actitud: Según Morales et al. (1994), las conductas son siempre específicas (acción, objeto, contexto, momento), mientras que las actitudes suelen ser generales. El Principio de Compatibilidad sugiere que solo se puede esperar una relación entre actitud y conducta cuando ambas están planteadas al mismo nivel de generalidad. Por ejemplo, una actitud general hacia la religión no predice la conducta específica de asistir a misa un domingo por la mañana.
- Fuerza de la actitud, interés propio y rol de la autoconciencia: Las actitudes más intensas predecirán mejor el comportamiento que las actitudes más débiles. En este sentido, la experiencia directa genera actitudes más accesibles, lo que a su vez fortalece la relación entre actitud y conducta.

En resumen, la accesibilidad de la información o de la actitud misma juega un papel crucial: la información que es más accesible puede determinar un juicio actitudinal. Asimismo, actitudes más intensas, a menudo resultado de la experiencia directa, son más accesibles y, por ende, predicen mejor el comportamiento. Este enfoque subraya cómo la facilidad con la que una actitud viene a la mente es un factor determinante en su influencia sobre nuestros juicios y acciones, un punto clave destacado por autores como Smith y Mackie en la comprensión de las actitudes en la psicología social.
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