La Crisis del Servicio Nacional de Menores: Niños Institucionalizados y el Camino Hacia la Adopción

El Servicio Nacional de Menores (Sename) en Chile enfrenta una profunda crisis, evidenciada por el hecho de que el 68% de los niños bajo su protección tiene más de ocho años de edad. Esta situación impide que el Estado inicie el proceso de adopción para una gran mayoría de estos menores, dejándolos institucionalizados de por vida y, en muchos casos, conviviendo con infractores de la ley.

infografía sobre la distribución por edades de los niños bajo protección del Sename

La Mayoría de los Menores Superan la Edad Ideal para la Adopción

La principal razón por la cual el Estado no inicia los trámites de adopción para estos niños es su edad. La falta de padres interesados en adoptar a menores de mayor edad, sumada a la preocupación del organismo por su reputación, contribuyen a que muchos niños permanezcan en el sistema de protección sin la posibilidad de una familia.

Violeta Lara, quien vivió en el hogar Rodolfo Rencoret administrado por el Sename en Puerto Montt desde los ocho años, recuerda su decisión de escaparse a pocos meses de cumplir 18. A pesar de cumplir las condiciones para ser adoptada -abandono parental, fallecimiento de abuelos y maltrato por parte de su tía-, observaba cómo otras niñas más pequeñas eran adoptadas, sintiendo la tristeza de no tener a nadie.

Un diagnóstico del Sename de junio de 2016 reveló que 1.334 menores bajo su protección se encontraban en estado "crítico", con "potencial riesgo vital y patologías mentales complejas". Esta cifra subrayó la urgencia de abordar un sistema en crisis por falta de recursos y personal calificado.

Según cifras del Servicio Nacional de Menores, en Chile existen 12.442 niños sin cuidado parental y en alta vulnerabilidad, viviendo carencias económicas y afectivas. Hasta abril de 2016, solo 159 niños habían sido declarados aptos para la adopción, pero aún no habían sido vinculados con una familia.

Obstáculos en el Proceso de Adopción

Carlos Soto, psicólogo y jefe en la Región Metropolitana de la Unidad de Adopción del Sename, explica que a mayor edad de los niños, menor es la posibilidad de encontrar padres interesados. Aunque la ley permite iniciar causas hasta los 18 años, en la práctica esto se vuelve inviable, ya que se evalúa la proyección de encontrar una familia.

La Ley de Adopción 19.620 establece que para que un menor sea declarado candidato a la adopción, un Tribunal de Familia debe investigar si el niño fue cedido al Sename, víctima de abandono, o si existe inhabilidad parental de sus progenitores. Posteriormente, se debe citar a familiares hasta el tercer grado para corroborar que ninguno es apto para el cuidado del niño.

Soledad Navarrete, asistente social de la Unidad de Adopción del Sename en la Región Metropolitana, señala que la responsabilidad de que un menor permanezca institucionalizado de por vida, incluso sabiendo que no puede vivir con su familia de origen, recae en todas las partes del sistema de protección: jueces, consejeros técnicos y el propio personal del Sename, por no haber actuado a tiempo o coordinado adecuadamente.

Mientras los directores de hogares y jueces deciden sobre la adopción, los niños crecen en hogares del Sename o en organismos colaboradores autorizados como la Fundación Chilena de la Adopción (FADOP), Fundación San José, Fundación Mi Casa y el Instituto Chileno de Colonias y Campamentos.

Yanett Maldonado, asistente social y evaluadora externa del Sename, comenta que la institución promueve la adopción de niños mayores, pero considera que "mayores" se refiere a niños de cinco o seis años. A los ocho años, rara vez se inicia el trámite de susceptibilidad de adopción debido a la falta de familias postulantes.

diagrama de flujo del proceso de adopción en Chile

Opciones Limitadas y Consecuencias de la Institucionalización

Las opciones para los menores que no son vinculados con sus parientes ni adoptados son limitadas. Algunos permanecen en el sistema de protección del Sename hasta la mayoría de edad, residiendo en Centros de Administración Directa (CREAD), Programas de Familias de Acogida o Centros Residenciales. Otros, optan por escaparse en busca de una vida fuera de las instituciones.

Violeta Lara relata su infancia en Futrono, donde desde los ocho años cortaba leña, preparaba pan, limpiaba parabrisas en los semáforos, y su tía le quitaba el dinero y la golpeaba si no cumplía sus tareas. La denuncia de una vecina motivó la intervención del sistema.

Los expertos coinciden en que la inhabilidad parental es el aspecto más difícil de probar y el que más extiende los procesos de declaración de adopción, pudiendo tardar hasta 16 meses en promedio.

Según el Anuario Estadístico del Sename de 2015, de 510 adopciones concretadas, solo 62 correspondieron a niños de ocho años y más, lo que representa el 12% del total. Estas cifras incluyen adopciones nacionales e internacionales.

Cecilia Erazo, abogada y consejera técnica del Sename, señala que hasta el 13 de junio de un año determinado, el Tribunal de Familia de Santiago había declarado adoptables a seis menores, ninguno de los cuales superaba los ocho años. "El sistema te obliga a que la edad se vuelva un criterio para iniciar la causa de adopción", afirma.

María Fernanda Galleguillos, jefa del Departamento Nacional de Adopción del Sename, reconoce que no todas las familias están dispuestas a hacerse cargo de niños mayores o con dificultades.

María Elena González, directora ejecutiva de FADOP, indica que la fundación no trabaja con niños mayores de seis años, ya que es muy complejo encontrar padres interesados en adoptar menores de esa edad. La mayoría de los niños mayores de ocho años que no son re-vinculados con su familia de origen están destinados a vivir institucionalizados.

La Ley N° 16.618 establece que la permanencia de un niño en una residencia no debe superar el año y debe ser revisada cada seis meses. Sin embargo, Carlos Soto señala la falta de personal y trabajo intersectorial para cumplirlo, con demoras de hasta seis meses en la entrega de informes por parte de organismos como el Registro Civil o el Servicio Médico Legal.

La jueza Luz María Barceló del 4° Juzgado de Familia de Santiago coincide en los retrasos de los informes del Sename, que pueden demorar hasta seis meses, duplicando el plazo legal.

mapa de Chile mostrando la ubicación de hogares del Sename y centros colaboradores

Convivencia con Infractores de la Ley y Falta de Rutas Claras

Algunos menores institucionalizados forman vínculos de "familia" con otros residentes, mientras que otros, por decisiones judiciales erróneas, terminan siendo entregados a familiares que no se hacen cargo y se convierten en delincuentes.

La Ley 20.084, que establece un sistema de responsabilidad para adolescentes infractores a la Ley Penal, no define sanciones ni procedimientos para niños entre ocho y 14 años que infringen la ley.

El Sename cuenta con 24 evaluadores externos en la Región Metropolitana, quienes a menudo trabajan también en fundaciones y organismos colaboradores. Siete de ellos accedieron a colaborar para este reportaje, y cuatro aseguraron que los menores no adoptados o no declarados susceptibles de adopción conviven con menores que cometen delitos.

Se relata un incidente en un hogar donde compañeros castigados por robo incendiaron una pieza. Rommy Lindemann, asistente social evaluadora externa, explica que los menores vulnerados, no adoptados y que han delinquido, si tienen menos de 14 años, van a los CREAD. Si no son recibidos o no hay vacantes, los jueces determinan su destino.

Los niños que infringen la ley y tienen menos de 14 años van a los CREAD. Lo más grave es que menores de más de 14 años con delitos cumplidos son derivados a protección en los CREAD, llegando con "conductas de cárcel".

Rodrigo Godoy, egresado de Fundación Mi Casa, vivió 12 años en la institución y recuerda compañeros que incendiaron objetos. Estos niños continuaron viviendo en el hogar hasta escaparse.

Violeta Lara relata haber convivido con compañeras que robaban o abusaban de otras niñas en el hogar.

Un artículo de Ciper sobre la violencia en los centros del Sename, tras la muerte de un joven en 2013, mostró menores portando armas y describió la jerarquía de "perros" o "soldados" al servicio de un "vivo" o líder, quienes abusaban de los jóvenes más vulnerables.

Uno de los factores que contribuye a la convivencia de menores en programas de protección con infractores de la ley es la falta de claridad en las rutas dentro del sistema. Informes de fiscalización del Sename en 2014 y 2015 señalaron la carencia de mapas de procesos, registro sistemático de menores en ADOPSEN y desorden en las carpetas de historial.

Esta falencia es crítica en la Región Metropolitana, llevando a que menores de 14 años, sin importar si han delinquido o no, terminen mezclados con quienes no han sido adoptados.

La Experiencia de la Institucionalización y el Camino Hacia la Libertad

En un centro de reclusión, se observa a adolescentes levantándose para desayunar, incluyendo un joven declarado apto para adopción pero nunca vinculado a una familia.

En la Región Metropolitana, 7.749 menores viven en centros de reclusión. Víctor Martínez, educador y dirigente sindical, señala que muchos jóvenes pasan por todas las instancias del Sename, desde protección hasta reclusión.

Matías Orellana, quien llegó a los tres años a la residencia N°1 de Fundación Mi Casa, vivió 15 años en la institución sin recuerdos de su familia biológica ni visitas. A los ocho años intentó irse, pero fue disuadido. Fundó la Fundación de Egresados de Casas de Menores (ECAM) para ayudar a jóvenes institucionalizados.

La psicóloga Lorena Bustamante explica que los niños mayores son más afectados por la institucionalización prolongada, ya que no generan vínculos familiares y sufren daños significativos.

Erika Villalobos, asistente social del Departamento de Adopción del Sename, aclara que el daño de la institucionalización es directamente proporcional al tiempo que los menores permanecen en el sistema de protección.

Se menciona la disponibilidad del trámite de solicitud de protección en la Corporación de Asistencia Judicial (CAJ) y la Fundación Abrázame, que ofrece programas de acompañamiento a bebés, niños, niñas y adolescentes en residencias, incluyendo voluntariado uno a uno.

Una ex-Sename, identificada como "Cata", relata experiencias de abuso, castigos con lindano, y la humillación de usar ropa interior marcada por el gobierno. A pesar de las secuelas físicas y emocionales, ha logrado salir adelante, estudiar trabajo social y busca justicia para los niños del Sename.

Ella cuestiona la política de quitar hijos a madres pobres, mientras se permite que agresores permanezcan en el hogar. Critica la falta de recursos y la burocracia que impide la protección efectiva de los niños.

Relata la campaña de recolección de mochilas, ya que a los niños se les entrega material identificado con el Sename, estigmatizándolos.

La experiencia de "Cata" la lleva a querer ayudar a otras niñas, reviviendo su infancia a través de juegos en los hogares, pero ahora como una agente de cambio.

"No sé si soy feliz, pero me siento libre", afirma, a pesar de los recuerdos horribles y el miedo a la oscuridad. Cuenta que fue abusada y violada por personal y familiares, y que intentó suicidarse a los 12 años. Tras años de abuso, logró separarse y priorizar la felicidad y salud de sus hijos.

Actualmente, está preparando una demanda al Estado y admira a René Saffirio por su compromiso con los niños del Sename. Critica que se dice "niños del Sename" en lugar de "niños en el Sename", ya que ellos no eligieron estar allí, muchos por nacer pobres.

Se menciona el caso de Lisette, una niña que murió en el Sename sin que se investigara su caso, y se espera que su justicia inspire cambios.

Se narra la historia de Fabiana y Alex, quienes adoptaron cuatro niños haitianos. Tras una denuncia de tráfico de personas por parte de un tercero, el tribunal de familia de Puerto Varas dictaminó que el Sename se hiciera cargo de tres de sus siete hijos, generando protestas de amigos y apoderados para que los niños regresen con sus padres.

fotografía de niños jugando en un patio de un hogar del Sename

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