Reflexiones sobre la vida de los ancianos

La vejez, un proceso inevitable en la vida humana, invita a profundas reflexiones sobre su significado, los desafíos que presenta y el valor inherente de quienes transitan por esta etapa. Lejos de ser un mero declive, la vejez encierra una riqueza de experiencias, sabiduría y una perspectiva única sobre la existencia.

La Relatividad de la Edad y la Autoconciencia

La percepción de la edad es un concepto complejo y multifacético. No existe una única "edad" que defina a una persona, sino varias dimensiones que interactúan y moldean la experiencia individual. La edad cronológica se refiere a los años transcurridos desde el nacimiento. La edad biológica describe el estado de las células y órganos del cuerpo. La edad social es aquella que la sociedad atribuye y marca a través de constructos como el edadismo. Sin embargo, la edad psicológica, es decir, la que la autoconciencia de cada uno piensa y siente, es la que permite no sentirse viejo, aunque se sea mayor.

Como señaló Deepak Chopra en "Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo", "nuestras células escuchan constantemente a nuestros pensamientos y se ven cambiadas por ellos". Esta perspectiva resalta el poder de la mente sobre el cuerpo y la importancia de la narrativa personal en el proceso de envejecimiento. Nuestro cuerpo y nuestra vida se deterioran con el tiempo, siguiendo la ley de la entropía, donde se pierde continuamente energía. Pero la edad vital, que no tiene por qué coincidir con la cronológica, es la que figura en la información que cada uno se da sobre sí mismo. La "tierra donde nadie es viejo" no está en ningún lugar, sino en nosotros.

Esquema de las diferentes dimensiones de la edad (cronológica, biológica, social, psicológica)

El Edadismo y la Estigmatización de la Vejez

El edadismo es un neologismo que indica la separación de lo servible y lo inservible, lo útil y lo inútil según la edad. Esta visión social se pregunta: ¿A partir de qué edad somos inútiles? ¿Por qué una persona mayor o enferma ha de echarse al cubo de lo inservible? ¿Quién lo decide? Es solo cuestión del relato social que se construye. La sociedad, muchas veces, tiende a menospreciar una etapa de la vida llena de riquezas, asociando la vejez con el fin, con ser una carga, con el no servir.

Simone de Beauvoir, en su ensayo "La vejez", ya advertía a finales de los años sesenta sobre la tendencia de la sociedad a desentenderse de la vejez. Para ella, la sociedad prefiere no visibilizarla porque aparece como una desgracia, un periodo de estragos, deterioro y decrepitud, tanto física como mental, que puede llevar al quiebre afectivo familiar. Beauvoir afirmaba que el tema es político: la sociedad invierte en niños y jóvenes por su rendimiento, mientras que los viejos son vistos como "cadáveres ambulantes", generadores de gastos. Esta visión, aunque cruda, expone el fracaso de una civilización que descarta a sus mayores.

Consecuencias del Edadismo y el Abandono

El edadismo tiene consecuencias devastadoras. Según cifras del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia en México, 60 de cada 100 personas de la tercera edad que ingresan a sus centros geriátricos han sido rechazadas o completamente abandonadas por sus hijos, a menudo porque ya no tienen una vida laboral productiva y carecen de ingresos económicos. Esto se refleja en historias de maltrato, abandono, explotación y abuso hacia las personas mayores.

La percepción de que "sirves si trabajas, vales si produces" es un reflejo de esta mentalidad. La protección de los adultos mayores, que debería ser un asunto de política pública, a menudo recae en particulares. Las trabajadoras sociales reportan que es frecuente que los familiares visiten a los residentes en centros geriátricos solo para retirar el dinero de sus pensiones y luego los abandonan de nuevo a su soledad. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, solo 2 de cada 10 adultos mayores pueden solventar sus gastos, viviendo los ocho restantes en situación de pobreza. La mayoría de estas personas son mujeres, ya que solo 2 de cada 10 mujeres mayores de 65 años cuentan con una pensión.

AVUS: Documental sobre el abandono de adultos mayores en Venezuela

La estancia diurna en centros especializados puede costar entre 350 y 600 pesos por 10 a 12 horas, con o sin alimentos. El servicio de una cuidadora profesional en casa puede rondar los 350 o 400 pesos al día, más los alimentos. Las residencias, por su parte, tienen costos variables según los servicios, instalaciones, atención médica, actividades recreativas y tipo de habitación. Es un hecho que incluso a los ancianos de clase media o ricos se les abandona, aunque se siga pagando la mensualidad. Pocos familiares quieren lidiar con la decrepitud que la vejez avanzada y las enfermedades degenerativas provocan en sus padres, ya que a nadie le gusta reflejarse en esa imagen.

Los asilos públicos, a menudo, son "galerones atestados de ancianos que no reciben los cuidados cotidianos necesarios de limpieza, aseo personal y alimentación balanceada", lo que los asemeja a campos de refugiados, donde se ofrece una asistencia mínima, lejos de una perspectiva verdaderamente humana. El maltrato y abandono de adultos mayores ha sido denominado un "delito oculto", ocurriendo frecuentemente detrás de puertas cerradas.

La Vejez como Patrimonio y Sabiduría

A pesar de estos desafíos, las personas mayores son un valor incalculable. La experiencia y sabiduría acumuladas, el ser una memoria histórica viva, la filosofía sobre lo que importa o no en la vida, y la capacidad de aprender y dar son sinónimos de "útil", de imprescindible. Son un patrimonio de la humanidad al que no se debe renunciar. Lo peor es pensarse a sí mismo como inútil, inservible o víctima de los jóvenes. La sabiduría de unos y las nuevas aportaciones de otros hacen a la sociedad sólida y dinámica.

El Papa Francisco resalta que una civilización avanza cuando respeta la sabiduría de los ancianos. Una sociedad que los descarta por crear problemas lleva consigo el virus de la muerte. Negar la vejez y relegar a los ancianos a ser una simple carga priva al mundo de su sabiduría, lo vuelve mezquino y pierde su capacidad de ver más allá de lo inmediato y lo trascendente.

El Sentido de la Vejez y sus Placeres

Envejecer no es solo aproximarse al término de la vida ni una etapa de deterioro. Aunque el cuerpo envejece, la vejez, como cualquier otra etapa, tiene un sentido profundo. Quien envejece ha vivido, y esas vivencias se convierten en sabiduría. Los ancianos desarrollan una capacidad de comprender lo que sucede en la vida y ven cosas que los jóvenes son incapaces de percibir.

La vejez es un regalo que puede traer una gran libertad. Muchas personas, por primera vez en su vida, se sienten la persona que siempre quisieron ser. Con la edad, se aprende a ser más amable y menos crítico consigo mismo, a disfrutar de las pequeñas extravagancias y a no preocuparse por el paso del tiempo. Como dice un dicho: "No dejas de reír porque te haces mayor. Te haces mayor porque dejas de reír."

Fotografía de una persona mayor sonriendo y compartiendo una historia

Extractos del libro "Las edades de la vida" de Romano Guardini ilustran el profundo sentido de esta etapa:

  • Los ancianos transmiten una calma interior particular, una dignidad que no procede de sus realizaciones, sino de su ser.
  • Muestran una comunicación con lo eterno, donde en su naturaleza se hace presente algo apenas designable de otro modo.
  • La vejez es una etapa donde se completa la tarea del sentido de la vida, llevando a cabo la labor que la vida plantea al hombre.
  • La debilidad de la fase senil puede convertirse en algo con pleno sentido si se acepta la muerte en la época de la primera vejez fecunda.
  • En la vejez se reconoce de forma más consciente el regalo de la vida, comprendiendo como tal cada tiempo, fuerza y logro concedido.

La vejez, aunque a veces triste, debe ser un tema de conversación, una forma de exigir un trato humano a lo largo de la vida y de denunciar la explotación laboral o familiar que deja a muchos como "vidas desperdiciadas". Es crucial contar con el apoyo y la lucidez para decidir y reclamar a las instituciones políticas su deber de garantizar la cualidad humana de la vida vivida y por vivir. Por ello, el silencio no es admisible.

Definiendo la Vejez: Entre lo Cronológico y lo Subjetivo

La pregunta sobre cuándo se es viejo carece de una respuesta única y universal. Las instituciones públicas fijan determinaciones convencionales: el INAPAM en México considera adulto mayor a los 60 años para la credencial, y 68 años para la Pensión Alimentaria. La UNAM establece los 70 años como edad obligada para el retiro. Sin embargo, el deterioro físico y mental está íntimamente ligado a la clase social, lo que significa que la vejez no se da de la misma forma en una mujer de 80 años de clase media bien alimentada que en un minero de 50 años con los pulmones atrofiados. La edad avanzada no implica pérdida de derechos, ni infiere que deba haber un trato diferente.

El buen trato se define en las relaciones con el otro y el entorno, refiriéndose a interacciones que promueven un sentimiento mutuo de reconocimiento y valoración, generando satisfacción y bienestar.

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