Existe un consenso sobre la importancia de investigar las trayectorias de vida de la población adolescente que, como consecuencia de tener una conducta delictiva, ingresa al sistema de justicia adolescente (Attar-Schwart, Benbenishty y Roziner 2017; Hall, Stinson y Moser 2018; Jahnukainen 2007; Lee y Villagrana 2015; Rhoades et al. 2016; Snyder y Merritt 2014; Tordön et al. 2019; Yang, McCuish y Corrado 2017).
En Chile, una investigación considera que la acumulación de situaciones adversas o de victimización violenta puede tener un impacto negativo en los adolescentes y determinar el inicio de carreras delictivas (Baglivio et al. 2014), lo que permite enfatizar en la necesidad de contar con una atención contextual con objetivos de prevención.
Por otro lado, en otro estudio reciente, Zambrano, Fernandez-Pacheco y Salazar-Muñoz (2023) dan cuenta de los factores de riesgo que presenta la población adolescente chilena en el sistema de bienestar infantil, tales como la débil supervisión parental, las relaciones con pares desadaptados, el desenganche escolar, el uso de drogas, el tiempo libre y las dificultades en el desarrollo de la personalidad, factores que aumentan la probabilidad de pasar del sistema de bienestar infantil al sistema de justicia adolescente.
En este sentido, niños, niñas y adolescentes expuestos a traumas e involucrados en servicios de bienestar infantil son más vulnerables a los desafíos de salud mental, al uso de sustancias y a la delincuencia, lo cual los puede llevar al sistema de justicia adolescente (Grogan-Kaylor et al.).

Contexto Político y Legal en Chile
En los programas de intervención no existe una comprensión integral del sujeto de atención con relación a su contexto (Contreras, Rojas y Contreras 2015), ya sea para quienes han sido gravemente vulnerados en sus derechos, como para adolescentes del sistema de justicia.
En el caso chileno, la política pública respecto a la niñez comenzó a tener una serie de modificaciones a partir de 2021, con la puesta en marcha de la Ley n.o 21302, del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia. Esta ley reconoce a niños, niñas y adolescentes -entre los cero y 17 años de edad- como sujetos de derechos, y cuyo objetivo es intervenir a quienes hayan sido gravemente vulnerados.
Por su parte, la Ley n.o 20084, ejecutada por el Servicio Nacional de Menores (Sename) y que establece responsabilidad penal a los adolescentes, tiene como objetivo trabajar en la reinserción social de adolescentes entre los 14 y 17 años que han cometido delitos, sancionados por un tribunal de garantía u oral en lo penal.
Esta modificación de la política pública cobra relevancia al reconocer que se debe tener un tratamiento diferenciado en función de los diferentes procesos que siguen los sujetos objeto de intervención, para proponer políticas sociales basadas en el cuidado, la protección o la punición (Villalta 2021).
Sin embargo, continúa siendo un campo heterogéneo y fragmentado (Morales Retamal 2022), ya que solo algunos receptores pasivos de las políticas sociales son quienes determinan la intervención social (Isacich y Grienberg 2020).
Objetivos y Metodología de la Investigación
A partir de esto, en este artículo se busca analizar procesos de significación de la resiliencia en los adolescentes con trayectorias vinculadas a los sistemas de bienestar infantil y de justicia juvenil chileno que han experimentado experiencias de vida adversas desde su infancia. Esto porque los procesos y dinámicas que promueven la resiliencia en adolescentes deben entenderse desde su propia perspectiva y contexto (desigualdad social y económica) y generar así intervenciones puntuales que favorezcan la adaptación y la integración social.
Para esto, se realizaron seis entrevistas semiestructuradas a adolescentes de la región de Los Ríos en Chile, que hubieran pertenecido tanto al sistema de bienestar chileno como al sistema de justicia adolescente. De esta manera, se puede dar una primera aproximación de la situación en esta región para luego poder compararla con otros lugares en Chile y/o América Latina.
La investigación contó con el aval ético de la Universidad de Loyola Andalucía (España) y con los respectivos asentimientos y consentimientos informados de los adolescentes y adultos responsables.
Estructura del Texto
La estructura del texto será la siguiente: primero, se presentan algunas perspectivas sobre la resiliencia, de manera general y particularmente en población joven que han estado en espacios de acogida o institucionalización de bienestar infantil y responsabilidad penal. Se siguió una metodología cualitativa desde un enfoque fenomenológico y con un análisis temático de tipo deductivo (Braun y Clarke 2006). Luego se presentan los resultados obtenidos a partir de las entrevistas y posteriormente se discuten.
Perspectivas Teóricas sobre la Resiliencia
Según Luthar, Cicchetti y Becker (2000), la resiliencia es entendida como una cualidad o habilidad de la persona, independientemente de la adversidad vivida, la forma en que afronta un problema específico, de su entorno relacional y de su contexto de vida. Sin embargo, tanto el bienestar mental como la resiliencia están estrechamente relacionados con factores sociales y económicos (Schwarz 2018).
De acuerdo con la perspectiva del curso de vida, la desigualdad acumulativa (Ferraro y Kelley-Moore 2003) afecta la capacidad de movilizar los recursos sociales, económicos y psicológicos, y también la capacidad de cambiar el entorno, pues moldea el modo y el nivel de funcionamiento del individuo durante su vida (Ferraro y Shippee 2009).
Por lo tanto, la resiliencia no solo está vinculada al cumplimiento de los principios sociales de normalidad, sino a la posibilidad y capacidad de participación en la vida pública y privada, en el mercado laboral y en la capacidad de bienestar. También está asociada con la oportunidad de una vida equilibrada dentro del entorno social y con la posibilidad de vivir de acuerdo a las propias creencias espirituales y personales, sin temer la discriminación.
Desde la Psicología, la resiliencia se define como un patrón psicológico y social de adaptación positiva en un contexto de riesgo significativo o de adversidad (Masten y Powell 2003). Una adaptación positiva se genera por el logro de tareas de desarrollo y expectativas de comportamiento propias de la etapa evolutiva (Griffin, Germain y Wilkerson 2012; Griffin et al. 2009; Cooley-Strickland et al. 2011).
El Modelo Ecológico y la Resiliencia
Para comprender la resiliencia, varios marcos conceptuales fueron influenciados por el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1987), quien señala que el desarrollo individual depende también de los contextos ambientales (Fraser, Kirby y Smokowski 2004; Luthar 2006). Estos contextos tienen la capacidad de convertirse en factores protectores, después de que niños, niñas y jóvenes hayan sido expuestos a experiencias adversas, y podrían modificar o mejoran la respuesta a una experiencia adversa que llevaría a un mal resultado o a conductas delictivas (Rutter 1985; Afifi y Macmillan 2011; Gartland et al. 2019; Heller et al. 1999; Luthar et al. 2015; Masten y Barnes 2018).
En una revisión sistemática, Thompson y Greeson (2017) utilizaron el modelo ecológico para examinar la protección a nivel individual, familiar y comunitario que conducen a una adaptación positiva en los niños, después de vivir experiencias adversas. El estudio arrojó las características que llevan a resultados positivos a nivel individual, en especial mejores habilidades de autorregulación, un locus de control interno, alta autoestima y habilidades prosociales adecuadas (Brown, Barbarin y Scott 2013; Jaffee et al. 2007; Gartland et al. 2019).
En cuanto a los factores protectores familiares, se identificaron el apoyo familiar y la calidez de los padres como contribución a los resultados adaptativos (Downie et al. 2010; Graham-Bermann et al. 2009); además de un apoyo social más amplio, relaciones positivas con maestros y compañeros y una alta calidad de amistades (Borman y Overman 2004; Luthar et al. 2015).
Finalmente, la alta cohesión social dentro del barrio, el apoyo percibido por parte de la comunidad y la espiritualidad son factores de protección comunitarios asociados con la resiliencia (Jaffee et al.).

En conjunto, los resultados adaptativos que siguen a la exposición a la adversidad infantil son complejos y de múltiples determinaciones, lo que destaca la necesidad de identificar el papel de los factores protectores en la mitigación de los malos resultados (Summersett et al. 2019).
Por tanto, la identificación temprana y el desarrollo y mejora de los factores de protección de los niños y adolescentes, así como de las competencias de sus cuidadores durante su tiempo en el sistema de bienestar infantil y de justicia juvenil, pueden ayudar a evitar los resultados negativos para estos jóvenes y fortalecer su capacidad de recuperación (Kisiel et al. 2014; Kisiel et al.).
Investigación sobre Resiliencia en Jóvenes Institucionalizados
La investigación sobre resiliencia en jóvenes que han vivido en hogares de acogida ha sido escasa y a menudo de limitado alcance (Daining y DePanfilis 2007; Hass y Graydon 2009; Jones 2012; Samuels y Pryce 2008; Yates y Gray 2012).
Por ejemplo, varias investigaciones están enfocadas específicamente en la resiliencia educativa, a partir de los jóvenes en educación superior (Hass y Graydon 2009; Hines, Merdinger y Wyatt 2005); este enfoque es limitado, ya que el éxito educativo puede producirse a expensas de la vulnerabilidad en otras áreas (Merdinger et al.).
Estudios Previos sobre Resiliencia Multidimensional
Tres estudios examinaron la resiliencia como un constructo multidimensional en la adolescencia (Daining y DePanfilis 2007; Jones 2012; Yates y Gray 2012).
- En el primero, Daining y DePanfilis (2007) evaluaron la resiliencia entre 100 adolescentes en hogares de acogida de Estados Unidos, utilizando una combinación de puntuación en seis dominios de funcionamiento: educación, empleo y prevención de paternidad, falta de vivienda, consumo de drogas y actividad delictiva.
- En un estudio posterior, también realizado en Estados Unidos, Jones (2012) definió la resiliencia a partir de la participación educativa y vocacional, la estabilidad de la vivienda, evitar el consumo de sustancias y la participación delictiva, la presencia de optimismo y el tener una vida independiente.
- En el tercer estudio, realizado en California, Yates y Gray (2012) determinaron la resiliencia por un funcionamiento exitoso en dominios externos, como la educación y el empleo, así como en dominios internos, como autoestima y salud mental.
Diseño de la Investigación Actual
La investigación adoptó un enfoque cualitativo, basado en la fenomenología, cuyo objetivo es revelar los relatos y narrativas surgidos de las experiencias y significados de los adolescentes (Fuentes et al. 2010). Esto permitió analizar los significados que los adolescentes atribuyen a sus experiencias de resiliencia y a sus trayectorias de vida.
Procedimiento de Entrevistas
Se realizaron seis entrevistas semiestructuradas a adolescentes que accedieron voluntariamente a participar, orientadas a dar luz sobre cuestiones y temáticas que giran en torno a los objetivos de la investigación. La entrevistadora profundizó sobre algunas de las respuestas para entender las construcciones y significaciones de los participantes, que tienen el objetivo de identificar y comprender las experiencias: ¿qué significó esto para usted? ¿Qué importancia tuvo esto para usted? ¿Cómo vivió usted esto? ¿Cómo se sintió en este momento?
Las entrevistas se iniciaron con preguntas sobre sí mismos, sus familias, sus contextos de vida y las relaciones de apego familiares e institucionales. Así, se logró una mayor resonancia emocional, lo cual se ve claramente en sus respuestas a las preguntas acerca de sus sueños, metas existenciales, experiencias personales y su opinión con relación a los sistemas de bienestar infantil y de justicia.
En las seis entrevistas, los participantes hablaron de sus trayectorias en el sistema actual de justicia juvenil, de sus planes de vida y de los recursos protectores que utilizan para facilitar su reinserción social. De esta forma, las entrevistas contribuyeron a la reflexión individual de los participantes, que se sintieron escuchados y comprendidos en sus experiencias fenomenológicas y en sus diseños existenciales.
Consideraciones Éticas y Selección de la Muestra
Todos los participantes (adolescentes y adultos responsables) fueron informados de los procedimientos, de la participación voluntaria, de la naturaleza de la investigación y de la protección de sus testimonios. La participación fue posterior a la firma del consentimiento o asentimiento informado (en el caso de los menores de edad).
Asimismo, para controlar el sesgo de deseabilidad social, se aclaró a los participantes que sus relatos no otorgarían beneficio alguno.
La selección de la muestra fue no probabilística y por conveniencia (Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio 2010) y estuvo conformada por varones adolescentes de entre 14 y 18 años, residentes en la Región de Los Ríos (Chile), usuarios del Servicio Nacional de Menores (Sename) y pertenecientes a los sistemas de bienestar infantil y de justicia juvenil.

Las entrevistas se realizaron en 2020 y 2021 en dos momentos sucesivos, con el objetivo de generar mayor confianza con el entrevistado.
Resultados Preliminares: Cualidades y Habilidades para la Resiliencia
A partir de los relatos de los adolescentes, se observa una apreciación de las cualidades y habilidades personales que contribuyen al desarrollo y a la puesta en marcha de la resiliencia. El participante 5 resume lo que también otros jóvenes dijeron: “[hay que ser] alentado, sociable, comunicativo con las personas, respetuoso”. El joven también subrayó el rol de la empatía, tanto a nivel social como hacia uno mismo, una habilidad central identificada en la literatura sobre la resiliencia (Hess 2018).
Se debe entender “qué es lo principal de las personas” y esforzarse por ser paciente. Sobre este tema, durante la entrevista el participante 5 reflexionaba: “no soy muy paciente, pero trato de hacerlo mejor cada día”. Esto permite ver cómo el mismo proceso de la entrevista abrió un espacio de reflexión y aprendizaje personal para los adolescentes.
Factores de Riesgo Identificados
En el proceso de describir las dificultades y los problemas que condujeron a los participantes a entrar en el sistema de justicia juvenil, identificaron los malos tratos por parte de familiares y las relaciones con pares como los factores de riesgo más relevantes en sus experiencias personales. Aquí se puede ver cómo la acumulación de experiencias adversas y situaciones de vulneración de derechos marcaron este tránsito de lo proteccional a lo infraccional: “muchos problemas en la casa… como alegatos de mi mamá.
La relación con los pares y la vida en la calle también son ámbitos que los jóvenes identificaron como más problemáticos en su historia de vida: “nunca a mí me faltó nada en la casa, sobre todo la comida, techo, nada, fue más seguir los pasos de los amigos y de repente cometimos errores” (Participante 5); “la calle, la calle me trajo aquí donde estoy, entre cuatro paredes, preso, tras las rejas.
Sistema de Justicia Juvenil
Este último relato refrenda que, frente a una débil supervisión parental, las conductas desadaptativas...
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