Una caída se define como un evento que ocurre cuando una persona cae inadvertidamente al suelo o a otro nivel inferior. Aunque las caídas no suelen tener mayores consecuencias en la vida cotidiana, en ocasiones pueden ser graves e, incluso, fatales. El riesgo de caídas crece a medida que se envejece, poniendo en riesgo la independencia de los ancianos y causando una cascada de problemas individuales y socioeconómicos.
Introducción y Magnitud del Problema
Las caídas representan un problema significativo para la salud pública a nivel mundial. En personas mayores de 65 años, son la causa principal de muerte relacionada con lesiones y la séptima causa principal de todas las muertes (1). Anualmente, se producen aproximadamente 684.000 caídas mortales, convirtiéndolas en la segunda causa mundial de defunción por traumatismos involuntarios, después de las colisiones de tránsito. Más del 80% de estas defunciones se registran en países de ingresos medianos y bajos, con las mayores tasas de mortalidad en personas mayores de 60 años en todas las regiones.
En Estados Unidos, anualmente más de 14 millones de adultos mayores de 65 años informan de caídas, lo que representa un total de aproximadamente 36 millones de caídas (2). Un gran número de estas resultan en una lesión, con aproximadamente el 37% de las personas que caen informando una lesión que requirió tratamiento médico o que restringió su actividad durante al menos un día, resultando en un estimado de 9 millones de lesiones por caídas cada año. El número de caídas y muertes relacionadas está aumentando; la tasa de muerte por caídas ajustada por edad aumentó un 41% de 55,3 cada 100.000 adultos mayores en 2012 a 78,0 cada 100.000 adultos mayores en 2021 (3).
En Chile, un estudio del año 2001 mostró que el 64% de los 571 entrevistados presentó una caída y el 36% tuvo dos o más caídas en los últimos seis meses (3). Además, un 5% de las caídas en el adulto mayor (AM) necesitarán hospitalización, principalmente por fractura de cadera, aumentando la mortalidad, ya que en uno de cada tres de estos casos, los pacientes fallecerán en el plazo de un año.
Aunque no resulten mortales, cerca de 37,3 millones de caídas al año revisten suficiente gravedad como para requerir atención médica (Fuente: OMS). Estas caídas causan anualmente la pérdida de 38 millones de años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD), superando la suma de AVAD perdidos por traumatismos en medios de transporte, ahogamientos, quemaduras y envenenamientos.
Las caídas también son más comunes en mujeres que en hombres y más en aquellos que viven en un entorno rural comparado con los que viven en un entorno urbano. Los costos económicos son considerables, y las personas que padecen discapacidad a consecuencia de una caída tienen más probabilidades de necesitar atención a largo plazo y de ser internados en un establecimiento sanitario, sobre todo los ancianos.
Los médicos muchas veces no advierten caídas en un paciente que no presenta lesiones porque la anamnesis y el examen físico en general no incluyen la búsqueda específica de este evento. Muchas personas ancianas se muestran reticentes a informar una caída porque la atribuyen al proceso de envejecimiento o porque tienen miedo de que limiten sus actividades o las internen. Sin embargo, es necesario informar las caídas a los médicos para prevenir futuras caídas. Cuando no se informan caídas y no se instituyen medidas preventivas, los pacientes presentan alto riesgo de volver a caer, lo que supone una carga significativa para el sistema de salud. Se espera que esta carga aumente dado el crecimiento proyectado de la población que envejece. Por lo tanto, resulta imperativo implementar intervenciones como educación para la prevención de caídas, ejercicios funcionales y estrategias de mitigación de lesiones.

Etiología de las Caídas: Factores de Riesgo
El predictor más consistente de una caída es una caída previa. Sin embargo, las caídas en las personas ancianas rara vez tienen una sola causa o factor de riesgo. Una caída suele ser el resultado de una interacción compleja multifactorial entre factores intrínsecos, extrínsecos y situacionales.
Factores Intrínsecos
Estos factores se relacionan con el deterioro de la función debido a la edad, trastornos de salud y efectos adversos de fármacos:
- Cambios relacionados con la edad: Afectan los sistemas comprometidos en mantener el equilibrio y la estabilidad. Se reducen la agudeza visual, la percepción de contrastes y profundidad, y la adaptación a la oscuridad. La pérdida o los trastornos sensitivos y la disfunción cerebelosa pueden disminuir los reflejos posturales y afectar el equilibrio. Los cambios en los patrones de activación muscular y la capacidad de generar suficiente potencia y velocidad muscular pueden afectar la habilidad de mantener o recuperar el equilibrio en respuesta a los cambios. De hecho, la debilidad muscular de cualquier tipo es un importante predictor de caídas. A medida que el deterioro cognitivo aumenta con la edad, también lo hace el riesgo de caídas, en parte porque los adultos mayores con deterioro cognitivo pueden no recordar que deben tomar medidas de seguridad.
- Trastornos crónicos y agudos: Diversas enfermedades y condiciones médicas son los principales factores de riesgo para experimentar caídas.
- Uso de fármacos: El riesgo aumenta en función del número de medicamentos que recibe el paciente. Varias clases de medicamentos incrementan el riesgo, pero los medicamentos psicoactivos son los reportados con mayor frecuencia como causantes de un aumento tanto del riesgo de caídas como de las lesiones relacionadas. Por ejemplo, los antihipertensivos, diuréticos, tranquilizantes, antidepresivos e inductores de sueño.
- Condiciones óseas y musculares: La osteoporosis y los cambios en la calidad ósea relacionados con la edad, que aumentan la fragilidad ósea, elevan el riesgo de una caída traumática que provoca una fractura. La pérdida de músculo (sarcopenia) reduce las respuestas protectoras a las perturbaciones. La sarcopenia se refiere a la pérdida de masa muscular y rendimiento físico asociada con la edad, y se convierte en una condición progresiva, rápida y debilitante después de los 60 años. A este término se suma la dinapenia, que se refiere a la disminución de la fuerza y potencia muscular con el tiempo.
Factores Extrínsecos
Los factores ambientales pueden aumentar el riesgo de caídas en forma independiente o, más importantemente, a través de la interacción con los factores intrínsecos. El riesgo es máximo cuando las condiciones del medio requieren un mayor control postural y del movimiento (p. ej., al caminar sobre una superficie resbaladiza) y cuando el entorno no resulta familiar (tras una mudanza a un nuevo domicilio). Los adultos mayores que usan dispositivos de asistencia para la movilidad tienen más probabilidades de informar un historial de caídas (1), lo que refleja las limitaciones de movilidad subyacentes y comorbilidades que llevaron a la prescripción del dispositivo, en lugar de que los dispositivos sean inherentemente promotores de caídas. Las condiciones ambientales que favorecen estos accidentes incluyen alfombras sueltas, iluminación insuficiente, objetos o cables en los pasillos y pisos en mal estado.
- West BA, Bhat G, Stevens J, Bergen G. Assistive device use and mobility-related factors among adults aged ≥ 65years. J Safety Res. 2015;55:147-150. doi:10.1016/j.jsr.2015.08.010
Factores Situacionales
Algunas actividades o decisiones pueden aumentar el riesgo de caídas y de lesiones relacionadas. Algunos ejemplos son:
- Estar distraído (p. ej., caminar mientras se habla o se mira un teléfono inteligente) y no notar un peligro ambiental (p. ej., un bordillo o un escalón).
- Correr al baño (especialmente por la noche cuando no se está completamente despierto o cuando la iluminación puede ser inadecuada).
- Usar una escalera.
La demencia puede exacerbar muchas de estas situaciones peligrosas que causan caídas. El deterioro de la cognición, el juicio y la conciencia de los peligros puede hacer que los adultos mayores se distraigan, se apresuren y no noten los peligros ambientales, lo que aumenta significativamente el riesgo de caídas.

Evaluación del Riesgo de Caídas
La evaluación del riesgo de caídas tiene como objetivo identificar adultos mayores que pueden presentar alto riesgo de caídas para implementar estrategias preventivas. Esta evaluación no es un examen físico exhaustivo, sino una revisión estructurada usando cuestionarios, observación y herramientas de detección dirigidas. Después del tratamiento de las lesiones agudas, la evaluación debe intentar identificar los factores de riesgo y las intervenciones apropiadas para reducir la incidencia de futuras caídas y de lesiones relacionadas (1).
Los médicos deben preguntar sobre caídas previas, así como sobre las condiciones, los medicamentos y los factores situacionales que aumentan el riesgo de caídas. En el examen físico o de salud periódico, se les debe pedir a los ancianos información sobre caídas en el último año y dificultades con el equilibrio o la deambulación (1). Dado que los adultos mayores a menudo no refieren haberse caído, se les debe preguntar sobre caídas o problemas de movilidad en cada consulta.
Anamnesis y Examen Físico
Cuando se requiere una evaluación más completa de los factores de riesgo de caída, esta debe centrarse en la identificación de los factores intrínsecos, extrínsecos y situacionales que pueden reducirse mediante intervenciones específicas. Sin embargo, puede ser imposible eliminar por completo el riesgo de futuras caídas.
- Anamnesis: A los adultos mayores se les deben formular preguntas abiertas sobre su caída o caídas más recientes, seguidas de preguntas más específicas sobre cuándo y dónde se produjo la caída y qué estaban haciendo (factores de riesgo situacionales). A continuación, deben realizarse las mismas preguntas a testigos. Asimismo, los pacientes deben informar si percibieron síntomas premonitorios o asociados (p. ej., palpitaciones, disnea, dolor torácico, vértigo, mareos), y si perdieron la consciencia. Se debe preguntar también al paciente si pueden identificar factores extrínsecos o situacionales evidentes. La anamnesis debe incluir preguntas sobre enfermedades pasadas y presentes, consumo de fármacos que se adquieren bajo prescripción médica y de venta libre, y consumo de alcohol o medicamentos psicoactivos. Debe preguntarse a los pacientes si pudieron volver a levantarse sin ayuda después de caer y si se produjo alguna lesión; el objetivo es reducir el riesgo de complicaciones debido a futuras caídas.
- Examen Físico: Debe ser bastante completo para excluir causas intrínsecas evidentes de caídas. Si la caída fue reciente, debe medirse la temperatura para determinar si la fiebre contribuyó al accidente. También es preciso determinar la frecuencia y el ritmo cardíaco con el fin de detectar bradicardia, taquicardia en reposo o arritmias. La auscultación puede detectar algunos trastornos valvulares cardíacos. La presión arterial debe medirse con los adultos mayores en decúbito supino y después de que los adultos mayores permanezcan de pie durante 1 y 3 minutos para excluir hipotensión ortostática. La agudeza visual debe examinarse con lentes correctoras en caso de necesitarlas. El paciente con disminución de la agudeza visual requiere un examen visual más detallado a cargo de un optometrista o un oftalmólogo. El cuello, la columna vertebral y los miembros (en especial, las piernas y los pies) deben evaluarse para identificar debilidad, deformidades, dolor y limitación de la amplitud del movimiento.
- Examen Neurológico: Debe comenzar con un examen del estado mental para controlar el deterioro cognitivo. El examen neurológico también comprende pruebas de la función motora (como la fuerza muscular y el tono y la amplitud de movimiento), la sensibilidad (como la propiocepción), la coordinación (como la función cerebelosa), el equilibrio estacionario y la marcha. El control postural básico y los sistemas propioceptivo y vestibular se evalúan con la prueba de Romberg (en la cual el paciente se para con los pies juntos y los ojos abiertos y luego cerrados). Las pruebas para examinar el equilibrio son la permanencia en un pie y la marcha en línea recta. Si el paciente puede permanecer parado en un pie durante 10 segundos con los ojos abiertos y lograr caminar en línea recta a través de una distancia de 3 metros (10 pies) sin tambalear, lo más probable es que la deficiencia del control postural intrínseco sea mínima. Los médicos deben evaluar la función vestibular posicional (p. ej., con la maniobra de Dix-Hallpike).
Pruebas de Desempeño
Una variedad de pruebas estandarizadas basadas en el rendimiento están disponibles para evaluar la marcha, el equilibrio y la fuerza de los miembros inferiores en adultos mayores con riesgo elevado de caídas.
- La prueba básica de levantarse y andar ("Get-Up and Go" test) (2) es una prueba inicial comúnmente utilizada para evaluar un problema de equilibrio o de marcha. Consiste en la observación del paciente mientras se levanta de un sillón común, camina 3 metros (alrededor de 10 pies) en línea recta, gira, vuelve a caminar hacia la silla y vuelve a sentarse. La evaluación puede identificar debilidad de los miembros inferiores, trastornos de equilibrio al pararse o sentarse o marcha inestable.
- Para adultos que tienen dificultad para hacer la prueba básica de levantarse y caminar, se puede realizar una versión cronometrada de la prueba ("Timed Up & Go") (3). Un tiempo de > 12 segundos indica un aumento significativo del riesgo de caídas.
- La Evaluación de la Movilidad Orientada al Desempeño (POMA) permite identificar problemas de equilibrio y estabilidad durante la marcha y otros movimientos que pueden indicar un mayor riesgo de caídas. La prueba incluye la puntuación cuantitativa de varios aspectos del equilibrio y la marcha y requiere aproximadamente entre 10 y 15 minutos para realizarse. Las puntuaciones bajas predicen un mayor riesgo de caídas.
Pruebas de Laboratorio
No existe una evaluación diagnóstica de laboratorio estándar para determinar la causa exacta de una caída. La evaluación debe basarse en la anamnesis y en los resultados del examen y ayuda a descartar varias causas. Algunas pruebas incluyen:
- Hemograma completo para excluir anemia o leucocitosis.
- Medición de glucemia para excluir hipoglucemia o hiperglucemia.
- Medición de electrolitos para excluir la deshidratación.
- En caso de neuropatías periféricas, solicitar hemograma completo, nivel de glucosa en sangre y electrolitos, así como niveles de folato, B12 y TSH.
Se recomiendan otras pruebas como electrocardiograma (ECG), monitorización cardíaca ambulatoria y ecocardiografía solo cuando se sospecha una causa cardíaca. El masaje carotídeo en condiciones controladas se propuso para identificar hipersensibilidad carotídea. Las radiografías vertebrales y la tomografía computarizada (TC) o la resonancia magnética (RM) de cráneo solo se solicitan cuando la anamnesis y el examen físico detectan trastornos neurológicos nuevos. Puede indicarse un estudio de electromiografía/conducción nerviosa (EMG/NCS) si se sospecha neuropatía, miopatía, radiculopatía u otro trastorno del sistema nervioso periférico.
- US Preventive Services Task Force, Nicholson WK, Silverstein M, et al. Interventions to Prevent Falls in Community-Dwelling Older Adults: US Preventive Services Task Force Recommendation Statement. JAMA. 2024;332(1):51-57. doi:10.1001/jama.2024.8481
- Mathias S, Nayak US, Isaacs B. Balance in elderly patients: the "get-up and go" test. Arch Phys Med Rehabil. 1986;67(6):387-389.
- Podsiadlo D, Richardson S. The timed "Up & Go": A test of basic functional mobility for frail elderly persons. J Am Geriatr Soc. 1991;39 (2), 142-148.
- Caídas en el Adulto Mayor. Boletín Escuela de Medicina UC. Vol.
The Timed Up and Go Test (TUG) | Fall Risk Assessment
Prevención de Caídas
Considerando que en las caídas influyen factores físicos y externos, es importante tomar medidas en ambos ámbitos. Hay numerosas intervenciones para prevenir las caídas en los adultos mayores:
- Ejercicio: Realizar ejercicio reduce el riesgo de caídas y previene las lesiones relacionadas con ellas. Las terapias que incluyen múltiples tipos de ejercicios disminuyen la tasa de caídas y el riesgo de caídas (9). Los ejercicios para mejorar la marcha y el equilibrio, el entrenamiento funcional y la práctica del Tai Chi son intervenciones eficaces. La práctica regular de actividad física trae beneficios en la ganancia de fuerza, específicamente en el tren inferior.
- Revisión de medicamentos: Corregir aquellos problemas físicos que aumentan el riesgo de caídas implica revisar y ajustar, si es posible, los medicamentos, tratar la hipotensión ortostática y normalizar los niveles de vitamina B12 y vitamina D, ya que su carencia puede producir problemas de fatiga y pérdida de equilibrio. La reducción o eliminación del consumo de psicotrópos es clave.
- Modificaciones ambientales: Es importante modificar las condiciones del hogar, retirando alfombras sueltas, mejorando la iluminación e instalando pasamanos en escaleras, en la tina de baño y al costado del excusado. La evaluación de la vivienda y la modificación de su diseño son intervenciones recomendadas.
- Suplementos de vitamina D: Para personas con deficiencia de esta sustancia.
- Intervenciones multifactoriales: Incluyen evaluaciones individuales del riesgo de caídas, seguidas de intervenciones y derivaciones médicas en función de los riesgos detectados.
- Gillespie LD, Robertson MC, Gillespie WJ, Sherrington C, Gates S, Clemson LM, Lamb SE. Interventions for preventing falls in older people living in the community. Cochrane Database of Systematic Reviews 2012, Issue 9. Art. No.: CD007146.

Envejecimiento de la Población y Caídas en Adultos Mayores Autovalentes en Chile
Un cambio demográfico importante que se acentúa en el siglo XXI es el envejecimiento de la población (Poblete, Bravo, Villegas & Cruzat, 2016). A medida que la persona avanza en edad, no solamente genera una pérdida de capacidades cognitivas, sino también sensoriales, funcionales y físicas, como la sarcopenia (Segovia & Torres, 2011), que se convierte en una condición progresiva después de los 60 años (Serra, 2006). El concepto ha evolucionado para incluir la dinapenia, la pérdida de fuerza y potencia muscular (Marques, Ferreira, Freitas, Goulart, Aquino & Previdelli, 2019). Chile tiene un porcentaje de adultos mayores del 15,6%, es decir, 2,6 millones de personas mayores de 60 años, y la tasa de crecimiento de este grupo seguirá aumentando al 4% anual en las próximas décadas (Barahona, 2011).
Hallazgos de un estudio en adultos mayores de Chillán
Un estudio realizado en 52 adultos mayores de Chillán, Chile, evaluó el riesgo de caídas y su relación con diversas capacidades físicas y hábitos. Los participantes fueron categorizados por género, revelando que el 26,9% de la muestra total presentaba riesgo de caídas, siendo el 21,1% hombres y el 30,3% mujeres. La edad media de los adultos mayores con riesgo de caídas fue de 73,43 ± 4,96 años, significativamente mayor que la de aquellos sin riesgo (68,05 ± 5,60 años).
Los resultados indicaron diferencias significativas entre los adultos mayores con y sin riesgo de caídas en cuanto al uso de medicamentos en hombres (p = 0,001) y en mujeres (p = 0,042), así como en la actividad física semanal solo en hombres (p = 0,021). Se encontró una correlación moderadamente fuerte entre el riesgo de caída y el Chair Stand Test (r = 0,482) y el Arm Curl Test (r = 0,48). Una correlación fuerte se observó con las pruebas de equilibrio dinámico TUG (r = 0,662; p = 0,001) y equilibrio estático EU (r = 0,753; p = 0,001). Además, se encontró una correlación moderadamente fuerte con el número de medicamentos (r = 0,378; p = 0,006) y una correlación muy fuerte e inversa con la cantidad de minutos de actividad física a la semana (r = -0,87; p = 0,001).
Estos hallazgos sugieren que el deterioro de la agilidad, velocidad de la marcha y resistencia a lo largo del tiempo, junto con el consumo de medicamentos que contienen sedantes, aumentan el riesgo de caídas al retardar los movimientos (García, González, Muñoz, Antón, Caballero & Vela, 2018). Este efecto se acentúa más en mujeres, posiblemente debido a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, lo que incrementa el riesgo de caídas y la probabilidad de dependencia (Ramos & Pinto, 2015). La mayoría de las caídas ocurren en el domicilio de la persona, llegando incluso a ocasionar la muerte (Terra, Vitorelli, Inácio, Mendes, Silva & Mônica, 2014).
Los adultos mayores que realizan más actividad física y consumen menor cantidad de medicamentos al día reducen la probabilidad de caídas en un 58% y 22%, respectivamente. La presión arterial (PA), tanto sistólica como diastólica, no mostró diferencias significativas ni se relacionó con el riesgo de caídas (Gama & Gómez, 2008). Por otra parte, la elongación de los adultos mayores se relaciona con el riesgo de caída, ya que una mayor rigidez genera lentitud en la respuesta motora y disminuye el tiempo de reacción (Ruiz & Aca, 2012), acentuándose en quienes padecen enfermedades progresivas del sistema nervioso como el Parkinson (Gómez, Hudson & Venegas, 2011).
Las correlaciones significativas entre el riesgo de caídas y el equilibrio dinámico TUG, y el equilibrio unipodal EU, concuerdan con la idea de que la marcha y el equilibrio en personas de edad avanzada son factores clave en el riesgo de caídas (Sousa, Marques, Caldevilla, Henriques, Severino & Caldeira, 2016; Vera & Campillo, 2003). Estos resultados subrayan la importancia de la actividad física y el manejo de la medicación como pilares fundamentales en la prevención de caídas en la población de adultos mayores autovalentes.

Esta información es meramente informativa y no sustituye la opinión de un profesional de salud. Ante cualquier síntoma o molestia, te recomendamos consultar con tu médico.