Vivimos en “tiempos críticos, difíciles de manejar”, los cuales se caracterizan por el egoísmo, el materialismo y el orgullo, provocando con frecuencia disturbios (2 Timoteo 3:1-5). Como cristianos en este sistema de cosas inicuo, nos enfrentamos a tres grandes peligros: Satanás el Diablo, el mundo de la humanidad impía y nuestras tendencias pecaminosas congénitas. Es posible que a veces nos sintamos agobiados por la amenaza de estos peligros, lo que nos lleva a buscar apoyo para aguantar fielmente.
Jehová: La Fuente de Nuestra Fuerza y Consuelo
Saber que Jehová es la Fuente de nuestra fuerza nos da consuelo y seguridad (2 Corintios 1:3, 4; Filipenses 4:13). El salmista David, al recibir la ayuda divina, expresó: “Haz rodar sobre Jehová tu camino, y fíate de él, y él mismo obrará”. También nos animó: “Arroja tu carga sobre Jehová mismo, y él mismo te sustentará”.
Además, nos consuela saber que no somos los únicos que afrontamos pruebas y peligros. El apóstol Pedro instó a sus compañeros cristianos: “Pónganse en contra de [Satanás el Diablo], sólidos en la fe, sabiendo que las mismas cosas en cuanto a sufrimientos van realizándose en toda la asociación de sus hermanos en el mundo” (1 Pedro 5:9). Todo cristiano desea permanecer firme en la fe. Es cierto que a menudo podemos sentirnos ‘oprimidos de toda manera’, como se sintió el apóstol Pablo, pero no ‘se nos aprieta de tal modo que no podamos movernos’.
Al igual que Pablo, puede que nos hallemos perplejos, “pero no absolutamente sin salida”. Incluso si se nos persigue, “no se nos deja sin ayuda”. Si “se nos derriba”, “no se nos destruye”. Por consiguiente, “no nos rendimos” y nos esforzamos por ‘tener los ojos fijos, no en las cosas que se ven, sino en las que no se ven’.

Las Tres Ayudas que Provee Jehová
Jehová, el “Oidor de la oración”, proporciona tres ayudas fundamentales (Salmo 65:2; 1 Juan 5:14):
- Primero, da guía mediante su Palabra inspirada, la Biblia (Salmo 119:105; 2 Timoteo 3:16).
- Segundo, su espíritu santo nos fortalece para hacer su voluntad (Compárese con Hechos 4:29-31).
- Y tercero, la organización terrestre de Jehová está lista para ayudarnos.
El Papel Crucial de los Ancianos Cristianos: Las "Dádivas en Hombres"
La ayuda organizada de Jehová se manifiesta de manera sobresaliente a través de los ancianos cristianos. Un incidente de los días del profeta Moisés ilustra el interés amoroso de Jehová en ayudar a sus siervos. En Taberá, que significa “quema” o “incendio”, Dios encendió un fuego contra los israelitas quejumbrosos. La “muchedumbre mixta” que había salido de Egipto también expresó su descontento por el alimento. Cuando Moisés, agobiado por la responsabilidad, clamó a Dios, Jehová respondió nombrando a “setenta hombres de los ancianos de Israel” y colocando su espíritu sobre ellos para que colaboraran con Moisés en la administración (Números 11:1-17, 24, 25). Este nombramiento facilitó la ayuda al pueblo.
Tiempo después, cuando los israelitas vivían en la Tierra Prometida, Jehová ascendió figurativamente al monte Sión y estableció a David como rey. David alabó a Dios: “Has ascendido a lo alto; te has llevado cautivos; has tomado dones en la forma de hombres” (Salmo 68:14, 18). Estos eran hombres que, tomados cautivos, ayudaban a los levitas.
En el siglo I E.C., el apóstol Pablo explicó el cumplimiento profético de estas palabras, escribiendo que Cristo “ascendió a lo alto se llevó cautivos; dio dádivas en hombres” (Efesios 4:7-10). Este es Jesucristo, el representante de Jehová y Rey Mesiánico, a quien Dios resucitó y ensalzó a “un puesto superior”.
Estas “dádivas en hombres” eran apóstoles, profetas, evangelizadores, pastores y maestros, dados “con miras al reajuste de los santos, para obra ministerial, para la edificación del cuerpo del Cristo” (Efesios 4:11, 12). Todos ellos sirvieron bajo dirección teocrática (Lucas 6:12-16; Hechos 8:12; 11:27, 28; 15:22; 1 Pedro 5:1-3).
Hoy día, ancianos capacitados espiritualmente, nombrados por espíritu santo, sirven como superintendentes en miles de congregaciones de los testigos de Jehová. Ellos son estas “dádivas en hombres” (Hechos 20:28). Con el rápido aumento de la obra de predicar el Reino, más hermanos procuran alcanzar este puesto de superintendente y atender sus responsabilidades.

Los Ancianos como Refugio y Consuelo
Estos ancianos cristianos encajan con la descripción del profeta Isaías sobre los “príncipes” (administradores bajo el Reino): “Cada uno tiene que ser ‘como escondite contra el viento y escondrijo contra la tempestad de lluvia, como corrientes de agua en país árido, como la sombra de un peñasco pesado en una tierra agotada’” (Isaías 32:1, 2). Estas palabras resaltan lo fortalecedora que debe ser la superintendencia amorosa de los hombres nombrados.
Cuándo "Llamar a los Ancianos" y el Significado de la Oración
Cuando nuestra espiritualidad se debilita y nos sumimos en la desesperación, oramos a Jehová, suplicándole guía mediante su espíritu santo (Salmo 55:22; Filipenses 4:6, 7). También buscamos el consuelo de las Escrituras (Romanos 15:4) y consultamos publicaciones cristianas para consejo práctico. Muchas veces, estas ayudas nos permiten resolver nuestros propios problemas.
No obstante, si los problemas nos agobian, podemos buscar el consejo de los ancianos nombrados. De hecho, hay ocasiones en que verdaderamente tenemos que ‘llamar a los ancianos’.
El discípulo Santiago aconseja: “¿Hay alguno enfermo entre ustedes? Que llame a sí a los ancianos de la congregación, y que ellos oren sobre él, untándolo con aceite en el nombre de Jehová” (Santiago 5:14). Aunque algunos comentaristas creen que se refiere a una enfermedad física o a una curación milagrosa, Santiago hablaba de una enfermedad espiritual. El contexto contrasta el ‘sentirse contento’ con ‘sufrir el mal’ (Santiago 5:13).
Santiago instó a llamar a los “ancianos de la congregación”, no a médicos. Los ancianos orarían sobre el enfermo, y “la oración de fe sanará al indispuesto” (Santiago 5:14, 15; compárese con Salmo 119:9-16). Una prueba concluyente de que se refiere a una enfermedad de naturaleza espiritual es que anima al enfermo a confesar sus pecados para recibir curación: “Confiesen abiertamente sus pecados unos a otros y oren unos por otros, para que sean sanados”. Si la enfermedad espiritual es el resultado de un pecado grave, la recuperación solo es posible arrepintiéndose y volviéndose del derrotero pecaminoso.
Cuando un cristiano sufre el mal, debe ‘ocuparse en orar’. Los ancianos cristianos pueden ser una inestimable fuente de ayuda, orando con el enfermo espiritualmente y ‘untándolo con aceite en el nombre de Jehová’ al aplicar con sabiduría la instrucción calmante de la Palabra de Dios (Salmo 141:5). Esto contribuye a la recuperación espiritual. Hablar con un anciano de experiencia fortalece la resolución de hacer lo correcto.
Llevar Cargas y Responsabilidades
Los ancianos cristianos deben “[hablar] confortadoramente a las almas abatidas”, ‘apoyar a los débiles y tener gran paciencia para con todos’. Pablo exhortó: “Hermanos, aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad [...]. Sigan llevando las cargas los unos de los otros, y así cumplan la ley del Cristo”. También escribió: “Porque cada uno llevará su propia carga de responsabilidad”.
La clave está en entender la diferencia entre “cargas” (problemas espirituales muy difíciles de sobrellevar) y “carga de responsabilidad” (nuestra propia responsabilidad ante Dios). Los ancianos y otros compañeros de creencia deben apoyar y ayudar a llevar las “cargas”, pero la persona misma debe llevar su propia “carga de responsabilidad”. Los ancianos llevan con gusto las “cargas” de sus hermanos al animarlos, darles consejo bíblico y orar, pero no quitan nuestra carga personal de responsabilidad espiritual.
La oración es esencial y no debe descuidarse, aunque a muchos enfermos espirituales se les haga difícil orar. Los ancianos ofrecen oraciones de fe a favor del enfermo, y “Jehová lo levantará” del abatimiento, fortaleciéndolo para andar en el camino de la verdad. Si hubiera cometido pecados, se le perdonará. El consejo bíblico de los ancianos, junto con su fervorosa oración, impulsa a la persona débil a confesar cualquier pecado grave y arrepentirse, recibiendo el perdón de Dios.
Aunque algunos cristianos se retraen de buscar ayuda de los ancianos, pensando que están muy ocupados, estas dádivas en hombres son una excelente provisión de Jehová para ayudarnos a aguantar en estos tiempos críticos.
El Salmo 71: La Oración de un Anciano que Confía en Dios
El Salmo 71 es una profunda expresión de fe y confianza en Dios en la vejez, a menudo considerado como la oración de un creyente anciano. Muchos comentaristas creen que es un salmo de David, reflejando su confianza en Dios en sus últimos años, posiblemente bajo la crisis de la rebelión de Absalón, aunque el texto del salmo no lo especifica directamente. Es una súplica de un creyente que, fortalecido por una larga y notable experiencia, clama contra sus enemigos y pide más bendiciones para sí mismo.
Texto Completo del Salmo 71
En ti, oh Jehová, me he refugiado; No sea yo avergonzado jamás.Socórreme y líbrame en tu justicia; Inclina tu oído y sálvame.Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del perverso y violento.Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, Seguridad mía desde mi juventud.En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; De ti será siempre mi alabanza.Como prodigio he sido a muchos, Y tú mi refugio fuerte.Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día.No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.Porque mis enemigos hablan de mí, Y los que acechan mi alma consultaron juntamente,Diciendo: Dios lo ha desamparado; Perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre.Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto en mi socorro.Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; Sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que mi mal buscan.Mas yo esperaré siempre, Y te alabaré más y más.Mi boca publicará tu justicia Y tus hechos de salvación todo el día, Aunque no sé su número.Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; Haré memoria de tu justicia, de la tuya sola.Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, Y hasta ahora he manifestado tus maravillas.Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu potencia a todos los que han de venir,Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso. Tú has hecho grandes cosas; Oh Dios, ¿quién como tú?Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, Volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra.Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme.Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, Oh Dios mío; tu verdad cantaré a ti en el arpa, Oh Santo de Israel.Mis labios se alegrarán cuando cante a ti, Y mi alma, la cual redimiste.Mi lengua hablará también de tu justicia todo el día; Por cuanto han sido avergonzados, porque han sido confundidos los que mi mal procuraban.

Análisis del Salmo 71: Confianza, Esperanza y Alabanza en la Vejez
En el Salmo 71, encontramos la oración de un creyente que, a pesar de enfrentar problemas y estar rodeado de enemigos, confía plenamente en Dios. El salmista reflexiona sobre la vejez y comparte su sabiduría, reconociendo problemas comunes como la debilidad física, el aumento de dificultades y la sensación de estar solo.
Habiendo conocido a Dios desde su juventud, el salmista reconoce la presencia, fidelidad y bendición divina a lo largo de su vida. A diferencia de quienes solo miran hacia el pasado con infelicidad, él mira hacia el futuro con expectativa, creyendo que si Dios le permite vivir, aún hay trabajo por hacer, como transmitir la fe y la sabiduría a las generaciones más jóvenes. Después de reflexionar sobre el pasado y el futuro, el salmista alaba a Dios en el presente, destacando Su justicia y fidelidad como motivo de alabanza.
1. Confianza Inquebrantable en Jehová (Salmo 71:1-4)
El salmista comienza su oración con una declaración de fe: “En ti, oh Jehová, me he refugiado; No sea yo avergonzado jamás”. Él valientemente pide a Dios que actúe justamente en su defensa: “Socórreme y líbrame en tu justicia; Inclina tu oído y sálvame”. Busca en Dios un refugio constante, afirmando: “Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, Porque tú eres mi roca y mi fortaleza”. Revela que la fuente de su miseria son hombres impíos, perversos y violentos, y clama: “Dios mío, líbrame de la mano del impío, De la mano del perverso y violento”.
2. Esperanza y Alabanza desde la Juventud (Salmo 71:5-8)
El salmista proclama su esperanza y seguridad en Dios: “Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, Seguridad mía desde mi juventud”. Reconoce la provisión divina desde el nacimiento: “En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó”. Por ello, su alabanza es continua: “De ti será siempre mi alabanza” y “Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día”. Aunque se considera un “prodigio” para muchos debido a sus adversidades, declara que Dios es su “refugio fuerte”.
3. Súplica en la Vejez y contra Enemigos (Salmo 71:9-13)
El salmista pide la continuidad de la fidelidad de Dios en su vejez: “No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares”. Esta es una oración natural para quien ve la vejez acercarse, pidiendo gracia y fuerza especiales. Sus enemigos, sin embargo, hablan contra él, afirmando: “Dios lo ha desamparado; Perseguidle y tomadle, porque no hay quien le libre”. Sabiendo esto, suplica: “Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto en mi socorro”. Además, desea que sus adversarios sean avergonzados y confundidos.
4. Perseverancia y Proclamación de la Justicia Divina (Salmo 71:14-19)
A pesar de la grave crisis, el salmista no desespera: “Mas yo esperaré siempre, Y te alabaré más y más”. Él promete publicar la justicia y los hechos de salvación de Dios “todo el día”, porque su número es incontable. Se compromete a recordar solo la justicia de Dios, no la propia: “Haré memoria de tu justicia, de la tuya sola”. Habiendo sido enseñado por Dios desde su juventud, ahora desea anunciar Su poder y potencia a la posteridad. Contempla la grandeza de Dios, cuya justicia es excelsa y quien ha hecho grandes cosas, exclamando: “Oh Dios, ¿quién como tú?”
5. Restauración y Consuelo Divino (Salmo 71:20-24)
Aunque ha visto “muchas angustias y males”, el salmista confía en la restauración divina: “Volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra”. Proclama con confianza: “Aumentarás mi grandeza, Y volverás a consolarme”. Él promete alabar a Dios no solo con su voz, sino también con instrumentos musicales como el salterio y el arpa, refiriéndose a Dios como el “Santo de Israel”. Sus labios y alma se alegrarán al cantar a Él, y su lengua hablará de la justicia de Dios todo el día, regocijándose en la confusión de sus enemigos.
El Salmo 71 ilustra vívidamente la fortaleza espiritual que un creyente puede encontrar en Dios a lo largo de su vida, especialmente en la vejez. Este salmo refleja la importancia de la oración y la confianza inquebrantable en Jehová, un tema que resuena con el consejo de Santiago sobre buscar la ayuda de los ancianos en tiempos de enfermedad espiritual.