La hidratación es un pilar fundamental para el correcto funcionamiento del organismo humano en todas las etapas de la vida. Sin embargo, esta necesidad se acentúa de manera crítica en la tercera edad, donde los cambios fisiológicos inherentes al envejecimiento incrementan significativamente el riesgo de deshidratación y sus consecuentes complicaciones de salud.
La Importancia Vital del Agua en el Organismo
El agua constituye el componente más predominante de nuestro cuerpo, representando aproximadamente dos tercios de la masa corporal total. Este líquido vital participa activamente en casi todas las funciones orgánicas, desempeñando un papel crucial en procesos como la termorregulación, la digestión, el mantenimiento de la tensión arterial y el rendimiento físico y cognitivo. Una correcta hidratación contribuye a la salud y al bienestar general, siendo un factor determinante para un envejecimiento saludable.
La ingesta de líquidos se distribuye principalmente a través de tres vías: el agua potable y otras bebidas (aproximadamente 70-80%), el agua contenida en los alimentos (20-30%), y una pequeña cantidad generada endógenamente mediante la oxidación de macronutrientes. Adicionalmente, una mínima cantidad puede ser absorbida por vía transcutánea y respiratoria.

Cambios Fisiológicos Asociados al Envejecimiento y el Riesgo de Deshidratación
A medida que envejecemos, nuestro cuerpo experimenta una serie de modificaciones que nos hacen más susceptibles a la deshidratación:
- Disminución del contenido de agua corporal: Con la edad, la proporción de agua en el organismo tiende a disminuir.
- Reducción de la sensación de sed: El mecanismo de la sed se debilita, lo que significa que las personas mayores pueden no sentir la necesidad de beber incluso cuando su cuerpo requiere líquidos. Esta disminución en la percepción de la sed es uno de los factores más alarmantes, ya que la sed, en este grupo poblacional, puede ser un indicador tardío de deshidratación.
- Alteraciones en la función renal: Los riñones pueden volverse menos eficientes en la concentración de orina y en la regulación del equilibrio hídrico.
- Cambios en la composición corporal: Hay una disminución de la masa muscular y un aumento de la masa grasa, lo que afecta la distribución del agua en el cuerpo.
- Reducción de la capacidad de sudoración: El sudor es un mecanismo clave para regular la temperatura corporal; su disminución puede dificultar la adaptación a condiciones de calor.
Estos cambios fisiológicos, sumados a la ingesta insuficiente de líquidos, pueden llevar a un desequilibrio entre la ingesta y la pérdida de líquidos, resultando en un nivel inadecuado de agua para las operaciones normales del cuerpo.
Tipos de Deshidratación
La deshidratación se clasifica según la proporción de agua y electrolitos perdidos:
- Deshidratación Isotónica: Pérdida equitativa de agua y electrolitos. Es la forma más común.
- Deshidratación Hipertónica: Se pierde más agua que electrolitos. Los adultos mayores suelen experimentar este tipo, lo que requiere especial atención.
- Deshidratación Hipotónica: Se pierde más electrolitos que agua.
Requerimientos Diarios de Agua en Personas Mayores
Establecer una cantidad exacta de agua necesaria es complejo, ya que las necesidades individuales varían significativamente según factores como la edad, el sexo, la composición corporal, el nivel de actividad física, el entorno y la presencia de comorbilidades.
No obstante, existen algunas pautas generales:
- La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda una ingesta adecuada de agua de 2,0 litros/día para mujeres y 2,5 litros/día para hombres como ingesta total de agua. En cuanto a la ingesta de agua proveniente de fluidos, las recomendaciones son de 1,6 litros/día para mujeres y 2,0 litros/día para hombres.
- El Institute of Medicine (IOM) de Estados Unidos sugiere una ingesta total de agua de 2,7 litros para mujeres y 3,7 litros para hombres, con 2,2 y 3,0 litros respectivamente provenientes de líquidos.
- Como regla general, se considera necesario unos 30-35 ml/kg/día de agua.
En la práctica, la mayoría de las personas mayores deberían aspirar a beber al menos 1,5 a 2 litros (aproximadamente 6-8 vasos) de agua diariamente. Es importante recordar que la hidratación puede provenir de diversas fuentes, incluyendo jugos, leche, sopas e incluso alimentos ricos en agua.
Recomendaciones Específicas
- Para una Mujer de 80 Años: Se recomienda apuntar a unos 8 vasos de agua al día.
- Para una Persona de 90 Años: Es aconsejable aspirar a beber al menos 6-8 vasos de agua al día.
Es crucial fomentar la ingesta de líquidos de forma regular a lo largo del día, distribuyendo el consumo especialmente por la mañana y durante la tarde, y pudiendo ser menor en la noche para facilitar el descanso.
Síntomas de Deshidratación en Personas Mayores
Identificar los signos de deshidratación es clave para actuar a tiempo. En adultos mayores, estos síntomas pueden ser sutiles o confundirse con otras condiciones médicas:
- Sed intensa (aunque puede estar disminuida).
- Boca seca y pegajosa.
- Orina oscura o de olor fuerte.
- Fatiga y debilidad generalizada.
- Mareos y desmayos.
- Confusión mental, desorientación o somnolencia (puede confundirse con demencia).
- Dolor de cabeza.
- Piel seca, menos elástica.
- Ojos hundidos.
- Pulso rápido.
- Pérdida de peso rápida (el peso corporal es un indicador sensible).
- Náuseas.
- Aletargamiento.

Etapas de la Deshidratación
La deshidratación puede progresar a través de diferentes etapas:
- Etapa 1: Se manifiesta con una pérdida del 2-4% del peso corporal total. Los síntomas incluyen sed intensa, boca seca, debilidad, somnolencia y náuseas.
- Etapa 3: Esta etapa es particularmente peligrosa para la salud, indicando una deficiencia de líquidos significativa.
Los estudios indican que la deficiencia de líquidos en el cuerpo ocurre con mucha más frecuencia de lo que se reconoce en la población mayor.
Factores de Riesgo Adicionales para la Deshidratación en Ancianos
Además de los cambios fisiológicos, otros factores pueden aumentar el riesgo:
- Enfermedades crónicas: Enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes mellitus.
- Medicamentos: El consumo de diuréticos, laxantes y sedantes puede aumentar la pérdida de líquidos.
- Patologías agudas: Fiebre, diarrea y vómitos provocan pérdidas excesivas de líquidos.
- Deterioro cognitivo: Dificulta la capacidad de reconocer y comunicar la sed.
- Disminución de la movilidad: Dificulta el acceso a líquidos.
- Temor a la incontinencia: Algunas personas limitan la ingesta de líquidos para evitar episodios de incontinencia urinaria.
- Disfagia: Dificultad para tragar, que puede hacer que la ingesta de líquidos sea un desafío.
- Factores socioeconómicos: Bajo nivel de estudios o clase social inferior pueden estar asociados a menor ingesta.
- Estilo de vida sedentario.
Consecuencias de la Deshidratación en Personas Mayores
La deshidratación en adultos mayores puede desencadenar una cascada de problemas de salud, algunos de ellos graves y potencialmente irreversibles si no se tratan a tiempo:
- Confusión mental y alteraciones cognitivas.
- Estreñimiento: El intestino busca absorber agua, endureciendo las heces.
- Problemas renales y cálculos renales.
- Infecciones del tracto urinario.
- Golpe de calor: Una condición grave que ocurre cuando el cuerpo no puede regular su temperatura.
- Enfermedades cardiovasculares: Puede agravar condiciones preexistentes.
- Mayor riesgo de caídas: La debilidad y los mareos aumentan la probabilidad de accidentes.
- Empeoramiento de patologías previas.
- Hospitalización y aumento de la mortalidad. Se estima que la deshidratación puede llevar a la muerte en una semana.
DESHIDRATACION EN EL ADULTO MAYOR/ NUTRICIONISTA GERIÁTRICA XIMENA CHÁVEZ
Estrategias para Prevenir la Deshidratación
La prevención es la clave. Cuidadores y personas mayores pueden colaborar para asegurar una hidratación adecuada:
- Fomentar la ingesta regular de líquidos: No esperar a que sientan sed. Ofrecer líquidos con frecuencia a lo largo del día.
- Establecer un horario: Crear rutinas para beber agua puede ayudar a compensar la disminución de la sensación de sed.
- Ofrecer variedad de líquidos: Aunque el agua es la mejor opción, se pueden incluir jugos naturales, leche, sopas, caldos bajos en sal e infusiones de hierbas.
- Incorporar alimentos ricos en agua: Frutas como melón, sandía, naranjas, y verduras como pepino, lechuga y tomate contribuyen a la hidratación.
- Introducir líquidos de forma gradual: Si la persona es reacia a beber, comenzar con pequeñas cantidades y ofrecer las bebidas que prefiera (siempre que sean saludables), aumentando progresivamente el volumen.
- Monitorizar el color de la orina: Una orina de color amarillo claro es un signo de buena hidratación; una orina oscura indica la necesidad de beber más.
- Limitar o evitar bebidas deshidratantes: Reducir el consumo de cafeína (café, té negro) y alcohol, ya que pueden aumentar la necesidad de agua.
- Mantener un ambiente fresco: En climas cálidos, asegurar una temperatura confortable en el hogar y evitar la exposición al calor extremo. Utilizar ropa adecuada.
- Adaptar la ingesta a la actividad física y el clima: Aumentar la ingesta de líquidos en días calurosos o al realizar actividad física.
- Consultar al médico: Ante cualquier cambio o alteración en el estado mental, es fundamental buscar atención médica, ya que podría ser un síntoma de deshidratación.
- Considerar productos específicos: Existen productos diseñados para facilitar la ingesta de líquidos en personas con problemas de deglución.
Estudios y Evidencia Científica
Diversos estudios han puesto de manifiesto la prevalencia de la ingesta insuficiente de líquidos en personas mayores a nivel global. Investigaciones realizadas en España, Alemania, Francia, Reino Unido, Corea, Australia y Polonia coinciden en señalar que la mayoría de los adultos mayores de 65 años consumen menos agua de la recomendada por organismos como la EFSA.
Un estudio observacional llevado a cabo en consultas de Atención Primaria en España con pacientes mayores de 65 años reveló que el consumo medio diario de agua contenida en líquidos fue de 1.948,01 ml, considerado insuficiente según las recomendaciones de la EFSA. Se observó una correlación negativa entre la edad y el consumo de agua, siendo la ingesta más baja en los sujetos de mayor edad. Si bien el sexo femenino mostró una ingesta ligeramente más adecuada, el problema de la hidratación insuficiente fue generalizado, especialmente en hombres y personas más sedentarias.
Estos estudios subrayan la necesidad de concienciar a la población, a los cuidadores y a los profesionales de la salud sobre la importancia de la hidratación en la tercera edad y de implementar estrategias proactivas para prevenir la deshidratación.