La educación parvularia, reconocida hoy como el primer nivel del sistema educativo, ha recorrido un largo camino desde sus orígenes hasta su consolidación actual, especialmente en la atención a niñas y niños de sectores vulnerables. Esta etapa educativa, dirigida a la primera infancia (de 0 a 6 años), se centra en el bienestar y desarrollo integral de los infantes.

La Evolución del Concepto de Niñez y los Primeros Cuidados
Desde tiempos ancestrales, diversas culturas han demostrado una profunda preocupación por la infancia. Por ejemplo, la cultura mapuche realizaba ritos antes del nacimiento para fortalecer al niño en el periodo de gestación. Los yámanas, por su parte, crearon la figura de las “madrinas” y contaban con un espacio (choza) donde niños y adultos se reunían para participar en actividades conjuntas, como la recolección de leña. Las costumbres de los kawéshkar incluían prácticas similares y una muy especial que consistía en dar nombres a cada miembro de la comunidad, después de encontrar alguna característica propia del niño o niña que nacía, ya fuera un rasgo físico o un sonido hecho durante sus primeros años de vida.
No obstante, la concepción moderna de la niñez como un estado especial del desarrollo humano comenzó a forjarse a fines del siglo XVIII y principios del XIX en Europa. Figuras como Jean-Jacques Rousseau afirmaron que la niñez era una etapa con características y necesidades propias, distintas a las de los adultos y jóvenes, incluyendo importantes requerimientos físicos y afectivos.
Orígenes de la Educación Parvularia Moderna: La Escuela Nueva
De esta visión reformista, surge lo que es considerado el origen de la Educación Parvularia: la Escuela Nueva o Escuela Activa, un movimiento pedagógico crítico de la educación tradicional formal, que buscaba responder a las necesidades específicas de cada alumno. En la Escuela Nueva, el niño debía estar en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, y el profesor debía ser un “dinamizador de la vida en el aula, atento a las necesidades e intereses de sus alumnos”.
Estos cambios en la concepción de la niñez fueron acompañados por las visiones de pedagogos cuya influencia sigue vigente: el sueco Johann Heinrich Pestalozzi, el alemán Friedrich Fröebel y, más adelante, la educadora italiana María Montessori.

Fröebel, discípulo de Pestalozzi, propuso el Sistema del Jardín de la Infancia, donde el juego era la herramienta pedagógica más esencial. Se le atribuye la creación del concepto de jardín infantil o kindergarten -que significa “el jardín de los niños”-. Gracias a estos visionarios, la educación de la primera infancia comenzó a tomar forma sistemática.
Modelos Pioneros Europeos para Niños de Sectores Vulnerables
Las primeras instituciones escolares para la primera infancia con fines primordialmente educativos surgieron en Inglaterra a principios del siglo XIX. Estas iniciativas, con un propósito filantrópico y reformista, buscaban escolarizar a los niños y niñas de las clases trabajadoras o pobres de las ciudades durante los primeros años de la Revolución Industrial, cuando empezaban a manifestarse los síntomas de la “cuestión social”. La escuela era vista como un medio de moralización social y un remedio contra la delincuencia infantil.
Las Infant Schools en Inglaterra
La primera Infant School surgió en 1816 gracias a Robert Owen (1771-1858), quien creó en New Lanark (Escocia) escuelas anexas a sus fábricas para los hijos de los trabajadores, con James Buchanan (1784-1857) como maestro.
El creador del modelo de las Infant Schools fue Samuel Wilderspin (1791-1866). Tras conocer a Buchanan y hacerse cargo de una Infant School promovida en Londres por los cuáqueros en 1820, Wilderspin dedicó el resto de su vida a la difusión de estos establecimientos. Sus obras principales, como On the Importance of Educating the Infant Children of the Poor (1823) y The Infant System for Developing the Intellectual and Moral Powers of all Children, from One to Seven Years of Age (1832), detallaban su sistema. Este último libro incluía un plano modelo de Infant School en un edificio de dos plantas.

En los grabados de sus obras, se aprecia que la escuela estaba a cargo de un maestro y una maestra auxiliar. La sala de clase, rectangular y espaciosa, disponía de bancos corridos y fijos a ambos lados, gradas al fondo para la enseñanza simultánea, postes con carteles para la lectura en el centro, y mapas y carteles en las paredes. El modelo, aunque objeto de variaciones y adaptaciones (como el aula de la Bristol Infant School), conservaba la idea básica original. Wilderspin concedía gran importancia al patio de recreo.
Las Salles d’Asile en Francia
En Francia, la primera escuela infantil, o salle d’asile, fue creada en París en 1826 por Denys Cochin (1789-1841), alcalde de un distrito parisino con alta concentración de niños de familias pobres. Cochin alquiló dos salas para ubicar escuelas, poniendo al frente a una madre con su hija. Ese mismo año, un comité de damas nobles presidido por la marquesa de Pastoret también había creado una escuela infantil a cargo de religiosas. El comité contactó a Cochin y le confió la responsabilidad de la escuela, enviando a alguien a Inglaterra para conocer las Infant Schools inglesas.
Esta tarea recayó en 1827 en Mme. Millet, a quien Cochin acompañaría. Ese año, Cochin construyó a su costa una escuela con dos aulas de enseñanza primaria y una de párvulos (salle d’asile), dirigiendo y costeando su funcionamiento. Se creó también una escuela normal para la formación de maestras de salas de asilo bajo la dirección de Mme. Millet. Cochin lideró un movimiento en favor de las salles d’asile, llegando a haber 93 en París en 1835.

Los grabados del libro de Cochin muestran el ideal de salle d’asile, incluyendo el plano general del aula, la entrada desde el patio, vistas generales del aula con niños realizando actividades, y niños sentados en bancos o gradas. A diferencia de las Infant Schools inglesas, las salles d’asile francesas estaban a cargo de dos maestras. En 1881, la denominación de salles d’asile fue legalmente sustituida por la de écoles maternelles, indicando un paso de una escuela asistencial a una de índole educativa, y la ampliación de sus destinatarios más allá de la clase trabajadora.
Influencia en España: Las Escuelas de Párvulos
En España, la influencia de las ideas de Wilderspin fue evidente, especialmente en la vida y escritos de Pablo Montesino (1781-1849). La introducción de las llamadas escuelas de párvulos fue promovida por la Sociedad encargada de Propagar y Mejorar la Educación del Pueblo, fundada en 1838. La primera escuela de este tipo, la de Virio, se creó en Madrid en 1838, sirviendo como Escuela Normal o modelo para la formación de maestros. Montesino desempeñó un papel fundamental, escribiendo su Manual para los maestros de las escuelas de párvulos (1840), que exponía su origen, finalidad, organización, medios, maestros y currículum, e incluía grabados que representaban el local, mobiliario y aparato de estas escuelas, con claras similitudes al modelo de Wilderspin.
La Educación Parvularia en Chile: Un Recorrido Histórico
La práctica de la Educación Parvularia en Chile comienza a fines del siglo XIX, inspirada por las corrientes europeas. La Escuela Nueva llega al país a través de libros y viajes de delegados del gobierno que exploraron nuevas tendencias y teorías de los kindergártenes para replicarlas en Chile. Domingo Faustino Sarmiento, por ejemplo, fundaría la Escuela Normal de Preceptores (la primera de Latinoamérica en formar maestros) y realizaría viajes de estudio para conocer y replicar experiencias internacionales.
Los Primeros Pasos y la Consolidación
- 1864: Influenciada por una visión francesa, empieza a funcionar la primera Escuela de Párvulos en el Departamento de Santiago, a cargo de una monja y maestras preceptoras chilenas como Carmen Torres y Emilia Lavín.
- 1883: Ya existían cuatro escuelas enfocadas en atender a niñas y niños provenientes de sectores marginados.
- Principios del siglo XX: Por los aportes del intelectual Valentín Letelier, quien rescató el funcionamiento de los jardines infantiles alemanes, Chile comenzó a considerar el modelo educativo germano.
- 16 de agosto de 1906: Se crea el primer kindergarten público, anexado a la Escuela Normal N° 1 de Santiago, marcando un hito en la educación parvularia formal.
- 1907: Se realiza el primer curso de “Maestras de Jardín Infantil”.
- 1910: Los jardines infantiles se consideraban “nacionalizados” al contar con un programa educacional propio, y los cursos para maestras se habían extendido por todo el país.
La Educación Parvularia, inspirada en la corriente alemana y el ideario de Fröebel, se arraigaba en Chile con una concepción de educación desde el nacimiento, enfoque en la calidad de los contenidos para un trabajo activo de los párvulos, respeto a la integralidad y características de desarrollo de los niños, con el juego como herramienta docente y contacto directo con los padres.
La Influencia Montessori y la Formación Profesional
En 1925, Aída Larraguibel Moreno, alumna de la Universidad de Concepción, conoció el enfoque del sistema Montessori y profundizó en él viajando a Buenos Aires, donde conoció a su creadora y visitó establecimientos que lo aplicaban. Aunque su repercusión en el ámbito estatal chileno no fue mucha, su acogida se centró en establecimientos particulares, donde prosperó y adquirió prestigio.
Un momento clave para la formación profesional fue en 1944, cuando la Universidad de Chile, liderada por Amanda Labarca, fundó la Escuela de Educadoras de Párvulos. Esta escuela, con bases filosóficas, psicosociológicas y pedagógicas, ofreció al país un nuevo concepto de Educación Parvularia, centrando la formación en el autoconocimiento y el conocimiento del camino hacia una idea.
Universalización y Fortalecimiento Institucional
Para 1970, la educación de párvulos en Chile ya tenía su identidad propia. Ese año, la promulgación de la Ley N° 17.301 dio origen a la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), marcando el inicio del periodo fundamental en la universalización del nivel parvulario y un reconocimiento concreto del Estado a la infancia.
La primera vicepresidenta ejecutiva de JUNJI fue la educadora Carmen Fischer. La atención de párvulos creció sustantivamente en los primeros años de la década de 1970. En regiones, como Atacama, JUNJI llegó en 1972 con la fundación del Jardín Infantil “Piolín” en Copiapó. La profesional María Cristina Becerra relata que, en esa época, las familias apoyaban constantemente la labor educativa, integrando al jardín infantil en la vida social del sector. En la Provincia del Huasco, establecimientos como “Pelusita” y “Naranjito” comenzaron a funcionar casi en paralelo.

En la década de 1980, se sumaron programas educativos como “Amanecer”, “Rabito” y “Campanitas”, y en 1985 se abrió un centro parvulario en Alto del Carmen. El fortalecimiento institucional en Atacama incluyó la conformación de la Delegación Regional en 1974, con Lucía Henríquez Alcayaga como la primera delegada regional en 1975. Este equipo formó parte de las primeras profesionales que dieron vida a la Escuela de Educadoras de Párvulos de la naciente Universidad de Atacama (1981).
A partir de 1990, estas delegaciones se transformaron en direcciones regionales, asumiendo sucesivamente el cargo directores como Ghislaine Thonet, Juana Aracena, Guida Rojas, Anelice Véliz, Marcia Quezada, Silvia Álvarez, Marcela González, José Luis Matamala, Elena Martín y Luis Campusano.
Marco Normativo y Desarrollo Reciente
Aunque la educación parvularia existía desde hace más de un siglo, su reconocimiento oficial como nivel educativo vino más tarde. En 1990, con la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), fue formalmente reconocida como parte del sistema educativo chileno. Durante los 80, hubo una explosión de universidades privadas e institutos profesionales que empezaron a impartir esta carrera, y la Universidad de Chile reabrió sus aulas para preparar a docentes preescolares en 2001.
En 2015, la creación de la Subsecretaría de Educación Parvularia y, un año después, de la Intendencia de Educación Parvularia, marcaron un hito, fortaleciendo los marcos normativos y pedagógicos. La Subsecretaría de Educación Parvularia cumplirá 10 años en 2025, y gracias a su trabajo, más de 710 mil niñas y niños reciben hoy una formación centrada en su bienestar y desarrollo integral en salas cuna, jardines infantiles y escuelas del país.
Actualmente, la educación parvularia en Chile es el primer nivel del sistema educativo, dirigido a niñas y niños desde los 0 hasta los 6 años. Se organiza en tres niveles:
- Sala cuna: de 0 a 2 años.
- Nivel medio: de 2 a 4 años.
- Nivel de transición: Prekínder y Kínder, desde los 4 hasta los 6 años.
Esta etapa se imparte en una amplia red de instituciones: jardines infantiles municipales, particulares subvencionados y particulares pagados, además de escuelas con nivel parvulario. La educación parvularia en Chile pone el foco en el juego, la exploración y el vínculo afectivo como ejes del aprendizaje, promoviendo la participación activa y corresponsable de las familias, reconociéndolas como primeras educadoras.