La situación de la infancia vulnerada y bajo la protección del Estado en Chile ha generado un intenso debate, especialmente en relación con las residencias que antes dependían del SENAME y ahora de Mejor Niñez. El imaginario colectivo aún asocia el término "Sename" con una realidad compleja, lo que impulsa a buscar soluciones y mejoras en el sistema.

El desafío de la visibilización de la infancia vulnerable
Es impresionante que tres niños pequeños hayan pasado seis días solos en la vía pública sin generar ninguna reacción de parte de los adultos que se toparon con ellos. Eso es un reflejo de cómo estamos viendo o no viendo a nuestras infancias. Surge la pregunta: ¿Por qué los niños no logran adquirir relevancia y ser vistos como los sujetos de derecho que son? Pese a haber firmado la Convención de los Derechos del Niño y la Niña hace más de 30 años, recién estamos viendo una Ley de Garantías de la Infancia que puede traducir en la práctica esa protección tan relevante.
Cambio de paradigma en las residencias de protección
Hace pocos años atrás, las residencias eran espacios iatrogénicos, que más bien vulneraban gravemente los derechos de niños y niñas en vez de repararlos. En el país, llegó a haber residencias para más de 200 niños, con equipos con deficiente formación profesional, con niños de distintos rangos etarios con distintas complejidades, viviendo en espacios precarios, con infraestructuras deficientes. Eran recintos de encierro, donde se daba pan, techo y abrigo, no más.
Hoy, la necesidad de un cambio de paradigma hacia un modelo de residencia mucho más terapéutico, con un enfoque de cuidado, es evidente. Actualmente, los niños llegan a lugares menos masivos con un máximo de 12 residentes, aunque la crisis de oferta ha provocado que algunas residencias operen con el doble de esa capacidad. Otro importante aprendizaje es la importancia de trabajar con la familia, muchas veces vistas como antagonistas.
Las residencias han mejorado sus estándares de calidad y hay división por tramos etarios. Esto era un temor para los hermanos, porque iban a ser separados. Lo ideal es que ningún niño o niña termine en una residencia y que puedan estar con un familiar directo, pero en algunos casos eso es imposible. Para cualquier niño o niña en pobreza y vulnerabilidad, en su imaginario simbólico, caer en el Sename es lo peor que le puede pasar.
Defensor de la Niñez reveló falencias en el sistema de residencias | CNN Prime
Las familias de acogida: una alternativa fundamental
En el Hogar de Cristo, se valoran a las familias de acogida como política pública, esperando que hubiera muchas más. La experiencia demuestra lo bien que le puede hacer a un niño que está viviendo una grave vulneración de derechos ser acogido en un núcleo familiar. Sin embargo, no hay suficientes familias de acogida, falta darlas a conocer y también capacitarlas. En general, tienden a privilegiar a los niños pequeños.
Las familias de acogida son muy poco conocidas en Chile, aunque como política pública han existido siempre, antes llamadas familias cuidadoras. Desde la entrada en democracia, existe una política robusta en esta línea, que se conoce muy poco y la gente suele asociar con la etapa de lactancia. Hay muchos mitos en torno a ellas. La evaluación para convertirse en familia de acogida es breve, durando máximo tres meses, y el concepto de familia ha cambiado.
Acoger a un niño en casa puede ser una experiencia maravillosa, generando un vínculo fortísimo. Por ejemplo, un joven en una residencia al cumplir 17 años, 11 meses y 29 días, la mayoría de edad, debe irse a la calle si no está estudiando, lo que se asemeja a un precipicio. Ese mismo cumpleaños tiene otro sentido en el caso de un joven en una familia de acogida, que está dispuesta a acompañar la experiencia vital de la persona todo el tiempo que necesite.
En la mayoría de los programas, las familias de acogida reciben alrededor de cien mil pesos de subvención mensual por niño. Estos programas se renuevan cada tres o seis meses, según lo que determina el juez. Los programas buscan hacer todo lo posible para que el niño vuelva con su familia de origen en un plazo máximo de un año y medio.
En términos de vínculo, una familia de acogida siempre será mejor. El tema es que no siempre hay familias dispuestas a recibir niños con trauma complejo y altas necesidades terapéuticas. Para esos casos, las residencias especializadas son clave. También es vital hacer un trabajo de joyería con la familia de origen y establecer padrinajes con la familia extendida para que los niños en el sistema residencial puedan salir los fines de semana o en vacaciones a experimentar la vida familiar. Mientras no tengamos un sistema robusto en familias de acogida, será necesario manejarse en paralelo, estableciendo altos estándares para las residencias. También es necesario capacitar a las familias de acogida en manejo de trauma.
La perspectiva de los expertos y madres de acogida
La psicóloga Vinka Jackson, especializada en ética del cuidado y prevención e intervención en trauma por abuso sexual infantil, también ha sido madre de acogida en Estados Unidos en dos ocasiones. Destaca que en Estados Unidos, por la dispersión geográfica de las familias, si en un accidente automovilístico solo sobreviven los hijos pequeños, todos saben que por ley esos niños quedarán bajo la protección del Estado de inmediato. En contraste, en Chile, el sistema estatal de protección suele ser mayoritariamente el destino de la infancia en pobreza.
Vinka Jackson afirma que la familia de acogida es, sin ninguna duda, la mejor opción. Reflexionando sobre su propia infancia vulnerada, considera que haber sido llevada a un hogar de menores habría sido mucho peor. A pesar de los abusos, existía un mecanismo de ajuste psicológico que le permitía subsistir en otras áreas de su vida familiar, como el colegio o clases de ballet, donde encontraba refugio y apoyo en sus profesores.
Vinka también subraya la falta de formación en las profesiones que trabajan con niños en este tema en países como Chile. No se refiere solo a psicólogos, sino a profesores, abogados, médicos, trabajadores sociales. A lo largo de los años, no ha habido un ítem presupuestario para formación en manejo de trauma complejo para los trabajadores del Sename. La "mejor niñez" debe tener dentro de sus prioridades esa herramienta: el manejo del trauma por abuso para contener situaciones de crisis emocional.
Sobre el apoyo a los jóvenes que egresan del sistema, las historias son peores que las de Dickens. Vinka cree que todos los que tienen hijos deberían pensar cómo desearían que fueran cuidados sus hijos e hijas si por algún motivo terminaran en una residencia del Sename. Esta debería ser una pregunta permanente en nuestras conciencias y no una reacción visceral e indignada frente a tragedias puntuales. Todos tenemos responsabilidad en la calidad del sistema de protección de la infancia en democracia.
Sus dos experiencias de acogida fueron con adolescentes y ambas fueron súper positivas. Uno de los niños venía de otro país, había sido adoptado y devuelto y vuelto a adoptar, quedando sin casa. El otro venía de una crisis familiar más ajustada a la "normalidad": separación agresiva de los padres y ruina económica. Aunque la adolescencia suele ser problemática, especialmente para quienes han sido víctimas de múltiples violencias, existe en todos una receptividad a la ternura y al afecto que hay que saber despertar. Se trata de enseñar y contener, poniendo reglas.
Programas de apoyo y la búsqueda de arriendos
Desde hace un tiempo, SENAME y Serviu Región de Coquimbo vienen trabajando en conjunto a través de un convenio, con el fin de contribuir a superar la condición de vulnerabilidad en la que se encuentran niños, niñas, adolescentes y familias sujetos de atención de la red Sename a nivel regional, para que puedan optar a los Programas de Subsidios Habitacionales del Minvu. Producto de este convenio, en 2020 fueron entregados once subsidios a familias de la región, nueve de ellos del Fondo Solidario de Elección de Vivienda para la compra de un hogar nuevo o usado y 2 recibieron subsidios de arriendo.
La iniciativa busca una integración real de menores vulnerables y que estos, como todos los vecinos de la comuna, tengan un acceso y participación activa de actividades deportivas, recreativas y educativas, que ofrece la Municipalidad de Providencia. Con una entretenida clase de zumba, enfocada en los niños de la Residencia del Sename ubicada en Padre Mariano, la alcaldesa de Providencia Evelyn Matthei, en compañía de la Directora del Servicio Nacional de Menores, Sename, Rosario Martínez, presentaron el programa “Un Vecino Como Tú”. La iniciativa tiene como finalidad integrar a los pequeños a la comunidad, visibilizando la importancia de que se sientan como unos vecinos más y puedan disfrutar y participar de diferentes actividades que realiza la Municipalidad de Providencia.
Para el desarrollo de este programa, se contará con el apoyo de la Fundación Simón de Cirene, quienes serán los encargados de generar una red de voluntarios y apadrinamiento para los niños. Por otra parte, desde el Departamento de Diversidad e Inclusión se brindarán atenciones psicológicas, terapias y apoyo integral para quienes lo necesiten. La alcaldesa de la comuna, Evelyn Matthei, valoró la iniciativa afirmando que "durante años, hemos visto el drama de los niños de los centros del Sename. Ellos no están ahí porque desean, sino por han tenido una infancia compleja y con mucho sufrimiento. Con esta iniciativa queremos que los niños que viven en las residencias del Sename, ubicadas en Providencia, sean parte activa de la comuna y que puedan disfrutar de las actividades, ya que ellos también son vecinos de Providencia.