La presencia de ancianos bíblicamente calificados es crucial para la salud de la iglesia, la cual es “columna y sostén de la verdad” (1 Ti 3:15). A medida que avanzamos en la fe, cada etapa de la vida nos presenta oportunidades únicas para el servicio y el testimonio. La vejez, lejos de ser un período de inutilidad, es una etapa de profunda sabiduría, propósito y continua fructificación, especialmente para las mujeres en la iglesia.

La Dignidad y el Valor Inherente de la Mujer Anciana
Vivimos en una sociedad que a menudo ha categorizado el valor de las personas, priorizando a los niños sobre los adultos mayores. La frase popular «ellos ya han vivido» refleja esa triste realidad. Sin embargo, esta perspectiva ignora una verdad fundamental: Dios ha creado a la humanidad a Su imagen. En esa verdad, entendemos que todos los seres humanos tenemos dignidad y valor inherente, independientemente de la edad.
En la Escritura, podemos ver cómo Dios usó a personas mayores de edad dentro de Sus propósitos. Por ejemplo, Moisés tenía ochenta años cuando Dios le dio la tarea de liberar al pueblo de la mano de los egipcios: «Moisés tenía ochenta años, y Aarón ochenta y tres, cuando hablaron con el faraón» (Éx. 7:7). Sara, siendo ya anciana, fue usada por Dios para dar a luz un hijo como parte del cumplimiento de Su promesa. Esto nos afirma que la vejez no es vista como una etapa de inutilidad o de menor valor, sino como una etapa de honra, sabiduría y propósito delante de los ojos de Dios (Prov. 16:31).
El Papel Vital de las Ancianas en la Familia y la Iglesia
Los ancianos tienen mucho que dar a sus familias, a sus comunidades y a la Iglesia. Han vivido una vida entera de historias y lecciones, éxitos y fracasos, alegría y tristeza, salud y enfermedad, risas y lágrimas. Sin duda, la manera más importante en que los ancianos pueden dar fruto es mediante su ejemplo de buenas obras. El libro de Proverbios dice: «Las canas son una corona de gloria que se obtiene por llevar una vida justa» (Proverbios 16:31, Nueva Traducción Viviente).
Tito escribió acerca del ejemplo que deben dar las mujeres mayores: «Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte, no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (Tito 2:3-5). Las mujeres mayores proporcionan gran fuerza a sus familias y a la Iglesia mediante su ejemplo y enseñanzas.
Enseñar el Respeto Mutuo en la Familia
Los adultos mayores cristianos deberían ser valorados en su papel dentro de las relaciones familiares. Dios tiene un plan para que estas generaciones interactúen entre sí, que glorifiquen y edifiquen su reino. Cada uno debe valorar al otro como una parte vital de la familia de Dios. Esto se fundamenta en principios bíblicos como: «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da» (Éxodo 20:12) y «Todas vuestras cosas sean hechas con amor» (1 Corintios 16:14).
- Esto significa: ser obedientes, respetuosos y seguir su ejemplo.
- Esto es un mandamiento de Dios con promesa.
- Esto involucra honor, respeto y amor que merecen, ya que «el amor es el fundamento de todos estos valores».

En el ámbito familiar, los ancianos deben buscar oportunidades para llevar a cabo la instrucción bíblica de enseñar a sus hijos y nietos (Deuteronomio 4:9). A través de sus ejemplos y enseñanzas, los ancianos pueden transmitir el modo de vida de Dios a las generaciones más jóvenes, «contando a la generación venidera las alabanzas del eterno . . . y las maravillas que hizo» (Salmos 78:4). También tienen la oportunidad de transmitir la historia de la familia, historias personales y lecciones de vida.
Desafíos de la Vejez y la Respuesta de la Comunidad de Fe
Una parte de la vejez consiste en aceptar el envejecimiento: nuevos dolores y molestias, movilidad limitada, deterioro de la salud e incluso pérdida de recuerdos o de conciencia de nosotros mismos, de la familia y de los amigos. Aunque el mundo ha creado diversos medios para intentar no envejecer y evitar los desafíos que esta etapa presenta, no podemos negar aquella realidad que Salomón mismo describió al hablar de la vejez, usando un lenguaje metafórico. Algunas de las características son: manos temblorosas («temblarán los guardas de la casa»), piernas débiles («se encorvarán los hombres fuertes»), vista y oído que se apagan («se oscurecerán los que miran por las ventanas», «las puertas de afuera se cerrarán»), cabello que se torna blanco («florecerá el almendro») y un cuerpo que, poco a poco, pierde energía y apetito (Eclesiastés).
Sabiendo esto y entendiendo que Dios valora profundamente a las personas mayores, nuestro privilegio como creyentes es crecer en piedad y así honrar, amar y servir a estas personas, siendo Dios mismo a través de nosotros quien cuida de ellos. Como creyentes, tenemos la capacidad, a través del Espíritu Santo, de reconocer la dignidad y lugar que los adultos mayores poseen dentro del plan de Dios.
El Respeto y el Cuidado a los Cristianos Mayores
La Escritura nos amonesta a tratar a las ancianas «como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza» (1 Timoteo 5:2). Es fundamental honrar a los adultos con respeto y atender a los que están solos.
Cuidado de las Viudas
«Honra a las viudas que en verdad lo son. Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios. Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. Que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra. Pero viudas más jóvenes no admitas; porque cuando, impulsadas por sus deseos, se rebelan contra Cristo, quieren casarse» (1 Timoteo 5:3-11).
- Las que deben ser asistidas por sus hijos y nietos (v. 4).
- Las que deben ser apoyadas por la iglesia (v. 5).
- Las que se entregan a los placeres, no apoyarlas (v. 6).
- Origen de esta provisión es «un esfuerzo responsable» (v. 7, 8).
- A qué viudas más ayudar y a quiénes no: Las de 60 años, de un solo marido, que tengan buen testimonio (v. 9-10). Las viudas jóvenes no son admitidas por razones obvias (v. 11).
Ideas Prácticas para Servir y Conectar con las Ancianas
Hay cientos de maneras en que las iglesias pueden mantenerse conectadas con los miembros mayores o llegar a los adultos mayores que no forman parte de una iglesia.
- Acércate a ellos: Es natural que nuestras amistades tiendan a ser nuestros contemporáneos. Te animo a ser intencional para acercarte a ellos, saludarlos y preguntarles sobre su semana. Muchos quizá no viven con familiares creyentes y, por ello, la iglesia debe convertirse en el lugar donde se sientan más amados.
- Trátalos con paciencia: No te limites a saludarlos los domingos, también puedes formar una amistad con ellos. Primero, escúchalos con atención, aunque sea la misma historia que te contaron el domingo anterior. Segundo, háblales con paciencia, alzando el tono de tu voz lo suficiente para que puedan escucharte, pero sin mostrar frustración. Tercero, acompáñalos con interés y paciencia, ayudándolos a ubicarse, a buscar pasajes bíblicos o a trasladarse.
- Atiende sus necesidades presentes y anticipa las futuras: Muchos de ellos tienen una Biblia con letra muy pequeña, usan lentes que ya no satisfacen sus necesidades, o no saben utilizar las nuevas tecnologías. En ocasiones, hay objetos en sus hogares que no pueden mover. La iglesia debe estar atenta y dispuesta a ayudar en esos momentos.
- Ofrece amor físico y apoyo emocional: El final de nuestras vidas puede estar marcado por el dolor al sufrir la pérdida de cónyuges, amigos, salud o independencia. Muchos adultos mayores, aparte de la Palabra de Dios, necesitan recibir amor físico. Así que abraza sin temor y oren juntos por las luchas que estén enfrentando.
- Mantenerlos conectados con la iglesia:
- Llevarlos al culto: Organiza el transporte, comparte el coche u ofrece servicio de aparcacoches. Asegúrate de que las instalaciones sean accesibles.
- Llevar la adoración a ellos: Si la tecnología es un reto, envía a un voluntario para configurar la transmisión remota del culto o los podcasts de los sermones. Considera organizar un servicio de adoración en una comunidad de jubilados.
- Cerrar la brecha generacional: Empareja a un anciano con cada clase de escuela dominical de niños y anímelos a orar por los demás. Invita a los miembros mayores a eventos del grupo de jóvenes para compartir experiencias de fe.
- Llorar con los que lloran: Lean juntos salmos de lamentación o escriban uno propio.
- Estar atento a las nuevas discapacidades: Presta atención a las dificultades para masticar, tragar, ver u oír. Utiliza boletines con letras grandes, bucles de audición y asientos accesibles.
- Cuando no puedas llevarlos a la iglesia, mantenlos conectados: Reza, envía tarjetas y anímalos a usar sus dones en esta etapa de la vida. Invítalos a leer la Escritura grabándose en video para el culto del domingo.
El Legado de Fidelidad: Temas para Sermones
Los ancianos sienten, con frecuencia, que, como ya no gozan del vigor de la juventud, no pueden servir eficazmente al Señor. Pero Dios dice que su pueblo «aun en la vejez dará fruto» (Sal. 92:14). Aquí te comparto algunas ideas:
- Continuar dando fruto en la vejez: «Los justos florecerán como palmeras . . . trasplantados a la casa del Señor, florecen en los atrios de nuestro Dios. Incluso en la vejez aún producirán fruto, seguirán verdes y llenos de vitalidad» (Salmos 92:12-14, Nueva Traducción Viviente). El fruto más importante que deben dar los ancianos es su crecimiento espiritual personal, ya que «[van] adelante a la perfección» (Hebreos 6:1). La palabra griega para «perfección» (teleiotes) significa madurez, culminación o realización de una meta.
- Acabar bien la carrera de fe: Acabar bien implica dejar un legado de fidelidad. Como el apóstol Pablo declaró: «Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida» (2 Timoteo 4:6-8).
- Pasar el manto: Los últimos años de nuestra existencia son un tiempo de profunda meditación y reflexión sobre el significado y propósito de esta vida física. Los ancianos tienen la oportunidad de dar un ejemplo de justicia sirviendo a sus familias, a sus comunidades y a la Iglesia, transmitiendo su sabiduría y experiencia a las nuevas generaciones.
- La perseverancia y servicio como testimonio de la fidelidad de Dios: Las personas mayores son testigos vivos de la fidelidad de Dios a lo largo de las décadas que han vivido, portadores de historias que nos enseñan y ejemplos que nos inspiran. Podemos darles una lista de peticiones de oración para que intercedan cada mes, animarlos a discipular a creyentes más jóvenes y a participar en las reuniones. Además, muchos de ellos pueden ser los padres o abuelos espirituales que otros hermanos nunca tuvieron.