La Profunda Pasión de la Reina Isabel II por los Caballos

El mundo de la realeza se rige por muchas reglas, protocolos e integrantes. Cada miembro de la familia o del equipo real tiene un trabajo específico y una importancia clave para que todo suceda al pie de la letra. Además de los humanos que trabajan día con día para que los gobernantes puedan cumplir con sus ocupaciones y deberes oficiales, existen también otros integrantes del equipo que se han convertido en la sensación de la realeza y de los visitantes: los caballos.

Los caballos no solo son los encargados de tirar del carruaje de la familia real, sino que también acompañan a la Guardia Real inglesa a cumplir con sus funciones por la ciudad. No es ningún secreto de palacio que a la monarca, la reina Isabel II, le encantaban los caballos. La tradición equina tenía profundas raíces en la familia real británica; la casa de los Windsor, de hecho, tiene una relación especial con estos animales.

Los Inicios de una Pasión Real

La relación entre Isabel II y los caballos nació muy pronto. La reina Isabel II tenía desde muy pequeña un profundo amor por los caballos. Fue su abuelo, el rey Jorge V, quien le regaló su primer caballo a los 4 años. Era un poni de raza Shetland, el que dio inicio a una pasión que le duraría el resto de su vida. Montó por primera vez a su yegua, llamada Peggy, a los tres años, y a los 18 ya era toda una profesional. Además de poseer y entrenar purasangres de carreras, Isabel II aprendió a montar desde la infancia. Sus primeras lecciones fueron en las caballerizas del Palacio de Buckingham siendo todavía una niña.

Reina Isabel II de niña montando su primer poni Shetland

Isabel II en los Eventos Ecuestres y el Servicio Real

Desde entonces, la vida de la monarca estuvo muy vinculada a estos animales. En el ámbito más sobrio y protocolario, la reina participó en el Trooping the Colour (una ceremonia que reúne a los distintos países de la Commonwealth) dirigiendo su propia montura entre los años 1947 y 1986. En junio de 1947, aún como princesa, Isabel dirigió su propia montura, junto a su padre, el rey Jorge VI, en el tradicional desfile anual. Esta es una de las más solemnes ocasiones en las que la monarquía británica saca a la calle toda su pompa y boato.

En las primeras ediciones, Isabel II montaba a un ejemplar de nombre «Tommy». Tras la muerte de su padre y el ascenso de esta al trono, la reina se decantó por «Winston», la anterior montura del rey Jorge VI. Y, finalmente, entre los años 1978 y 1986, la monarca capitaneó la ceremonia montando a una yegua negra llamada «Burmese». Precisamente esta yegua, regalo de la policía montada de Canadá, ha sido uno de los caballos preferidos de la reina. Incluso, hasta 1986 Elizabeth II encabezaba este desfile militar anual montando a Burmese, al que cabalgó durante 18 años y el que montaba aquel día de 1981 en el que sufrió un atentado con arma de fuego. En medio del incidente, Burmese se deslizó, sobresaltado por los disparos, e Isabel lo controló inmediatamente, demostrando no solo que la Reina es dueña de un gran equilibrio de carácter, sino también que es una excelente jinete.

Reina Isabel II a caballo en Trooping the Colour

Royal Ascot: Pasión por las Carreras

La soberana fue durante décadas la figura central del certamen ecuestre de Royal Ascot, el circuito que fundó en 1711 la reina Ana. La reina Ana fundó en 1711 el circuito de carreras de Ascot, a pocos kilómetros del castillo de Windsor, donde desde entonces se reúne cada año la alta sociedad y la realeza del Reino Unido. La propia reina, aficionada a las apuestas, solía competir con caballos de su propiedad. Desde su coronación hasta este 2022, la reina estuvo presente en todos los circuitos celebrados, solo ausentándose este último año por problemas de salud. Mantuvo ese entusiasmo hasta sus últimos años.

Reina Isabel II disfrutando de las carreras en Royal Ascot

Un Paseo a Caballo con Ronald Reagan

Jinete experta, la reina llegó a negociar asuntos de Estado con el presidente de EE.UU. Ronald Reagan en un célebre paseo a caballo en 1982, cuando abordaron el respaldo de Washington a la guerra de las Malvinas, entre otros asuntos, durante un paseo sobre sendas monturas.

Reina Isabel II junto a Ronald Reagan a caballo

Éxitos y Legado en la Cría y las Carreras

Isabel II fue una de las criadoras y propietarias más longevas y exitosas que ha dado el turf. El grueso de su actividad ganadera se centra en los Pura Sangre Inglés (PSI). En 1952, tras la muerte de su padre, Isabel II tomó las riendas del stud real y continuó tanto con la actividad de cría como la competición. Para esta última, siguió usando la chaquetilla que fundó su abuelo y que hoy es mundialmente conocida. Como propietaria, los colores de la reina han cosechado grandes éxitos. La monarca ha ganado todas las grandes clásicas británicas menos el Derby de Epsom. La chaquetilla morada y roja ha presidido la estadística de criadores en dos ocasiones (1954 y 1957).

Caballo de carreras purasangre con los colores de la Reina Isabel II

Victorias Históricas

Isabel II hizo historia al convertirse en la primera monarca en el trono que logró ganar con uno de sus purasangres, Estimate, la Gold Cup de Ascot, la carrera de larga distancia más prestigiosa del Reino Unido. A lo largo de las décadas, sus caballos ganaron cuatro de los cinco eventos más prestigiosos del país: las 1.000 Guineas, las 2.000 Guineas, Epsom Oaks y St Leger Stakes. Tan solo se le resistió la carrera de Derby.

Entre sus más preciados recuerdos deportivos destaca también la gesta de su caballo Dunfermline en el año 1977, su Jubileo de Plata, que fue montado por el yóquei Willie Carson y conquistó Epsom Oaks y St Leger Stakes. La emoción, la lucha y la incertidumbre que se vive en los instantes previos al entrar en la recta final era algo que lograba poner a la monarca siempre al borde de su asiento. Fueron muchas las ocasiones en las que se la pudo observar vibrando, emocionada, casi llegando a perder su impecable protocolo, al ver a alguno de sus ejemplares proclamándose victorioso en Ascot o en Chantilly.

Involucración Personal en la Cría y el Entrenamiento

La cría es otra de las pasiones de Isabel II. En la finca de Sandringham (en Norfolk) cría ponis Shetland, Fell y caballos purasangre. Conocía muy bien el origen de todos sus caballos, los cruces que se hacían en la yeguada y nunca se limitó tan solo a verlos correr. Participaba en el proceso de principio a fin. Era bien sabida su involucración en el estado y en el entrenamiento de sus caballos, manteniendo una comunicación estrecha y directa con sus preparadores, al mismo tiempo que disfrutaba viendo el desarrollo de sus foals (caballos de menos de un año) y de los yearlings (un año). Le encantaba poder visitar yeguadas, hablar con entrenadores y compartir impresiones con el que fuera su inseparable racing manager durante muchos años, Lord Porchester, Porchie, que la asesoraba en todo lo relacionado con cría y carreras. En los últimos tiempos iba a ver caballos siempre con John Warren, casado con la hija de Lord Porchester.

Siempre con ganas de saber más, organizó varias visitas privadas a Haras du Quesnay, en Francia, del recientemente desaparecido entrenador Alec Head, para hablar de cría con la intención de mejorar su sistema y de renovar ideas. Su hija, Criquette Head-Maarek, también gran entrenadora como su padre, cuenta que la reina siempre se mostraba entusiasmada y fascinada entre personas que se dedicaban a los caballos.

De su legendaria yegua Highclere, ganadora de las 1000 Guineas o del Prix Diane, desciende el que ahora probablemente sea el mejor caballo de carreras, Baaeed, propiedad de los herederos de Hamdan Al Maktoum. La línea formada por Highclere y por su hija Height of Fashion es hoy uno de los orígenes con más valor entre purasangres, prueba de la importancia que tuvo la reina como criadora.

La Jubilación de Tyrone: Un Caballo Favorito

Si bien han pasado muchos caballos por el Palacio de Buckingham, uno se mantuvo como uno de los favoritos -en especial de la reina Isabel II-. Como todos los caballos destinados a la movilidad del carruaje real, Tyrone pertenece a la raza Windsor Grey, que desde la época de la reina Victoria fue elegida especialmente para esa labor. En 2018, Tyrone acompañó a Harry y Meghan en su boda, un evento que marcó un hito en la historia contemporánea de la monarquía. Con ello, Tyrone se despidió de su trabajo tras 14 años de servicio. La noticia fue anunciada en redes sociales por la cuenta oficial de la Familia Real, donde se compartió la jubilación del caballo. Inmediatamente, las felicitaciones y buenos deseos por parte del público no se hicieron esperar.

Hace unos días, Tyrone finalmente llegó a su nuevo hogar, donde vivirá el resto de sus días: el santuario para caballos Horse Trust, en Buckinghamshire, donde se reencontró con su padre, Storm, y su hermana, Meg, quienes también sirvieron durante muchos años a la familia real.

Tyrone, el caballo Windsor Grey, tirando del carruaje real

Los Cuidadores de Caballos: Un Vínculo Esencial

En el mundo de los caballos, son muchos los argentinos que intervienen y forman parte de la red de jugadores polistas y cuidadores anónimos. Dicen que una reina no sucumbe ante nada. Menos aún una como Isabel II, salvo, claro, que la mueva por dentro una pasión personal tan poderosa como la que su majestad tiene por los caballos, una debilidad que a la monarca británica puede arrancarle la sonrisa más plena en los momentos más solemnes. Y, como una exquisita y meticulosa entendida en el tema, aprecia especialmente el sello que en el rubro ecuestre imprimen los argentinos.

La reina mantenía una comunicación estrecha y directa con sus preparadores. En su entorno, la consideraban una experta en la cría, doma y mantenimiento de los purasangres. Puede entonces apreciar con absoluta autoridad el trabajo de los cuidadores, en una actividad en el que su entorno considera es toda una experta.

La Importancia de los Petiseros Argentinos

Detrás de ese gesto por el que un grupo importante de argentinos abocados a ese mundo resultó beneficiado, se esconde una profunda pasión que acompaña a la monarca. El aprecio al estilo de los polistas y petiseros de nuestro país, que realmente son del agrado de la Reina, es notable. Gran Bretaña es sin duda uno de los centros más importantes de polo, y en ese escenario abundan los jugadores y petiseros argentinos que llegan para trabajar la temporada.

¿Qué tienen de especial los petiseros que movilizaron a la propia monarca y la llevaron a intervenir para lograr una morigeración en los permisos de estadías en ese país, en medio del endurecimiento que trajo el Brexit? El peón de la cuadrilla tiene como misión servir de conexión entre el caballo y el jinete y está a cargo de verificar el estado físico y emocional del caballo, una metier que a la Reina le parece indispensable, además de apreciar con creces el particular desempeño de los argentinos, que imprimen su propio sello y empatía en el trato con el animal.

Los petiseros conocen a cada caballo de su establo tan bien como la palma de su propia mano y están a su cargo desde que nacen. Esto es similar a decir que es el petisero quien en el día a día se ocupa de revisar las condiciones físicas de los caballos, alimentarlos, sacarlos del establo, ejercitarlos y entrenarlos para el juego de polo y las carreras. El polista viaja con su petisero, que por lo general son peones criados en el interior entre caballos y, por lo tanto, los entienden mejor que nadie. Por esto es normal que al contratarse jugadores argentinos, estos viajen en su compañía y que la Reina, que aprecia su buen juego se haya empapado, además, del desempeño de los cuidadores argentinos, que, a juicio de los ingleses, son muy difíciles de igualar en lo que hacen.

Además de contener al caballo, alimentarlo, ejercitarlo e interactuar con el veterinario, ya que su conocimiento de las particularidades del animal son de gran ayuda para cualquier diagnóstico, es el petisero el que se ocupa también de la cuestión estética, bañándolo, cepillándolo y acicalándolo en general. Sin duda, Isabel forma parte de alguna manera de ese círculo de admiración y pasión por los caballos, dado que al final de cuentas, cada cual con su estatus, monarcas, patrones, jinetes y peones parecen tener mucho en común.

Petiseros argentinos cuidando caballos de polo en un establo

Lord Porchester y la Especulación de "The Crown"

El último jefe de los establos reales, John Warren, reveló en una entrevista que esta pasión de la reina por las carreras era tal que todas las mañanas leía el diario especializado en Turf Racing Post. De acuerdo a los trascendidos, la pasión de Isabel por los caballos fue el detonante de una supuesta historia de amor secreta con Henry George Reginald Molyneux Herbert, o «Porchie» como lo llamaban sus amigos. Se trata del sexto hijo del conde de Carnarvon, quien desde muy chico profesaba una gran amistad con la reina, entre otras cosas, porque compartía su amor por estos animales. Cuatro años después de que Isabel se convirtiera en reina, Porchie se comprometió con Jean Margaret Wallop, y se casó en enero de 1956. La serie «The Crown», que cuenta la vida privada de la monarca, desliza algo sobre el posible romance en un capítulo de la tercera temporada. El exsecretario de prensa de la reina, Dickie Arbiter, criticó a la serie por sugerir el romance: "La reina es la última persona en el mundo que habría siquiera considerado mirar a otro hombre", dijo el ex funcionario.

Vínculos Internacionales a Través de los Caballos: La Escuadra Chilena

Quizás no es tan conocida la relación que la monarca más longeva de Inglaterra tiene con Chile y sus tradiciones, que se manifiestan específicamente en el caballo chileno. Esto último, porque la Escuadra Ecuestre Palmas de Peñaflor se presentó en varias ocasiones frente a Isabel II al son de la cueca y otros sonidos chilenos.

La historia parte en 2012, cuando la reina Isabel II cumplía 60 años en el cargo y se realizó el “Diamond Jubilee Pageant” en su honor, entre el 10 y el 13 de mayo con especiales conmemoraciones en los jardines de Windsor. En la ocasión, la escuadra chilena viajó a Londres para exhibir ante el público inglés y la reina ágiles combinaciones de juegos de equitación y danza folclórica sobre los caballos de la escuadra Palmas de Peñaflor. La invitación fue hecha a través del entonces embajador de Chile en Inglaterra, Tomás Müller, quien se contactó con el ahora exministro Alfredo Moreno para informarle que la reina quería a la escuadra chilena en la celebración de sus 60 años en el trono. “A través de este espectáculo mostraremos rituales característicos del país, como la cueca y el ejercicio de huasos chilenos”, declaraba Alfredo Moreno Echeverría, hijo del canciller Moreno y “cabeza” del espectáculo.

Fue la actriz Hellen Mirren quien presentó a la escuadra, indicando que “viajaron más de 7 mil millas con sus caballos para estar con nosotros esta noche. Señoras y señores, por favor, den la bienvenida a los ´Huasos Chilenos´”. “Señores, para ser huaso basta haber nacido en Chile…”, así comenzaba la típica cueca “Mi nombre es Chile”, que fue interpretada por el dúo de artistas Carmencita Valdés en el canto y Juan Altamirano en el arpa y fue el son que usó la escuadra para mostrar su espectáculo. Mientras la bandera chilena se extendía por el campo, la reina aplaudía la destreza de los huasos y caballos chilenos.

Escuadra Ecuestre Palmas de Peñaflor actuando para la Reina Isabel II

Cuatro años después, los jinetes y caballos volvieron a Inglaterra, invitados para la celebración de los 90 años de vida de la reina Isabel II. En esta ocasión tuvieron oportunidad de presentar los bailes y espectáculos, donde se funden personas y caballos en ritmos y colores de Chile, en privado ante la monarca. Fue una presentación de cerca de 15 minutos que abarcó parte de la historia folclórica de Chile con piezas como la Diablada, bailes Rapa Nui y por supuesto, la cueca. El espectáculo contó con 12 caballos y sus jinetes, más 10 bailarines de la compañía Evenmax. Alfredo Moreno declaraba a Royal Windsor Horse Show que la posibilidad de retornar es un orgullo para ellos y una gran responsabilidad. Añadió en su declaración que se sentían orgullosos de estar en Reino Unido y poder mostrar los caballos chilenos para que la gente de Inglaterra conozca más Chile.

Durante aquella visita, los representantes nacionales se desplegaron también en la celebración pública de los 90 años de la monarca. El evento contó con miembros de la Familia Real desfilando en sus caballos ante la reina, como sus hijos Ana y Eduardo, así como también sus nietas Zara Tindall -campeona ecuestre olímpica-, y Lady Louise Windsor. También contaron con la presentación de artistas como Kylie Minogue, Katherine Jenkins, Gary Barlow entre otros. En medio de todo este espectáculo, la escuadra chilena se robó el show con la presentación de sus jinetes, músicos y bailarines que amenizaron la noche. Uno de sus números más significativos fue el de una pareja de jinetes bailando cueca mientras montaban sus caballos, un baile que emocionó a la monarca, quien no dudó en aplaudir con alegría a los chilenos desde su exclusivo palco.

La Perdurabilidad de una Pasión

Un fotógrafo real que solía acompañarla durante sus desplazamientos oficiales comentaba hace poco lo mucho que le gustaba poder retratar a la reina durante esos días de carreras en los que, por momentos, parecía regresar a la infancia. Su modo de desenvolverse alrededor de caballos, ya fuera en el paddock de un hipódromo o dando un paseo tranquilo por una yeguada, era el de alguien que parecía haber encontrado su lugar favorito en el mundo.

La reina mantuvo su pasión hasta los últimos años. En su último cumpleaños, celebrado en abril a sus 96 años, la monarca publicó una fotografía de su festejo junto a dos ponis, Bybeck Nightingale y Bybeck Katie, dos ejemplares blancos de las montañas inglesas de Cumbria. La edad no ha sido impedimento para que su majestad cabalgue por las mañanas en torno a sus paisajes palaciegos. Lo hacía cubriéndose el cabello con un pañuelo de seda pero sin el casco que habitualmente se usa para montar. “¿Para qué? Me despeino”, decía cuando se lo sugerían.

Reina Isabel II en su cumpleaños número 96 junto a sus ponis

El Legado Familiar Ecuestre

La reina Isabel no es la única amante de caballos en su familia. Su hija, la princesa Ana, compitió en los Juegos Olímpicos de 1976 montando a un caballo de su madre llamado Goodwill en la modalidad de concurso completo. La nieta de la Reina, Zara Tindall, también es una amazona de competición y campeona olímpica. Además, Isabel II consiguió, como ya hicieran previamente su padre y su abuelo, inculcar el virus de los caballos a sus descendientes.

Documentales sobre su Pasión

Además, el amor de la titular de la corona británica por los caballos ha sido inmortalizado en miles de fotografías y en dos documentales: «The Queen’s Race Horses: a private view» (1974) y «The Queen: a Passion for Horses» (2013).

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